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martes, 15 de octubre de 2019

El Joker: De bofetones y cosquillas

Aunque parezca una sola película, el Joker nos cuenta una historia dentro de otra, como matrioshka rusa. La primera de ellas, de la que habla todo el mundo, es la de la caída en el abismo de la locura, recreada a la perfección por Joaquin Phoenix, quien construye un personaje enternecedoramente trágico que termina convertido en un chiflado homicida y, por azar, en un símbolo del reclamo social, o de la anarquía, si lo prefieren. 
Ahora bien, aunque la película intenta, o nos hace creer mediante torpes e intencionados paletazos con brocha gorda, mostrarnos un “monstruo que llegó a serlo por culpa de la sociedad”, la degradación del personaje no tiene que ver con “lo dura que está la calle”, sino, más bien, con su enfermedad mental. Veamos: Arthur jamás fue una persona normal. Su problema no era la timidez o la falta de gracia. Ni siquiera su risa histérica. Lo eran sí, la esquizofrenia y un trastorno maniaco bestialmente contenido con fármacos, así como los traumas del abuso infantil, también reprimidos con pastillas. El “monstruo” estuvo siempre allí, solo que se hallaba encadenado. Es por eso que el payaso sufre hasta el momento en que deja el tratamiento. Me atrevo a presumir que la descarga de adrenalina que sobrevino a sus primeros asesinatos (puramente impulsivos, pues no parece disfrutarlos en un primer momento) fue lo suficientemente fuerte como para terminar de expulsar de su cerebro los restos químicos (que ya no le quedaba mucho, tampoco, desde el recorte presupuestario del ESSALUD de Ciudad Gótica) y disfrutar de su yo, sin restricciones. Ese baile en el baño es una Epifanía de reencuentro interior y como nos dice ese dogma milenial,  ”Debemos aceptarnos como somos para alcanzar la felicidad” y eso es, justamente, lo que hizo el Guasón. Ahora bien, ya no es su culpa que su yo interno no le llevara a “viajar donde el destino lo lleve porque el dinero se recupera pero la vida no” sino a asesinar a quienes, consideraba, lo habían agredido.
Al respecto, hay un detalle muy interesante: Aunque lo disfrutara, nunca mató a nadie que bajo su punto de vista no lo mereciera. En ese sentido está muy lejos del sociópata que construyó Heath Ledger en el Caballero Oscuro y mucho mas cerca del Batman de la misma película (Aunque este último tenía una visión mesiánica que recuerda a una patología diferente).  El Joker de Phoenix no dañó a nadie que no le hiciera algo malo, ni siquiera al enano que deja ir aún sabiendo que lo denunciaría, simplemente porque aquel nunca lo trató mal. 
La actitud del Guasón es un poco lo que haría cualquiera de nosotros si no nos viéramos cohibidos por el miedo a las consecuencias -como la cárcel- las que, recalquemos, a un enfermo mental como el Joker difícilmente le importarían en en ese momento. Entonces, el filme nos muestra que Fleck no es, particularmente, peor que cualquiera de nosotros, simplemente las circunstancias y la ausencia de fármacos lo pusieron en una situación que se tornó irreversible. Entonces, podríamos argumentar que sí fue la gente la que lo llevó a asesinar. Pero, repito, en una situación en que la discriminación lógica está hecha pedazos (recuerda algunas de tus borracheras para que tengas una idea),todos actuaríamos más o menos igual. Las personas no son virtuosas por naturaleza y esa es la razón de las leyes y de la policía: Contenernos. 
Sin embargo, cuando la sociedad está construida para pisotear al débil, al diferente, al pobre, al extranjero y para ensalzar, moral y materialmente, al rico (como sucede con papá Wayne en la película o con “que noble es ese multimillonario que tiene una fortuna que no podrá gastarse en 25 generaciones, que ha donado diez mil dólares para ayudar a poner fibra óptica en un poblado de los Andes”) y las fuerzas policiales y  los poderes del Estado cumplen el rol de mayordomos y soldados del capital, llega un momento en que ni la más feroz propaganda ni la más agresiva campaña de consumo logra contener el desencanto, lo que nos lleva a la segunda historia de la película, que a diferencia de la primera, tiene un protagonista más etéreo: la masa. 

Todd Philips sabía que la actuación de Phoenix es tan buena que los productores y demás financistas, obnubilados por el evidente éxito económico que les deparaba, no lograrían ver la lectura atrozmente subversiva que esconde su película. De todas maneras -toda precaución es poca- se protegió un poco mas construyendo ese burdo trasfondo “social” de que la creación del Joker es, en parte, culpa de los recortes en medicinas y de la “gente sin corazón”. Y es que probablemente sin eso, la película hubiera sido muy sospechosa para escapar de la censura. ¿Y qué es lo que nos muestra, entonces? Pues, simplemente, el desencanto del que hablábamos en el párrafo anterior, que, como la enfermedad del Guasón, va creciendo hasta ser incontenible. Por supuesto se nos dice, también, que el millonario de buen corazón hubiera logrado el cambio, pero lo mataron (otra concesión a los productores que ven en esto propaganda de la buena) pero, sutilmente, insinúa que el “moralmente virtuoso” papá de Batman es un tremendo hijo de puta que se acostó con su sirvienta y cuando se sintió con algún derecho sobre “el patrón”, no dudó en encerrarla en un hospital psiquiátrico, un millonario para quien el pueblo no es más que un grupo de payasos, monos que no entienden que la sumisión es el único camino para el orden, un orden que solo él y los que son como él pueden darles. Para Wayne, como para cualquier rico, el pueblo no es más que escoria que le mancha el zapato y hay que limpiársela. Sin embargo, la inmensa seguridad que les brinda el poder y la propiedad de los medios de comunicación, hace que no se den cuenta que el pueblo no solo está consciente de ese desprecio, sino que, poco a poco, también va percibiendo que el sistema busca aprisionarte, aplastarte y venderte la ilusión de felicidad (representada en la película por el programa de televisión de De Niro). En cierto momento la gente empieza a dudar de que el trabajo semi esclavo y los ingresos ínfimos les brinden alguna esperanza para el futuro, así los libros de autoayuda les digan que “el pobre es pobre porque quiere”, especialmente si, con la internet, tienen para comparar sus vidas a las de los Waynes del mundo. Pero -y aquí está lo subversivo- Philips no nos vende la idea romántica de que “el pueblo logra acabar con las injusticias cuando toma conciencia de su poder”, pues la masa puede estar colérica pero los siglos de condicionamiento la han convertido en una mayoría estúpida y servil. La combustión social puede generar un incendio pero no para destruirlo todo y construir algo nuevo donde ellos -y todos- sean importantes, sino, simplemente, están esperando un nuevo líder, un nuevo dueño a quien servir, pero que represente sus fobias y que canalice sus resentimientos. Alguien que les dé carta abierta para ser ahora ellos los hijos de puta. No importa si este alguien no tiene un discurso estructurado, una propuesta concreta. No importa, siquiera, si los reclamos populares le importan un comino al novísimo paladín. Solo necesitan un ícono que legitime sus barbaridades pues no quieren acabar con injusticias de ningún tipo, sino reemplazar, ellos mismos, a las élites en su impunidad y abuso. No importa si ese ídolo de barro es Trump o el Joker o Hitler. La masa solo esté esperando construir un tirano que les prometa oprimir a los otros, hasta que claro, los termine oprimiendo a ellos, como siempre. Esa es el mensaje desolador del filme. La otra, la parte del Gausón, es solo la evolución de una enfermedad sin tratamiento.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Gustavo Cerati y Joan Rivers: Ya que la muerte es música ligera

Si hay algo que, como especie, nos guste más que el Mundial, son las muertes de los famosos. Nos encanta formar parte de la historia agregando nuestro granito de arena en el obituario colectivo que le construimos a las leyendas del rock, del deporte, de la política o a Ciro Castillo Rojo. Nos seduce hasta las lágrimas decir que fuimos grandes fanáticos, grandes amigos, que la primera vez que nos acostamos con alguien fue con nuestro ídolo mirándonos, aprobatoriamente, desde un póster. 

En ese sentido, la globalidad internetera está de plácemenes. Esta semana ha sido pródiga en necronoticias: No nos ha dado una, sino dos muertes de celebridades. Si bien me lapidarán muchos al comparar el deceso del MÚSICO Cerati con la muerte de la reina de la frivolidad, Rivers; la verdad es que ambos eran millonarios; archinoconocidos; hacía varios años no tenían la menor expresión en el rostro; y, su han creado un legado que perdurará durante generaciones en la cultura pop (Que es tan válido, o tan frívolo -aunque  algunos les duela reconocerlo- pasar a la historia como compositor de himnos generacionales, que como sagaz crítica de vestidos en la alfombra roja).

Como en Periódico de a China no somos extraterrestres, nos adscribimos, incondicionalmente, al morbo público y lanzamos, encantados, nuestro aporte a los festejos...digo a los homenajes a estas dos nuevas estrellas del firmamento de los finados.

Empezamos, faltaría más, con Gustavo Cerati. Uno de esos raros especímenes del Homo Elegantus, al cual pertenece también David Bowie, que exudan distinción en todo lo que hacen, lo que les permite trascender la mediocridad a la que estamos condenados la mayoría de mortales (Al menos sabemos que ellos también son mortales), sin importar, en demasía su talento. Cerati hubiera marcado tendencia tanto como físico nuclear o como maitre de restaurante cinco tenedores. 

Es esa elegancia en su aura, la que lo elevó de rostro visible de la boy band ochentera, que era Soda Stereo hasta convertirse en el genio de la música que mira despectivamente desde lo alto a Mahler y a Stravinski.

Es indudable que sólo alguien como Gustavo podría hacernos pensar que "Oye, te hacen falta vitaminas" es una frase lapidaria respecto al vacío emocional que implica el estilo de vida hiperconsumista que se iniciaba en aquellos ochentas; o que "Comunicación sin emoción, una voz en off con expresión deforme" nos invitaba a replantear las relaciones interpersonales desde un contexto de implicancia sentimental y empatía. Incluso, ya pasada su primera juventud, nos deleito con letras que deberían terminar en tatuajes con su carga de profundidad como: "después de un baño cerebral, estaba listo para ser amado", que nos indica claramente que para conseguir sexo debemos tener la consciencia limpia ... o algo así. 

Pero es en su concierto de despedida (antes del revival, claro), donde Cerati mostró al mundo que solo habíamos nacido para amarlo y admirarlo; pues, la frase semi idiótica del final del concierto (producto, seguramente, de la emoción, los nervios y alguna droguilla de nada que en algunos añitos lo pondría en coma) que dice: "No solo no hubieramos sido nada sin ustedes sino que toda la gente que estuvo a nuestro alrededor desde el comienzo , algunos siguen hasta hoy. Gracias totales", se convirtió en la frase culminante de la generación de fin de siglo (lo que habla muy mal de esa generacion, claro).

¿Qué mas decir de Cerati, que no se haya dicho ya en los últimos 20 minutos en toda la red? Pues, que ya llevaba muerto cuatro años y parece que muchos jamás se dieron cuenta, porque faltaba el detalle de enterrarlo.

Respeto a Joan Rivers, diré que su voz tosca, su rostro repulsivo cargado de cirugías sobre cirugías, la hija antipática, los comentarios insulsamente superficiales y cargados de mala leche contra lo más sagrado de una mujer, que es el vestido de noche; la convirtieron en una de mis divas favoritas, casi a la altura de la Tigresa del Oriente. Alguien que tiene el descaro de hacer algo como Fashion Police y tomárselo en serio, al punto de sentir que su labor en la purificación del alma era, con mucho, superior a la de cualquier gurú religioso como el papa san Juan Pablo; demuestra, simplemente, su tremenda inteligencia para hacerse la estúpida y ganar millones con el candor de los que de verdad lo somos.   

Este sería el momento de decirle a nuestros dos héroes que descansen en paz (porque claro que me oyen, no ven que soy un fan); pero, en respeto al buen gusto de Cerati y al kitsch excesivo de Rivers, me tragaré mis cursis palabras y no diré nada.

lunes, 18 de agosto de 2014

La Civilización del Espectáculo: El Marqués se tapa la nariz ante la plebe

Mario Vargas Llosa suele resaltar su condición de arequipeño, a pesar de no haber hecho en esa ciudad más que nacer; pues, pasó la totalidad de su niñez y juventud entre Bolivia, Piura y Lima, ciudades que han influenciado grandemente en su obra; principalmente, en sus primeras épocas de escritor. 

Arequipa, a sus libros o a su vida, no le ha dado nada; pero él no se cansa de publicitar su arequipeñismo. ¿Será por la magnificencia que evoca el nacer al pie del majestuoso volcán Misti? ¿Será la sangre rebelde y creativa que tenemos todos los arequipeños? ¿O será que, como todos, Vargas Llosa ha cedido al impulso del espectáculo y, definitivamente, suena más poético el nacimiento en una ciudad andina que, mal que bien, conserva un cierto hálito legendario (pero no tan lejos del mundo, como una recóndita Cochabamba) tomando distancia de ese provincianísimo desierto que era la Lima del siglo XX y del calor húmedo de una Piura que lo hubiera acercado más a la caribeña cosmovisión de su némesis García Márquez (¡Horror de horrores parecerse al naco con guayabera!)

Aceptémoslo, (mientras bebemos un vaso de cognac Jenssen Arcana, nos fumamos un Cohiba Behike 54 y escuchamos el Canon en Re Mayor de Pachelbel) Vargas Llosa se ha pasado los últimos 40 años tratando de construir su propio realismo mágico; claro que, más que realismo ha buscado pasar de un oscuro, o más bien mediocre, origen sudamericano, a una alta realeza europea; y lo único de mágico que ha logrado, es convertir dos apellidos en uno compuesto, primero; y en título nobiliario, después. 


Naturalmente, el primer Marqués de Vargas Llosa puede tener las ansias arribistas que desee y eso no nos afecta en lo más mínimo; ni tampoco disminuye el aprecio que tenemos por sus libros una vez pasada esa adolescencia en que creíamos que toda novela debía hacernos una cicatriz en el corazón para considerarla buena.


Vargas Llosa es un estupendo escritor. Uno de los pocos latinoamericanos de su época que no se regocija, masturbatoriamente, en los adjetivos;  con una fluidez en su prosa, casi angloparlante. Sin embargo, por mucho que le pese, no es un autor universal. No tiene la complejidad de Joyce ni la sutileza de Borges. Carece de la claustrofobia emocional de Kafka y de la profundidad psicológica de Dostoievski. Incluso le falta la cursilería místico tradicionalista de García Márquez, que hace que miles duerman con sus libros junto a la almohada.


Como ya lo dijimos hace mucho, es un constructor de libros bien escritos que te atrapan desde las primeras páginas y que no puedes dejar hasta terminarlos. Pero que, luego, se van diluyendo en tu mente hasta recordar, apenas, el argumento. Mario, por supuesto, odia eso. Su ego es infinito; su afán de trascendencia, enorme; y su resentimiento, absoluto (Como ha sufrido, en carne propia Fujimori). Por ello, reniega de ser un escritor tan bueno como Murakami o Hemingway. Este último, denostado en su ensayo "La Civilización del Espectáculo" como uno de los representantes de esa literatura efímera, en la que, por supuesto, no se reconoce.

Ese "pequeño" ensayo, como lo define, modestamente, el mismo Vargas Llosa, aunque él lo vea como el estudio definitivo sobre el postmodernismo y la muerte de la civilización occidental (ninguneando en el camino a Derrida, Foucault -de quién disfruta, socarronamente, sus sofísticos ensayos- y a cualquier otro que no acepte, religiosamente, el derecho de la élite a monopolizar la verdadera cultura, la alta cultura -como le llama, afectadamente) es, en realidad, un triste aviso de la llegada a la ancianidad del último grande del boom (La falta de originalidad es tan clamorosa, que hasta el título lo ha copiado, descaradamente, de un ensayo de 1967 de Guy Debord; aunque, claro,  para Mario La Société du Spectacle solo es un nombre "parecido" al suyo). 


Sus 170 páginas se resumen en: La civilización ha degenerado en el culto al espectáculo. Nada más. Para decir eso pudo usar su cuenta de Twitter y aún le hubieran sobrado 87 caracteres. Ni qué decir de las 174 páginas de verborreica nadería que entrega a los amantes de la forma (de los que despotrica) y de la tapa dura, que son, finalmente, el target principal de las editoriales.

Aunque, buscando arduamente en cada página del libro, se encuentra un par de ideas que, aunque no tienen que ver directamente con el objeto del ensayo; son, en cierto modo interesantes:


1° Si bien, la verdadera cultura ha muerto y lo que queda no vale la pena ni para matar el tiempo en el baño; la culpa no es sólo de esas ideas progresistas que le hacen tanto daño a la humanidad; sino, fundamentalmente, de esa multiracialización de la venerable Europa, producto de migrantes zaparrastrosos que, a diferencia suya, no han sabido olvidar sus propias costumbres y convertirse en dignos ciudadanos del primer mundo. Su defensa de la prohibición del uso de la burka en las escuelas occidentales "en aras de la libertad" arrancaría lágrimas de placer a Donald Rumsfeld.

2° El erotimo es bueno, porque pertenece a la alta cultura. La pornografía es mala porque pertenece a la plebe. La facilidad con que tenemos sexo en la actualidad ha hecho que se pierda el elemento más importante del sexo, tal es: La imaginación. La falta de sexo nos lleva a la reflexión, a la invención de sucesos en los que el acto sexual solo es el mcguffin de la expresividad literiaria; y que, para el onanismo en las altas esferas, es más grato el Lolita de Nabokov que un clip de BDSM de 7 minutos. El sexo sin límites es para los perros y para las masas. Las élites, en cambio, hacen el amor y fantasean, lúbrica y artísticamente, dentro de sus monogamias. Es decir, hasta los genitales del buen Mario tienden al elitismo.

Finalmente, pienso que Vargas Llosa tiene razón cuando precisa que no puede existir una cultura popular como verdadera cultura (En el sentido de considerarlas actividades que te llevan a alcanzar el placer por si mismas); ello se debe a que tal cultura popular busca, como objetivo principal, matar el rato. Su condición es, definitivamente, efímera y no pretende, salvo en almas excesivamente simples, alcanzar mayor trascendencia. 

jueves, 17 de mayo de 2012

Test sobre pureza racial: Descubre al nazi que llevas dentro

A pesar de vivir en un mundo donde la corrección política ha convertido a la sinceridad en un esperpento contranatura y donde la ecología y la ecoamistad se alzan como los nuevos baluartes de la política internacional, aún existen, ¡sorpréndase, usted!, algunas (muy pocas, apenas unos cientos de millones) personas para quienes el "diferente" sigue siendo un ser inferior que merece ser protegido o eliminado, de acuerdo al nivel de brutalidad al que llegue esta buena gente.


Es por eso que el equipo de Periódico de a China ha confeccionado un completísimo cuestionario para ayudarle a definir, si aún no lo tiene muy claro, si es usted la nueva encarnación del Dalai Lama o se acerca, más bien, al activismo genocida de un Himmler redivivo. Aquí vamos:

jueves, 5 de abril de 2012

John Carter: ¡Que sí! ¡Que hay vida en Marte aunque las sondas digan lo contrario!

A finales del siglo XIX , el espacio exterior era un lugar mucho más fascinante de lo que puede ser ahora. La inexistencia de cualquier tipo de industria aeroespacial permitía que las historias extraterrestres más delirantes pudieran tomarse como ciertas y exacerbaran la imaginación popular. Desde autores de ficción como H.G. Wells con su "Guerra de los Mundos" hasta astrónomos como Percival Lowell en “Marte como morada de la vida”, eran muchos los que aseguraban la existencia de vida inteligente en el planeta rojo y, casi siempre, se daba por descontado que la suya era una civilización mucho más avanzada que la nuestra.
Eran tiempos más inocentes (al menos el ciudadano de a pie, que como estudiante de postgrado de humanidades contemporáneo  y progresista, creía en la bondad natural del ser humano), anteriores a las dos guerras mundiales,  en los que empezaba a desarrollarse la idea de "occidente" como el conjunto de valores conocidos y representante de las verdaderas "virtudes humanas" y en donde los Fukuyamas del momento seguramente irían por calles y plazas prediciendo el "fin de la historia".
Sin un enemigo real o, al menos, tangible, la idea de "nosotros" corría el riesgo de resquebrajarse y como aún no se había inventado al "demonio comunista" como depositario de todos los males y perversiones del mundo, tuvimos que recurrir al espacio exterior para importar un enemigo inmensamente poderoso y amoral cuyo único móvil era el beneficio económico, sin importarle el destino de las cultural "inferiores". Esos Estados Unidos de la maldad, fueron, por supuesto, los marcianos.
La misma premisa se utilizó cien años después, luego de la caída de la URSS y la venida de ¡ahora sí el original! Fukuyama. Sin enemigos evidentes para para la ya madura "sociedad civilizada", echamos mano del espacio nuevamente con un boom de películas de aliens cuyo aterrador pico se alcanzó con la infame "Día de la Independencia", hasta que la tragedia del 11 de setiembre se encargó de definir como el nuevo engendro del mal al islamismo, absolutamente dispuesto a acabar con nuestra democrática civilización.    
Pero volvamos a aquellos tiempos pretelevisivos y veremos que uno de los autores más importantes del momento, Edgar Rice Borroughs -el J.K. Rowling de la época victoriana y creador de Tarzán para mayores señas- no podía quedar al margen de la moda espacial, por lo que, no sólo adelantándose sino también superando a la madre de Harry Potter y sus exiguas cinco entregas, legó para la humanidad diez (sí, leyeron bien: diez) historias marcianas, las que tuvieron como uno de sus personajes principales a un ex soldado de la guerra civil estadounidense del lado confederado (o sea los retrógradas que querían mantener la esclavitud sin entender que el futuro iba por los asalariados a remuneración mínima) de quien no se sabía mucho más, salvo quizás una probable inmortalidad y su capacidad para aparecer en pleno planeta rojo sin sorprenderse más que si le hubieran cambiado el horario a un par de series de la Fox.
Es este personaje el que rescata Disney (probando su ya conocida originalidad) en la película que se titula, como no: "John Carter" y que se basa, casi en su totalidad, en la primera  entrega de la ¿decalogía? de Borroughs: "Una princesa guerrera". 
La película, aunque pensada claramente en contentar a un público muy infantil, no es tan mala como uno esperaría, especialmente luego de estos cien años en que la mayoría de prepúberes saben que el pequeño planeta vecino tiene tanta vida como destinos turísticos, Afganistán. Curiosamente lo clásico no se siente rancio a pesar de mantener la parte de la historia ambientada en la Tierra en el tiempo de la novela (cosa que no hacía, con pésimos resultados, el bodrio de "War of the Worlds" de Tom Cruise) y, a pesar de lo largo del metraje, se hace llevadera (Quizás ayude un poco a tal objetivo, la buena cantidad de piel que muestra constantemente cierta roja princesa).
A pesar del resultado pasable (que cuando se habla de Disney ya es decir mucho, y sí, me refiero también a Pixar aunque me caiga el Universo culturoso encima), es necesario decir que existe una adaptación previa mucho mejor lograda y con un personaje que calza mucho mejor en la piel de John Carter. Estoy hablando, si alguien aún no se ha dado cuenta, de Planet Hulk, la adaptación definitiva de aquella historia.

jueves, 29 de marzo de 2012

Breaking Bad: Y líbranos de todo mal, amén

No hay mucho que decir sobre Breaking Bad que no se haya dicho antes. Se trata de una de las series más impactantes, no de los últimos tiempos, sino de la historia de la televisión en general. Más adictiva que la metanfetamina azul de Walter White o que la gran final de American Idol.


Como lector típico de Periódico de a china, estoy seguro que usted ha visto, al menos, tres temporadas de la serie. De no ser así, vaya inmediatamente a descargar su torrent pues el resto de la entrada no va a hablar más de la serie, sino de la enorme confusión que suele darse acerca de la evolución del personaje central.


Se suele aceptar, sin mayor escepticismo, que el personaje de Walt, conforme avanzan las temporadas, el cáncer y su inmersión en el mundo del narcotráfico, se va deshumanizando, alcanzando, en caída libre, los márgenes de la sociedad e incluso rebasándolos. Sin embargo, lo que Heisenberg hace, en realidad, es reubicarse hacia arriba; pasar del pueblo llano a la élite de los negocios corporativos y, acorde con su nuevo estatus, se desentiende de los problemas vecinales. Le ha pasado a Mark Zuckerberg y a Bill Gates; a Steve Jobs, a Mc Cartney y a Roman Abramovich. Incluso le ha debido pasar a Tongo.

martes, 13 de marzo de 2012

Bellflower: The Wonder Years en adulto y sin hiperglicemia

Se ha dicho, sobre esta película, que es una especie de "Club de la Pelea" para el siglo XXI; que lleva la hiperviolencia a extremos nunca vistos; que "trata de dos tipos armados hasta los dientes que aguardan con ansia un cataclismo global para hacerse con el control de la Tierra"; que es una reflexión desoladora sobre el amor. En suma, un filme que, tranquilamente, podría estar firmado por el mejor Park Chan-Wook.


Es por eso que, temeroso de que su visionado me causara, por lo menos, un par de aneurismas cerebrales, me decidí a contratar un equipo médico lo suficntemente capacitado para salvaguardar mi salud al momento de disfrutar de tamaña joya del cine y, acompañado de mi eficiente staff médico, le dí al play. En pocos minutos, empecé a tener serias sospechas sobre la veracidad de los comentarios anteriores. Desde las primeras escenas ya se desarrollaba frente a mí, una comedia romántica indie (que se distingue de la tradicional en que los personajes son proletarios, los white trash de toda la vida, y no "exitosos y jóvenes empresarios que no encuentran el amor") cuyo mayor mérito era la falta de metas a la usanza ortodoxa de los protagonistas (Lograr que un lanzallamas casero sea utilizable es, para ellos, el equivalente más cercano a la esperanza de  conseguir una beca para realizar un MBA en el primer mundo, para el usuario común del Facebook).


Un automóvil con servidor automático de whiskey, un concurso para comer cucarachas en un bar, que es ganado por el personaje principal femenino y un road trip para buscar el restaurante de carretera más asquerosos son el inicio de una historia de amor tan melosa que fácilmente hubiera sido protagonizada por la Meg Ryan pre botox.


Sin embargo, luego del primer beso, no pasa nada (que no pase en la vida real) que merezca algún tipo de atención por un aproximado de 68 % de metraje. En ese momento, la joven y bella protagonista ya se encuentra hasta las narices del adorable y rebeldoso protagonista y retoma antiguas costumbres como acostarse con su casero, sólo que esta vez en la cama del soñador enamorado y minutos después de que éste saliera de casa.

viernes, 2 de marzo de 2012

MIchel Houellebecq: La gerontofilia no es una depravación cotidiana

Independientemente de su raza, condición social, filiación religiosa o red social a la que pertenezca, el varón heterosexual, de manera global, centra su realización personal en la consecución de dos objetivos: Culos y tetas. Y para conseguirlos, el hombre se basa en dos técnicas:
1. Cuando es joven: En sus condiciones personales. Ya sean, estas, físicas (como un cuerpo de abdominales marcadísimos o un rostro "tierno y a la vez masculino"); o espirituales (un sentido del humor de guionista de "Saturday night live" o la imagen de "rebelde duro que en el fondo sólo espera encontrar algiuen a quien amar" y a quién las mujeres desearan, infructuosamente, cambiar)
2. Cuando ya no se es joven o cuando se es joven pero se carece de las cualidades anteriores: Dinero.
Como todos envejecemos, finalmente, la única posibilidad de tener sexo -de  manera, al menos, bilateral- sólo se alcanzará por medio de billetes (de preferencia divisas convertibles de alta denominación). Ya sea si la transacción es directa y de contraprestraciones inmediatas (como en la prostitución), o mediante un contrato a largo o mediano plazo (como en el matrimonio), la satisfacción sexual será directamente proporcional a la suma invertida.
Como todo hombre aspira, en el fondo, a ser un macho alfa (y no pagar jamás por sexo), dicha transacción le es, casi siempre, insatisfactoria una vez que la polución seminal ha sido realizada. En estos casos, la esposa suele ser una bruja; la amante, una puta; y, la puta, una vulgar portadora de gérmenes venéreos. Lo único que se mantiene constante es el vacío. Afortunadamente, la naturaleza ha tenido la prudencia de hacer que la carga de espermatozoides se renueve constantemente y, con ella, el deseo y la esperanza de trascendencia a través de la carne apetecida.
Pero cuando el sexo empieza a escasear, o se te exije más dinero por él, se hace más dificil lograr alguna satissfacción duradera. Es por ello que inventamos el amor, para dotar (al menos en apariencia) de cierta seriedad, de algo de certidumbre y venerabilidad social a un acto que tiene no gran parte, sino todo de animal o, incluso, pretendemos sustituirlo con el poético sentimiento (cuya utilidad real es la misma que la de la poesía) como si de tofu genital se tratara (Y por ello el amor es más fuerte en la primera adolescencia y en adultez previa a la senectud, que es cuando más urgentes y escasos son los actos carnales).
A pesar de todo intento de disfraz, mientras más te acercas a la vejez, ya no puedes esconder la realidad: Nadie te tocara más que por dinero. Ni siquiera tu esposa si la tienes, pues: o bien ya no tendrán contacto físico o tu necesidad de carnes jóvenes te impedirá lograr siquiera un disfrute mediocre. Eso no es tan terrible si no lo tienes, puesto que tus otros problemas ocupan tu tiempo; pero, si lo tienes ya jamás podrás quitarte la sensación de que ese cuerpo que está debajo del tuyo sólo va a disfrutar del encuentro cuando termine y pueda comprarse algo con lo que le has entregado. Y después está el vacío. La certidumbre de que te has pasado la vida tratando de tener éxito porque inconscientemente sentías que eso te permitiría disfrutar de los placeres femeninos a perpetuidad como el macho alfa del que acabamos de hablar. Lograste todo para ser admirado y lo único que se te admira es el contenido de la billetera.
Eso lo ha entendido muy bien el escritor francés Michel Houellebecq y casi toda su obra literaria-si es que podemos considerarla como tal- es más bien la escritura por capítulos de un enorme ensayo filosófico en tono de ficción sobre la soledad sexual de la vejez y el solitario camino que te lleva hacia allá.
Houellebecq propone que el origen de toda tragedia humana se encuentra en la íntima relación entre el sexo y la mortalidad y que nada podemos hacer para cambiar esa condición salvo la manipulación genética de nuestro desamparo y la desaparición de nuestra especie tal como la conocemos. En algunos casos, como en "Las partículas elementales" la solución es vagamente esperanzadora -al menos para esa raza nueva; pero, en otros, como en "La posibilidad de una isla"; el resultado resulta increíblemente opresivo y mucho más aterrador que nuestras actuales vidas, cortas y sufrientes.

jueves, 26 de enero de 2012

Fuckowski: El supositorio no duele menos con un poco de humor

Si hay algo peor que la religión en sus más variados fanatismos, es, sin asomo de duda, la cultura de la motivación: La superación personal, los libros de autoayuda, los seminarios de reingeniería y centenares de actividades más cuyo objetivo evidentes es convencerte de que no es que el mundo este cubierto de mierda, sino que tu pésima actitud te impide darte cuenta de que en verdad es chocolate. y, por eso, en lugar de quejarte tanto, deberías coger una cuchara, disfrutar el manjar con que te embarran y dar las gracias.
En el libro "Fuckowski: Diario de un Ingeniero", uno de los pocos éxitos literarios originarios de la internet en español, Alfredo de Hoces narra la historia de un informático torturado por la agobiante sensación que te causa el tener la lucidez suficiente para comprender que la materia fecal no es el mejor complemento de las fresas, por mucho benchmarking, empowerment o calidad total.

Lo que nos dice esta pequeña novela (que en realidad no es tal, pues si sus capítulos fueran, apenas más cortos, podríamos hablar, más bien, de un conjunto de aforismos) es lo que cualquiera con dos dedos de frente ya sabe, aunque se niegue aceptarlo: El nacer en el seno de una familia acomodada -o verdaderamente rica-  es lo único que te garantiza un futuro brillante. 

jueves, 29 de diciembre de 2011

Triste San Valentín: Como siempre, no se puede vivir del amor (2)

El amor es la excusa ideal que tiene la vida para convencernos de la importancia de  la reproducción y crianza de vástagos, como lo vimos en el post anterior. Por ello, otra característica diferenciadora de éste es que, una vez cumplidos sus propósitos de propagación genética, muta sustancialmente. 

En el caso femenino, suele  trasladarse directamente a los descendientes,  por lo que el antiguo depositario de sus fervientes pasiones pasa a ser completamente prescindible en el plano emocional, que no en el económico, que es, justamente, la manera en que evoluciona el amor femenino: Si tienes los medios económicos para brindarle a ella y a sus retoños el nivel de vida que sus atributos le merecen, convertirá esa antigua pasión en un amable desprecio, en una dulce costumbre, que te recompensará con sexo ocasional y regalos baratos por tu cumpleaños.


En caso del hombre, el amor no se trasladará, sino que se hará extensivo a sus herederos en primer grado, por quienes sentirá un ansia de protección proporcional al sentimiento que mantenga por su amada. A veces, el sentimiento de "superviviencia post-mortem" hará que se refleje en el niño y cree un sentimiento diferente por él, pero, por lo general, amará, cuidará y atenderá a los niños mientras su amor no se desvíe a una nueva (y generalmente más joven) fémina, en cuyo caso, el cariño por sus crías se irá agotando poco a poco (Y llegaría a desaparecer en caso la nueva pareja le obsequiara un nuevo hijo, por quién sintiera la identificación mencionada).

En Blue Valentine, la historia de amor se da entre un hombre que no cumple con los requisitos de macho reproductor de alta jerarquía:

martes, 27 de diciembre de 2011

Triste San Valentín: Como siempre, no se puede vivir del amor (1)

Ya en "500 Días de Verano" intuíamos que las historias de amor suelen ser más un fruto de la persistencia de uno de sus protagonistas (el poseedor del cromosoma Y, por las razones que expondremos en unos instantes) empeñado en superlativizar la relativa vulgaridad de un encuentro cualquiera con un miembro femenino de la misma especie, cuyo mayor atributo suele ser el hecho de haberle hablado cuando, en circunstancias normales, hubiera seguido de largo sin brindarle, siquiera, una mueca de desprecio. 

Esa cierta familiaridad (extraordinaria, es cierto; pero que no va más allá de la que pueda sentir por un cachorro feo) trastoca la psique de nuestro héroe, exigiéndole idealizar las cualidades mortales de su amada y, por tanto, divinizar el camino que debe recorrer para conquistar su corazón (entendiéndo corazón como órganos sexuales, aunque nuestro pobre bufón ardería rubicundo ante la sola mención de la carne). 

¿Pero qué pasa cuando lo consigue? ¿Cuando la historia no termina en un clásico "No eres tú, soy yo", o en un "Tú mereces a alguien mejor que yo"? sino en un matrimonio civil-religioso de plena validez, de los que brindan indubitables derechos sucesorios al consorte superviviente?

Eso es, justamente, lo que nos narra Triste San Valentín (Blue Valentine) y nos confirma que el único amor eterno es el amor de verano, por su imposibilidad de culminación práctica. Pero, para entender la evolución de los hechos narrados por la película, debemos hacernos la pregunta de toda la vida ¿qué es el amor?. Ahora mismo se lo explicamos, pues gracias a Ryan Gosling y Michelle Williams, por fin nos ha quedado claro. Y, como siempre, queremos compartir nuestra sabiduría recién adquirida, con ustedes:

miércoles, 12 de octubre de 2011

La muerte de Steve Jobs: Jesusito Reloaded

Luego de dos mil años, el mundo está preparado para un nuevo Mesías. Dios no tuvo un hijo, sino dos y uno de ellos acaba de elevarse al cielo rodeado de iPhones que no paran de realizar alabanzas a su grandeza. Y ya que la sangre divina corría por las venas de Steve Jobs, es lógico pensar que su legado cambiará el mundo desde los cimientos y que, futuras generaciones hablarán de un antes y un después de su llegada cuando se refieran a la cronología del mundo. Es casi seguro que cuando, en el futuro se hable de la evolución, se tenga presente la verdad absoluta del diseño inteligente de las iPads2 de uno de cuyos apps, se dice, se originó la consciencia del ser humano.
Claro que si no vienes de un país primermundista o tu condición socio económica te cataloga estadísticamente en un sector diferente al A o B, es muy probable que no tengas la menor idea de quién es la persona de la que estamos hablando. Sin embargo, hay que reconocer que su Altísima Gracia, Steve, ha gozado de mejor prensa que su hermano mayor, Jesús (pues, aquel ni siquiera figura en los libros de historia judíos de su época) ya que un buen porcentaje de seres vivos (incluyendo esponjas y frikis) ha escuchado, al menos alguno de los nombres que toma la suprema deidad, cuya característica común es la existencia de una "i" minúscula antes de la palabra (iPhone, iTunes, iMac, iDiot).

domingo, 14 de agosto de 2011

Los Pitufos: Tan sorpresivos como Ávatar

Para ti, buen lector, que has sumado un buen puñado de años en tu último aniversario, seguramente Azrael es sólo el nombre del gato de Gargamel y supondrás que su única relación con la muerte, es la obsesión que comparte con su dueño por cazar pitufos. 

Si de niño tuviste que sufrir con la inexistencia de la televisión de pago y con la homogeneidad de preferencias culturales a la que nos obligaba una señal pública de, apenas,  dos o tres canales; recordarás con nostalgia a los Thundercats, a Mazinger Z, He Man, Robotech y tantos otros, entre los que no podrían faltar los "suspiritos azules", a quienes mencionamos hoy.

Si aún disfrutas como porcino en barro de la sosería guionística de aquellos "cartoons para dummies", habrás llegado al cine cargado de melancolía, pop corn y la estúpida certeza de que saldrías del cine incorporando la preposición "pitufi" a las ya pocas palabras de tu vocabulario.

En cambio, si has cometido la imprudencia de revisionar aquellos bodrios en el Youtube; sabrás que probablemente tengan mucho de culpa en tu irremediable conversión en oligofrénico; y si, aún, tienes algo de sangre limpia circulando alrededor de tus meninges, es probable que jamás hubieras considerado la posibilidad de ir al cine a ver Los Pitufos, sabiendo lo infinitamente más edificante que es el ponerte a contar los dedos de tu mano izquierda mientras esperas a que el pañal contra la incontinencia empiece a gotear.

lunes, 13 de junio de 2011

Splice: La ingeniería genética nos volverá drag queens

Los experimentos genéticos en el siglo veinte -cuando aún eran parte de la ciencia ficción- se realizaban en las películas, con el fin de crear súper hombres, o súper especies afines a él, con el sano objetivo de conquistar al mundo o al Universo. El componente ético del asunto era tan irrelevante como el que podíamos encontrar en los viajes en el tiempo o en las películas de aventuras ambientadas en el Vietnam.

Sin embargo, con los años, el hombre fue creando una civilización más respetuosa con las formas (aunque en el fondo seguíamos despreciando al diferente con el mismo tesón que los antiguos sumerios), por lo que matar animales por placer (como los toros) o por alimentación sibarita (para preparar sopa de aleta de tiburón, por ejemplo) o dejar a los perros en la azotea y alimentarlos con las sobras de la casa,  se convirtieron en actividades condenables que podrían merecerte el ser desollado vivo en una plaza cualquiera, si tuvieras el infortunio de encontrarte con un grupo de activistas y cometieras la imprudencia de hacer público tu desacuerdo con sus ideas de altísima catadura moral.

lunes, 18 de abril de 2011

Tribus Urbanas (4): Mujeres Modernas

Aunque haya quien considere que el origen de la moderna mujer urbana se halla en los remotos años sesenta, en la liberación sexual y en la quema de sujetadores; nada más lejos de la tribu que hoy nos ocupa que aquella ilusa fémina que predicaba la ruptura de ataduras morales, el sexo colectivo y sin falsos pudores o la comuna en reemplazo de la familia. Pretender una relación de ascendencia entre estas dos especies, es tan equivocado como suponer que el homo sapiens proviene de los  neandertales o que el modelo económico chino ha evolucionado a partir del maoísmo.

Podemos hallar el verdadero origen histórico de tan peculiar especie, en las postrimerías del siglo veinte y los primeros años de este nuevo siglo. La tragedia contemporánea Sex and the City, fue un punto de inflexión en la forma de percibir, y percibirse, al mal llamado sexo débil. A partir de la serie, y sus posteriores,  e inolvidables, películas, millones de mujeres en la Tierra descubrieron lo que ya era una verdad a gritos: Las ocupaciones tradicionales del género femenino como criar hijos, atender maridos y dedicarse a los quehaceres domésticos o, cuando mucho, tener una carrera complementaria a la de aquél, se hallaban desfasadas. La mujer había alcanzado un punto de desarrollo en el que, no sólo debía de renegar de esas ocupaciones indignas -que ahora pasaban a ser labores de inmigrantes -o del proletariado. en el mejor de los casos- sino que debería atender a su desarrollo individual por encima de todo.

viernes, 25 de marzo de 2011

Especial Zombie (3): Marvel Zombies

Cuando llegas a cierta edad y no te has convertido en un freaky que tiene como serie de cabecera a "The Big Bang Theory", es probable que hayas perdido la esperanza infantil de haber tenido una madre lo suficientemente casquivana como para que, producto de un affaire con un superhéroe, despertaras un día con los abdominales tallados en roca (tal como si te hubieras comprado uno de esos aparatos mágicos que se promocionan por televisión) y con capacidades de vuelo y superfuerza gracias a los genes del padre no reconocido. Entonces sabes que jamás treparás paredes con la facilidad de una mosca; ni correrás a una velocidad cercana a la de la luz, como Usain Bolt; ni respirarás bajo el agua con poderes telepáticos que te permitan controlar a los peces, como Michael Phelps. 

miércoles, 23 de marzo de 2011

El Club de la Pelea: No hay mejor manera de ver la vida que con el ojo morado

La primera regla del club de la pelea es no hablar del club de la pelea. Eso lo sabemos todos y por eso nos mantenemos en silencio, aguantando los rodillazos en los testículos que nos da la vida cada vez que puede. No pronunciamos ni una queja cuando el jefe nos humilla frente al grupo de colegas que, en conjunto, no suman la masa encefálica de un caracol de borgoña. Nos mantenemos impávidos ante la imagen de nuestra novia acostándose con el abuelo de nuestro mejor amigo. No hacemos más que mover los labios sutilmente para elaborar nuestra mejor sonrisa de medio lado cuando cerramos la puerta del automóvil con nuestros dedos en medio. Ya llegará el sábado y el animal amaestrado que se endeuda con tarjetas de crédito para comprarse amanerados mojitos y teléfonos celulares podrá salir del bolso rosado de Paris Hilton y reventarse a patadas con cualquier hijo de vecino que acaba de sacarse el traje de oficinista. Es que sólo con los dientes bien rotos podremos tolerar la llegada de cada lunes

jueves, 10 de marzo de 2011

Especial Zombie (1): Es que son la muerrrrrrrrrte

Durante buena parte del siglo XX, el monstruo que reinaba en el panteón del terror, era -sin lugar a dudas- el vampiro; y, siendo más específicos, el conde Drácula, aunque el Universo vampírico no se limitara sólo a él. En aquellos tiempos floreció, en la cultura popular, una gran cantidad de historias, relatos, novelas, películas, que enriquecieron el mito y lo convirtieron en el personaje principal y recurrente de las pesadillas de los niños y en un engrosador de billeteras, nada desdeñable, para quienes lucraban con este ser de la noche (Desde los estudios hollywoodenses, hasta una ciudad completa como New Orleans y sus tours vampíricos, pasando por escritores como Anne Rice o Richard Matheson).

Pero el mundo sigue girando, las cosas cambian, y este nuevo siglo ha convertido al vampiro en un ultra humano poderoso de nobles sentimientos. Una especie de Súperman con colmillos, piel pálida y abdominales de acero. ¿Es que ahora los engendros del infierno se pasan media vida en el gimnasio? En la actualidad, los vampiros se encandilan a adolescentes y se han convertirdo en paradigmas físicos de la cultura light. ¡Ya no matan a nadie! ¡Ni siquiera existe la posibilidad de que un niño se asuste de ellos!

domingo, 6 de marzo de 2011

Pa, panamericano: La reencarnación del Asereje en pleno siglo XXI

Cada cierto tiempo, la humanidad, para dejar en claro su condición de especie imperfecta y autodestructiva, se dedica a realizar actos de crueldad extrema como guerras fraticidas, expoliación económica, campañas políticas y, sobre todo, composiciones musicales que suenan, incesantemente, en cuanto medio audio visual exista y se apoderan de plazas, calles, transporte público, restaurantes, tiendas, discotecas, bares, institutos, escuelas, oficinas públicas y cualquier otro lugar dónde los homínidos tengan autoridad poder o, simplemente, presencia.

Hay profecías muy antiguas, que predicen la llegada de la  madre de todos los superhits, que será un poco de, y a la vez superará, al reguetón, la cumbia, el vallenato, la bachata, la bailanta, la chicha, la música grupera, a RBD y al Waka waka. Será tan popular que  no quedará más que rendirse ante ella. Ese será el momento en que nuestra historia como seres humanos termine y empiece un nuevo capítulo, de una raza más evolucionada y perfecta, que trabajará y vivirá en la misma armonía que ya se visualiza hoy en las coreografías grupales que suelen repetirse en los advenimientos de cada Meneíto, Lambada, Aserejé, Gasolina o cualquier otra que vaya allanando el camino para aquella que por fin, freirá nuestros cerebros (que bien merecido lo tenemos).

lunes, 10 de enero de 2011

Tribus Urbanas (3): Los poetas incomprendidos

Para algunos, el grupo de poetas incomprendidos no es realmente una tribu urbana, pues, a diferencia de grupos más llamativos -como los emos o los metaleros- no destacan demasiado en la multitud y -también a diferencia de otros grupos- suelen recelar unos de otros y es raro que se frecuenten entre ellos, salvo en presentaciones literarias o artísticas, donde se mirarán de reojo mientras lanzan corteses saludos a mansalva alardeando con sus amigos no poetas (pero siempre del montón y admiradores de su ego) de sus virtudes innumerables. Sin embargo, aunque no se hablen entre ellos, suelen comportarse de idéntica manera, como si su conexión -por poetas, claro, no por amebas- fuera mucho más metafísica y profunda que la que pueden darle unas cadenitas o unas zapatillas Converse a otros grupos urbanos.