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martes, 15 de octubre de 2019

El Joker: De bofetones y cosquillas

Aunque parezca una sola película, el Joker nos cuenta una historia dentro de otra, como matrioshka rusa. La primera de ellas, de la que habla todo el mundo, es la de la caída en el abismo de la locura, recreada a la perfección por Joaquin Phoenix, quien construye un personaje enternecedoramente trágico que termina convertido en un chiflado homicida y, por azar, en un símbolo del reclamo social, o de la anarquía, si lo prefieren. 
Ahora bien, aunque la película intenta, o nos hace creer mediante torpes e intencionados paletazos con brocha gorda, mostrarnos un “monstruo que llegó a serlo por culpa de la sociedad”, la degradación del personaje no tiene que ver con “lo dura que está la calle”, sino, más bien, con su enfermedad mental. Veamos: Arthur jamás fue una persona normal. Su problema no era la timidez o la falta de gracia. Ni siquiera su risa histérica. Lo eran sí, la esquizofrenia y un trastorno maniaco bestialmente contenido con fármacos, así como los traumas del abuso infantil, también reprimidos con pastillas. El “monstruo” estuvo siempre allí, solo que se hallaba encadenado. Es por eso que el payaso sufre hasta el momento en que deja el tratamiento. Me atrevo a presumir que la descarga de adrenalina que sobrevino a sus primeros asesinatos (puramente impulsivos, pues no parece disfrutarlos en un primer momento) fue lo suficientemente fuerte como para terminar de expulsar de su cerebro los restos químicos (que ya no le quedaba mucho, tampoco, desde el recorte presupuestario del ESSALUD de Ciudad Gótica) y disfrutar de su yo, sin restricciones. Ese baile en el baño es una Epifanía de reencuentro interior y como nos dice ese dogma milenial,  ”Debemos aceptarnos como somos para alcanzar la felicidad” y eso es, justamente, lo que hizo el Guasón. Ahora bien, ya no es su culpa que su yo interno no le llevara a “viajar donde el destino lo lleve porque el dinero se recupera pero la vida no” sino a asesinar a quienes, consideraba, lo habían agredido.
Al respecto, hay un detalle muy interesante: Aunque lo disfrutara, nunca mató a nadie que bajo su punto de vista no lo mereciera. En ese sentido está muy lejos del sociópata que construyó Heath Ledger en el Caballero Oscuro y mucho mas cerca del Batman de la misma película (Aunque este último tenía una visión mesiánica que recuerda a una patología diferente).  El Joker de Phoenix no dañó a nadie que no le hiciera algo malo, ni siquiera al enano que deja ir aún sabiendo que lo denunciaría, simplemente porque aquel nunca lo trató mal. 
La actitud del Guasón es un poco lo que haría cualquiera de nosotros si no nos viéramos cohibidos por el miedo a las consecuencias -como la cárcel- las que, recalquemos, a un enfermo mental como el Joker difícilmente le importarían en en ese momento. Entonces, el filme nos muestra que Fleck no es, particularmente, peor que cualquiera de nosotros, simplemente las circunstancias y la ausencia de fármacos lo pusieron en una situación que se tornó irreversible. Entonces, podríamos argumentar que sí fue la gente la que lo llevó a asesinar. Pero, repito, en una situación en que la discriminación lógica está hecha pedazos (recuerda algunas de tus borracheras para que tengas una idea),todos actuaríamos más o menos igual. Las personas no son virtuosas por naturaleza y esa es la razón de las leyes y de la policía: Contenernos. 
Sin embargo, cuando la sociedad está construida para pisotear al débil, al diferente, al pobre, al extranjero y para ensalzar, moral y materialmente, al rico (como sucede con papá Wayne en la película o con “que noble es ese multimillonario que tiene una fortuna que no podrá gastarse en 25 generaciones, que ha donado diez mil dólares para ayudar a poner fibra óptica en un poblado de los Andes”) y las fuerzas policiales y  los poderes del Estado cumplen el rol de mayordomos y soldados del capital, llega un momento en que ni la más feroz propaganda ni la más agresiva campaña de consumo logra contener el desencanto, lo que nos lleva a la segunda historia de la película, que a diferencia de la primera, tiene un protagonista más etéreo: la masa. 

Todd Philips sabía que la actuación de Phoenix es tan buena que los productores y demás financistas, obnubilados por el evidente éxito económico que les deparaba, no lograrían ver la lectura atrozmente subversiva que esconde su película. De todas maneras -toda precaución es poca- se protegió un poco mas construyendo ese burdo trasfondo “social” de que la creación del Joker es, en parte, culpa de los recortes en medicinas y de la “gente sin corazón”. Y es que probablemente sin eso, la película hubiera sido muy sospechosa para escapar de la censura. ¿Y qué es lo que nos muestra, entonces? Pues, simplemente, el desencanto del que hablábamos en el párrafo anterior, que, como la enfermedad del Guasón, va creciendo hasta ser incontenible. Por supuesto se nos dice, también, que el millonario de buen corazón hubiera logrado el cambio, pero lo mataron (otra concesión a los productores que ven en esto propaganda de la buena) pero, sutilmente, insinúa que el “moralmente virtuoso” papá de Batman es un tremendo hijo de puta que se acostó con su sirvienta y cuando se sintió con algún derecho sobre “el patrón”, no dudó en encerrarla en un hospital psiquiátrico, un millonario para quien el pueblo no es más que un grupo de payasos, monos que no entienden que la sumisión es el único camino para el orden, un orden que solo él y los que son como él pueden darles. Para Wayne, como para cualquier rico, el pueblo no es más que escoria que le mancha el zapato y hay que limpiársela. Sin embargo, la inmensa seguridad que les brinda el poder y la propiedad de los medios de comunicación, hace que no se den cuenta que el pueblo no solo está consciente de ese desprecio, sino que, poco a poco, también va percibiendo que el sistema busca aprisionarte, aplastarte y venderte la ilusión de felicidad (representada en la película por el programa de televisión de De Niro). En cierto momento la gente empieza a dudar de que el trabajo semi esclavo y los ingresos ínfimos les brinden alguna esperanza para el futuro, así los libros de autoayuda les digan que “el pobre es pobre porque quiere”, especialmente si, con la internet, tienen para comparar sus vidas a las de los Waynes del mundo. Pero -y aquí está lo subversivo- Philips no nos vende la idea romántica de que “el pueblo logra acabar con las injusticias cuando toma conciencia de su poder”, pues la masa puede estar colérica pero los siglos de condicionamiento la han convertido en una mayoría estúpida y servil. La combustión social puede generar un incendio pero no para destruirlo todo y construir algo nuevo donde ellos -y todos- sean importantes, sino, simplemente, están esperando un nuevo líder, un nuevo dueño a quien servir, pero que represente sus fobias y que canalice sus resentimientos. Alguien que les dé carta abierta para ser ahora ellos los hijos de puta. No importa si este alguien no tiene un discurso estructurado, una propuesta concreta. No importa, siquiera, si los reclamos populares le importan un comino al novísimo paladín. Solo necesitan un ícono que legitime sus barbaridades pues no quieren acabar con injusticias de ningún tipo, sino reemplazar, ellos mismos, a las élites en su impunidad y abuso. No importa si ese ídolo de barro es Trump o el Joker o Hitler. La masa solo esté esperando construir un tirano que les prometa oprimir a los otros, hasta que claro, los termine oprimiendo a ellos, como siempre. Esa es el mensaje desolador del filme. La otra, la parte del Gausón, es solo la evolución de una enfermedad sin tratamiento.

viernes, 17 de mayo de 2019

Avengers: This is the end of the world as we know it - Parte 1

Ya es difícil que dos productos de entretenimiento llamados a definir la cultura popular de una generación coincidan en su cierre, como ha pasado con Game of Thrones y The Avengers; pero es aún más difícil que ambos revienten por el aire todas las virtudes que alguna vez tuvieron y se dediquen a dilapidar la poca coherencia que les quedaba, en aras de una espectacularidad vacía que intentan disfrazar de profundidad. Eso sin contar con los “imprevisibles” giros argumentales destinados, como no, a encender las emociones más primarias de un público entregado que, acostumbrado a una aridez absoluta en su consumo cultural, se estremece hasta las lágrimas cuando un final es feliz en solo un 93 por ciento.
No puedo esta seguro estar seguro de cuál de los dos monstruos rompedores de ratings me resulta más insoportable. Quizás si estuvieran dirigidas al mismo público, Endgame ganaría por aclamación; pero considerando que GOT está dirigido a un auditorio adulto, sus fallos son mucho menos perdonables. De cualquier manera, ambos han hecho grandes méritos por convertir la segunda trilogía de Star Wars en un clásico memorable; claro que de eso nos daremos cuenta cuando se pase la resaca de “la serie/película más grande de la historia” y estos capítulos finales pasen a acompañar en nuestra memoria a maravillas inolvidables como Batman y Robin o Matrix 3.
Abarcar todo lo malo, nos costaría la misma energía requerida para crear un par de bitcoins y nuestro espíritu ecologista no puede permitirse tales lujos, así que trataremos de resaltar solo lo menos pestilente de aquellas, otrora, prometedoras historias.
Así que este es el turno de Endgame:
  • No esperamos, ni remotamente, que una película en la que la radiación te da superpoderes  y no, cáncer, tenga algún asidero científico; pero, al menos, se le pide una justificación que suene convincente para no sentirnos estafados. La idea del multiverso es apasionante, pero la forma en que lo desarrollan hace que como mínimo intente arquear la ceja izquierda. Veamos: Se puede volver al pasado, alterarlo y convertir el futuro en muchos futuros alternativos –realidades paralelas- sin cambiar el nuestro porque esta línea, al ser la original, se mantiene inalterable. Es decir, de porrazo se forman universos completos de la nada, que resultan siendo equivalentes al nuestro, pero sin alterar a éste en lo más mínimo. Es decir, se puede crear no solo materia de la nada, sino materia altamente organizada y ¡consciencia! Y luego regresar al presente y usar elementos, como las piedras del infinito, que ya fueron usadas por Thanos ¡en el mismo Universo! Es decir, los objetos más poderosos que puedan imaginarse existen dos veces en el mismo espacio-tiempo y no cambia ni el color de camisa de los personajes. Si hacemos un esfuerzo enorme para creérnoslo, tenemos que el Capitán América viaja al pasado, se queda en él y llega al presente muy viejo. O sea, ¡existieron dos Steve Rogers al mismo tiempo! pero eso tampoco tuvo efecto alguno en el mundo. 
Podríamos, para justificarlo, decir que esta es, en verdad una realidad alternativa, con lo que la realidad original hubiera quedado igual de desolada que al inicio de la película; además, al haber creado otras realidades a merced del bendito guantelete, multiplicaron exponencialmente el daño en el multiverso, todo para que nuestros “héroes” venzan a Thanos en un Universo a su medida, para loor y gloria de sus egos.

  • La industria del entretenimiento ha llegado a tal nivel de profesionalización, que hace mucho rato lo menos importante es la calidad de las historias y lo esencial, la proyección de ventas a futuro y el merchandising. Un negocio como el de Marvel planifica sus productos con años de antelación y las historias se cuentan en función a focus groups y programas de mercatecnia estratégica. En otras palabras: El guión se cuenta en base a lo que ay tiene atrapada a la audiencia y el cierre se hace en mérito a poder enganchar a futuras audiencias. En ese sentido, a pesar de su monumental éxito, los Vengadores ya habían sido exprimidos al límite. Por eso, a pesar de un puñado de películas tangenciales, destinadas para los que se niegan a dejarlos ir (y hacer un poco más de caja, que nunca está de más), lo que viene está destinado a mantener la franquicia viva al menos durante otra década y para eso debían deshacerse de la generación original. Iron Man, Capitán América, Thor, Hulk y Black Widow tenían que dejar paso al adolescente Spiderman y los que le seguirán.
    Por eso debían desaparecer y era lógico que, en aras de un falso dramatismo, alguno de ellos tendría que morir (No más de un par, que no es Juego de Tronos, allí en cambio, están obligados a matar a muchos personajes para mantener su buena reputación). La forma en la que se deshacen de Thor y el Capitán (si obviamos las complicaciones espacio-temporales) son hasta ingeniosas (aunque lo de este último se veía venir desde que vio a Peggy en su primer viaje por el tiempo). Sin embargo, las muertes son por demás predecibles y apelan de una manera burda, como pastor evangélico, a la empatía del espectador. Lo de Hulk ya no tiene nombre: La bestia indomable se ha convertido en ¡Bestia! de los X Men, que, dicho sea de paso, es uno de los personajes más olvidables de esa franquicia. En el reboot o lo que venga, a nadie le va a sorprender que Hulk no esté o solo aparezca como secundario pues luego del cambio a “los fisicoculturistas también leemos” el personaje es de una insignificancia supina, tanto que casi nadie se ha molestado en quejarse por la desaparición sin explicación del romance “maldito” con la Romanov.
  • Es por demás curioso que la Capitana Marvel haya tenido una película, sea la más poderosa de todos los héroes, sea el ejemplo de empoderamiento femenino pero a la hora en que las papas queman, tenga que dejar a los machos causásicos de toda la vida encargarse de desfacer los entuertos. Podrá destruir la gigantesca nave nodriza de un solo golpe, pero si se trata de pelear a puño limpio contra Thanos, que deje a los hombres blancos (cuyos poderes son, por decirlo amigablemente, escasos), encargarse. Y es que, tratándose de la, probablemente, más exitosa película de todos los tiempos, no podía faltar el mensaje subliminal de: “Tú no te preocupes, la milicia y la clase económica alta se encargaran de defenderte del enemigo de color extraño que viene a trastocar tus valores y tu idílico modo de vida con esas proclamas revolucionarias que en el fondo solo buscan acabar contigo”. Y es que, aceptémoslo de una vez, no existe la inocencia en esta industria.

lunes, 30 de abril de 2018

Avengers: El Che Guevara puede jubilarse

 Las películas de Marvel, luego de unos tropiezos iniciales han logrado algo que a DC le cuesta demasiado: Tener una identidad. No importa quien las dirija o cual superhéroe sea el protagonista, salvo menores o mayores aciertos en los guiones, al final cada película siempre parece la continuación de la anterior. Pero si bien el mantener una personalidad ha logrado darle continuidad al MCU, también le ha obligado a mantener un núcleo -en recursos argumentales y personajes- del cual no ha podido separarse ningún filme nuevo, a riesgo de convertirse en un nuevo "The Increíble Hulk" (la que pese a sus defectos inmensos fue la última que trato de tomarse en serio el Universo Superheroico, error, por otra parte, en el que sigue cayendo DC). 
Entonces, cuando uno va a ver una película de Marvel no espera ni que le cambie la vida, ni desentrañar complejos subtextos, ni angustiarse por el destino de nuestros héroes o por el de la humanidad. Nosotros vamos por los chistes y por las peleas y, en esos dos aspectos, Marvel cumple a las mil maravillas. El humor funciona en varios niveles, desde el slapstick y el chiste práctico al diálogo ingenioso y la burla sutil hacia los estereotipos que representan los Vengadores. Este humor, comedido pero, también, desbordante hace que difícilmente caigamos en la trampa de tomarnos en serio el momento pseudo dramático (pero en dosis justas, que tampoco estamos hablando de Park Chan Wok), que es indispensable para disparar la escena de acción principal.
Una película de Marvel tiene más o menos la siguiente estructura: Presentación del o de los superhéroes de turno - Diálogo ingenioso - Momento tenso ante un peligro inesperado en el que conocemos al antagonista - Solución del problema - Se minimiza la amenaza o -de tratarse de una película coral- se reconoce el peligro y se convoca a los otros personajes. - Tensión entre los personajes - Dialogo ingenioso - Explota el conflicto entre los héroes - Los protagonistas son vencidos en el momento de su desunión - Entienden que deben estar juntos para ganar - Se unen de nuevo - Dialogo ingenioso - Pelea final - Triunfo - Dialogo ingenioso - Escena poscréditos que nos sirve de adelanto para la siguiente película.
Y eso es todo, simple pero efectivo, como la comedia romántica. Sin sorpresas pero con emociones básicas a raudales, saliamos del cine con la excitación de uno niños pequeños (y no como que nos hubieran tratado como a niños). 
Por todo eso esperaba más de lo mismo de la penúltima película de los Vengadores. Como mucho que terminara en el momento de "tensión en que parece que van a perder" puesto que en verdad solo estaríamos a media película y tendrían tres horas màs para deshacer los entuertos de los villanos. En realidad,  esperaba menos ya que con el mar de personajes que tenían que aparecer en pantalla asumí que con que tomaran lista ya se iba la mitad del metraje. Supuse que necesariamente se reflejaría la tensión de cuarenta y pico de egos tratando de demostrar la trascendencia de su personaje. Además que la imagen de Thanos daba más para un absurdo compinche de Skeletor que para "el villano más malvado del Universo". Por si fuera poco, pensé que Shuri, la hermana de Black Panther (que ha logrado que en mi corazón le diga "no eres tú, soy yo" a la Viuda Negra) no aparecería esta vez.
Sin embargo, quizá porque tienen esa película extra para volver al guión predecible o porque luego de diez años ya los fanáticos habían envejecido lo suficiente para que les digan que Papa Noel (quizás) no existe, han logrado un filme que si de verdad fuera el último, sería un broche de oro para un universo de bronce. La acción es trepidante; los personajes encajan perfectamente y no se les siente metidos con calzador, parece que todos aportan algo (al menos en un primer visionado); y, lo más importante: Thanos, es el primer héroe de verdad de toda la franquicia.
Porque, imaginemos que los superhéroes fueran reales. ¿No te indignarías, querido lector, de que solo usaran sus habilidades para mantener el penoso status quo de nuestra civilización? Ni acabar con las guerras, ni con la pobreza, ni con la injusticia ni con el calentamiento global ni con el tras de Bad Bunny. Simplemente están allí para defender al mundo, o debería decir, al capitalismo corporativo, de amenazas extraterrestres. - Para todo lo demás existe Mastercard -parece que nos dijera Tony Stark enfundado en su traje a medida de 5000 dólares (Lo cual es curioso, porque su personaje fue el único que al inicio de la franquicia intentó hacer algo real con su poder. Recuerden lo de "privaticé la paz mundial". Aunque, claro, Marvel reaccionó a tiempo para no espantar capitales, resucitó a Hydra para usarla como los Illuminatis del MCU y dejar tranquilo al sistema "porque funciona y nuestros héroes solo tienen que permitir que lo siga haciendo").
Entonces, de pronto en un lugar muy lejano aparece un tipo sin mayores poderes pero con una voluntad de hierro y una meta altruista: Salvar al Universo. Como todo aquel que intenta cambiar realmente las cosas, es incomprendido, acusado de genocida, tildado de villano. A medida que va ganando más poder, en lugar de aburguesarse se mantiene incólume en sus principios. Thanos no busca poder ni gloria, solo busca la salvación de la vida y, ninguno de los que se le enfrenta llega a proponer, ni remotamente, una solución alternativa. Están tan acostumbrados a que todo se vaya a la mierda progresivamente, que no ven que haya un problema; es más, ni se lo plantean (Lo cual puede deberse a que los Avengers pertenecen al sector privilegiado de la galaxia, a ese 1% del Universo que tiene asegurada su vida y la de sus nietos). Thanos sacrifica a su familia (Gamora), porque sabe que su ideal es más importante que sus egoístas amores. Mientras por el lado de "los buenos", la mezquindad llega al punto de no importarles que la mitad de Wakanda muera para salvar a Visión. Y es que para los Vengadores, "toda vida es importante" siempre y cuando esté dentro de su grupo social o, por lo menos, dentro de su número de Dunbar. Estoy seguro de que si Thanos firmaba un compromiso asegurando no destruir a ningún ser de los planetas amigos de los Avengers y a mantener  intactas las "democracias" occidentales, le entregaban sin ningún problema las gemas del infinito y lo invitaban a comer shawarmas en los poscréditos. 
Por eso es una maravilla esa parte final de la película cuando parece que Thor lo va a vencer ¡pero no! Por primera vez en el MCU aquel que tiene todo para ganar gana, sin importar sus motivaciones (Claro que el polvito en que se convierten muchos y la frase de Spiderman, en especial, son de lo más cursi que puede existir, pero no pidamos milagros tampoco) y, Thanos muestra, finalmente, lo prístino de su idealismo retirándose a un lugar remoto y mostrando esa sonrisa pacífica de quien ha cumplido su deber a pesar de todo. Tiene las gemas que lo convierten en el ser mas poderoso del universo y se va de ermitaño. Si eso no es nobleza absoluta, ya no sé lo que es. 
Tristemente, en la segunda parte, que debería llamarse "El Capitalismo Contraataca", sus conquistas se las llevará el viento, mientras los esclavos aplaudirán y aullarán alborozados en la boda fastuosa y multimillonaria de Tony con la dueña de Goop, con lo que seguramente cerrarán el ciclo de la franquicia.

lunes, 28 de marzo de 2016

Batman v Superman: O como hacer que extrañemos a Ultrón

No creo que alguien mayor de doce años hubiera, siquiera, albergado esperanzas de que Batman v. Superman fuera una gran película. El listón que había dejado la trilogía de Nolan era muy alto (en mucho menor medida la última, que hasta mataba la magia oscura de Gotham, al mostrar en cada toma publicitaria que se trataba de New York) y el nivel de Superman de Snyder era tan bajo que, dificilmente, podría haberse reinventado para esta nueva entrega. Además, es muy evidente que un personaje tan plano, como votante de Donald Trump, requiere de un esfuerzo sobrehumano para ser interesante. 

En ese sentido, poner el peso de la historia en Batman y que el hombre de acero (¿Porqué le seguimos diciendo así, si existe un Iron Man?) sea solo el antagonista, primero, y el sidekick después, hubiera sido una decisión acertada, en caso de que el personaje del murciélago estuviera correctamente construido, lo que no sucede en absoluto. El Batman de Affleck carece de matices (Por las limitaciones actorales del propio Ben y por un guión que raya en lo absurdo y un cuerpo exageradamente musculoso para el Batman otoñal que pretende ser) y las motivaciones para el conflicto entre los dos héroes llevan a las lágrimas, pero de risa, por lo absurdas.

Las películas de Nolan tenían un subtexto muy interesante representado por sus villanos: En la primera, la Liga de las Sombras recreaba el fundamentalismo moral (O religioso, como prefieran), que por buscar la purificación espiritual de la sociedad, no duda en destruirla. En la segunda, la anarquía absoluta representada por el Joker, que se rebela ante "los buenos y los malos" que son tan necesarios para que una sociedad funcione y busca dinamitar una sociedad absurda, basada en retorcidos códigos (aquí un análisis de esos filmes). La tercera tiene en Bane al demagogo antimercado que ataca el sistema económico representado por Wall Street (Para los intereses de otros poderosos) y en Talia Al Ghul al reflejo de "la nueva ecología de mercado", cuyas aparentes buenas intenciones ocultan que son solo otra cara de la misma moneda y cuyo afán de cambio es una excusa para estructurar una nueva oligarquía.

Batman v. Superman, tiene su esbozo de crítica, pero es tan infantil y mal llevado, que termina causando vergüenza ajena. En este caso, hablamos de la discriminación al extranjero, al diferente. El problema, es que mientras es lógico que Batman (O cualquier héroe) enfrente a la anarquía o a la intolerancia, es absurdo que uno de los superhéroes, aparentemente, más inteligentes del universo DC, caiga en el prejuicio contra Superman, porque "es mega fuerte y un poder así, que no puede ser controlado, debe ser destruido". O sea, el puede estar por encima de la ley porque "es bueno" pero los otros no "porque quien sabe como serán", que termina siendo la misma lógica de Supermán (cuya oligofrenia hace que sea un razonamiento esperado en él. Recordemos que es un votante de Trump) al exigirle a Batman una jubilación anticipada sin derecho a pensión.

Obviando la penosa justificación para el enfrentamiento de los superhéroes, que de acuerdo a sus disquisiciones filosóficas previas, debió terminar en la muerte de alguno de ellos,  el que concluya con un "mira que casualidades, mi mamá se llama como la tuya. Eso significa que seremos amixers forever" ya lleva a querer morir atragantando con el pop corn gigante de tus vecinos en el cine, que parecen estársela pasando en grande.

El resto de la historia puede resumirse en "malo muy malo se enoja porque no se mataron entre ellos los héroes. Crea monstruo ultra poderoso para que los mate a los dos, sin tener mucha consciencia de que cuando acabe con ellos acabará, también, con el resto de la humanidad pues nadie más que ellos podrían detenerlo. Están a punto de perder, pero ganan. Parece que Superman muere, pero no". Y para poner el sello de indiscutible estupidez, la cámara lenta que le ponen a cada escena de Wonder Woman es absolutamente patético, por muy sexy que se vea su cabello al viento. 

Luego del visionado de esta película, uno puede pensar en madurar, dejar de perder el tiempo con personajes vestidos en mallas y tomarse la vida en serio; pero afortunadamente existe Deadpool para que esta sensación sea solo pasajera.

domingo, 29 de julio de 2012

Antes de Batman Rises: ¿Porqué las pelis de Nolan son mejores que un libro de Nietzsche?

Es muy cierto que la calidad de un héroe es proporcional al poderío  del rival con el que debe enfrentarse. Pues no es lo mismo un gigante que aplasta bandidos en un camino cualquiera que Ulises engañando a Polifemo ni el capitán de un acorazado de guerra aniquilando piratas somalíes en piraguas que Miguel Grau enfrentando con su único buque a toda la armada chilena.
   
Los actos que ensalzan a un hombre por encima del arrojo patriótico o de una vulgar bravura son aquellos en que eres manifiestamente inferior a tu rival y, aún así, lo enfrentas, sabiendo que te puedes dejar la vida en ello. El heroísmo es ilógico, irracional, absurdo; es por eso que es tan escaso y tan admirado.


Si tienes todo el poder del mundo, es fácil convertirte en un paladín de la justicia como Supermán (Probablemente el personaje más plano del mundo del cómic: Justiciero mediocre, reportero mediocre y probable miembro del Tea Party) y aún así hacerlo mal, pues con todo el poder, al menos pudo acabar con la guerra en el mundo con la amenaza de sus superrepresalias (Un poco lo que hizo Iron Man, que utilizó el poder de su traje para eso y no para amedrentar carteristas que disminuyeran el valor comercial del metro cuadrado de tu zona)    


Si bien la fortaleza del rival es el requisito para convertirte en héroe, la complejidad de éstos puede lograr que seas uno interesante. Y es justo en esto, que la mayoría de películas de superhéroes fallan, pues casi siempre la historia trata sobre vencer a un supervillano cuyo único fin es el dominio mundial.


A diferencia de casi todas estas películas (y sí, también a diferencia del sobrevalorado Batman de Tim Burton), las de Cristopher Nolan se caracterizan por dotarle de enemigos a quienes no podríamos llamar simplistamente como "malos malísimos", ni siquiera como "malos" a secas, pues las motivaciones que los llevan a ser quienes son se encuentran más allá de la idea judeocristiana del mal absoluto.


En Batman Begins,  por ejemplo, el villano, Ra's Al Ghul es el líder de una sociedad secreta que tiene como fin purificar la raza humana, combatir el pecado y hacer de nosotros una sociedad global inmaculada (Pues como Josémaría Escrivá de Balaguer y el Opus Dei, o el bueno de Mitt Romney y sus mormones),

miércoles, 12 de octubre de 2011

La muerte de Steve Jobs: Jesusito Reloaded

Luego de dos mil años, el mundo está preparado para un nuevo Mesías. Dios no tuvo un hijo, sino dos y uno de ellos acaba de elevarse al cielo rodeado de iPhones que no paran de realizar alabanzas a su grandeza. Y ya que la sangre divina corría por las venas de Steve Jobs, es lógico pensar que su legado cambiará el mundo desde los cimientos y que, futuras generaciones hablarán de un antes y un después de su llegada cuando se refieran a la cronología del mundo. Es casi seguro que cuando, en el futuro se hable de la evolución, se tenga presente la verdad absoluta del diseño inteligente de las iPads2 de uno de cuyos apps, se dice, se originó la consciencia del ser humano.
Claro que si no vienes de un país primermundista o tu condición socio económica te cataloga estadísticamente en un sector diferente al A o B, es muy probable que no tengas la menor idea de quién es la persona de la que estamos hablando. Sin embargo, hay que reconocer que su Altísima Gracia, Steve, ha gozado de mejor prensa que su hermano mayor, Jesús (pues, aquel ni siquiera figura en los libros de historia judíos de su época) ya que un buen porcentaje de seres vivos (incluyendo esponjas y frikis) ha escuchado, al menos alguno de los nombres que toma la suprema deidad, cuya característica común es la existencia de una "i" minúscula antes de la palabra (iPhone, iTunes, iMac, iDiot).

sábado, 17 de septiembre de 2011

Capitán América: El Pablo Milanés del Universo Marvel

Aunque el progre sudaca promedio considere al Capitán América un héroe del capitalismo, cuya única función es incentivar el libre mercado, el colonialismo y el imperialismo extremo porque ¿Qué otra cosa podría esperarse de un tipo con ese nombre y enfundado en un traje que parece una elegía a la bandera estadounidense?

Confieso que durante muchos años pensé lo mismo: "El Capitán América es el superhéroe de los yanquis, y a los yanquis hay que odiarlos porque representan todo lo de malo que tiene la humanidad, y sin ellos ya no habría guerras, ni maldad, ni odios fratricidas ni asesinatos alevosos (que las luchas tribales africanas o los atentados terroristas en Perú o en Suecia son todos culpa de los gringos genocidas)". Así que, en mis juegos infantiles, ni siquiera me molesté alguna vez en desfacer el menor entuerto enmascarado con la estrella y armado del escudo circular del odiado reaccionario del suero supersoldadiano.