Es innegable que Breaking Bad ha sido la mejor serie del nuevo milenio y, porqué no decirlo, probablemente de la historia. La forma en que se nos cuenta la transformación de Walter White en Heisenberg es impresionante; y, la radiografía de la adicción al poder, es brillante. Muchos llegamos a pensar que habíamos hallado al personaje amoral definitivo, hasta que llegó Frank Underwood y nos hizo entender que a su lado, el personaje de Bryan Cranston es un ejemplo de empatía y respeto al prójimo.
Hace poco hablábamos del éxito de las nuevas industrias que, verdaderamente, se han preocupado de crear un modelo de negocios, que sepa explotar las ventajas de la Internet y no, solo, se queje de las vulnerabilidades que aquella ofrece. Mencionamos a Spotify: pero, también a Netflix, que, a diferencia de la primera, hace streaming de video y de gratuito no tiene nada. Sin embargo, por una cuota mensual relativamente módica permite ver una amplia cantidad de películas, series y documentales, casi al instante y con una calidad bastante aceptable, lo que ha permitido que muchos, aburridos de enlaces cortados, de películas en movie screener o de caminar algunos kilómetros para conseguir blue rays piratas, hayan optado por suscribirse al servicio. Su éxito es innegable, a tal punto, que le ha permitido incursionar en la producción original, rivalizando con HBO, y teniendo como carta de presentación a una impactante serie de intriga política, como es House of Cards.
House of Cards, como Breaking Bad, trata sobre la ascensión al poder de su personaje principal. Pero, a diferencia de Walter, que llega a dicha carrera de manera involuntaria y una vez dentro empieza a disfrutarla (como quien se dedicó al derecho porque no tenía nada mejor que hacer en las mañanas y termina enriqueciéndose con la defensa de compañías mineras acusadas de desastres medioambientales o genocidio de poblaciones amazónicas aborígenes), Francis sabe desde muy joven que su objetivo en la vida es la acumulación de poder, no de riqueza, que eso para él es un simple añadido por lo que, desprecia de manera categórica a los buscadores de dinero. Para él la vida es una escalera y, por tanto, las mesetas no existen. Un objetivo cumplido implica iniciar el camino para alcanzar el siguiente, como se nos enseña en cualquier manual de autoayuda, pero, a diferencia de lo que te dicen tales manuales, el sabe que alcanzar sus metas requiere de una falta absoluta de escrúpulos, una completa ausencia de lealtades, una capacidad de manipulación digna del mejor Steve Jobs, y una imagen intachable de ciudadano perfecto. En todo ello, Frank es, indudablemente, el mejor. (O casi, pues no podemos minimizar al personaje de Claire).
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miércoles, 12 de marzo de 2014
martes, 4 de marzo de 2014
El Lobo de Wall Street: Suave como una brisa de verano
Los niños, ilusamente, suelen ver a la adultez como una etapa mágica y sueñan con el momento de entrar en ella convertidos en bomberos, policias, médicos, jugadores de tenis, estrellas de rock o princesas; podremos encontrar algunos científicos y, quizás, un arquitecto, que no por nada vivimos en un mundo de burbujas inmobiliarias (Si hallamos a alguien que sueñe con ser abogado, es que debe tener el 666 en la frente como marca de nacimiento y haber sido amamantado con sangre de cachorros desde su más tierna infancia).
Para ellos, el futuro equivale a libertad, independencia, aventura; y, no a la monotonía de un trabajo de oficina que te mantenga sentado frente a una computadora desde que sale el sol hasta que cae la noche, realizando el mismo trabajo repetitivo año tras año, y esperando el fin de semana para emborracharte y comprar un nuevo gadget en el Mall para sentir que vas progresando (que probablemente te sientas como culo de estreñido pero en las brumas del licor y la admiración hipócrita de tus amigos ante tu carro nuevo reafirmas la convicción de que vas por el camino correcto y que ya tendrás tiempo de disfrutar de la vida, que ésta empieza, recién, a los setenta).
Es por eso que si le preguntas a un niño, éste jamás te contestará: "Yo de grande quiero ser burócrata"; pero por lo menos 7 de cada 10 astronautas potenciales terminarán dedicándose al apasionante oficio de los trámites, ya sea en el campo público o privado.
Sin embargo, hay un grupo de personas, que muy pronto dejan de lado cualquier inquietud filosófica judeo cristiana y descubren que este valle de lágrimas tiene menos lágrimas (y es más cercana a esa fantasía infantil) cuando la vives en tu propio yate en el Mediterráneo y la condimentas con drogas y sexo a mansalva. Es así que, en lugar de preguntarse cosas como: ¿Dónde vamos? ¿Qué hacemos aquí? se cuestionan cuántos millones podrán ganar hoy. Claro que para alcanzar tal nivel de comodidad, no basta con el duro trabajo de sol a sol, que eso solo te alcanza para no retrasarte con la hipoteca y para vivir una gris y mediocre vida matizada, apenas, con el hastío, las enfermedades y el envejecimiento.
Ellos pertenecen a un nivel diferente. Ellos no piensan juntar ahorros durante veinte años para darse "un gustito". Tienen que conseguirlo todo, absolutamente todo, y mientras más rápido mejor, que el tiempo no está para desperdiciarlo. Por eso, tales personajes suelen tener elementos comunes, claramente identificables como: Una enorme fuerza de voluntad, unos estándares de moralidad bastante laxos, un magnetismo gigantesco y, claro, una gran idea o, al menos, un gran talento y saber como utilizarlo para asestar el golpe preciso en el momento perfecto. Si, además, no te tiembla la mano a la hora de traicionar a tus supuestos amigos y de explotar niños al otro lado del mundo, puedes convertirte en un visionario santificado, como Steve Jobs.
Justamente Jordan Belfort, el lobo de la película, era uno de ellos: Un aspirante a dentista que cuando descubre que las bocas de los demás no lo harán millonario decide convertirse en broker de Wall Street, con tan mala suerte, que inicia su trabajo el Lunes Negro (19 de octubre de 1987), dia nefasto para las bolsas de valores del mundo, lo que ocasionó la quiebra de su empresa; situación que le obliga a replantearse el futuro y, en lugar de rendirse y convertirse en otro white trash sustentador del american dream ajeno, decide tomar al toro por las astas y utilizar las falencias del mercado bursátil en beneficio propio hasta evoluciona de ser, originalmente, un birlador de ahorros de jubilados y amas de casa esperanzados en el sueño del millón propio, hasta convertirse en el presidente de Stratton Oakmont, empresa con más de mil trabajadores especializados en birlar los ahorros de grandes inversionistas, con tan buenos resultados, que en un par de años gran parte de dichos trabajadores se convierten en millonarios. Porque, eso sí, a pesar de que la crítica señale a Jordan como un egoísta manipulador interesado en su beneficio personal, la película lo muestra como un hombre preocupado en el bienestar de su entorno cercano, haciendo lo indecible por su satisfacción (La escena en que la alta dirección de la empresa decide la contratación de un enano para jugar tiro al blanco, con una seriedad que esperaríamos en una comisión multinacional que decidiría el destino de Ucrania, es por demás paradigmática).
Para ellos, el futuro equivale a libertad, independencia, aventura; y, no a la monotonía de un trabajo de oficina que te mantenga sentado frente a una computadora desde que sale el sol hasta que cae la noche, realizando el mismo trabajo repetitivo año tras año, y esperando el fin de semana para emborracharte y comprar un nuevo gadget en el Mall para sentir que vas progresando (que probablemente te sientas como culo de estreñido pero en las brumas del licor y la admiración hipócrita de tus amigos ante tu carro nuevo reafirmas la convicción de que vas por el camino correcto y que ya tendrás tiempo de disfrutar de la vida, que ésta empieza, recién, a los setenta).
Es por eso que si le preguntas a un niño, éste jamás te contestará: "Yo de grande quiero ser burócrata"; pero por lo menos 7 de cada 10 astronautas potenciales terminarán dedicándose al apasionante oficio de los trámites, ya sea en el campo público o privado.
Sin embargo, hay un grupo de personas, que muy pronto dejan de lado cualquier inquietud filosófica judeo cristiana y descubren que este valle de lágrimas tiene menos lágrimas (y es más cercana a esa fantasía infantil) cuando la vives en tu propio yate en el Mediterráneo y la condimentas con drogas y sexo a mansalva. Es así que, en lugar de preguntarse cosas como: ¿Dónde vamos? ¿Qué hacemos aquí? se cuestionan cuántos millones podrán ganar hoy. Claro que para alcanzar tal nivel de comodidad, no basta con el duro trabajo de sol a sol, que eso solo te alcanza para no retrasarte con la hipoteca y para vivir una gris y mediocre vida matizada, apenas, con el hastío, las enfermedades y el envejecimiento.
Ellos pertenecen a un nivel diferente. Ellos no piensan juntar ahorros durante veinte años para darse "un gustito". Tienen que conseguirlo todo, absolutamente todo, y mientras más rápido mejor, que el tiempo no está para desperdiciarlo. Por eso, tales personajes suelen tener elementos comunes, claramente identificables como: Una enorme fuerza de voluntad, unos estándares de moralidad bastante laxos, un magnetismo gigantesco y, claro, una gran idea o, al menos, un gran talento y saber como utilizarlo para asestar el golpe preciso en el momento perfecto. Si, además, no te tiembla la mano a la hora de traicionar a tus supuestos amigos y de explotar niños al otro lado del mundo, puedes convertirte en un visionario santificado, como Steve Jobs.
Justamente Jordan Belfort, el lobo de la película, era uno de ellos: Un aspirante a dentista que cuando descubre que las bocas de los demás no lo harán millonario decide convertirse en broker de Wall Street, con tan mala suerte, que inicia su trabajo el Lunes Negro (19 de octubre de 1987), dia nefasto para las bolsas de valores del mundo, lo que ocasionó la quiebra de su empresa; situación que le obliga a replantearse el futuro y, en lugar de rendirse y convertirse en otro white trash sustentador del american dream ajeno, decide tomar al toro por las astas y utilizar las falencias del mercado bursátil en beneficio propio hasta evoluciona de ser, originalmente, un birlador de ahorros de jubilados y amas de casa esperanzados en el sueño del millón propio, hasta convertirse en el presidente de Stratton Oakmont, empresa con más de mil trabajadores especializados en birlar los ahorros de grandes inversionistas, con tan buenos resultados, que en un par de años gran parte de dichos trabajadores se convierten en millonarios. Porque, eso sí, a pesar de que la crítica señale a Jordan como un egoísta manipulador interesado en su beneficio personal, la película lo muestra como un hombre preocupado en el bienestar de su entorno cercano, haciendo lo indecible por su satisfacción (La escena en que la alta dirección de la empresa decide la contratación de un enano para jugar tiro al blanco, con una seriedad que esperaríamos en una comisión multinacional que decidiría el destino de Ucrania, es por demás paradigmática). viernes, 21 de febrero de 2014
Carrie: ¿Terror glam o propaganda subliminal republicana?
Empiezo este post con una declaración de principios: Odio la "Carrie" original. Es más, la considero tan mala, evidente, sobreactuada y cargada de detalles innecesarios como "The Shining"; y, a Brian de Palma, tan sobrevalorado como el mismísimo Kubrick. Pienso que Sissy Spacek fue una terrible actriz, tan horrorosa como Shelley Duvall; y, ni qué decir de lo ridícula que se veía a una mujer de 27 años (aparentado aún más) desesperada ante la hemorragia de su primera menstruación. ¡Casi como si viera a Charlie Sheen haciendo "Virgen a los Cuarenta"!
Reconozcamos que tal vez fue impactante en su momento, por el magro desarrollo de la fluidez audiovisual en los setentas (aunque nos tengan enfermos con eso de que todo tiempo pasado fue mejor y que el cine murió con John Ford y en adelante sólo se veía películas en espera del advenimiento de las series de TV); pero es imposible negar que la vejez de "Carrie" es desastrosa y si algo la salva del olvido más absoluto, es la abundante cantidad de piel desnuda en escenas absolutamente gratuitas, como corresponde a la década que popularizó el porno, que nos hunde en una profunda nostalgia por un mundo que no conocía el sida, y que la mayoría de nosotros no llegó, jamás, a disfrutar. Pero eso no es mérito del filme, puesto que casi todos mostraban bastante carne, ya que el cine era cosa de adultos y la post producción no se preocupaba en buscar una censura suave, que permitiera llegada de preadolescentes cargados de por corn, en tropel a la sala de cine. Era un negocio mucho más amateur y eso se notaba mucho.
Entonces, la pregunta es: ¿Era necesaria esta adaptación?. Pues podríamos decir que no, que tampoco la novela de Stephen King es para tanto, y además, todos ya sabemos en qué termina la historia; así que, ni siquiera existía el elemento sorpresa de la original. Pero, por otro lado, ya hemos dicho que el cine ha llegado a un nivel de industrialización tremenda, en el que casi todo funciona a la perfección, salvo los guiones, porque ¡Oh, tragedia! la creatividad no puede conseguirse con la sobre explotación laboral de niños asiáticos. Además que, ¿Para qué arriesgarse a mostrar una historia interesante y nueva, si está más que comprobado que no es eso lo que quiere el público? Sino, ¿Cómo explicaríamos que las comedias románticas sigan siendo las apuestas más seguras en cualquier multicine o que las películas más vistas en la historia sean Avatar y Titanic? Pero aún hay algunos depravados que no buscan el triunfo del amor en el cine y, por muy grande que sea su perversión, también compras bebidas gaseosas, nachos y palomitas, así que hay que darles algo, como "Actividad Paranormal 118" o "Aquamán 27"; pero, hasta los superhéroes y los realities de terror llegarían a saturar en algún momento sino hubiera algo más que darles entre entregas. Es aquí donde entran a tallar los remakes: Apuesta segura, pues si antes funcionó, seguramente lo vuelve a hacer; ahorro en guionistas, para gastar más en efectos especiales; y, una pequeña dosis de polémica al compararla con la original esos cinéfilos nostálgicos que aún se masturban con Audrey Hepburn.
Este es el momento en que algún lector desesperado (malacostumbrado, quizás, a la agilidad de nuestra prosa) preguntará: ¿Es que no piensan hablar jamás de la película? Así que pacientísimo fanático del Períodico de a China, no te atormentes más, ya hemos llegado a lo que esperabas: Los spoilers.
domingo, 19 de enero de 2014
Luego de Weeds: Siempre nos quedará Montevideo
Corría el lejano 2005, aún no existían las tablets, el futuro de la telefonía inteligente le pertenecía a Blackberry, los blogs más exitosos tenían más de ciento cincuenta caracteres por cada post, Bush hijo hundía aún más el prestigio de los Estados Unidos iniciando su segundo mandato y negándose a suscribir el Protocolo de Kyoto, Tabaré Vásquez se convertía en el primer presidente izquierdista de Uruguay, moría el Papa peregrino y en la cadena de pago Showtime se iniciaba una serie sobre una típica madre de familia de clase alta que abandonó sus estudios para convertirse en una correcta esposa trofeo que ante la muerte de su hombre, se ve obligada a mantener su estilo de vida (y subsidiariamente, aunque le parezca en ese momento la razón principal, el de sus dos hijos), lo que hubiera sido imposible con el sueldo de cajera del Walmart, que es el tipo de trabajos al que podía aspirar una mujer mayor de cuarenta y sin diploma universitario en los tiempo de bonanza económica del gigante del norte (que ahora, como si se tratara de una de nuestras repúblicas bananeras, ese puesto sabría a gloria, ante la perspectiva de alimentarse de la basura de los vecinos). Por eso, y porque la de prostituta es una labor a la que se dedicaría una vulgar white trash y no toda una señora bien de los suburbios, opta por la venta al por menor de hierba en su barrio.viernes, 19 de julio de 2013
De San Fermines y Cruzadas Morales: Cuando la libertad es lo menos importante
Luego de un año de problemas técnicos, este blog regresa con toda la energía que es capaz de entregar un anoréxico frente a un buffet de pastas. Y sin mayores explicaciones sobre nuestra prolongada ausencia o sobre la pésima, e incorrecta políticamente, broma del párrafo inicial, nos metemos de lleno en un tema de constante actualidad desde que al bueno de George W. Bush se le dio por recordarnos que la moral es sólo una: La cristiana; y, que cualquier acción que se aleje un palmo de las enseñanzas divinas (que tan bien saben adaptarse a cualquier intento de progreso social) debe ser castigada con el escarnio público, ya sea que la cometa un terrorista islamofílico, un actor alcohólico y adicto al sexo de pago o una señorita universitaria que pasa sus vacaciones de verano enseñando las tetas en un exótico festival de algún país hispanohablante.
Moralismo al que se adscriben desde reaccionarios derechistas de toda la vida hasta esa abundante especie de cucaracha urbana llamada "librepensador socialdemócrata" pasando por adolescentes fundamentalistas fanáticas de Crepúsculo.
A raíz de algunas fotografías, como las que vemos en este post, gran parte de la prensa internacional (en español, pues en verdad no me he tomado el trabajo de verificarlo en otras lenguas) ha decidido que los rostros alcoholizados y felices de las niñas que ofrecen un toque de su piel a los buenos parroquianos que agradecen tener algo mejor que hacer que ser perseguidos por un toro (y que en algunos años sería recordado, por ellas, como una travesura juvenil, que les arrancaría una sonrisa en medio de la monotonía de sus vidas adultas de madres de familia) reflejan en realidad el pavor, la impotencia y la desesperación de unas mujeres esclavizadas para el sexo, condenadas a satisfacer las perversiones de la masa por el simple hecho de querer ser espectadoras de un espectáculo folclórico.
viernes, 2 de marzo de 2012
MIchel Houellebecq: La gerontofilia no es una depravación cotidiana
Independientemente de su raza, condición social, filiación religiosa o red social a la que pertenezca, el varón heterosexual, de manera global, centra su realización personal en la consecución de dos objetivos: Culos y tetas. Y para conseguirlos, el hombre se basa en dos técnicas:
1. Cuando es joven: En sus condiciones personales. Ya sean, estas, físicas (como un cuerpo de abdominales marcadísimos o un rostro "tierno y a la vez masculino"); o espirituales (un sentido del humor de guionista de "Saturday night live" o la imagen de "rebelde duro que en el fondo sólo espera encontrar algiuen a quien amar" y a quién las mujeres desearan, infructuosamente, cambiar)
2. Cuando ya no se es joven o cuando se es joven pero se carece de las cualidades anteriores: Dinero.
Como todos envejecemos, finalmente, la única posibilidad de tener sexo -de manera, al menos, bilateral- sólo se alcanzará por medio de billetes (de preferencia divisas convertibles de alta denominación). Ya sea si la transacción es directa y de contraprestraciones inmediatas (como en la prostitución), o mediante un contrato a largo o mediano plazo (como en el matrimonio), la satisfacción sexual será directamente proporcional a la suma invertida.
Como todo hombre aspira, en el fondo, a ser un macho alfa (y no pagar jamás por sexo), dicha transacción le es, casi siempre, insatisfactoria una vez que la polución seminal ha sido realizada. En estos casos, la esposa suele ser una bruja; la amante, una puta; y, la puta, una vulgar portadora de gérmenes venéreos. Lo único que se mantiene constante es el vacío. Afortunadamente, la naturaleza ha tenido la prudencia de hacer que la carga de espermatozoides se renueve constantemente y, con ella, el deseo y la esperanza de trascendencia a través de la carne apetecida.
Pero cuando el sexo empieza a escasear, o se te exije más dinero por él, se hace más dificil lograr alguna satissfacción duradera. Es por ello que inventamos el amor, para dotar (al menos en apariencia) de cierta seriedad, de algo de certidumbre y venerabilidad social a un acto que tiene no gran parte, sino todo de animal o, incluso, pretendemos sustituirlo con el poético sentimiento (cuya utilidad real es la misma que la de la poesía) como si de tofu genital se tratara (Y por ello el amor es más fuerte en la primera adolescencia y en adultez previa a la senectud, que es cuando más urgentes y escasos son los actos carnales).
A pesar de todo intento de disfraz, mientras más te acercas a la vejez, ya no puedes esconder la realidad: Nadie te tocara más que por dinero. Ni siquiera tu esposa si la tienes, pues: o bien ya no tendrán contacto físico o tu necesidad de carnes jóvenes te impedirá lograr siquiera un disfrute mediocre. Eso no es tan terrible si no lo tienes, puesto que tus otros problemas ocupan tu tiempo; pero, si lo tienes ya jamás podrás quitarte la sensación de que ese cuerpo que está debajo del tuyo sólo va a disfrutar del encuentro cuando termine y pueda comprarse algo con lo que le has entregado. Y después está el vacío. La certidumbre de que te has pasado la vida tratando de tener éxito porque inconscientemente sentías que eso te permitiría disfrutar de los placeres femeninos a perpetuidad como el macho alfa del que acabamos de hablar. Lograste todo para ser admirado y lo único que se te admira es el contenido de la billetera.
1. Cuando es joven: En sus condiciones personales. Ya sean, estas, físicas (como un cuerpo de abdominales marcadísimos o un rostro "tierno y a la vez masculino"); o espirituales (un sentido del humor de guionista de "Saturday night live" o la imagen de "rebelde duro que en el fondo sólo espera encontrar algiuen a quien amar" y a quién las mujeres desearan, infructuosamente, cambiar)
2. Cuando ya no se es joven o cuando se es joven pero se carece de las cualidades anteriores: Dinero.
Como todos envejecemos, finalmente, la única posibilidad de tener sexo -de manera, al menos, bilateral- sólo se alcanzará por medio de billetes (de preferencia divisas convertibles de alta denominación). Ya sea si la transacción es directa y de contraprestraciones inmediatas (como en la prostitución), o mediante un contrato a largo o mediano plazo (como en el matrimonio), la satisfacción sexual será directamente proporcional a la suma invertida.
Como todo hombre aspira, en el fondo, a ser un macho alfa (y no pagar jamás por sexo), dicha transacción le es, casi siempre, insatisfactoria una vez que la polución seminal ha sido realizada. En estos casos, la esposa suele ser una bruja; la amante, una puta; y, la puta, una vulgar portadora de gérmenes venéreos. Lo único que se mantiene constante es el vacío. Afortunadamente, la naturaleza ha tenido la prudencia de hacer que la carga de espermatozoides se renueve constantemente y, con ella, el deseo y la esperanza de trascendencia a través de la carne apetecida.
Pero cuando el sexo empieza a escasear, o se te exije más dinero por él, se hace más dificil lograr alguna satissfacción duradera. Es por ello que inventamos el amor, para dotar (al menos en apariencia) de cierta seriedad, de algo de certidumbre y venerabilidad social a un acto que tiene no gran parte, sino todo de animal o, incluso, pretendemos sustituirlo con el poético sentimiento (cuya utilidad real es la misma que la de la poesía) como si de tofu genital se tratara (Y por ello el amor es más fuerte en la primera adolescencia y en adultez previa a la senectud, que es cuando más urgentes y escasos son los actos carnales).
A pesar de todo intento de disfraz, mientras más te acercas a la vejez, ya no puedes esconder la realidad: Nadie te tocara más que por dinero. Ni siquiera tu esposa si la tienes, pues: o bien ya no tendrán contacto físico o tu necesidad de carnes jóvenes te impedirá lograr siquiera un disfrute mediocre. Eso no es tan terrible si no lo tienes, puesto que tus otros problemas ocupan tu tiempo; pero, si lo tienes ya jamás podrás quitarte la sensación de que ese cuerpo que está debajo del tuyo sólo va a disfrutar del encuentro cuando termine y pueda comprarse algo con lo que le has entregado. Y después está el vacío. La certidumbre de que te has pasado la vida tratando de tener éxito porque inconscientemente sentías que eso te permitiría disfrutar de los placeres femeninos a perpetuidad como el macho alfa del que acabamos de hablar. Lograste todo para ser admirado y lo único que se te admira es el contenido de la billetera.
Eso lo ha entendido muy bien el escritor francés Michel Houellebecq y casi toda su obra literaria-si es que podemos considerarla como tal- es más bien la escritura por capítulos de un enorme ensayo filosófico en tono de ficción sobre la soledad sexual de la vejez y el solitario camino que te lleva hacia allá.
Houellebecq propone que el origen de toda tragedia humana se encuentra en la íntima relación entre el sexo y la mortalidad y que nada podemos hacer para cambiar esa condición salvo la manipulación genética de nuestro desamparo y la desaparición de nuestra especie tal como la conocemos. En algunos casos, como en "Las partículas elementales" la solución es vagamente esperanzadora -al menos para esa raza nueva; pero, en otros, como en "La posibilidad de una isla"; el resultado resulta increíblemente opresivo y mucho más aterrador que nuestras actuales vidas, cortas y sufrientes.
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