lunes, 22 de noviembre de 2010

Del Crepúsculo al Amanecer: (Spoiler) Bella goes wild

Stephenie Meyer y J.K Rowling tienen en común no sólo el ser mujeres que han escrito historias fantásticas para púberes y adolescentes con un sorprendente éxito comercial sino también comparten una sólida base religiosa que les ha permitido no sólo forrarse de dinero a un punto en que la mayoría de nosotros ni siquiera podremos llegar a imaginar jamás sino que -bajo el traje de hechicero o la brillante piel sin arrugas de un vampiro- han podido esparcir a nivel mundial el dogma central de la moral cristiana, que es: El sexo sólo es bueno, si se practica dentro del matrimonio. Es por eso que los personajes de ambos universos suelen pasar tranquilamente por la vida, sin poluciones nocturnas ni hormonas alborotadas, y hasta los no muertos saben de los beneficios que reporta el consagrar un casto amor a la bendición eclesiástica.

Pero hay otra cosa que tiene en común y es el no ser mezquinas con los personajes que les dan de comer. En lugar de franciscanas privaciones eternas, ambas escritoras han decidido librarles de la pesada carga de la castidad en pareja y han logrado que unan sus vidas (Harry con Ginny Weasley y Bella Con el más amanerado de los Cullen) dentro de la sagrada institución del matrimonio; con lo que el abominable pecado de la carne ya puede transmutar con tranquilidad en dulce comunión amatoria. Y aunque J.K. no lo diga, parece ser que el mago comulgó con asiduidad sobre la hermana del oligofrénico, pues se nos hace saber que llegaron a concebir tres hijos (sanitos, por suerte todos ellos, por la gracia de nuestro Señor).

La saga de Stephenie, no pretende ser menos y, al finalizar la historia (que no es lo mismo que decir el último libro), luego de tanto infructuoso intento de mancillar la pureza de Edward, Bella claudica en sus deseos hippiescos (que tanto ofenden a diosito, ahora que estamos tan cerca de la navidad) y decide convertirse en una esposa respetable. La boda es fastuosa, como corresponde al nivel socio económico de los Cullen, lujos a los que Bella (como la dama que, por fin, es) no opone mayores reparos.

Y sí, como lo esperan todas las adolescentes calenturientas (Que deberían darse una ducha fría e ir con más frecuencia a la casa de Dios) la parejita, -o mejor dicho, Edward- abandonan los remilgos, pues -como todos saben- una vez casados, se desvanece el peligro de que el vampiro destroce los huesos de su amada en el ardor del combate carnal.

Es por ello que viajan a un paraíso caribeño a estrenarse como amantes. Luego de los "no lo haré, porque no quiero hacerte daño", "si te pierdo, jamás me lo perdonaría" y "no me tientes porque no me voy a poder controlar y pasaré la eternidad atormentándome por mi debilidad hormonal", sin los cuales Edward no sería el metrosexual sensible con el que sueña toda fémina menor de catorce años; Bella hace valer sus derechos matrimoniales y le exige la consumación del contrato y el pleno cumplimiento de sus deberes maritales. Ante la exigencia jurídica -con clara invocación al Código Civil y a la jurisprudencia- no hay vampiro que se resista, por lo que hace de tripas, corazón y retoza en la cama con Bella, destruyendo algunas camas, almohadas y paredes en el transcurso de la largamente esperada operación.
Pero como el sexo no es solamente placer (y ya estos cochinos estaban empezando a agarrarle el gusto, lo que les convertiría en una perniciosa influencia para las legiones de lectoras y, posteriormente, miradoras de la película), Stephenie mueve hábilmente los hilos de la historia y -en un guiño a Benedicto XVI- les niega el uso de cualquier método anticonceptivo.

Ya sabemos que en cualquier mitología vampírica, la procreación está vedada para los chupasangres, pero estamos hablando de una escritora adventista para quién el matrimonio sin hijos es casi tan execrable como el concubinato, por lo que lo imposible se hace posible y Edward reacciona (a pesar de su pasado de caballero galante y decimonónico) como cualquier chico de 17 lo haría: Con una llamada al doctor (en este caso su padre), para que se deshaga rápidamente del inconveniente y puedan retomar las caricias con bríos renovados.

Pero Bella -a quién, sabemos, eso de sufrir se le da tan bien- decide actuar como la protagonista de "No sin mi hija" y, a espaldas de todos los demás, se alía con se ex enemiga, Rosalie (la guapa tonta que sufre su destino de vampira inmortal, al haberse visto privada de poderse casar con un ingeniero de minas o un empresario de la construcción para tener un par de retoños propios que dejar abandonados con la nana sudamericana mientras organizara eventos de caridad y se acostara con su instructor de pilates), quién decide protegerla.

De allí en adelante, la situación es predecible: Bella es carcomida interiormente por la dulce señorita que le come las entrañas. Edward sufre, se culpa por lo de Bella y por los conflictos del Sahara Occidental. Jacob sufre por Bella pero ayuda a los vampiros a protegerla (renunciando a su manada por ello); hasta que la niña nace. Bella es convertida en vampiro para salvar su vida (con lo que los lobos se dan por satisfechos). La niña nace semi vampira pero sin instinto asesino y con una mente tan despierta que puede, incluso, comunicarse telepáticamente con quién ella desee (con lo que el ahorro en pañales se hace considerable). Jacob es "impregnado" (que es como los lobos justifican al acoso sexual) por la niña pero, como hombre de bien que es, esperará que se desarrolle completamente, para poder beber de sus aguas (lo que con el metabolismo acelerado de la pequeña, sucedería cuando ella tuviera cuatro o cinco años). Los Vulturis amenazan con acabar con los Cullen por romper la principal regla de los vampiros y de varios pueblos nórdicos: no tener niños. Éstos, alertados, forman un ejército de amigos para defenderse. Llegan los vulturis dispuestos a asesinar a todos para quedarse con Edward y Alice, pero Bella descubre sus nuevos superpoderes (que explican también porqué Edward nunca pudo leer su mente) y repele los ataques mentales de Jane y Alec, con lo que -al perder sus principales armas- se retiran con el rabo entre las piernas. La historia termina con Bella y Edward dirigiéndose a una cabaña en el bosque a romper más paredes, ahora sin el peligro de convertir a Bella en un puré apasionado.

Esperamos haber satisfecho su sana curiosidad, buen lector/a, y haberle evitado el gasto insulso en la librería y la espera hasta que decidan filmar la película.

Finalmente, como les dije (y ya muchos deben haberlo sabido antes que yo), Amanecer es la última parte de la historia, pero no el último libro, pues éste se llama "Sol de Medianoche" y estoy seguro que jamás se filmará una película basada en aquel, pues bastaría con repetir Crepúsculo y poner una voz en off masculina, que, justamente, de eso se trata: La primera mitad de la historia de "Crepúsculo", contada por Edward, pero sin aportar, siquiera- una escena diferente a lo ya narrado anteriormente.