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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Gisela Valcárcel: De Oscar de León al Cielo es el límite

Gisela Valcárcel es una especie de Susana Gimenez peruana y no son pocas las similitudes entre ellas. Ambas han alcanzado el éxito casi de casualidad y con un programa de llamadas de amas de casa. Ambas han iniciado sus carreras como émulas de Raffaella Carrá y han terminado convirtiendose en señoras de moralidad rayana en lo mojigato, lo que no les impide jugar al doble sentido con hombres a quienes duplican en edad. Ambas han salido de la modestia de la clase media (aunque Gisela insista en haber sufrido una pobreza extrema, que nunca fue tal) a los brillos que otorga el estar consideradas entre las personas más poderosas de sus respectivos países (y ninguna ha podido borrarse del todo la "naquería" de su juventud). Y lo más importante: Ambas son insoportables.
Como hablar de dos personajes tan insufribles sería una tarea titánica, me decantaré por avinagrar mi día con la nada encantadora rubia artificial de Gisela Valcárcel

sábado, 6 de noviembre de 2010

Del Nirvana al Infierno: Ramoncín en concierto


Hace poco nos rasgábamos las vestiduras mientras desde nuestro Olimpo moral vilipendiábamos al adiposo Tongo y nos avergonzabamos públicamente de nuestra peruanidad. Creíamos sinceramente -como de niño crees en superhéroes- que no habría nada peor en la web que la ex mascota de Jaime Bayly. Sin embargo, la Madre Patria nos ha enseñado -otra vez- que nos supera ampliamente -no sólo en el aspecto futbolístico- sino en el ámbito farandulesco que se nos ocurra. Y en prueba de ello, nos regalan una versión de la que fuera una mediocre canción de un grupete medianamente conocido -de los ochentas, creo – que en manos de un hispano total (y no mezcladitos como nosotros) se convierte en un poderosísimo himno de rebeldía que seguramente hará que todo joven – de edad o de corazón- se lance, inmediatamente, en busca de cds originales y reniegue de la burguesa costumbre de la piratería.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Tongo: Sufre peruano, sufre

Como dos gotas de agua
El Perú solía ser conocido internacionalmente por Laura Bozzo, quien hizo famosas las "polladas" y las golpizas de pareja, pero luego llegó el Youtube y la popularidad de artistas de primer orden como "La Tigresa del Oriente" o "la pequeña Wendy" nos pusieron en lo más alto del ránking de vergüenza ajena en español. 

Pero no todo son sopranos refinadas ni agudas analistas sociales en este país. El ARTE, el talento innato, el buen gusto y el más elemental sentido estético palidecen ante la mención del nombre que -entre infinitas moléculas de grasa- deja en evidencia las consecuencias devastadoras del mestizaje cultural inca-español.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Modern Family: ¡Ni que fueramos peruanos!

Sofia Vergara es una modelo y actriz que a pesar de haber logrado en su carrera hitos imborrables en el inconsciente colectivo como ser protagonista de la mordaz comedia "Chasing Papi" -ya convertida en un corrosivo clásico- o haber tenido un romance con Luis Miguel, hechos que la convierten -de no existir Shakira, claro- en la colombiana mas famosa de todos los tiempos; se ha dado maña para dar el gran salto a la popularidad en ingles (como la misma Shakira) y no de manera tímida ¡cómo creen! sino de la forma más glamurosa posible: Reemplazando en el lecho nupcial nada menos que a Peggy Bundy y, por si fuera poco ¡llevando como equipaje a un hijo gordo! La comedia Modern Family, ya en sus segunda temporada, ha logrado éxito de crítica y de público, ganando incluso un Emmy -por encima de Tina Fey y su Thirty Rock- y, aunque no tiene ni una vaga reminiscencia a la mordacidad de "Married with Children", el programa suele aludir a tópicos incómodos o -directamente molestos- contra la extremadamente sensible comunidad latinoamericana. Un gag en particular ha generado gran controversia en el Perú, ya que -aunque sea cierto- a nadie le gusta que sean otros lo que le digan ladrón o campesino.

Carlos Cacho: El Macho Latino juega a los atropellados


Hace algunos años salto a la escena de espectáculos peruana un tipo de reducido carisma, limitada dicción y tan amanerado como solo un peluquero gay sabe serlo. ¿Su mayor virtud? Justamente, haber sido uno de los principales estilistas -e intimo amigo- de la extrañamente famosa Gisela Valcárcel. Tuvo un cierto, efímero, éxito conduciendo un programa televisivo más que nada por la belleza de su acompañante y de allí en adelante se dedico a pulular por la escena farandulesca siempre a la sombra de su patrona: la ilustradísima seguidora de Sai Baba, la Lady Di de Barracones, la Valcárcel. Se que luego condujo uno o dos programas, pero que ya nadie vio. 

martes, 19 de octubre de 2010

Reymond: El Manco que siempre tropieza con la misma piedra

Cayendo como todo un Ronaldo
No es frecuente que aquel que ha sido bendecido por los dioses con una habilidad por encima de lo común termine justificando dicho regalo divino con la adecuada dosis de esfuerzo y constancia que le permitan elevarse sobre una mediocridad que -por otro lado- si alcanzaran sin mayor apuro. Es que cuando algo se te hace demasiado fácil y sabes -y los demás también- que eres mejor que ellos, pues harás como el conejo y te quedaras dormido (generalmente por culpa de excesivas dosis de alcohol, drogas y sexo) hasta que las diligentes, perseverantes y lentas tortugas no solo te hayan ganado la carrera, sino también hayan copado los puestos laborales a los que aspiras ahora que despertaste de tus sueños de grandeza con una inmensa resaca condimentada con necesidades materiales urgentes. 

jueves, 9 de septiembre de 2010

Larissa: Tan poco divina como un Riquelme cualquiera

Debo confesar que la primera vez que vi a Larissa sentí una punzada de amor. La perfecta armonía estética lograda por el pequeño teléfono móvil sobresaliendo tímidamente entre las dos inmensas montañas que hacia el norte se adornaba con un rostro preocupada y fanáticamente angelical; me hizo pensar que el paraíso que los curan aseguraron que obtendríamos si tomábamos la primera comunión, era completamente real, tenía forma femenina y se encontraba de paseo por Sudáfrica, alentando -como yo mismo- a un equipo del montón, porque -tal como lo dijeron los curas- hasta el más insignificante ser (En este caso Paraguay) tiene un ángel que vela por él.

En ese momento decidí tomar un avión y buscarla, a ciegas, en las hostiles calles de Johannesburgo. No me preocupaba demasiado no poder encontrarla pues me la habían prometido los curas y el día de la ceremonia sacramental aquella juro que fui el niño con mayor cara de santo.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Farfán y Melissa: El romance entre el fútbol y el baile

Existe una vieja tradición -casi tan antigua como el mismo balompié- que nos cuenta de la íntima relación (de relaciones íntimas) entre futbolistas ¿profesionales? y artistas del espectáculo (cuyo arte suele ser la muestra pública y sin tapujos de generosidades epiteliales, óseas y musculares). Cuando uno de ellos llega a tener cierta fama o consigue un contrato con un club importante, es casi inmediato verlo rodeado de agraciadas féminas que suelen pulular por realities o programas de variedades hasta que una de ellas -ignoramos los motivos aunque los suponemos- llega a ser la "Señora de ...". El matrimonio es fastuoso y kitsch por partes iguales. 

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Annette Edwards: La Abuela Coneja

Nadie se encuentra conforme con su vida – las quejas sobre dinero o amor son tan cotidianas que, salvo que sean propias, por lo general ya no conmueven a nadie. El descontento es tan natural que me atrevería a decir que -más que la risa o la consciencia de la muerte- nos define como humanos. El chocolatero ambulante probablemente desee la plata de Bill Gates; Bill Gates quizás haya deseado no tener ese aspecto de nerd. Mi vecina quiere el pecho más grande y Pamela Anderson quiere quitarse las siliconas. Así, entre desear y no tener, o conseguir algo que no resulta ser tan bueno como esperábamos, nos vamos resignando a lo que nos toca en suerte:

viernes, 27 de agosto de 2010

Angie Jibaja: Poniendo el pecho por el Perú

Ahora que Larissa Riquelme es tan conocida gracias al guarda teléfonos que ostenta bajo la camiseta, cuesta creer  que algunas veces la fama, especialmente internacional, sea  esquiva a gente que –como Larissa antes del Mundial o Mercedes Sosa antes de Shakira- hacen hasta lo imposible por vivir para siempre en nuestros corazones. Uno de esos personajes –a la vez uno de los más queridos de la farándula peruana por su capacidad de lograr al menos un escándalo semanal- es Angie Jibaja.

Angie, con sus infinitos tatuajes, su cuerpo de gimnasio, sus pechos de quirófano y su sonrisa de fronteriza se las ha ingeniado para brindar dicha y solaz -ya durante varios años- a nuestro pueblo siempre necesitado de héroes.

martes, 8 de junio de 2010

El Mundial: Alegato por la Masculinidad o El Plagio de Shakira

A pesar de la manifiesta salida del closet que algún rickimartiano redactor de este viril periódico ha pregonado en un reciente post, la inmensa mayoría de nosotros (o al menos el cincuenta por ciento) seguimos reconociendo en su justa medida las características inherentes de nuestro género. Una de ellas, quizá la más importante, es la de disfrutar de un partido de fútbol frente al televisor, acompañado de unas cuantas (varias) botellas de cerveza y sazonados con improperios y comentarios políticamente incorrectos, de preferencia de corte racial tanto contra los jugadores, público rival, entrenadores, dirigente FIFA; la Ebollah o contra uno mismo. Porque un viaje a Sudáfrica estará 2000 euros; la pelota oficial Jabulani, 250 euros; un menú en un restaurante barato de Johanesburgo, 54 euros. Pero mandar a la mierda al árbitro que le robó el partido a tu selección favorita mientras discutes con tus amigos de toda la vida sobre la injusticia de no tener a Bélice en el Mundial, no tiene precio. Por ello, volvemos a lo que, a aquellos que nosotros que desbordamos testosterona, más nos interesa y es: hablar de fútbol.

Por esta razón debemos señalar que cuando uno se prepara para ver éste Ragnarok contemporáneo que es el FIFA WORLD CHAMPIONSHIP, espera como mínimo identificarla con una canción épica con reminiscencias al Anillo de los Nibelungos de Wagner que permitan que uno desborde bravías lágrimas de emoción como sucede con el espectacular Himno de la UEFA CHAMPIONS LEAGUE (que más que de Wagner es un arreglo de Zadok el Sacerdote de Handel, pero también nos emociona).






Que tire la primera piedra el que no se emociona con este himno

Si nos entregásemos, al menos, al placer auditivo que nos brinda la conmovedora Un'estate italiana del Mundial del 90, aún sentiríamos que estamos apreciando un evento con la suficiente trascendencia histórica para justificar el levantarnos cada día para trabajar ocho horas e inyectarnos un nuevo shot de monotonía. Aceptémoslo, el Mundial nos hace sentir importantes, diferentes, vivos.



Una canción que de verdad parece de u Mundial y no de "Bailando con las Estrellas"

Pero si al encender el televisor, en lugar de esta música maravillosa que nos transporta a un Valhalla espiritual escucháramos un simple plagio de una mala canción de un mal cantante de merengue ochentero, y -por si fuera poco- interpretado por las Shakiras de aquellos tiempos, (tales eran Las Chicas del Can) y que, además goza de una letra que podría firmar nuestra querida Tigresa del Oriente. No queda sino aceptar, resignados, que la vida es gris; que Ronaldo y Messi se hacen cada vez más ricos gracias a nuestra inocencia; que los auspicios de Adidas y la Coca Cola son lo único épico del Mundial; y, que las caderas de Shakira son el equivalente visual y erótico de la cordura. Una cordura, que como jugadores irredentos del Pro Evolution Soccer y del Winning Eleven nos negamos a aceptar.


El Waka waka cantado por la casi mamá de Shakira (que estaba más buena que Shakira)

jueves, 3 de junio de 2010

Shakira, el Waka Waka y un servidor

El equipo de redactores de Periódico de a china trabaja semana a semana para subir a la red los artículos más suculentos de la blogósfera. Para lograrlo, cada post es debatido, examinado y corregido con enfermiza minuciosidad. Nuestras discusiones, a la par que eruditas y apasionadas, son una muestra notabilísima de facundia y buen gusto. No vamos a negar que en más de una ocasión hemos terminado insultándonos entre botellas de pisco y cigarrillos baratos. Pero todo ello –a no dudarlo– se encuentra incondicionalmente puesto al servicio de nuestra vocación periodística y de nuestro compromiso con los lectores más necesitados: ustedes.

Así, por ejemplo, la pasión futbolística que exhiben los post de H. P. (me refiero a su larga retahíla de improvisados chascarrillos a propósito del Mundial) son, en buena cuenta, un disparate no compartido. Lo que en una democracia participativa y plural –como la que indudablemente vivimos en el Perú– llamaríamos una opinión diferente (al menos diferente a la del autor de este post). Seamos claros: ¿a quién diablos le interesa ver a 22 tipos en calzoncillo corriendo tras una pelota?, ¿cómo tragarse 90 minutos de transpiración, patadas, escupitajos y más patadas?

No es posible, sin embargo, explicar con palabras el tumulto de sentimientos encontrados que produjo en este redactor escuchar la canción oficial del Mundial. Le debo a Shakira haberme transportado a los inmaculados años de mi niñez. De pronto volví a verme coleccionando figuritas de Romario, Bebeto o el viejo Valerio. Pude verme celebrando el penal fallido de Roberto Baggio (el cual le dio su cuarta Copa del Mundo a Brasil) y recordar que luego de USA 94, mi fervor por el fútbol se ahogó repentinamente en un mar de aburrimiento y hartazgo.

¿Serás, pues, el “Waka Waka” el himno que nos devuelva a los desertores de este deporte la emoción de ver jugar a 22 analfabetos funcionales?, ¿será la cantante colombiana la abanderada que, a punta de talento e inspiración, logre hermanar a 32 países enganchados al televisor? Yo soy un convencido de los poderes de la música, y si tuviera que apostar mis riñones, apostaría sobre seguro: definitivamente Shakira transformará el mundo.

C. Q.

domingo, 16 de mayo de 2010

Bayly: La Reencarnación electoral de Ataucusi

Luego de la muerte de ese genial y eterno candidato a la presidencia del Perú llamado Ezequiel Ataucusi, líder espiritual de los Israelitas del Nuevo Pacto, y que dejó con los crespos hechos a sus seguidores con su no regreso desde la tumba (o de repente lo hizo en prudente secreto, pues ya saben el buen resultado que da esa técnica desde hace más de dos mil años), el Perú se quedó sin una verdadera posibilidad de tener como mandamás del país a alguien que representara dignamente la idiosincrasia de nuestro pueblo. Porque, aceptémoslo, ni Fujimori, ni Toledo ni Paniagua, con todo el patetismo conjunto que nos podían ofrecer tenían ese plus con el que nos deleitaba el insigne y celebérrimo Ataucusi, quién pasó de vendedor ambulante a tercera encarnación de la divinidad como quien se prepara un sánguche de huevo con mayonesa y palta (de Alan no hablo porque a ése, no lo merece ni el Tercer Círculo del Infierno, que es el de los glotones, excelentísimo lector).

Ezequiel hubiera sido probablemente el primer gobernante analfabeto de la historia latinoamericana (incluso antes que Evo  –que acaba de declarar a Bolivia como territorio libre de analfabetismo, ¿es la misma Bolivia que todos conocemos?– o que Toledo –que por mucho Harvard o Stanford, dudo que lograra aprobar el curso de comprensión lectora con el Coquito).

Por si fuera poco, en su larga y fructífera vida fue acusado de violación, tortura, terrorismo, incesto, extremismo religioso, narcotráfico o cualquier otra actividad que les parezca moral o penalmente censurable y nunca, óiganlo bien, nunca perdió un ápice de su encanto.

Hasta ahora no logro entender como no llegó a ganar las elecciones. Pero estoy seguro que si hubiera vivido unos añitos más, o por lo menos hubiera resucitado, definitivamente la historia hubiera sido diferente.

A lo que íbamos: Desde Ataucusi, no hay un candidato que merezca ser presidente, tanto como lo merece Jaime Bayly. Aquí van nuestras razones:

1. Apellidos de Raíces Europeas: Que no latinas, porque así hasta un Paredes Fuentes cumpliría el requisito. Puede parecer irrelevante el nombre con esto de la globalización, pero hay cosas -como la fe en dios- en que la razón palidece ante la fuerza de la tradición. Y está históricamente comprobado que un gobierno fuerte, con mayor capacidad de apertura de mercados y de creación de puestos de trabajo, está ligado a un presidente con apellido germano, nórdico o tan siquiera anglo. Los chilenos no estarían donde están si los gobernara un García Pérez cualquiera.

2. Su bisexualidad: Diversos estudios sociológicos a nivel mundial han llegado a una conclusón escalofriante: Los Homo Sapiens heterosexuales son una especie en extinción, tan o quizás más amenazada que el capuchino del Orinoco. Quizás el último bastión que le quede a esta vieja especie sea este tabloide cibernético desde el cual luchamos por mostrar a toda fémina interesada, las bondades de aquella ancestral práctica. Sin embargo, poco podemos hacer por controlar un proceso que no tiene marcha atrás.

En esta situación, la figura de Jaime Bayly surge, milagrosamente, como un nexo que permitiría una transición menos traumática, con salto evolutivo mediante, desde nuestra añeja heterosexualidad hacia el futuro homoerótico, ya representado en la actualidad por visionarios como los numerarios del Opus y por los hermanitos Suárez Vértiz.

3. Las varias candidatas para Primera Dama: Todas ellas rubias, pero rubias peruanas de buena familia, lo que garantizaría la continuidad del cebiche como plato bandera de nuestra gastronomía. Olvídense de belgas o argentinas que sólo vienen a quitarles un plato de comida a quienes en verdad conocen el Perú profundo que se muestra en toda su crudeza en el boulevard de Asia

4. Es amigo de Shakira.

5. Al momento de realizar la más crucial de las tareas presidenciales, como es la adecuación del aparato del Estado a los poderes económicos del momento, es probable que ante de hacerlo nos lo diga directamente -y con una sonrisa de medio lado- y también es probable que le aplaudamos la gracia a carcajadas

6. Tiene pasaporte estadounidense

7. El Perú le importa una mierda. Lo cual es de agradecer, considerando lo que suelen hacer con nuestra patria aquellos que la aman por sobre todo, como es el caso del pantagruélico García.

8. La movida cultural under -y la de Iván Thays también- desprecian sus libros. Sólo por eso ya tiene mi voto asegurado

9. Siempre cabe la posibilidad de que si ninguna de las rubias acepta ser primera dama, termine reconciliándose con Diego Bertie y formen la pareja más glamorosa desde Carla Bruni y Nicolás Sarkozy.


H. P.

domingo, 9 de mayo de 2010

El extraño caso de la señora Bustos: La Tigresa del Oriente

Cuando, por fin, un grupo de investigadores se reúna y escriba –en cuatro tomos bellamente ilustrados– la indispensable Historia Abreviada de la Estupidez, ya no podrá sorprendernos el significado fundamental que esta categoría (la estupidez) ostenta para explicar el sentido de nuestra época. ¿De qué otra forma podríamos entender a menesterosas estrellas del firmamento político como Silvio Berlusconi o George Bush, a simios esclarecidos del zoológico latinoamericano como Hugo Chávez o Alan García, o a consagrados santos de la memez como Benedicto XVI o el cardenal Cipriani? Pues de ninguna otra, creo yo. Sin embargo, muy probablemente sobrecogerá nuestros corazones recibir –por la compra de tan importante documento de la sandez humana– una grabación con los mejores éxitos de la inolvidable Judith Bustos, nombre original de la popular Tigresa del Oriente.

Y es que, ¿cómo podríamos estar preparados para mirar y escuchar cantar a este peluquera peruana? Quien haya tenido la experiencia de ver alguno de sus videos en Youtube me dará la razón. Es virtud de la atigrada cantante –pero no sólo de ella– zarandear nuestras creencias más arraigadas, echar abajo –como si fueran un frágil castillo de naipes– nuestros pronósticos y expectativas más oscuras e inconfesables. Éxitos como “Nuevo amanecer” o “En tus tierras bailaré” nos confirman con súbita violencia que el ser humano siempre puede llegar más lejos, que el verdadero límite es el cielo y que nuestro parentesco con los monos (o con los tigres) es un hecho inobjetable.

Muchos son los anatemas que recaen sobre nuestra felina compatriota. No es mi propósito negar ninguno. Tampoco me interesa hacer carga montón y repetir una vez más lo que tibiamente ya ha sido sugerido en otros sitios. Quiero, simplemente, señalar que el trabajo de la señora Bustos representa uno de los proyectos mediáticos más radicales de los que haya tenido noticia. Su mérito mayor consiste en hacer sin embozos lo que otros “artistas” realizan con mucho más presupuesto y disimulo. La cálida acogida alcanzada en programas nacionales e internacionales sólo ratifica que, al fin y al cabo, la Tigresa pertenece por derecho propio al bestiario de la televisión del Perú y América Latina (aunque España, por lo que parece, reclamará pronto la doble nacionalidad de la peruana).

¿Existe, acaso, alguna diferencia esencial entre Shakira, Ricky Martin, Juanes y la Tigresa? Yo francamente no veo ninguna. Es cierto que la Tigresa no tiene el cuerpo ni la fortuna de Shakira, pero cualquiera de los mencionados estarían dispuestos a hacer lo que sea por conservar su fama y engordar sus exorbitantes cuentas en el banco. ¿No da exactamente lo mismo bailar al compás de Lady Gaga que al ritmo de el Delfín?, ¿empañará nuestra diversión corear unos minutos los insólitos estribillos de la Tigresa?, ¿será exagerado decir que –a los ojos de Dios– Judith Bustos, Hannah Montana y Beyonce son una y la misma persona?

C. Q.

sábado, 1 de mayo de 2010

La Tigresa y Wendy: Los Ángeles le cantan a la Tierra Prometida

El Perú, en cuestión de defectos en su población siempre está un paso adelante. Somos los más incultos, los más estúpidos, los más feos, los más cobardes, los más hipócritas, los más acomplejados y tantos más que nos hacen menos que a veces siento unas enormes ganas de quemar mi pasaporte y declararme refugiado del terremoto de Qinghai. Pero de pronto, demostrándome que hay un Dios, aparece ese ángel de leopardina ¿o atigrada? apariencia -que ya tantas alegrías le ha dado a mi orgullo patrio- para demostrarme que como mi tierra no hay dos. Entonces -con los ojos anegados por las lágrimas- me pongo la mano al pecho y grito a todo pulmón: ¡Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz! ¡Ríanse de los Tres Tenores o de los Fab Four! Lo único que me baja la euforia es que el Delfín, contrario a lo que parezca, no es Bambarén, sino un ecuatoriano. ¡Es que el norte también tiene lo suyo!

H.P.

miércoles, 21 de abril de 2010

"Periódico de a china" les regala un adelanto del próximo éxito televisivo: Abencia Meza en tres actos

Primer acto: Son las 11 y 30 de la noche en San Marcos, provincia de Huari, departamento de Ancash. En breve se espera la aparición de la cantante popular Abencia Meza. Corpulenta, masculina y de estatura baja, Abencia no es precisamente Lady Dy con polleras. Haber pelado pollos en el mercado ha curtido sus facciones. Su voz –lo saben sus admiradores– es apenas un destemplado gorjeo. Pero no importa. A nadie le interesa el bel canto. A nadie le interesa ver a María Callas solfeando huaynos. Sólo esperan a Abencia. Algunas decenas de personas pugnan por entrar al concierto. El lugar está abarrotado. El gentío intenta trepar para disfrutar el espectáculo. Adentro hay cerveza, hombres, mujeres y parlantes estridentes para reventarse el alma. Un chico –Percy Jara– se esfuerza, como los demás, por conseguir un lugar a empujones. De pronto se oyen balas. De pronto la sangre y el pánico. Percy Jara está en el piso. Su muslo derecho se encuentra repentinamente atravesado por un proyectil. Abencia guarda el arma. ¿Quién sabe si logró lo que quería? Hay confusión, gritos y aplausos. Fin de la escena.

Segundo acto: Locura, amor y muerte comen siempre del mismo plato. La cantante vernacular Alicia Delgado es encontrada muerta en su departamento de Surco. Una correa de cuero alrededor de su cuello explica con elocuencia lo que pasó. Pedro Mamanchura –su chofer– será capturado días después y confesará haber sido el autor del crimen: ¿por órdenes de quién?, ¿cuál es el lugar de Abencia en el homicidio?, ¿era su relación amorosa una sórdida historia de golpes y llantos? Bien visto, preguntar es irrelevante. Mamanchura acusa y Abencia ingresa a la cárcel. Los programas de espectáculo no saben si echarse a reír o a llorar. Pero el llanto y la risa forman parte del mismo negocio. Al final todo lo es, obviamente, salvo nuestras anónimas vidas puestas en vilo por el asesinato. Abencia llora. Se dice que la amaba, se dice que la golpeaba. Seis meses pasan y nuestra heroína sale de la cárcel –¿libre de polvo y paja?–. Las cámaras y los reflectores se movilizan. La expectativa es grande y los corazones peruanos laten cogidos por un puño. Abencia, mujer del pueblo, arroja un cuy por la ventana de su departamento. Un grupo de niños, al pie del edificio, se pelea por arrebatárselo. Abencia sonríe y canta. Fin de la escena.

Tercer acto: Nada como operarse el culo, la nariz y la papada para ahogar las penas. La abdominoplastía –lo sabemos todos– es el mejor remedio para olvidar y empezar a hablar de cosas importantes: Estás radiante, qué bien te ves, me encanta tu color de tinte, ¿quién te operó? Figura nueva, vida nueva. Los programas comentan con interés el cambio de look. ¿Posar semidesnuda? Por qué no. Laura Huarcayo no pierde la ocasión de invitarla. Un grupo de niños –promesas de nuestro folclore nacional– engolosinan a Abencia con sus preguntas: ¿no te daban pena los pollos cuando pelabas los pollos? Claro que no, pequeña. Así era mi trabajo. Todos ríen. Todo está bien otra vez. La cámara hace un close-up al rostro de la cantante. El público se pone de pie. Hay aplausos, vítores y salvas. Fin.

C. Q.

jueves, 8 de abril de 2010

Los Pasos del Secreto (o como Ricky Martin me jodió la autoayuda)

Como lectores voraces que somos, los redactores de Periódico de a china analizamos semana a semana las diversas revistas del corazón y tabloides amarillistas con el objetivo primario de piratear descaradamente noticias para nuestro blog y, con el objetivo secundario -pero no por ello menos loable- de encontrar recetas, pociones, trucos, consejos y tips varios para hacernos más atractivos para el sexo opuesto. No es que tengamos problemas en ese campo -no nos malinterpreten- pues el sólo hecho de escribir en esta página es para muchas féminas el más potente afrodisíaco. Sin embargo, quisimos poner de lado nuestra testosterona, y -en un afán de no ser simplemente unos sementales extremadamente exitosos- decidimos explorar nuestro perdedor interior.

viernes, 12 de marzo de 2010

Fervor por Paulette Goddard y Mía Wasikowska: estrellas de "Periódico de a china"

Ser mediocampista de la selección peruana, la nueva bailarina de Tongo o una afamada taibolera en Samotracia son cosas que, a la mayoría de los mortales, no nos quitan el sueño. Hay imposibilidades que no nos importan. Pero existen otras que, por su mayor cercanía a nuestras más íntimas esperanzas, sí constituyen motivo de muchas de nuestras frustraciones. No conocer la India, no haber hecho contacto con seres de otro planeta, no salir nunca en algún video de Cholotube, pueden ser algunas de ellas. Hay, también, un tercer tipo de imposibilidades, aquellas que hubiéramos deseado fervientemente que sucedieran, pero que además de ser absolutamente irrealizables, son, con frecuencia, ilusiones absurdas.

Todo esto es para decir que hubiera vendido mi alma al diablo por ser uno de los amantes de Paulette Goddard. Hubiera dado lo que sea por tocar cinco segundos a Paulette y decirle las más encendidas palabras de amor. Hubiera matado, apuñalado y manducado camellos vivos, víboras venenosas y fieras hambrientas. Pero ninguna de mis intenciones –créanme o no– jamás hubieran servido de nada. Paulette nació 80 años antes de que el autor de estas líneas pudiera ir al baño por voluntad propia y, si bien mantener relaciones con una celebridad de la década del 40 parece una disparatada fantasía, intentar una relación amorosa con una muerta, es necrofilia o locura (rompo una lanza por lo segundo).

Aceptémoslo. Figurar en la selecta nómina de amantes de Paulette es, en estos tiempos, un sobrecogedor despropósito –por lo menos hasta que no se invente una máquina del tiempo a la altura de nuestros sueños– pero, ¿será lo mismo aspirar a tener un romance con Mía Wasikowska, la bella protagonista de Alicia en el País de las Maravillas? Mi devoción por Paulette encontró en la joven actriz australiana un apreciable paliativo. La bella intérprete de Alicia es, quiero pensarlo así, el descargo que me hace el destino por arrebatarme la posibilidad de Paulette.

Me explico. Paulette nació en 1910 y Mía Wasikowska en 1989. Los 79 años que las separan son exactamente los que acercan a la hermosa actriz de 20 años a este intrépido columnista. O sea que de un sopapo hemos burlado las barreras generacionales. Quedan todavía, acotará el lector, las barreras espaciales. Pero la providencia es favorable. En plena apogeo tecnológico es comparativamente mucho más fácil contactarse con cualquier persona a lo largo y ancho del orbe. Eso lo sabe todo el mundo. A mi favor –y no podrá negarlo el fervoroso lector de este periódico– juega también el hecho de ser miembro fundador de Periódico de a china. Es sólo cuestión de tiempo para que Mía (de ahora en adelante la llamaré así, sólo Mía) se una a nuestra larga lista de seguidores y empecemos una amistad que podría devenir en una relación amorosa seria y formal.

Cuando ello suceda, le diré –te diré– que eres la única y verdadera razón de la película de Tim Burton. Sin Lewis Carrol y sin ti, cada pedazo de la historia se derrumbaría como un castillo de naipes o una estúpida torre de arena. Ver tu hermosa sonrisa australiana y tu claro ceño fruncido es lo que he demandado por años. Sólo tú justificas pagar 15 soles por un puñado de popcorn y un vaso de chicha morada, querida Mía.

C. Q.

lunes, 1 de marzo de 2010

Lo que todos esperábamos: ¿“Al fondo hay sitio” regresa?

Es de mal gusto, lo sé. Pero es más fácil, es mejor sonreír como si no ocurriera nada. Para ser feliz no hace falta mucho: un lugar donde dormir, un poco de agua y comida para no pasar hambre ni sed. ¿Interrumpirá nuestra paz encender el televisor a las 8 de la noche y ver Al fondo hay sitio? Claro que no. Las estadísticas lo dicen. Sólo se trata de un divertido programa para disfrutar en familia. ¿A quién le importan las pésimas actuaciones, los personajes ridículos, las situaciones predecibles, los parlamentos estúpidos?, ¿quién gastará su tiempo haciendo hígado por un programa que, valgan verdades, no ofende a nadie?, ¿alguien será tan pedante como para exigir profundidad a una serie cuyo mayor delito es ofrecernos entretenimiento?

Encendamos la tele. Una flaca buena, dos flacas buenas, tres flacas buenas. ¿La historia? Dos familias –los Maldini y los Gonzáles– pertenecientes a antagónicas clases sociales enfrentan las más jocosas situaciones una vez que los Gonzáles se mudan a una lujosa zona residencial de Lima. Romance, infidelidad y los más disparatados reveses se irán sucediendo sin dejar un segundo indiferente al televidente. Seamos justos: ¿quién no se ha conmovido con las historias de Fernanda y Joel, de Miguel Ignacio e Isabela, de Grace y Nicolás?, ¿quién podría afirmar que la bobería no es adictiva?, ¿acaso alguien se sentirá a salvo del garrote de la frivolidad? Que lance la primera piedra.

Sé que el lector asiduo de Periódico de a china sabrá comprenderme. Al fondo hay sitio no es ni un socarrón análisis de las diferencias sociales en el Perú, ni tampoco una comedia inteligente de los estereotipos más fácilmente reconocibles en nuestro país. Al fondo hay sitio es, simplemente, la estupidez misma, la tontería que no necesita explicación, la necedad televisada y distribuida a todos los hogares peruanos sin otra pretensión que la de hacer bien lo que hace: volver absurdo hasta lo que defecamos. ¿Quién podría culpar a este programa por lucrar con eso?

Es mejor –reiteramos– dejarnos de poses, abandonar de una vez y para siempre cualquier tufillo intelectual, pues la televisión no está para eso. Seamos claros. Ver a Teresita contorsionarse al ritmo de la voz de Tommy Portugal no es un espectáculo dionisíaco, es, únicamente, esa distracción que necesitamos todos para sentir que en un mundo que no tiene sentido es preferible morir con el cerebro repleto de los disfuerzos faciales de Magdiel Ugaz.

Al fondo hay sitio nos recuerda, a fin de cuentas, que todos somos capaces de disfrutar de lo mismo a la misma hora, al abrigo del calor hogareño y de la estulticia convertida en ley. Y aquel que diga lo contrario vagará incomprendido por las calles en que fuimos y somos, con la “Terecumbia” rechinando en sus orejas.

C. Q.

sábado, 27 de febrero de 2010

En la cresta de la ola: Laura Huarcayo regresa

Algunos las prefieren rubias, es verdad. A la mayoría, me parece, nos importa poco el color del pelo. Los románticos hablarán de la belleza de los ojos, de la sonrisa tallada por el propio Miguel Ángel. Los lujuriosos dirán que no hay nada como unas tetas grandes y un buen culo. Cuestión de gustos, apetitos y circunstancias. Laura Huarcayo, sin embargo, ocupa esa tierra de nadie en donde no es posible definir la razón de su éxito. Sin ser bella, es aceptablemente simpática. Sin ser voluptuosa, es razonablemente atractiva. Su simpatía no encandila multitudes. Su gracia parece ser estrictamente de este mundo.

El lugar de Laura Huarcayo en la televisión peruana es el que dejara vacante otra rubia años atrás: Gisela. No han sido pocas las que han intentado ocuparlo antes que ella. Pero sólo Laura –reconozcámoslo– ha dado pasos importantes para lograrlo. Su táctica consiste en haber practicado como nadie una cautelosa asepsia. La razón de su hipnotismo –que no de su carisma– es que no nos importa. Podemos verla dos horas seguidas sin interesarnos por ella. El letargo que nos transmite esta mujer es asombrosamente arrollador. Su mayor virtud es no tener ninguna en abundancia. Su defecto: ser sólo un fantasma de celofán, un desabrido juguete intercambiable.

Su programa se nutre de las mismas aptitudes de su protagonista. Un payaso –Carlos Vílchez– hace las veces de trompeta y de comparsa. Intenta darle al programa eso que Laurita no podría ofrecer por cuenta propia: risa a mandíbula batiente, eructos sonoros, y pedos –claro está– muchos pedos. Pero este tipo hace rato que no renueva su repertorio de chascarrillos. Su personaje es incapaz de decir dos líneas diferentes a las del día anterior. Se hace preciso, entonces, buscar nuevos trompetistas, jóvenes talentos que ayuden a sacar el desfile adelante. Los nuevos payasos, Joselito Carrera y Rodrigo Gonzáles (alias Peluchín), aspiran a llenar con sus originales performances el vacío que dejara Laura con su insipidez.

Así empieza el baile. La parodia detrás de la parodia es que ninguno de estos personajes logra convencer al público del todo. Hipersensibles al bostezo, cada quien se esfuerza por ocupar el lugar vacío que dejó el otro. Entre los cuatro –pero no olvidemos a los invitados y los mil malabares del circo puesto en marcha– conforman una solidaria caravana donde la tuerta es reina. Sí, Lima Limón nos confirma, después de todo, que es mejor no ser mucho de nada, que el justo medio es quedarse en el mismo sitio donde estamos parados, esperando la muerte por abulia.

Alguien recordará que Laura representa a la mujer peruana, a la mujer exitosa que, con valentía, sabe sobreponerse a las adversidades para conquistar un espacio propio en el competitivo mundo de nuestros días. Y es cierto, al menos en parte. Laura representa a la mujer de hoy, a la que es capaz de enfrentar la vida con la piel lozana y la sonrisa impoluta a pesar de las golpizas del tiempo y los correazos de su marido.

C. Q.