Las historias de vampiros clásicas, como Drácula o Entrevista con el Vampiro, basan gran parte de su efectividad en el desconocimiento de hechos cruciales y en la imperfección y lentitud de los medios de comunicación que permiten una amplia impunidad a sus fechorías, lo cual sería imposible en esta era de mega información. ¿O alguien se imagina siquiera un mediano éxito en los planes del vampírico conde, si Jonathan Harker hubiera whatsappeado a Mina: "El que hace las sombras graciosas me tiene encerrado. LOL", luego de haber grabado en la cámara de alta definición de su celular a las tres vampiresas que trataron de seducirlo y colgado el video en el Youtube y haber recibido 100 000 visitas en sus primeras dos horas? ¿O creen que el bueno de Louis hubiera realizado su periplo europeo de descubrimiento si hubiera podido revisar en los comentarios del Trip Advisor cosas como: "El centro de Europa tendrá las mujeres más hermosas del mundo pero para enfrentar chupasangres descerebrados en superticiosos pueblitos de Bulgaria, prefiero la tranquilidad con toques chic, de comerme un jarabe de abedul servido con hierbas y leche congelada en el Noma de Copenhague". ¿O no hubiera sospechado algo raro al ver en el Twitter de Armand el hashtag #Voyamataralaniñavampiraporquemeheobsesionadoconsuprotector ?Es por eso que cualquier obra que pretenda no seguir del todo con la senda de comedieta romántica de Crepúsculo e intente inspirar algo de terror, debe estar ambientada como máximo a comienzos de los años 90; es decir, antes del advenimiento del celular y la masificación de la internet.


