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domingo, 6 de julio de 2014

Ya en semifinales: Holanda, Alemania y Luchito Suarez.

Ya casi hemos llegado a la final y como no hemos tenido tiempo para hablar de los dos semifinalistas europeos, ni del equipo revelación del torneo, ni del equipo decepción, ni del goleador, ni del mejor jugador hasta el momento, ni de las lesiones ni de Luchito Suarez; vamos ha tratar de abarcarlo todo en un solo post.

Alemania
Si hay una palabra que debería agregarse al diccionario como sinónimo de ganador, es alemán. Incluso luego de haber sido partido en dos, literalmente, el país ha logrado sobreponerse y seguir siendo la mayor potencia europea (A diferencia del Perú, que sigue lamiéndose las heridas de la guerra con Chile de 1879 ¡Que si tuvieramos, todavía, Tarapacá, seguro clasificabamos al Mundial!). Los germanos saben sobreponerse a las derrotas como nadie, y más, cuando estas son catastróficas.

Es por eso que, cuando Alemania fue vapuleada en el Mundial del 98 por Croacia, se dieron cuenta que el fútbol de fuerza y de potentísimos centrodelanteros  había terminado. Había que empezar de nuevo, como siempre; crear un nuevo estilo de juego para recuperar la vieja gloria; y, como siempre , lo hicieron de la mejor manera. El fútbol vistoso, de toque rápido, de gambeta precisa y picardia bávara empezó a destacar, claramente, contra el juego rácano, deslucido y ultradefensivo que caracteriza a los su brasileños de la nueva era. Jugadores como Ozil, Goetze, Kroos, Muller  (no nos olvidemos de Reus, que no está convocado) y tantos otros, son los Atreyus que luchan contra la nada que representan Fred y compañía (Recuerden que Neverendind Story es alemana). Si el fútbol profesional fuera un deporte y no la gallina de los huevos de oro de la Fifa, la semifinal no se jugaría y Alemania accedería directamente al último partido.

Holanda
Si hay una palabra que debería agregarse a diccionario como sinónimo de perdedor es neerlandés. Esa condición es tan evidente, que ni siquiera se les conoce como tales, sino que todo el mundo les dice holandeses (Como que a los españoles los tratáramos de castellanos). Los Países Bajos no se conforman con la mediocridad de no clasificar; ellos ilusionan, juegan bien, tocan el balón y, algunas veces maravillan, para perder de manera lamentable en los minutos finales. Su capacidad para ser segundos los ha mantenido a la sombra de las verdaderas potencias europeas. Les pasa en el fútbol, les pasa en la vida. Ni siquiera su progresismo al tratar el consumo de marihuana o la prostitución son lo que fueron algún día. Lo mejor para ellos, sería perder contra Argentina, para que, de esa manera, quede abierto el resultado de la final; la que de otra manera, sería un regalo anticipado para el ganador de la otra llave.


El Equipo Sorpresa
Sin lugar a dudas, Costa Rica. El equipo modesto de un país casi ahistórico (ya sabemos: Historia=Guerras y ellos ni siquiera tienen ejército) ha logrado lo impensable, una auténtica revolución en el fútbol: Convertir un deporte colectivo, en el que usualmente participan once jugadores por equipo, en un acto individual, en el que once jugadores rivales tratan de meterle un gol a un portero. Keylor Navas no es el mejor arquero del mundo, pero nunca nadie, ni Maradona, ha estado tan inspirado y ha sido tan decisivo en un Mundial. Probablemente lo fiche un gigante europeo a una millonada, para sentarlo en menos de un mes y lamentar lo fácil que caen en el marketing de la Fifa; pero nadie le quitará, jamás, lo tapado.

Luis Suarez y otras incorrecciones
Luchito tiene un problema. No sabemos si es canibalismo, un trastorno obsesivo compulsivo o simple estupidez, pero nada tan grave como para merecer el exageradísimo castigo de la Fifa. Esa institución se ha convertido en un verdadero monstruo, adalid de ese gran mal que aqueja a la sociedad moderna, como es la corrección política. La hipocrecía de la Fifa, vendiendo la idea de igualdad, felicidad y amor sin límites que es el fútbol, contrasta con la realidad de desastres económicos a los que contribuyen directamente sus actividades. Este Mundial le ha costado 63 700 millones de dólares al gobierno brasileño (Entre inversiones públicas e inversiones indirectas), lo que no ha pasado desapercibido para el pueblo más futbolero del mundo, que no es, como se ha observado con las muchas protestas, el más estúpido del mundo. Sin embargo, sus turbios manejos financieros, comparables a los del Vaticano, palidecen ante el título de "Árbitro de la moralidad" que se ha arrogado en los últimos años. 

Con tanta banderita del fair play, canciones de ritmos latinos y publicidad lacrimosa, parece que se ha olvidado la esencia del deporte profesional, que es la canalización de la violencia masculina en tiempo de paz. La masa busca sangre, pero cuando no hay guerras se necesita un sustituto y eso lo brinda el deporte, particularmente el fútbol. Los colores de tu equipo reemplazan, efectivamente, a los de tu señor feudal y tu patria luchando con otras es una versión remozada de una guerra mundial.

No somos más que primates violentos y nos matamos a golpes o jugamos a hacerlo y, como en toda guerra, todos los monitos queremos colaborar con nuestro granito de arena en la batalla. Ya sea reventándole el cerebro a un niño desarmado en Afganistán o gritándole puto al arquero del equipo rival. Es lo que hay. 

Particularmente, considero menos peligrosa la agresión futbolera que la militar y pensar que porque prohíban a la masa gritar "negro de mierda" o "maricón" va a acabar con los prejuicios y nos va a convertir a todos en ejemplos de tolerancia. Es como esconder la mugre bajo la alfombra. Pero, claro, lo importante no es el problema en sí, sino las expresiones superficiales: Qué importa mi profundo odio al diferente, que importa si no se me educa para cambiarlo. Lo importante es que no se vea en la televisión. 

Es más, es aún mejor que no tenga forma de canalizar mis frustraciones de trabajador de sueldo mínimo, subeducado e hipermanipulado por los medios para poder servir de carne de cañón en la próxima guerrita en la que se inventará un noble propósito para morir en aras del enriquecimiento del amo de turno.

Pero eso no importa, el fútbol es un negocio y si el mercado dice que la corrección política está in y los hoooligans out, pues así debe ser y a mover las caderas al ritmo de Jennifer López y a golpear a nuestros hijos en privado para no tirar plátanos en las canchas.

¿Qué no hay que permitir expresiones racistas, homofóbicas ni ningún tipo de intolerancia en un espectáculo deportivo para ser mejores personas? Si lo piensas, me retracto, quien sufre de estupidez, no es Luchito Suárez, eres tú. Si realmente llegaramos a ser tolerantes ya no necesitaríamos espectáculos deportivos profesionales.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Juego de Tronos (1ra Parte): Los chismes de Florcita, pero con sangre

Cuando un libro ha sido un éxito comercial de proporciones descomunales, creando enjambres de frikifans que desmenuzan frenopáticamente cada párrafo para descubrir la verdad definitiva del universo y basan su vida y la vida de sus hijos en cuatro estupideces pretendidamente trascendentes que creen que una divinidad les ha mostrado en prueba de su inmenso amor a la humanidad (Tranquilos mis buenos inquisidores, no prendan la pira aún, que no hablo de la Biblia) y del cual, para aprovechar el tirón se hace una película con actor famoso incluido, que termina causando terribles contracciones estomacales por la vergüenza ajena que origina ese despropósito (Léase: El Código Da Vinci); nos vemos tentados a usar el ejemplar que caiga, descuidadamente, en nuestras manos, con propósitos innobles pero muy funcionales en el cuarto de baño; sin molestarnos en hojear, siquiera, su contenido.

Sin embargo, si el libro en cuestión es uno de fantasía, que tuvo un éxito modesto en sus orígenes, lo que llevo a que se creara una serie que, a su vez, se convierte en un producto de culto, y hace que el libro se vuelva un superventas, nos hace pensar que algo de bueno puede tener para que HBO se haya fijado en esa historia. Si, además, los libros no los puedes usar de la manera mencionada previamente porque los tienes en formato digital, hasta te planteas darles una oportunidad.

Es así que inicié la lectura desganada del primer volumen de Canción de Hielo y Fuego: La verdadera Juego de Tronos, mientras esperaba las últimas novedades infidelo-amorosas de la hija de Susy Diaz; cuando de pronto la metanfetamina azul escondida esta historia paramedieval, aparentemente al uso, se metió a mi cerebro al punto de olvidarme de actividades elementales como mirar el partido de vuelta de las semifinales de la Champions y de otras menos importantes como comer, trabajar o cambiar los pañales de ese bebé que llora y llora sin dejarme concentrar en la nueva conjura de los taimados Lannister.

El marco de la historia no es precisamente original. Se basa, y mucho, en la Alta Edad Media europea y en la mitología y pretendidos códigos de conducta de aquellos tiempos, como: la existencia de los dragones; la irreversibilidad casi absoluta de los juramentos, por muy estúpidos que sean; el desprecio casi unánime a la bastardía y las obligadas violaciones y rapiña luego de una caballerosa toma de castillos.

Pero no solo de feudalismo bebe la historia de G.R.R. Martin. El buen hombre ha comprimido el planeta de tal manera que en la Canción de Hielo y Fuego conviven en un reducido espacio territorial mongoles y persas, ibéricos y vikingos, egipcios, judíos y post romanos. Claro que, a la hora de hablar de civilización, todos tienen claro que Poniente, el noble mundo anglosajón, es quien pone los puntos sobre las íes, Por si fuera poco, el enemigo a la sombra, el enemigo a vencer, the ultimate enemigo, de cuando haya terminado de quedarse sin personajes principales, son los zombies de su tocayo Romero.

lunes, 10 de febrero de 2014

Mujica: Despenalizando la hierba alcanzarás el Nobel


 El premio Nobel de la Paz se parece a los Óscars en que casi nunca gana quien se lo merece, sino quien tiene mayor repercusión mediática. A nadie sorprende, por tanto, que el premio a mejor película de la Academia tenga más en común con los Kids Choice Awards que con un festival cinemátográfico medianamente serio; como, tampoco, sorprende que al pacífico Nobel se haya nominado al teddy bear incomprendido de Adolf Hitler o lo hayan ganado un futbolista playboy burócrata llamado Henry Kissinger (que cuando no estaba pateando un balón o buceando bajo las faldas de las más encantadoras doncellas del momento, solía preparar golpes de Estado en naciones salvajes como Chile, Uruguay o Indonesia, para obsequiarles la redentora civilización de la mano de militares neo fascistas); un presidente estadounidense como Obama (cuyo único mérito parece haber sido negro, pues no acabó guerras antiguas, inició nuevas guerras y Guantánamo...bien, gracias); un candidato a presidente, Al Gore, que ni siquiera pudo ganarle unas elecciones al sociopata fundamentalista de George W. Bush (y gano a pulso su nominación al practicar el ONGero deporte de forrarse en dinero con charlas medioambientalistas, que tan de moda están); un conglomerado de naciones, la Unión Europea (que entre sus mayores éxitos cuenta con la explosión de un buen puñado de burbujas inmobiliarias y la cerrazón permanente de sus fronteras a los sucios bárbaros del sur que no cuenten con ingresos equivalentes a los norteños, además de su gran esfuerzo por combatir la sangre con sangre, como toda la vida).

Por tanto, el hecho de que un grupo de diputados del partido oficialista uruguayo lo haya nominado al innoble premio, no debería sorprendernos por lo exagerado de la adulación, rayana en el ridículo de un Nicolás Maduro X cuando hablaba de un Hugo Chavez cualquiera, puesto que los prohombres de la patria, como buenos congresistas sin importar su nacionalidad, representan los más profundos valores de nuestras democracia y, por eso, valen su peso en materia fecal. Como digo, nadie se sentiría asombrado por una acción como esa o por querer declarar feriado nacional el día del onomástico del ilustrísimo presidente de turno. 

Lo sorprendente en este caso, es que Mujica representa todo aquello que va en contra de los valores judeo cristianos de la actualidad: Despenalización del comercio de la marihuana, aprobación del matrimonio homosexual, aprobación de la ley del aborto; además, de sus virtudes personales como ser un ex guerrillero marxista y mantener, abiertamente, una actitud anticonsumista que puede resultar chocante para muchos (no hablemos ya de la donación del 80 por ciento de su sueldo a un fondo de vivienda para necesitados o a su renuncia al lujo del palacio presidencial para habitar en una modesta casita de campo -que puede verse hasta cool, en estos tiempos de revival del socialismo de clase alta-
sino de algo que suele asquear hasta al rojillo más culturoso, como es su pésimo gusto al vestir, estilo campesino que va al juzgado de paz, que hace ver como un par de dandis de la alta costura a Evo Morales y a Kim Jong Un.