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miércoles, 25 de mayo de 2011

Casi Otra Tribu Urbana: Los Tontos Útiles

Es imposible fijar un hábitat específico donde podamos hallar al tonto útil. Se encuentra cómodo en casi cualquier entorno natural o artificial. Me atrevería a asegurar que es una especie endémica, pero, quizás, con una mayor densidad poblacional entre adolescentes, políticos y credos religiosos.

El tonto útil está, siempre, dispuesto a sacrificarse por "elevados ideales" que, a cualquiera a quien no se le haya extirpado el gen del realismo, harían partirse de risa como diciendo: ¿Realmente me consideras tan estúpido como para siquiera tomar en serio aquello que me estás proponiendo?. No hay empresa imposible para él. Ni actos irracionales, inútiles o superficiales. Para el tonto útil cualquier momento es bueno para ser un héroe o para sacrificarse por amor o para apoyar a un militar golpista que asegura que lo hace para defender la democracia.

lunes, 18 de abril de 2011

Tribus Urbanas (4): Mujeres Modernas

Aunque haya quien considere que el origen de la moderna mujer urbana se halla en los remotos años sesenta, en la liberación sexual y en la quema de sujetadores; nada más lejos de la tribu que hoy nos ocupa que aquella ilusa fémina que predicaba la ruptura de ataduras morales, el sexo colectivo y sin falsos pudores o la comuna en reemplazo de la familia. Pretender una relación de ascendencia entre estas dos especies, es tan equivocado como suponer que el homo sapiens proviene de los  neandertales o que el modelo económico chino ha evolucionado a partir del maoísmo.

Podemos hallar el verdadero origen histórico de tan peculiar especie, en las postrimerías del siglo veinte y los primeros años de este nuevo siglo. La tragedia contemporánea Sex and the City, fue un punto de inflexión en la forma de percibir, y percibirse, al mal llamado sexo débil. A partir de la serie, y sus posteriores,  e inolvidables, películas, millones de mujeres en la Tierra descubrieron lo que ya era una verdad a gritos: Las ocupaciones tradicionales del género femenino como criar hijos, atender maridos y dedicarse a los quehaceres domésticos o, cuando mucho, tener una carrera complementaria a la de aquél, se hallaban desfasadas. La mujer había alcanzado un punto de desarrollo en el que, no sólo debía de renegar de esas ocupaciones indignas -que ahora pasaban a ser labores de inmigrantes -o del proletariado. en el mejor de los casos- sino que debería atender a su desarrollo individual por encima de todo.

miércoles, 13 de abril de 2011

Clásicos del Futuro: La Mala Educación que caracteriza a Almodóvar

Hay peliculas que agreden tu dignidad como el más feroz conchatumadre. Y no hablo de las sosas comedias románticas estadounidenses (Que serán malísimas, pero ya sabes a lo que te enfrentas cuando decides verlas, pues engañarte, no lo van a hacer jamás), ni a películas basofia que te dejan un regusto a ternura como la inmortal “La Maldición de los Ccarjachas”, (una de las películas de terror más desternillantes de todos los tiempos).

Me refiero a esas películas que hieren susceptibilidades de abuela (incluso de nieta) para suplir sus carencias, que buscan impactar para esconder su pauperrimidad y tienen la concha (y la de su madre) de hacerse pasar por obras de arte. Esos filmes que nos obligan, mientras salimos embaucados del cine, a hablar de nuestro encuentro personal con el último demonio exorcizado por el geniecillo de turno quien nos ha hecho descubrir los complejos recovecos del alma humana, al mismo tiempo que sabemos, íntimamente (pensamiento que seguirá en la clandestinidad hasta que una borrachera de esas con diablos azules de sinceridad nos desenmascare) que hemos contemplado una completa y absoluta mierda.

miércoles, 6 de abril de 2011

Clásicos del Futuro: Titanic o el naufragio del cine

Cuando Titanic fue estrenada, millones de amantes del cine de acción se dirigieron presurosos a las salas. Las esperanzas puestas en el gigantesco buque como escenario para un filme de James Cameron, eran inmensas. Es así que los fanáticos soportaban estoicamente los insufribles minutos iniciales donde sólo se descubre el barco y a una viejecita, que parece haber sido Kate Winslet en su juventud, porque todos sabían que en cualquier momento aparecería Schwarzenegger -fusil de retrocarga en mano- a descabezar a cualquier irlandés que pudiera ser el líder de la futura resistencia -lo que explicaría tanto las razones del hundimiento, como la presencia en los créditos del Justin Bieber de la época: Leonardo Di Caprio.
Conforme pasaba el tiempo, algunos -los más avispados- iban descubriendo que sus vecinos se encontraban plácidamente dormidos en sus butacas y que, quizás, nos habíamos equivocado de sala y habíamos caído en plena maratón de películas románticas. Justo cuando nos disponemos a irnos, aparecen en pantalla las tetas de esa gordita, que tiene un cierto parecido con Kate Winslet, por lo que decidimos darle otra oportunidad a la película. Además, el que le sea descaradamente infiel al novio malo malísimo, con el Justin Bieber del proletariado que viaja a América para alcanzar sus sueños (O audicionar para American Idol), nos permite odiar, más aún, al clon estúpido de Macaulay Culkin a quien hubiéramos querido lanzar por la borda en el inmortal momento en que instituye un gobierno globalizado y se auto denomina monarca de este novísimo macro estado. Empezamos a contar los minutos, o las horas -que me parece dura 127 de ellas- que deben faltar para que aparezca el Terminator a finiquitar al galán de un balazo entre las cejas; cuando, de pronto, el barco se hunde, la gente se muere, algunos se salvan y Di Caprio se congela de manera tan heroica y romántica que ya algunos deciden prender fuego a la sala. Los demás no hacen nada por impedirlo. Las quemaduras de tercer grado son preferibles a la sobre exposición azucarada que acabamos de presenciar.

Varios años después, el odio de una generación de frikis hacia Cameron era inalterable. Al menos, hasta que llegó Avatar y muchos de ellos, engolosinados por los efectos especiales y cuyas secuelas titanescas eran sólo superficiales, lograron volver a su redil. Los demás, celebramos orgiásticamente que su bodrio azul perdiera el Óscar contra: ¡Su ex esposa! Millones de estafados nos sentimos reivindicados cuando Kathryn Bigelow levantó la estatuilla dorada y, finalmente, pudimos descargar nuestra furia fílmica.

sábado, 2 de abril de 2011

Especial Zombie (4): El Camino de la Cabra

El primer libro de zombies de la historia, la Biblia, ya dejó en claro que cuando el Juicio Final llegara, los muertos se levantarían. El asunto no era saber si sucedería (pues como todos sabemos, el Libro Sagrado no contiene ninguna alegoría, sino la verdad completa y sin medias tintas, por más seudocientíficos que nieguen el "Diseño inteligente"), sino cuándo pasaría. La literatura de zombies es, entonces, algo que excede la ficción, pues su verdadera finalidad no es el entretenimiento, sino teorizar sobre lo que sucederá cuando llegue el inevitable apocalipsis.

El Camino de la Cabra es quizás una de las primeras, sino la primera novela que no rehuye la connotación religiosa de la plaga. Los muertos vivientes son dirigidos por los pastores del Culto, quienes usan ese poder, y a sus miles de fieles, para terminar el trabajo que la divinidad empezó: El fin de la raza humana. Sabemos de sobra que en tiempos de crisis, la fe suele adquirir renovados bríos; profetas, santos y evangelistas adquieren un nivel de popularidad que ya quisiera para si la misma Lady Gaga y conceptos como democracia, libertad de creencia, igualdad o humanismo se convierten en términos subversivos que pueden condenarte a la lapidación si los depositarios de la fe logran oírte. El poder secular palidece y el gobierno -que suele basar su poder en la manipulación de los medios de comunicación- flaquea o, sencillamente, desaparece.

viernes, 25 de marzo de 2011

Especial Zombie (3): Marvel Zombies

Cuando llegas a cierta edad y no te has convertido en un freaky que tiene como serie de cabecera a "The Big Bang Theory", es probable que hayas perdido la esperanza infantil de haber tenido una madre lo suficientemente casquivana como para que, producto de un affaire con un superhéroe, despertaras un día con los abdominales tallados en roca (tal como si te hubieras comprado uno de esos aparatos mágicos que se promocionan por televisión) y con capacidades de vuelo y superfuerza gracias a los genes del padre no reconocido. Entonces sabes que jamás treparás paredes con la facilidad de una mosca; ni correrás a una velocidad cercana a la de la luz, como Usain Bolt; ni respirarás bajo el agua con poderes telepáticos que te permitan controlar a los peces, como Michael Phelps. 

miércoles, 16 de marzo de 2011

Especial Zombie (2): La Guerra Mundial Z

La guerra es parte esencial de la naturaleza humana. Aceptémoslo: Por mucho Gandhi y ONG en el mundo, seguiremos peleando entre nosotros, porque no existe otra raza lo suficientemente fuerte como para servir de catalizador para los apetitos asesinos de nuestra especie.

El objetivo de toda guerra, es -además del homicidio no penado y hasta aprobado- es minar la moral del enemigo, demostrarle que somos los más fuertes, los machos alfa y que deben someterse a nuestros designios.

Pero imaginen que, de pronto, la guerra se lleva a cabo contra un ejército que avanza como langostas, sin moral que minar, sin líderes que asesinar o comprar, sin esquemas tácticos que descubrir y contraatacar. Un ejército que avanza bajo la simple premisa de atacar día, tarde y noche. Un ejército donde no hay soldados que lo sean por un sueldo, por la esperanza de una visa y que no tenga siquiera un objetor de consciencia o un puñado de dubitativos románticos que crees que la barbarie no es correcta. Por si fuera poco, imaginen que éste ejército tiene una cantidad inagotable de reservistas dispuestos a entrar en acción y que esos soldados suplentes se encuentren entre tus propios compañeros. Imaginen que la única posibilidad de cese de hostilidades tenga que ver con la extinción de uno de los dos ejércitos.