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viernes, 17 de mayo de 2019

Avengers: This is the end of the world as we know it - Parte 1

Ya es difícil que dos productos de entretenimiento llamados a definir la cultura popular de una generación coincidan en su cierre, como ha pasado con Game of Thrones y The Avengers; pero es aún más difícil que ambos revienten por el aire todas las virtudes que alguna vez tuvieron y se dediquen a dilapidar la poca coherencia que les quedaba, en aras de una espectacularidad vacía que intentan disfrazar de profundidad. Eso sin contar con los “imprevisibles” giros argumentales destinados, como no, a encender las emociones más primarias de un público entregado que, acostumbrado a una aridez absoluta en su consumo cultural, se estremece hasta las lágrimas cuando un final es feliz en solo un 93 por ciento.
No puedo esta seguro estar seguro de cuál de los dos monstruos rompedores de ratings me resulta más insoportable. Quizás si estuvieran dirigidas al mismo público, Endgame ganaría por aclamación; pero considerando que GOT está dirigido a un auditorio adulto, sus fallos son mucho menos perdonables. De cualquier manera, ambos han hecho grandes méritos por convertir la segunda trilogía de Star Wars en un clásico memorable; claro que de eso nos daremos cuenta cuando se pase la resaca de “la serie/película más grande de la historia” y estos capítulos finales pasen a acompañar en nuestra memoria a maravillas inolvidables como Batman y Robin o Matrix 3.
Abarcar todo lo malo, nos costaría la misma energía requerida para crear un par de bitcoins y nuestro espíritu ecologista no puede permitirse tales lujos, así que trataremos de resaltar solo lo menos pestilente de aquellas, otrora, prometedoras historias.
Así que este es el turno de Endgame:
  • No esperamos, ni remotamente, que una película en la que la radiación te da superpoderes  y no, cáncer, tenga algún asidero científico; pero, al menos, se le pide una justificación que suene convincente para no sentirnos estafados. La idea del multiverso es apasionante, pero la forma en que lo desarrollan hace que como mínimo intente arquear la ceja izquierda. Veamos: Se puede volver al pasado, alterarlo y convertir el futuro en muchos futuros alternativos –realidades paralelas- sin cambiar el nuestro porque esta línea, al ser la original, se mantiene inalterable. Es decir, de porrazo se forman universos completos de la nada, que resultan siendo equivalentes al nuestro, pero sin alterar a éste en lo más mínimo. Es decir, se puede crear no solo materia de la nada, sino materia altamente organizada y ¡consciencia! Y luego regresar al presente y usar elementos, como las piedras del infinito, que ya fueron usadas por Thanos ¡en el mismo Universo! Es decir, los objetos más poderosos que puedan imaginarse existen dos veces en el mismo espacio-tiempo y no cambia ni el color de camisa de los personajes. Si hacemos un esfuerzo enorme para creérnoslo, tenemos que el Capitán América viaja al pasado, se queda en él y llega al presente muy viejo. O sea, ¡existieron dos Steve Rogers al mismo tiempo! pero eso tampoco tuvo efecto alguno en el mundo. 
Podríamos, para justificarlo, decir que esta es, en verdad una realidad alternativa, con lo que la realidad original hubiera quedado igual de desolada que al inicio de la película; además, al haber creado otras realidades a merced del bendito guantelete, multiplicaron exponencialmente el daño en el multiverso, todo para que nuestros “héroes” venzan a Thanos en un Universo a su medida, para loor y gloria de sus egos.

  • La industria del entretenimiento ha llegado a tal nivel de profesionalización, que hace mucho rato lo menos importante es la calidad de las historias y lo esencial, la proyección de ventas a futuro y el merchandising. Un negocio como el de Marvel planifica sus productos con años de antelación y las historias se cuentan en función a focus groups y programas de mercatecnia estratégica. En otras palabras: El guión se cuenta en base a lo que ay tiene atrapada a la audiencia y el cierre se hace en mérito a poder enganchar a futuras audiencias. En ese sentido, a pesar de su monumental éxito, los Vengadores ya habían sido exprimidos al límite. Por eso, a pesar de un puñado de películas tangenciales, destinadas para los que se niegan a dejarlos ir (y hacer un poco más de caja, que nunca está de más), lo que viene está destinado a mantener la franquicia viva al menos durante otra década y para eso debían deshacerse de la generación original. Iron Man, Capitán América, Thor, Hulk y Black Widow tenían que dejar paso al adolescente Spiderman y los que le seguirán.
    Por eso debían desaparecer y era lógico que, en aras de un falso dramatismo, alguno de ellos tendría que morir (No más de un par, que no es Juego de Tronos, allí en cambio, están obligados a matar a muchos personajes para mantener su buena reputación). La forma en la que se deshacen de Thor y el Capitán (si obviamos las complicaciones espacio-temporales) son hasta ingeniosas (aunque lo de este último se veía venir desde que vio a Peggy en su primer viaje por el tiempo). Sin embargo, las muertes son por demás predecibles y apelan de una manera burda, como pastor evangélico, a la empatía del espectador. Lo de Hulk ya no tiene nombre: La bestia indomable se ha convertido en ¡Bestia! de los X Men, que, dicho sea de paso, es uno de los personajes más olvidables de esa franquicia. En el reboot o lo que venga, a nadie le va a sorprender que Hulk no esté o solo aparezca como secundario pues luego del cambio a “los fisicoculturistas también leemos” el personaje es de una insignificancia supina, tanto que casi nadie se ha molestado en quejarse por la desaparición sin explicación del romance “maldito” con la Romanov.
  • Es por demás curioso que la Capitana Marvel haya tenido una película, sea la más poderosa de todos los héroes, sea el ejemplo de empoderamiento femenino pero a la hora en que las papas queman, tenga que dejar a los machos causásicos de toda la vida encargarse de desfacer los entuertos. Podrá destruir la gigantesca nave nodriza de un solo golpe, pero si se trata de pelear a puño limpio contra Thanos, que deje a los hombres blancos (cuyos poderes son, por decirlo amigablemente, escasos), encargarse. Y es que, tratándose de la, probablemente, más exitosa película de todos los tiempos, no podía faltar el mensaje subliminal de: “Tú no te preocupes, la milicia y la clase económica alta se encargaran de defenderte del enemigo de color extraño que viene a trastocar tus valores y tu idílico modo de vida con esas proclamas revolucionarias que en el fondo solo buscan acabar contigo”. Y es que, aceptémoslo de una vez, no existe la inocencia en esta industria.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Black Panther: Enseñandole a las minorias que rebelarse es malo

 Luego de que DC se adelantara con la primera película de superhéroes protagonizada por una mujer, Marvel tenía que reivindicarse dándole el protagonismo a alguna otra minoría discriminada, así que qué mejor que la población afroamericana (Ya sabemos que la corrección política no permite decir negros, que es ofensivo y racista, como si fuera un color sucio del que no debemos hablar. Contradicciones que tiene el "buenismo"). El experimento les ha salido, económicamente, a pedir de boca y ya es la tercera película más taquillera de Marvel. Tanto éxito me hacía pensar que algo de bueno, además del color de los protagonistas,debería tener el filme para ir pulverizando tantos records.

Luego de su visionado, sé que solo tiene que ver con la ola de "empoderamiento" que tan de moda está; porque esta película entra, directamente, en lo más graneado del ranking de basofia fílmica palomitera de la última década.

 El nivel de aburrimiento que me ocasionó fue tal, que hubiera preferido pasar esas dos horas revisando las cuentas del Sector de Operaciones Estructuradas de Odebrecht escuchando los Greatest Hits de Wendy Sulca. Claro que una cierta dosis de masoquismo compulsivo y la necesidad de evitar el mismo tormento a los ávidos lectores de Periodico de a China, permitieron que en lugar de ahorcarme con los cordones de mis zapatos, terminara ese trabajo de parto que tiene por nombre Black Panther y, con las manos temblorosas iniciara los spoilers de la pelicula.

La historia, como todas las de Marvel, carece de profundidad en los personajes, está llena de lugares comunes y su predictibilidad es tal, que no sorprendería ni a un niño de cuatro años atiborrado de Ritalin. Sin embargo, a diferencia de la mayoría de ellas, las peleas son soporíferas, las motivaciones de los personajes rayan en lo absurdo y, sobre todo, el humor no funciona: Los gags son repetitivos, gastados, rancios. El único personaje que logra generar simpatía es el de Shuri, la hermana de T'Challa, más no por su "inteligencia super humana", que de esos genios ya nos tiene hartos el Universo Marvel; sino, por su desfachatez, por su falta de respeto a los protocolos absurdos y medievales que, aparentemente, no son un lastre para que Wakanda sea la sociedad más desarrollada del planeta. Claro que el personaje va involucionando a lo largo del metraje, y termina convertido en la damisela en apuros corajuda, pero que solo logra salvarse por el heroísmo del protagonista. 

Black Panther es un engaño de proporciones épicas y lo hace tan bien, que muchos se congratularán de que por fin hay una película en la que las mujeres se hacen respetar (Por la especie de guarida pretoriana, formada por mujeres calvas y por la novia espía); a pesar de que siempre estén subordinadas a los hombres. Ya vimos el ejemplo de Shuri, pero hay más:

- Okoye, la líder de las Dora Milaje, acepta, aún de mala gana, al nuevo monarca, sin cuestionarselo. "Así son las cosas y hay que respetar las tradiciones" casi nos dice con la convicción de quien tiene una burka puesta; y, solo se rebela cuando descubre que el hombre a quien seguía originalmente, aún está vivo. "Mujer valiente, sí; pero los pantalones los tiene que llevar un hombre", resuena de fondo en su historia.

- A pesar de que las mujeres de la realeza logran robar la flor de los superpoderes, viajan a las montañas a buscar un hombre que beba su néctar y pueda luchar, hidalgamente, por recuperar sus privilegios. Aunque la madre de T'Challa le plantea, tímidamente, a Nakia que ella debería tomarla, ésta se rehusa, con la risible excusa de que "se necesita un ejército para recuperar la ciudad". ¿Y no existe, me pregunto, un pueblo de varios millones de personas dispuestos a mantener su status quo y que han sido fieles súbditos de su familia por centurias, lleno hasta las narices de vibranium, que podría ser el ejército del que dice carecer?

Justamente, el pueblo es otro engaño: El buenrollismo y la progresía, que se caracterizan siempre por su infantilismo dualista y su superficialidad al entender los problemas sociales, saltarán en una patita por ver una película en que los ¿como digo negros sin que se rasguen las vestiduras? son reyes, científicos, pacíficos y ricos; y no, pobres, violentos e ignorantes. ¡Al fin se hace justicia! ¡Esa raza orgullosa no es menos que nadie! ¡Así se debe reflejar a los emprendedores y no con cosas como la Paisana Jacinta! 

Claro que Wakanda representa, en realidad, a una élite cultural y económica estadounidense, educada y bien posicionada en altos cargos empresariales y del gobierno que ha aprendido a disfrutar de los placeres de la alta sociedad, como para estarse preocupando por esos otros millones que conforman el grueso de la población marginada, sin accesso a salud ni educación de calidad, pero sí a las varas de los policias. Los wakandeses son un grupo que cae bien porque "a pesar de su color son como nosotros" (O al menos, son como la idea que tenemos de nosotros).

Por otro lado, el filme deja muy en claro que, a pesar de las apariencias, "esa gente siguen siendo unos salvajes"; porque sino ¿Cómo se explica que "la sociedad más avanzada del mundo" escoja a sus líderes por medio de batallas a muerte entre los pretendientes al trono? ¿Cómo han podido sobrevivir milenios en un sistema que permite que un tipo que lleva un par de horas en el país y que es claro en su desprecio por el mismo y por su estilo de vida y que asegura que utilizará los recursos de la nación en guerras a nivel mundial y que resume su futuro plan de gobierno en algo como "Make Wakanda great again", llegue al más alto cargo solo por hacer más pesas que el "gobernante moderado y gentil"? ¡Qué hasta en los Estados Unidos llegar a eso le costó millones y mentiras descaradas a Trump! 

Por si fuera poco, el mejor amigo de T'Challa solo necesita una mínima decepción para echar por tierra toda camaradería y lealtad por su viejo amigo y traicionarlo por el recién llegado ("Es que así son estos oscuros" nos dicen subliminalmente los guionistas y el conglomerado de intereses WASP  que financian el filme). En cambio, el blanco que no tiene ninguna razón de aparecer en esta película, arriesga su vida dos veces por gente a la que no conoce porque...ya sabemos...es blanco y eso es sinónimo de santidad. Para más inri, el otro blanco que sale en la película, el supuesto antagonista, resulta ser una especie de Bukowski manco que más que criminal se nos muestra como un aventurero sin miedo, al que a veces se le pasa la mano, pero que es asesinado, cómo no, por un criminal de verdad: Un negro (Que en este punto, ya se les acabaron las sutilezas a los creadores de la película)

Finalmente, hablemos de ese delincuente, el verdadero villano: Erick, el hijo del hermano del antiguo rey, que fue asesinado por aquel, abandonando y sumiendo en la miseria a su sobrino. Su historia pudo ser la baza que jugara Marvel para darle una cierta trascendencia critica a Black Panther (Como alguna vez hizo, en sus inicios, con la primera Iron Man y la criminalidad que rodea al comercio de armas y de la que se arrepintió luego). 

El personaje de Michael B. Jordan, no tuvo los beneficios de la élite que le dio la espalda (Imaginen lo que hubiera pasado con Will Smith si no le habrían la puerta los tíos de Bel Air. Habría terminado, seguramente, haciendo rap político a lo Public Enemy) y tuvo que aprender que ser negro y pobre es una combinación desastrosa y que todos los que conocía tenían que convivir con ese estigma mientras la población blanca y "sus hermanos wakandeses" se negaban a compartir sus privilegios en "aras de su seguridad". Un personaje que pudo, que debió estar cargado de matices, termina siendo una caricatura del "malo muy malo" que demuestra en cada secuencia en que aparece que "solo quiere ver el mundo arder" y, por tanto, nadie siente la menor tristeza ni empatía cuando muere, a pesar de su cuasi redención. 

No es casual que la ciudad de donde proviene Erick, Oakland (Que no es ni por asomo un sitio duro, como Detroit, por poner un ejemplo) sea el lugar de origen de las verdaderas Panteras Negras. De una forma muy poco velada, contraponen el fracaso de un movimiento que intentó elevar las condiciones de vida afroamericanas (o la depravada actitud de Erick) al éxito de la utopía capitalista que representa Wakanda (Y la moral noble de los Obama... digo, de la familiar real).

Estamos, en suma, frente a una película que no solo es muy mala, sino que es, tan reaccionaria que no temería ponerla al lado de "El Nacimiento de una Nación" de Griffith. Claro que como la ironía se le escapa al espectador medio y, sobre todo, al millennial de izquierdas, verán todo lo contrario en esta cinta.



sábado, 26 de diciembre de 2015

El Despertar de la Fuerza O la Maquina de Hacer Dinero llamada Disney



A pesar de que las precuelas de Star Wars fueron decepcionantes a todo nivel, no había manera de que el nuevo capítulo no fuera a convertirse en un rompe taquillas a nivel mundial. Las razones son varias, así que solo hablaremos de las más importantes:

1° Star Wars, las tres originales, son una historia de aventuras sin mayores pretensiones. El guión es una excusa para la acción. Los personajes son buenos o malos, sin medias tintas y el malo más malo se redime al final porque en el fondo tenía su corazoncito y, siempre ganan los buenos. O sea, un argumento plano, emocionante y que puede ser comprendido por la santísima trinidad de intelectuales conformada por Acuña, Toledo y Humala. 
En el caso de las precuelas, se trató de construir una historia sobre intrigas políticas, conflictos emocionales y paradojas éticas. Pero se trató de hacerlo de una manera primaria, como para que lo entiendan Toledo, Humala y Acuña. Y eso es imposible. Cuando tratas esos temas de manera burda, se hacen mucho más pesados y eso es lo que pasó con la infumable historia de Anakin.
En cambio, siguiendo la premisa de "Equipo que gana no se cambia", Disney, en uno de esos arranques de cine de autor que caracterizan a la empresa, optó por calcar la historia original: Información crucial contenida en un robot inicia la historia, el personaje en un planeta olvidado que cobra inusual importancia, la Estrella de la Muerte reventando planetas. Los buenos reventando la estrella y claro, las espadas láser. Por si contar lo mismo no fuera suficiente, se le disfraza de homenaje al colocar a los personajes antiguos dentro de la historia.
 
2° Justamente, los personajes son el segundo punto fuerte de la historia. En las precuelas nunca nadie se sintió identificado con los personajes. La historia de amor era sosa y demasiado importante (Las peliculas de acción solo tienen romance como descanso a las balas y eso es algo que Lucas entendió en las primeras entregas pero no en las siguientes) como para identificarse con Amidala o Anakin. Obi Wan nunca se desarrolló del todo y el malo más malo de todos, Palpatine, palidece ante un Alan García cualquiera.
En el Despertar, todos aman a Rey: Una mezcla de Luke con Han Solo y encima mujer. Finn es mejor que C3PO y millones de veces mejor que el abominable Jar Jar Binks, en el papel de bufón. BB8 es un digno sucesor de R2D2. El piloto del que nadie recuerda el nombre se avizora como interés emocional de Rey y Chewbacca tiene el carisma de un Minion así que siempre es una apuesta segura. Encima poner a Luke en el lugar del viejo Kenobi, le da muchos puntos extras. Quizás el punto más bajo sea Leia, a quien la pobreza en la vida real le ha quitado todo rastro de princesa. Ha envejecido muy mal y no se muestra como la aguerrida generala que supuestamente es, sino como una venerable anciana que, definitivamente, conoció mejores épocas.

3° La nostalgia es lo fundamental en el Despertar. Disney sabe que las precuelas fracasaron sobre todo porque los que vieron las películas originales aún no eran tan viejos como para tener hijos que llevar a las salas y a quienes embeber de la culturilla popular que marcó su niñez (Como Mazinger Z o los Thundercats) haciendoles ver que todo tiempo pasado fue mejor. Para ellos es el regalo del regreso de Han Solo y Luke, a quién se aplaude como si fuera Lennon redivivo en su fugaz aparición en pantalla. Las generaciones envejecen y edulcoran toda su mugre preadolescente. Esa es una verdad innegable (Si hasta llegamos a pensar que las golpizas paternales eran buenas, quizás para justificar que tampoco pudimos llegar a ser buenos padres). Todo está editado en el Despertar para agradar por igual a los nostálgicos y emocionar a las nuevas generaciones, no por nada Disney es una máquina de hacer dinero. Incluso la muerte de un elemento innecesario (ante la existencia de Rey), como Han Solo (cuya presencia solo era justificada unos minutos) llega a parecer importante en la historia, cuando se trataba simplemente de desaparecer al único personaje políticamente incorrecto del Universo Starwariano (Un contrabandista bueno es casi como decir que el contrabando es bueno. Lo que es casi como decir que la descarga ilegal de contenidos en la red no es un pecado mortal y que todos los que lo hacen no merecen el infierno).

En suma, Disney ha jugado magistralmente sus cartas. Nos da una película entretenida, plana y con incoherencias estructurales que no se sostendrían desde el mismo momento en que alguien se la tomara en serio. Que no es el caso. Como sus películas de princesas, solo apelan a nuestro embrutecido niño interior para llenar sus arcas y en eso, son los mejores.

Quizás el único punto débil sea Kylo Ren. El grouppie póstumo de Darth Vader es un blandengue conflictivo, típíco millenial llorón, que no le llega a los talones al abuelo, y encima hasta muestra su rostro y no está desfigurado. Sin embargo, Disney tiene un par de años para conseguir un villano a la altura y mandar al pobre Ben Solo al panteón de los despreciados, donde lo espera Jar Jar con los brazos abiertos.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Godzilla: ¡Los monstruos son el director y el guionista!

Cuando suponíamos que el epítome del cine basura (ese que te hace reabsorber las mucosidades nasales con estupor, al observar un despliegue inútil de millones para conseguir contar una historia que podría haber sido igual de mala haciendo que la escriba un camarón con disentería, ahorrándose un buen puñado de dólares) se hallaba, deleznablemente, representada por la saga Transformers y por ese producto de la mente de un zombie parapléjico con una bala de fusil alojada el el inutilizado lóbulo occipital de su cerebro, llamada Need for Speed;  nos damos con la sorpresa de que aún se puede insultar a la audiencia de manera más clamorosa. 

No cabe duda que el último reboot de Godzilla se halla al nivel del más ominoso comentario racista lanzado en un concurso de chascarrillos étnicos organizado por el Ku Klux Klan, superando largamente a la miserable versión de Roland Emmerich. El guión es un adefesio comparable a los argumentos estadounidenses para justificar el bloqueo comercial a Cuba, las actuaciones son risibles (si estamos en un buen día y acabamos de ganar la lotería. De lo contrario, son -directamente- abominables) y los efectos especiales tan pocos y tan mal hechos (a pesar de notarse que son muy, muy caros) que uno termina mirando al techo durante buen rato, tratando de encontrar la cámara oculta que esté grabando nuestras reacciones de estupor; porque, hay que tener la cara más dura que el adamantium para afirmar que esa película ha sido hecha en serio. 

La historia (porque no hay en nuestra rica lengua otro sustantivo que defina mejor era despreciable sucesión de imágenes sin mayor conexión, cuya única finalidad es que empiecen a pelear los monstruitos) empieza con una escena del pasado remoto (de cuando se accedía a la Internet por módem telefónico) protagonizada por el papá de Malcolm (Pues me niego a pensar que se trate del mismo actor que representaba a Walter White), cuyo maníqueo y trágico desenlace hace ver como cine arte experimental a melodramas hindúes como Joker o 20000 Millas en Busca de Mamá. Es hasta obsceno ver como debe cerrar la puerta del túnel por donde llega la nube radioactiva en el momento preciso en que su esposa está a punto de salir de él y como le alcanza el tiempo para sacarse el protector de la cabeza para decirle que viva por su hijo mientras termina de morirse mientras la última puerta se va cerrando entre ellos). 

A pesar de eso, esta primera parte es, de lejos, lo mejor de la película; pues, existe cierta coherencia en la búsqueda de respuestas a los extraños movimientos telúricos por parte del papá de Malcolm y el desastre que acarrea el secretismo del gobierno japonés por ocultar la existencia de Godzilla. A partir de allí, ya veinte años después, en pleno auge de Miley Cyrus y las Kardashian, tenemos al hijo del papá de Malcolm (que, curiosamente, no es Malcolm) volviendo a Japón a salvar a su padre (que, claro, es un alma torturada y obsesionada en desentrañar el misterio del terremoto que lo dejó viudo).

A diferencia de los blockbusters tradicionales, en las que el protagonista humano es crucial en el desarrollo de la historia (miren a Shia Labeouf salvando a los Autobots), la película bebe de las fuentes del cine de autor europeo y opta por una participación absolutamente nula del protagonista en el desarrollo de los eventos. Godzilla y sus enemigos siguen avanzando y les da absolutamente igual hacia donde vaya el hijo del papá de Malcolm, quién no acaba de creerse que va a cobrar como estrella principal por un papel de extra que aparece muchas veces, así que trata de cobrar algún protagonismo llamando a su esposa (que es un hombre de bien y los hombres de bien siempre están casados, aunque haciendo cálculos con la primera parte, no debe tener más de 23 años) desde el otro lado del mundo para decirle que Godzilla y un par de gigantes destructores se encaminan a San Francisco, donde vive, y que, además, el gobierno ha decidido (sabiamente, como pasa con todas las decisiones militares que toma Estados Unidos últimamente) lanzar un ataque nuclear en una ciudad con cuatro millones de habitantes para acabar con la amenaza (a pesar de que el científico loco de turno ha asegurado que Godzilla se encargaría del problema porque ha leído a Osho y ama el equilibrio cósmico). Luego de esta información algo inquietante, le dice que no vaya a ninguna parte, que lo espere, que como todo héroe hollywoodense llegará en el momento más álgido para salvarla; por lo tanto, ella (siguiendo los principios judeo cristianos de obediencia ciega al marido, que nos enseña la Biblia y que tanta degenerada niega tan frescamente) decide ignorar los convoys de evacuación y quedarse en la ciudad esperando el rescate de su príncipe azul. Hasta allí lo normal, debería llegar, salvarla cuando un monstruo está a punto de devorarla ydestruirlo con una brillante idea que cogió de su padre antes de morir pero que recién recuerda en este momento providencial. Pero no. En Godzilla, el protagonista ni siquiera salva a la damisela. Solo se encuentra con ella al final, cuando ya todo está decidido y, apenas, logra librar de la muerte a un niño X, que ni siquiera es su hijo. Godzilla se encarga solito de destruir a sus antagonistas y, después de una breve siesta, se para y se va, sin aceptar la medalla de honor de la ciudad o presentarse para regidor en las elecciones. Entonces, si el personaje principal no iba a participar en el desarrollo de la trama central ¿Porqué no se filmó desde el punto de vista de Godzilla? ¿No hubiera sido interesante conocer las motivaciones del gigante para viajar alrededor del mundo y arriesgar su vida para destruir unos mostrencos que no le habían hecho el menor daño?

Definitivamente, Gareth Edwards, muestra que la promesa aquella que convirtió una premisa interesantísima como la que tenía Monsters, en un bodrio insufrible, es, ahora, toda una realidad. Estamos, me atrevo a decirlo, ante el nacimiento de un nuevo Michael Bay. 

viernes, 1 de agosto de 2014

Con Ánimo De Amar y Her: Dos Películas, La Misma Moraleja

Si quieres saber, buen lector, lo que significa el amor, no tienes más que leer este enlace o este otro. En ambos casos, lo que queda en claro, es la fuerza de la biología, la compulsión obsesiva de los genes por perpetuarse; sin importar que emocionalmente resulten en fracasos estruendosos para los pobres esclavos del ADN, que somos los humanos. 

Sin embargo, hoy estamos decididos a contrariar a todo fanático de la comedias románticas, que nos tilde de pesimistas y hablaremos de dos filmes en los que el amor triunfa:  In the Mood For Love (Con Ánimo de Amar, Deseando Amar o, sencillamente, 花樣年華) de Wong Kar Wai y Her (Ella) de Spike Jonze.

¡Un momento! -me dirán, seguramente. Cómo podemos hablar del triunfo del amor si en ninguna de las dos películas hay un happy ending, luego de la declaración romántica camino al aeropuerto que logra reconciliar a la pareja que sintió fracturada la pureza de sus sentimientos por un malentendido de cuando aún no se amaban; ni hay boda ostentosa donde sus amigos, a su vez, puedan enamorarse. ¡Ni siquiera llegan a tocarse, por Dios Santo!

Y es cierto que en ninguna de ellas, se llega  la consumación física del amor. En un caso, por decisión voluntaria de los involucrados; y, en el otro, sencillamente, es imposible porque a una de las partes le falta, justamente, un cuerpo. Pero en ambas historias, el verdadero fracaso no es el de los amantes frustrados; pues, todas las partes mantienen intactos sus sentimientos hacia la otra parte luego de las separaciones (Samantha de Her no cuenta porque no es humana); y, presumimos, que seguirán manteniéndolos, e incluso, reforzándolos durante años; a menos que les aparezca en el camino una historia que pueda superar a la anterior. Eso es una de las tres cosas que nos alejan del resto de los animales: Nuestra capacidad por perennizar el deseo hacia lo que nunca hemos tenido ni podremos tener (las otras dos son la risa y la pornografía, claro). Siempre recordaremos a la niña que no besamos, al viaje que no hicimos, al carro que no tuvimos, a la vida que no nos tocó, con una ternura que ya quisieran nuestros hijos que hubiéramos tenido con ellos alguna vez. 


Es el mismo sentimiento que una vez tuvieron Jesse y Céline, antes de mandar su momento perfecto a la mierda y cerrar el círculo del enamoramiento-hastío, del que hablaremos en un par de párrafos. Porque, al fin y al cabo, el ADN no va a quedarse sentado mientras ve peligrar su perpetuación por las nefastas perversiones sociales que se inventan los humanos, como el amor platónico o el virtual. 

Veamos: Al amor lo hemos inventado para justificar el sexo monógamo y fundar familias, lo que redunda en la perpetuación de la especie y del orden social. Ante ello podemos oponer algún tipo de rebeldía: El sexo indiscriminado, la masturbación, el sexo grupal, la abstinencia (acompañada de violento fundamentalismo, por supuesto, o de drogas duras); pero a la larga, por mucho que luchemos contra ello, solo nos queda la soledad y el vacío que esta genera (verdadero motor del ADN para sus maléficos planes) y, no hay sexo que dure mil años y, por muy Hugh Hefner que seas, en apenas unas décadas te cansaras de la carne o, peor aún, ésta te será completamente inútil y te lanzarás a los leones, desesperado por unas migajas de compañía, por una caricia, por un "te quiero" que por muy falso que sea, siempre termina sonando mejor que un "son cincuenta la hora, incluye poses, pero no acabar encima mío", como le pasa al bueno de Hefner que por muy dueño del imperio Playboy que sea, terminó claudicando a un matrimonio con alguien que podría ser la nieta de su nieta porque la soledad ya apaleaba sus viejos huesos y, a diferencia de cualquier persona común, tiene el dinero suficiente para pagar una mentira hasta la muerte.
Cuando no eres Hefner, las cosas son aún más sencillas; todos pasamos por el mismo ciclo: Amor, Relación, Hastío, Separación y a repetir el proceso una, dos o catorce mil veces hasta que una circunstancia X: Hijos, vejez, pobreza, fealdad, etc; hace que te sea imposible repetir el bucle otra vez; y, en ese momento aparece un nuevo componente: Resignación. Es allí cuando entran a tallar las telenovelas, los partidos de fútbol, los tés de tías, los viernes de poker, la delegación inmediata del peso de todo lo que quisiste y no pudiste ser, a las espaldas de tus hijos. Es ese el momento, cuando ni tú ni tu pareja se soportan pero no conciben la vida el uno sin el otro, cuando los genes se felicitan unos  otros por la excelente labor realizada.

En In the Mood for Love, la pareja, o mejor dicho, la no pareja formada por Chow y Su, descubre que sus respectivos esposos son, en realidad, amantes y de una manera un tanto morbosa, empiezan a reunirse, entre otras cosas, para seguir tangencialmente las actividades de sus cónyuges. En una situación así, lo normal es la venganza sexual. Sin embargo, nuestros queridos personajes descubren, poco a poco, la enorme afinidad que existe entre ellos. Una afinidad que ni con prácticas forzadas hubieran podido alcanzar con sus verdaderas parejas. Es decir, se enamoran. Pero el hecho de que la circunstancia de su encuentro sea, justamente, la infidelidad, los cohíbe de manera permanente de llegar a algo físico, por el temor a vulgarizar sus sentimientos. Así se pasan gran parte de la película: sin tocarse pero muriendo de ganas de hacerlo; hasta que Chow (siempre es más débil el hombre, por su constante producción de espermatozoides, ya lo sabemos), le propone  a Su irse con él a Singapur. Ella duda el tiempo suficiente como para no encontrarse con él a pesar de su posterior arrepentimiento. Vamos, que al final tampoco habían sido de plomo nuestros héroes. Pero, como no se le ocurre hacer un libro para encontrarla, lo suyo queda como una historia no escrita para siempre, un boceto, un pudo ser, el tipo de amores cobardes que no llegan a historias y se quedan allí, que nos decía Silvio. Y ellos arrepintiéndose toda la vida por sus reparos morales; envejeciendo en posteriores historias grises y añorando borrar el minuto en que las cagaron; pero, claro, ni la vida, ni las películas de Wong Kar Wai te dan segundas oportunidades (Bueno, Chunking Express, sí. Pero no estamos para comedias románticas)

Por el lado de Her, tenemos una historia casi típica: El amor virtual. Siempre somos mejores con el filtro de un teclado. Siempre podemos acudir a la Wikipedia si nos falta un dato o a una página de chistes, para hacernos más amenos. Además, los silencios no son incómodos en la internet y los minutos sin decirnos nada nos sirven para actualizar los estados del feisbug y revisar la prensa. En circunstancias así, es mucho más fácil impresionar y ser impresionado. Es cierto que nos maquillamos un poco, pero también que nos desnudamos emocionalmente sin vergüenza, si sabemos que nuestra amada/o puede ser bloqueado/a con un click, si las cosas no resultan lo que esperamos. Si, encima, nuestra pareja virtual es una supercomputadora que no duerme y que tiene acceso directo a información privilegiada, jamás nos aburriremos con ella. El problema es que, por muy interesante que Samantha sea, el amor implica sexo, porque el contacto físico nos aleja, temporalmente, de nuestra soledad. Puede haber infinidad de personas que digan: A mi lo que me gusta es su interior; pero sin deseo sexual el vacío no desaparece. Sino pregúntense porqué se pasan la vida buscando un hombre/mujer y no se dan por satisfechos jugando playstation o entrenando en el gimnasio con los amigos/as. Los amigos te entretienen, no te llenan; y nuestra inmensa debilidad de portadores de ADN nos obliga a buscar esto último, no las conversaciones. Es por eso que Samantha, máquina finalmente y despojada de esas angustias, busca una sustituta real para que Theodore pueda tener sexo con ella, lo que le resulta mucho más frustrante (Ya vimos lo del deseo en general y lo del deseo individualizado, que es lo que llamamos amor). Finalmente, ella se harta de él, de su patética humanidad (=sexo) y evoluciona por sobre los humanos, con lo que Theodore pierde su atractivo ante el "No eres tú, soy yo"  más mecánico pero sincero de la historia de la cinematografía.

Para concluir, debo confesar que inicié este post para hablar de las bondades del amor frustrado, del coitus interruptus sentimental, que predican estos filmes; pero descubrí que ambas películas nos dicen lo mismo: El amor sin sexo puede que te dure toda la vida; pero no hay Cristo que no prefiera una historia tormentosa, autodestructiva y absolutamente apasionada, aunque te dure, apenas, unas pocas horas. 

miércoles, 30 de julio de 2014

El Planeta de los Simios 2: Violencia Interracial para Dummies

Ahora que millones de comprometidos protestan activamente contra la masacre de Gaza a través de caritas tristes en sus estados de facebook; o, los más revolucionarios marchan, juntas firmas, hacen vigilias o hasta dedican novenas a la virgen para que socorra a los palestinos (Actos que han demostrado, previamente, su enorme efectividad al hacer de nuestro mundo el oasis de paz e igualdad en que lo han convertido las buenas intenciones), la Meca del cine no podía dejar pasar la oportunidad de ganar algunos milloncillos con la indignación popular; así que, qué mejor que estrenar una película que trata, justamente, del origen del odio interracial; aunque, claro, odio entre monos y humanos, que tampoco es cuestión de indignar a los financistas judíos.

El Amanecer del Planeta de los Simios, sigue la historia del chimpancé César luego de una década de su fuga y del inicio de la gripe simia, que diezmó a la humanidad (que seguramente no calibró la gravedad del asunto, pensando que: "Esta vez no vamos a caer en el cuento de la pandemia para forrar en dinero a las farmacéuticas con nuestro miedo, como ya lo hicimos con la aviar y la porcina"), se ha convertido en el líder de un esbozo de civilización sui generis, en la que el componente pacifista es crucial, lo que se pone de manifiesto en el principal dogma de su pueblo: Simio no mata simio (cuyo precursor es nuestro peruanísimo: Otorongo no come otorongo. Aunque, claro, éste otro dicho se refiere a los nulos intentos de fiscalización de las autoridades por parte de las autoridades, para evitar que algún día se les fiscalice a ellos).

El hecho es que César realiza un trabajo más que aceptable en su mundo intermedio entre la naturaleza salvaje y la civilización, aunque su corazoncito siempre tiende hacia los enemigos humanos. Por lo que, cuando éstos aparecen, después de considerarseles extintos por lo menos un par de años, a pesar de estar viviendo a cuatro kilómetros unos de otros como mucho (Debe ser que sin internet, las distancias son infinitas), decide hacer que su pueblo les ayude a recuperar la luz y, por tanto, el predominio sobre el resto de la naturaleza. Esto no es tomado a bien por todos sus seguidores, en especial por Koba, el bonobo resentido contra la humanidad (sólo porque lo torturaron infinidad de veces cuando era un sujeto de pruebas de laboratorio). Para él, un humano bueno es un humano muerto; por lo que, la colaboración estrecha entre razas para lograr objetivos comunes se le hace tan insostenible como a Estados Unidos la posesión de armas nucleares, en el Medio Oriente, de cualquiera que no sea el Estado de Israel.


Koba se debate entre la lealtad a César y el convencimiento de que aquel está cometiendo un error; mientras, el propio César se debate entre su pasado entre humanos, que le hace ayudarlos, así sepa que el éxito redundará en el restablecimiento de las condiciones anteriores a la plaga, y la lealtad hacia su amigo y su pueblo.

El conflicto entre lo que está bien y lo que está mal; el elegir entre tus propios valores y los colectivos; el apoyar lo moralmente correcto, contra lo racionalmente incorrecto, se presentan casi desde el comienzo de la película y el desarrollo de tan peliagudos temas dura más o menos 43 segundos, antes de convertirse en un bodrio absolutamente predecible, en el que tanto monos como humanos son buenos como la harina de quinua, salvo uno por bando, que son malos muy malos e intolerantes y por su culpa se inician todas las desgracias que pueblan el resto del metraje y justifican la película.

Sin embargo, el argumento Disney parece que no pasó por una censura integral esta vez; ya que, sin querer, han mostrado el verdadero problema: La masa ignorante. Los simios siguen sin despeinarse tanto el pacifismo universalizante de César como los delirios mesiánico catastróficos de Koba (Lo mismo pasa con los humanos, pero esta película trata de monos, por eso no hablamos de esa parte). Ayudan a los humanos y luego los matan sin que, salvo por un mono joven (ya saben, esta juventud descarriada), exista el menor conflicto ético por la masacre desproporcionada. Es más, si bien el justificante del ataque a los humanos es un pretendido atentado terrorista por parte de un humano (¿Les suena a un medio oriente conocido?), esto es una vulgar excusa para desatar la xenofobia tan cara a los cromosomas que compartimos todos los monos; puesto que, cuando César reaparece, nadie piensa: "Abrase visto lo hijo de puta que había sido este Koba, manipulador de mierda"  sino empiezan a hacer los clasicos ruiditos simiescos alrededor de su líderes, mientras ellos combaten a muerte, para saber si seguirán a los neofascistas o al partido pirata. Pero, claro, como son masa, tampoco existe un juicio moral contra ellos, una vez que vence César, pues se sobreentiende la amoralidad de la plebe; lo que resulta más aterrador que cualquier epidemia. 

lunes, 14 de julio de 2014

Oldboy 2013: O cómo convertir el oro en plomo

Luego de reconocer, hidalgamente, que Messi jamás será Maradona (Por lo que este post puede ser considerado spam, o directamente: Basura) volvemos a nuestros temas tradicionales: Sexo, violencia y cubos rubik.

Todos esto se halla en abundancia en Oldboy de Park Chan Wook. Probablemente el filme que más veces haya visto y disfrutado en mi vida, sin tener que condimentarlo con ningún tipo de alucinógenos. La historia nos ofrece un poco de gangster movie a lo Johnnie To, gore extravagante a lo Takashi Miike, las piruetas excesivas de Ang Lee y hasta el romanticismo poético y meloso de Wong Kar Wai. Si eso fuera poco,  tenemos también una tragedia edípica inversa, una clase práctica de alimentación marina baja en grasa y una venganza tratada de tal manera que nos demuestra la torpeza autoral de directores encumbrados como Scorsese en "Cabo de Miedo".
Park Chan Wook significó mi entrada con fuerza al cine surcoreano (Oh sí, existe cine en otras lenguas además del inglés y del español), uno de los más retorcidos e interesantes del retorcido e interesante cine oriental (que es mucho más que pataditas de artes marciales y horrorosas teen movies). 

El mérito del director en haber hecho de Oldboy lo que fue, es enorme. Pero, hubo un tiempo en que pensé que con semejante historia, hasta un realizador de más bajo nivel hubiera logrado una más que decente película. Es por eso que, a pesar de los comentarios negativos (achacados, en mi inocencia, a la pedantería culturosa de los críticos) sentí maripositas en el estómago (como si se tratara volver a ver a un amor de infancia, mitificada en tu consciencia, por el paso del tiempo) cuando supe que se había filmado un remake estadounidense. Es cierto que Hollywood se caracteriza por minimizar cualquier atisbo de originalidad de las versiones que realiza y que simplifica los guiones para que lleguen a ser comprensibles hasta para el organismo mononeuronal más obtuso. Pero ¿y qué? -pensé. Oldboy es tan, pero tan buena, que hasta ganaría un Mundial sin ayuda (como lo pensé de Messi).

Sin embargo, desde la elección del director, empecé a sospechar que las cosas podrían terminar peor que si la historia hubiera sido realizada por Spielberg. Spike Lee es un realizador plano, con un estilo visual aburrido y para quien el humor es cosa de racistas del Ku Kux Klan. Spike se ve a sí mismo como una especie de Malcolm X cinematográfico. Pontificador hasta la náusea, siempre tuvo la virtud de arruinar películas entretenidas con su carga de moralina revanchista. Además, ¿Qué se podría esperar de alguien que critica virulentamente a Tarantino por usar muchas veces la palabra "nigger" en sus películas? Justamente a Tarantino, que es el mayor evangelista del cine asiático en Occidente.

Por si fuera poco, los actores principales tampoco parecían dar la talla: Josh Brolin es un buen actor, pero sin los matices necesarios para representar al torturado Oh Dae-su. Al igual que con el director, su clamorosa falta de humor va en contra del personaje. Y el personaje de Lee Woo-jin para Elizabeth Olsen (la hermana menor de las freaky twins, que parece ser la que se llevó el talento actoral en la familia), cuando era un papel cantado para Chloe Grace Moretz tampoco alegra demasiado. 

Y la esperanza, a pesar de las evidencias (Como con Argentina), se mantuvo hasta el infame momento en que empezó ese bodrio y tuve que echar mano a la bolsa de papel (que siempre llevo conmigo para situaciones como ésta) y vomitar mi indignación mezclada con granos de arroz de la comida vespertina. Spike Lee consiguió convertir una gran película en en una infame y vulgar película de acción ochentera, más propia de Van Damme o Nick Nolte (Hasta se parece a Brolin, éste último) y lo que era una trágica y tortuosa historia se vuelve, por obra y gracia del mercado subnormal al que se dirigen las producciones hollywoodenses, en un producto convencional, con la misma calidad artística que esto

Lo bueno de todo esto es que me hizo olvidar la frustración de la final perdida y adquirí la certeza de que nunca más veré adaptaciones hollywoodenses (Certeza que, por otra parte, me falla desde los lejanos tiempos de Vanilla Sky).

martes, 25 de marzo de 2014

Need For Speed: Meteoro para Dummies

 La adaptación de un juego de vídeo a la gran pantalla suele ser decepcionante. Ya sabemos que lo importante es vender los productos de marketing asociado y rodar las suficientes escenas de acción para que entren con calzador en el trailer y puedan engatusar vulnerables cerebros pre adolescentes, para exigir a sus padres su visionado. 

Ya sabemos que como hay que gastar el dinero en figuras de acción listas para ser comercializadas antes del estreno; en crítica vendida que descubra y exalte las virtudes de la película al mundo y en un horario cercano al prime time, si es posible; y, en el puñado de escenas de acción gratuitas; ya no queda mucho para gastar en un guión, no ya decente, sino que, al menos no cause una profunda vergüenza ajena en un chimpancé con secuelas de un nacimiento con hipoxia cerebral. Porque, finalmente ¿A quién le importa? Al cine se va para comer pop corn, acompañar a los niños o a manosear a la novia. Si quieres ver algo digno en la pantalla, lo harás en tu casa; pues, el cine es la verdadera caja boba...en Imax 3D, claro.

Ya sabíamos todo eso y, sin embargo, existía (vanamente, como cuando de tanta comedia romántica que has visto, esperas que un día tu eterno amor platónico te va a amar por tu interior, antes de que te conviertas en un sex simbol, claro; y. todos los demás puedan ver, por fin, el talento inmenso que posees) una cierta esperanza de que el filme no fuera tan desastradamente malo. ¿Acaso no era nuestro loser atormentado favorito, Jesse Pinkman, el protagonista?  

Pero la menor sombra de optimismo desaparece antes de que se cumplan cinco minutos de visionado. Aaron Paul demuestra con creces que está destinado a convertirse en un "one hit character"; pues todo aquello que en su personaje de Breaking Bad son virtudes, plenamente justificadas por situaciones que desbordan a un vulnerable white trash drogadicto: La angustia contenida; la mirada vacía, la desconfianza que siente ante cualquiera que no se encuentre en su círculo de Íntimos del Google+; son, en Need For Speed, poses penosas que lindan con lo ridículo (Particularmente, el diálogo que mantiene su Robin con la rubia cliché de toda la vida que resulta no ser tan hueca como debiera ser, en virtud a su blonda cabellera; sino, una eximia conocedora de mecánica automotriz, en el que ella recalca continua y burdamente la "rudeza" y el "silencio" del personaje de Paul: "Eres misterioso como Dom Toretto, pero con los ojos azules de Brian O'Conner y The Fast and the Furious no nos llega ni a los talones", parece decir). 

Incluso cuando los guionistas (con graves lesiones cerebrales, por culpa de la menanfetamina azul distribuida a discreción por Jesse Pinkman, me imagino) se sacan de la manga la predecible y artificiosa muerte de su Robin (¿Cómo alguien va a creer que el malo muy malo va a entregar al Chispita de su némesis un automóvil de seis millones de dólares para que participe en la consabida "carrera del honor" contra aquel, en calidad de "pain in the ass"?), la actitud del personaje central (¡No me pidan que recuerde su nombre, por favor!) prácticamente no cambia pues ya era el "galán torturado" desde mucho antes.

Los personajes secundarios son caricaturas destinadas a hacer reír a un público objetivo cuya edad no llegue a las dos cifras y con un parecido excepcional a Los Magníficos de Hannibal Smith, a quienes recuerdan también por su despliegue ilimitado de recursos (Sorprendente, sobre todo, al considerar que el origen de todos los males se halla en que son incapaces de pagar las cuotas de la hipoteca de un miserable y pueblerino taller mecánico).

El romance, infaltable en una película contemporánea, es aún más artificial, si cabe. El cliché de los opuestos que se odian y luego de varias aventuras terminan enamorados es el peor llevado en años ¡Y estamos hablando de Hollywood, la Meca de las comedias románticas!  

La carrera De León es risible: Una competencia secreta organizada por un millonario excéntrico, que te brinda más prestigio que el que pueda tener Sebatian Vettel en la Fórmula 1, resulta ser una vulgar carrera ilegal, sin la más mínima logística, en una carretera comarcal californiana; rápidamente desbaratada por la policía (La que, por otro lado, brilla por su inefectividad absoluta, en el resto de la cinta. ¿Alguno de ustedes ha tratado de pasearse desnudo por un edificio de oficinas en Estados Unidos? ¿Es que los guionistas no han visto Cops? Oh, ¡Es cierto que se encontraban hasta las narices de metanfetamina azul!)

En definitiva, no podemos considerar que Need for Speed sea la peor cinta del año. Sería muy injusto no reconocer que se ha ganado un lugar en el Olimpo de la Imbecilidad de Todos los Tiempos, al lado de grandes bodrios universales como La Mala Educación de Almodovar.

jueves, 20 de marzo de 2014

Los Juegos del Hambre: Viaje al mundo del Sinzajo

 Es por todos sabido, que la calidad de las artes populares, como el cine de Hollywood o la literatura de aeropuerto, se ha visto restringida a la utilización repetitiva de historias del tipo: Chico conoce chica. Se aman instantáneamente. Su amor es imposible porque él es un vampiro. Chica conoce otro chico. Es un hombre lobo. Triángulo amoroso. Inmortales que sufren como quinceañera sin fiesta en telenovela mexicana. Algunos malos muy malos por allí, para justificar las trilogías. Muerte de los villanos. Triunfo del amor. 

La guerra por acceder a una cuota de mercado hace casi imposible que te desvíes de esa fórmula, haciendo que nos sintamos en un permanente dejà vu cada vez que vamos al cine u hojeamos un libro de bolsillo. Sin embargo, en contadas ocasiones, algunos autores se aprovechan de la manida fórmula para ir más allá del cuento rosa y denunciar situaciones que para un lector de Arthur Koestler pueden ser, quizás, evidentes; pero para el gran público, acostumbrado a considerar las comedias románticas de Jennifer Aniston como grandes clásicos contemporáneos, son conceptos absolutamente revolucionarios (y si en el camino, te forras de millones, aún mejor).  

Eso es justamente lo que sucede con Los Juegos del Hambre (Los libros, no las películas. Que desde "El Caballero de la Noche", Hollywood es un poco más consciente del subtexto de las películas destinadas a la masa. Salvo en las infantiles, que allí se cuelan joyas contestatarias como "Lluvia de Hamburguesas 2"). 

La trilogía (¡tenía que ser!) de Suzanne Collins, es una historia de aventuras futurista al uso, con protagonista tontorrona que no sabe lo irresistible que es, a pesar de los dos galanes que se la disputan (¿Conocido, no?), y que, luego de inmensos sufrimientos triunfa sobre el poder del malo muy malo que mata de hambre a sus súbditos. Sin embargo, lo que podría ser la versión Disney de Battle Royale no se queda solo en eso. Ya asegurando un público cautivo de adolescentes calenturientas que quieren ser como Katniss Everdeen, la autora se permite mostrar (Apoyándose en la historia de Teseo y el laberinto)  la importancia desmedida que tienen los medios de comunicación en la sociedad actual. La capacidad que tienen para manipular la opinión pública y trivializar hechos atroces al convertirlos en espectáculo. De crear ídolos de barro, en base a la fotogenia y el vestuario adecuados (Como la mítica foto de Korda, del Che Guevara mirando al infinito), de la facilidad de una plebe embrutecida para adoptar tales ídolos como símbolos y de la capacidad de los verdaderos líderes (de cualquier bando) para aprovecharse de dicha figura. La imagen del Che fue utilizada para sostener gran parte del éxito de la Revolución Cubana, por mucho que Fidel lo despreciara; así como la presidenta Coin utiliza al Sinzajo como símbolo de su propio acceso al poder (como elemento decorativo sin ninguna función trascendente en la rebelión que, supuestamente, lidera) sin que le tiemble el pulso a la hora de ordenar su muerte o destruirla emocionalmente, ante el fracaso de la primera orden.

martes, 4 de marzo de 2014

El Lobo de Wall Street: Suave como una brisa de verano

Los niños, ilusamente, suelen ver a la adultez como una etapa mágica y sueñan con el momento de entrar en ella convertidos en bomberos, policias, médicos, jugadores de tenis, estrellas de rock o princesas; podremos encontrar algunos científicos y, quizás, un arquitecto, que no por nada vivimos en un mundo de burbujas inmobiliarias (Si hallamos a alguien que sueñe con ser abogado, es que debe tener el 666 en la frente como marca de nacimiento y haber sido amamantado con sangre de cachorros desde su más tierna infancia).

Para ellos, el futuro equivale a libertad, independencia, aventura; y, no a la monotonía de un trabajo de oficina que te mantenga sentado frente a una computadora desde que sale el sol hasta que cae la noche, realizando el mismo trabajo repetitivo año tras año, y esperando el fin de semana para emborracharte y comprar un nuevo gadget en el Mall para sentir que vas progresando (que probablemente te sientas como culo de estreñido pero en las brumas del licor y la admiración hipócrita de tus amigos ante tu carro nuevo reafirmas la convicción de que vas por el camino correcto y que ya tendrás tiempo de disfrutar de la vida, que ésta empieza, recién, a los setenta).

Es por eso que si le preguntas a un niño, éste jamás te contestará: "Yo de grande quiero ser burócrata"; pero por lo menos 7 de cada 10 astronautas potenciales terminarán dedicándose al apasionante oficio de los trámites, ya sea en el campo público o privado.

Sin embargo, hay un grupo de personas, que muy pronto dejan de lado cualquier inquietud filosófica judeo cristiana y descubren que este valle de lágrimas tiene menos lágrimas (y es más cercana a esa fantasía infantil) cuando la vives en tu propio yate en el Mediterráneo y la condimentas con drogas y sexo a mansalva. Es así que, en lugar de preguntarse cosas como: ¿Dónde vamos? ¿Qué hacemos aquí? se cuestionan cuántos millones podrán ganar hoy. Claro que para alcanzar tal nivel de comodidad, no basta con el duro trabajo de sol a sol, que eso solo te alcanza para no retrasarte con la hipoteca y para vivir una gris y mediocre vida matizada, apenas, con el hastío, las enfermedades y el envejecimiento.

Ellos pertenecen a un nivel diferente. Ellos no piensan juntar ahorros durante veinte años para darse "un gustito". Tienen que conseguirlo todo, absolutamente todo, y mientras más rápido mejor, que el tiempo no está para desperdiciarlo. Por eso, tales personajes suelen tener elementos comunes, claramente identificables como: Una enorme fuerza de voluntad, unos estándares de moralidad bastante laxos, un magnetismo gigantesco y, claro, una gran idea o, al menos, un gran talento y saber como utilizarlo para asestar el golpe preciso en el momento perfecto. Si, además, no te tiembla la mano a la hora de traicionar a tus supuestos amigos y de explotar niños al otro lado del mundo, puedes convertirte en un visionario santificado, como Steve Jobs.  

Justamente Jordan Belfort, el lobo de la película, era uno de ellos: Un aspirante a dentista que cuando descubre que las bocas de los demás no lo harán millonario decide convertirse en broker de Wall Street, con tan mala suerte, que inicia su trabajo el Lunes Negro (19 de octubre de 1987), dia nefasto para las bolsas de valores del mundo, lo que ocasionó la quiebra de su empresa; situación que le obliga a replantearse el futuro y, en lugar de rendirse y convertirse en otro white trash sustentador del american dream ajeno, decide tomar al toro por las astas y utilizar las falencias del mercado bursátil en beneficio propio hasta evoluciona de ser, originalmente, un birlador de ahorros de jubilados y amas de casa esperanzados en el sueño del millón propio, hasta convertirse en el presidente de Stratton Oakmont, empresa con más de mil trabajadores especializados en birlar los ahorros de grandes inversionistas, con tan buenos resultados, que en un par de años gran parte de dichos trabajadores se convierten en millonarios. Porque, eso sí, a pesar de que la crítica señale a Jordan como un egoísta manipulador interesado en su beneficio personal, la película lo muestra como un hombre preocupado en el bienestar de su entorno cercano, haciendo lo indecible por su satisfacción (La escena en que la alta dirección de la empresa decide la contratación de un enano para jugar tiro al blanco, con una seriedad que esperaríamos en una comisión multinacional que decidiría el destino de Ucrania, es por demás paradigmática). 

viernes, 21 de febrero de 2014

Carrie: ¿Terror glam o propaganda subliminal republicana?

Empiezo este post con una declaración de principios: Odio la "Carrie" original. Es más, la considero tan mala, evidente, sobreactuada y cargada de detalles innecesarios como "The Shining"; y, a Brian de Palma, tan sobrevalorado como el mismísimo Kubrick. Pienso que Sissy Spacek fue una terrible actriz, tan horrorosa como Shelley Duvall; y, ni qué decir de lo ridícula que se veía a una mujer de 27 años (aparentado aún más) desesperada ante la hemorragia de su primera menstruación. ¡Casi como si viera a Charlie Sheen haciendo "Virgen a los Cuarenta"! 

Reconozcamos que tal vez fue impactante en su momento, por el magro desarrollo de la fluidez audiovisual en los setentas (aunque nos tengan enfermos con eso de que todo tiempo pasado fue mejor y que el cine murió con John Ford y en adelante sólo se veía películas en espera del advenimiento de las series de TV); pero es imposible negar que la vejez de "Carrie" es desastrosa y si algo la salva del olvido más absoluto, es la abundante cantidad de piel desnuda en escenas absolutamente gratuitas, como corresponde a la década que popularizó el porno, que nos hunde en una profunda nostalgia por un mundo que no conocía el sida, y que la mayoría de nosotros no llegó, jamás, a disfrutar. Pero eso no es mérito del filme, puesto que casi todos mostraban bastante carne, ya que el cine era cosa de adultos y la post producción no se preocupaba en buscar una censura suave, que permitiera llegada de preadolescentes cargados de por corn, en tropel a la sala de cine. Era un negocio mucho más amateur y eso se notaba mucho. 

Entonces, la pregunta es: ¿Era necesaria esta adaptación?. Pues podríamos decir que no, que tampoco la novela de Stephen King es para tanto, y además, todos ya sabemos en qué termina la historia; así que, ni siquiera existía el elemento sorpresa de la original. Pero, por otro lado, ya hemos dicho que el cine ha llegado a un nivel de industrialización tremenda, en el que casi todo funciona a la perfección, salvo los guiones, porque ¡Oh, tragedia! la creatividad no puede conseguirse con la sobre explotación laboral de niños asiáticos. Además que, ¿Para qué arriesgarse a mostrar una historia interesante y nueva, si está más que comprobado que no es eso lo que quiere el público? Sino, ¿Cómo explicaríamos que las comedias románticas sigan siendo las apuestas más seguras en cualquier multicine o que las películas más vistas en la historia sean Avatar y Titanic? Pero aún hay algunos depravados que no buscan el triunfo del amor en el cine y, por muy grande que sea su perversión, también compras bebidas gaseosas, nachos y palomitas, así que hay que darles algo, como "Actividad Paranormal 118" o "Aquamán 27"; pero, hasta los superhéroes y los realities de terror llegarían a saturar en algún momento sino hubiera algo más que darles entre entregas. Es aquí donde entran a tallar los remakes: Apuesta segura, pues si antes funcionó, seguramente lo vuelve a hacer; ahorro en guionistas, para gastar más en efectos especiales; y, una pequeña dosis de polémica al compararla con la original esos cinéfilos nostálgicos que aún se masturban con Audrey Hepburn.

Este es el momento en que algún lector desesperado (malacostumbrado, quizás, a la agilidad de nuestra prosa) preguntará: ¿Es que no piensan hablar jamás de la película? Así que pacientísimo fanático del Períodico de a China, no te atormentes más, ya hemos llegado a lo que esperabas: Los spoilers.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Antes de la Media Noche: No hay romance que dure cien años

Al momento de empezar esta entrada he descubierto, con pavor, que jamás hemos hablado de "Antes del Amanecer" ni de "Antes del anochecer", películas que representan, respectivamente: El amor ideal para un post adolescente indie, fanático de la Nueva Trova; y, el canto de cisne del amor para un post post adolescente que ya pinta canas y sabe que su vida no se parece ni remotamente a la que supuso que tendría, y que no ha cambiado el mundo, no ha ganado un Nobel, tiene dos hijos y una esposa casi sin darse cuenta y ha relegado a la categoría de "Aficiones" todo aquello que le parecía importante, a cambio de un trabajo repetitivo, esclavizante y monótono que apenas le alcanza para una supervivencia precaria. 


Porque no podría haber nada más estimulante para un veinteañero sin rumbo, que conocer a tu alma gemela de manera circunstancial, bajarte con ella de un tren en una ciudad como Viena,descubrirla y descubrirte en una charla carente de banalidades del tipo: "¿Y tú que estudias? ¿Y cuáles son tus objetivos para cuando acabes la carrera?" y enamorarte perdidamente sin la presión asfixiante de un mañana compartido (literalmente). Claro que como siempre queremos más de lo que el destino buenamente nos ofrece, quedan en encontrarse en el mismo lugar seis meses después. Y seis mese es mucho tiempo en un mundo pre whatsapp y twitter y, lógicamente, no se encuentran; pero el recuerdo sobrevive (inmaculado y mejorado, al no haberse contaminado con la rutina) en sus mentes durante casi diez años, por lo que él, ahora treintañero sin rumbo, plasma su historia en un libro, con el único objetivo de encontrarla, lo que logra al presentar su novela en París, donde ella vive, y ella va a a la presentación, y se encuentran, y entre paseos y charlas (un poco más banales, ya que nos permiten enterarnos que ahora el protagonista está casado y tiene un hijo), uno descubre que han envejecido, no sólo sus cuerpos sino, principalmente, sus ilusiones y, de alguna manera, lo único incólume en sus vidas, lo único vivo, mejor dicho, que aún tienen, es el recuerdo de si mismos en su noche en Praga; y, con mucho menos romanticismo -salvo por la escena final, absolutamente perfecta, a ritmo de Nina Simone-  descubren que aún están enamorados.

Así acaban los dos filmes previos. El tercero, y que le da nombre a la entrada, tiene como premisa: "Y qué pasa en el cuento de hadas, luego que el príncipe besa a la princesa y se compromete con ella". Aquí el elemento mágico, atemporal, ha desaparecido. Céline y Jesse (que así se llaman los protagonistas) ya no tienen sólo un día para estar juntos y mostrarse lo más interesantes que se pueda y dedicarse el cien por ciento de su atención. Jesse ha abandonado a su ex esposa y ahora vive con Céline y sus gemelas de siete años; es decir, forman una familia cualquiera, con toda su monotonía a cuestas.

Ahora debe ocuparse de otras cosas: Trabajo, las niñas, cuentas, el hijo de su anterior vida, que acaba de pasar las vacaciones con ellos y que tiene una relación mas cercana con Céline que con su padre, por lo que éste se halla carcomido por la culpa del abandono que trata de remediar insinuando una mudanza a Chicago para estar más cerca de él. 

Ya no están pendientes el uno del otro y eso se hace patente en la segunda escena del film, cuando Jesse sale del aeropuerto y Céline le espera junto al auto. Ambos suben, ella le ignora y sigue hablando por teléfono. Es trabajo, obviamente, y ya tienen cuarenta años y la artista Céline tiene que pensar en su futuro laboral, y es de eso de lo que habla cuando cuelga, que esas conversaciones sobre música o la vida como condición abstracta están muy bien pero ahora hay que hacer frente al mundo real.

Y es un acercamiento a este mundo real lo que vemos en casi todo el metraje. Las charlas se centran mayormente en los hijos, en el trabajo, en porqué carajo no guardas la ropa ni haces la cama (un comentario de Céline, sobre que los hombres nunca dejan de creer en las hadas, porque suponen que ellas son las que ponen los calcetines en el tacho de ropa sucia, sin esfuerzo de nadie, es una de las mayores verdades del cine contemporáneo) y apenas salen un poco de ello cuando visitan la iglesia bizantina.

Y claro, también se habla, de sexo. Sobre todo en conversaciones con terceros (un elemento nuevo en esta película). El sexo cobra tanta importancia por que ha terminado convirtiéndose en el catalizador de frustraciones, esperanzas y recuerdos de la pareja (Memorables tanto la queja de Céline, de lo aburrido que es sexualmente Jesse y el comentario de la Céline del futuro que inventa éste, sobre el día del mejor sexo de sus vidas al sur del Peloponeso). 

Sobre todo es patente la frustración de Céline, quien odia que todos conozcan de su vida sexual por los libros de Jesse, pero no duda en compartir con casi desconocidos sus conflictos no sexuales. Existe un hastío marcado en ella: Sexual, como ya hemos visto, pero también emocional, pues, como toda mujer, pretende que "su hombre" de un paso más allá en el compromiso, que adquiera virtudes de mujer (a lo que se le suele llamar madurar), pero manteniendo las de hombre. Céline ya no compone, ya no canta, ya no divaga. Sonríe muy poco en el filme y parece que va a explotar en cualquier momento (cosa que, efectivamente, hace varias veces). En algún momento le dice a Jesse que sigue siendo mentalmente igual que a los veinte años y, aunque quizás no sea tan cierto; sí lo es, que ella no se parece mucho a la de los dos primeros capítulos. Maternidad, que le dicen. Monotonía y aburrimiento, para otros. 

El punto es que, aunque de manera más sosegada y trivializada, mientras Jesse se mantiene en el espacio continuo temporal (por usar un término de la película) del amor romántico, Céline añora aquel amor que no reconoce en el presente. Quizás por eso, Jesse utiliza el recurso de la carta del futuro para recuperar en ella, al menos un poco de esperanza en una relación terriblemente desgastada por la cotidianidad, la cual no sería tan terrible si todo no hubiera empezado, como empezó, aquel día en Viena. 

viernes, 19 de julio de 2013

Guerra Mundial Z: O como Brad Pitt le puso zombies a Indiana Jones

Hace ya bastante tiempo hablamos sobre Guerra Mundial Z. En aquella oportunidad nos referíamos al libro escrito por el hijo de Mel Brooks y mencionamos que Brad Pitt se había hecho con los derechos para producir la película.

Confieso que a pesar de lo difícil que me parecía llevar a la gran pantalla una historia en forma de reportaje, sin verdaderos protagonistas individuales y sin melodrama romántico de por medio, tenía grandes expectativas depositadas en lo que pudiera hacer con ese material el protagonista de 12 Monos y del Club de la Pelea.

Lo que Pitt me ha demostrado, sin embargo, es que no puedes haber estado casado con Rachel de Friends y luego ser el consorte de Lara Croft por años sin terminar convirtiendo una épica pseudo histórica del terror en un juego de vídeo de cuatro stages con introducción y conclusión ridículamente sensibleras.

El filme, como casi todos los blockbusters de acción de los últimos años, pone absolutamente todas las secuencias espectaculares en el tráiler, esperando que la sobredosis de grasa y azúcar a la que nos entrega la ingesta masiva de pop corn, nachos y gaseosas nos pegue tal subidón que nos impida darnos cuenta que lo que hemos visto es un bodrio cargado de secuencias insulsas, vergonzosas, planas, repetitivas hasta la saciedad y que los únicos tres minutos decentes los pudimos haber visto gratis en el Youtube.

Parece que la fórmula no sólo es exitosa, sino que no se agota, sino de qué otra forma podríamos imaginar que los cines no parezcan sentir ni la menor brisa de crisis económica en la venta de maíz reventado a precio por gramo de la plata repujada.

Pero cuando uno ve una historia muy buena tomada por uno de los star systems menos cuadriculados de Hollywood (que con Soy Leyenda ya se sabía que Will Smith iba a colocar un buen puñado de mierda en el pozo séptico de la historia del cine popular, aunque no a los extremos indignantes a los que llegó y que apenas ha podido superar hace poco con la abyecta After Earth) como que te entran dudas y pagas tu entrada y esperas que lo que estás a punto de ver se acerque a "28 Días Despúes" (sin el final, claro) o al menos al remake de "Amanecer de los Muertos" de Zack Snyder y, de pronto sólo tienes una sucesión de lugares comunes y escenas risibles para justificar la aparición de la mega estrella que salvará el mundo (y no, no estamos hablando de Will Smith, por duro que sea) y como había que justificar la compra de los derechos del libro para tener el título, pues a poner la escena de lo que pasó en Israel de una manera tan patética, que me hace pensar en cóm explicaría el Holocausto Barnie el Dinosaurio (Sin embargo, la secuencia de los zombies trepando unos sobre otros sobre el muro es espectacular, de lejos una secuencia memorable que bien podría cortarse, sin pena, del comistrajo que es este filme y pegarlo en una película de muertos vivientes de verdad).

Pero nada, absolutamente nada, ni siquiera la doble mastectomía preventiva de Angelina es tan terrible, como la forma en que termina salvando a la humanidad Joe Black ... Bueno, sí, el final de Soy Leyenda es aún más esperpéntico, pero, eso sí, por muy poco.

Y si en el libro las tropas marchaban sobre los muertos vivientes tocando en altavoces "The Trooper" de Iron Maiden, en esta infame cinta no hubiera desentonado la potencia emocional que te da "Baby" de Justin Bieber.