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domingo, 19 de mayo de 2019

Game of Thrones: No llores por mi, King's Landing

El final de Game of Thrones es como la vida misma, en el sentido de que cuando piensas que nada puede ser peor, logra serlo. Parece que por ahorrar costos, despidieron a los guionistas un par de capítulos antes del fin y usaron ese dinero en hacer un muy buen efecto de ceniza (lo único bueno del capitulo). Si Lars Von Trier puede hacer películas sin guiones ¿por qué no nosotros? casi sentimos decir a los productores mientras le entregan las crayolas a sus nietos para que garabateen las escenas más importantes.

Es increíble como una serie que logró unir a familias y comunidades enteras, como no se veía desde las reuniones prehistóricas alrededor de las fogatas, pudiera necesitar menos de ciento sesenta minutos para arruinarse de tal manera que en este momento miles de madres están en los Registros Civiles tratando de cambiarle el nombre a sus Daenerys Kalheesis por algo mas tradicional como Kimberly Yahaira y los tatuajes de Jon Snow están tratando de retocarlos para que se parezcan mas al hipster que conocieron en la reunión mensual de veganos. Cuando Lost destruyó su buen nombre con un último capítulo infecto, nadie podía presumir que alguien podría arrebatarle el honor de peor final de la historia, con el mérito de que GOT logró dupicar su efectividad, al lograr los dos peores últimos capítulos de la historia. 

Este final tiene desde momentos que causan vergüenza ajena como el “chiste” sobre democracia que suelta Sam, hasta despropósitos -en una serie que se preciaba, al menos al inicio, de retratar de manera adulta los conflictos políticos por el poder- como nombrar como rey a un personaje insulso, sin el menor peso en el desarrollo de las guerras de los hombres (y con un papel dudoso en la otra, contra los caminantes blancos) y que gracias a la secesión inmediata de su hermana, tampoco pertenece a ese país. Si todo se resuelve tan fácil, ¿para qué tantos años de masacres? ¿Tanto hacerla larga con que Jon es Targaryan para que al final a nadie le importe y lo manden desterrado a pesar de que todos los gobernantes importantes son familiares suyos? ¿Y Daeneyrs, la nueva malvada, es tan inocente para no tomar medidas para protegerse de quien sabía que tenía la tozudez moral de un Juan Calvino? 

La serie ha perdido para siempre su lugar en los anales de la televisión -como si Messi estuviera en la final del Mundial y en el último segundo fallara un gol frente al arco y sin portero. Hay tantas cosas malas en este par de capítulos que no hay manera de despotricar de todas, así que nos centraremos en lo más evidente: La pauperización psicológica de los personajes, especialemente
Daenerys. 

La Madre de dragones fue el PERSONAJE de Game of Thrones. Pasó de ser una moneda de cambio para los intereses de su cobarde hermano hasta convertirse en la líder a la que seguían fielmente miles de personas. Si el “empoderamiento" femenino tuviera que encontrar una representante, sin duda ella sería la candidata ideal. Su poderosa personalidad, su sentido de la justicia, su idealismo libertador incluso apocaban su capacidad de no quemarse o de tener hijos dragones. Sin ser una fanática de la moralina como el soso Jon Snow, siempre fue capaz de buscar la equidad en sus decisiones sacrificando, muchas veces, incluso sus intereses.

Por eso sorprende que en la recta final la hayan convertido en una psicótica hambrienta de poder, sin la menor empatía por el pueblo al que decía estar liberando, con una crueldad mayor a la de la peor Cersei y, sobre todo, sin la menor inteligencia en sus decisiones. Quemar Desembarco del Rey, sabiendo las consecuencias que acarrearían a la gobernabilidad de los Siete Reinos es el equivalente intelectual del “Hulk aplasta”. Peor aún, nos muestran un espectáculo infinitamente machista porque nos habrá dado pruebas de perspicacia y compasión enormes pero basta que Cersei mate a su amiga y a su dragón para que se cebe con miles de inocentes. “Actuó así porque seguro estaba en sus días” parece decirnos el sobrino de Trump que funge de escritor del capítulo. Y es que una mujer que quema mercaderes, libera esclavos, tiene una personalidad poderosa, se acuesta con quien le da la gana y quiere cambiar el mundo, es algo muy incómodo en tiempos neofascistas como para que termine triunfando. Mejor volverla loca y sádica, desaparecerla y darle la posta del “emponderamiento” a la pelirroja que si se comporta como una mujercita bien.

Si bien todos los personajes han terminado perdiendo todo tipo de matiz para pasar a ser o “buenos” o “malos”, lo hecho a los personajes femeninos no tiene nombre. Arya pasa de ser una superheroína que acabó con el malo más malo a una niña asustada sin la menor influencia en los asuntos posteriores. Lo que se negó a hacer en las primeras temporadas, lo logró en los dos últimos capítulos: Se volvió Nadie. Sansa, termina siendo una engreída y chismosa por partes iguales que mientras mantenga su corona, no se preocupa gran cosa por el destino de los Siete Reinos ni por el de su hermano, a quien manda, alegremente, a la guardia de la noche para evitar tenerlo cerca y que se vuelva un problema para ella (Claro que como todo lo hace muy regia y digna, pretenden que la veamos como  una estadista madura, una reina Victoria reloaded). Brienne, como no, termina llorando a su hombre perdido, que es para lo que viven las mujeres así se les nombre caballeros (la larga mano del Partido Republicano no se cansa de acomodar la historia en orden a sus “valores judeocristianos” de toda la vida). Cersei, la gran oponente, un poco más de lo mismo. 


lunes, 23 de abril de 2018

La Casa de Papel: Siempre la lucha de clases

La manida historia del atraco al banco no es algo que me apasione y pensar en ver una serie entera sobre eso, me atraía tanto como la degustación de un plato de patitas de pollo hervidas con vinagre. Sin embargo, como siempre, me deje llevar por la infinidad de comentarios positivos y luego de haber visto las dos temporadas no puedo mas que agradecer la facilidad con que caigo en hypes y trending topics.

Si "Los Magníficos", la mítica serie del Equipo A, liderado por John "Hannibal" Smith tuviera un hijo con "24", la serie de culto en tiempo real, del agente Jack Bauer y sus tías favoritas fueran "Reservoir Dogs" de Tarantino y "Ocean's Eleven"; ademas, el producto que saliera de ello se grabara en un país de habla hispana para abaratar costos, nos daría una idea de lo que es esta serie.

Muchos entusiastas la ponen al nivel de series como Breaking Bad, The Wire o la primera temporada de Prison Break, y aunque no me incluyo entre ellos, reconozco que su nivel de adicción no está lejos del de unas ligas de crack: Una vez que empiezas ya no puedes parar hasta terminarlo todo y una vez terminado, las ganas de más te consumen por varios días.

La serie cumple con creces en regalar esos momentos tan emocionantes en que no sabes si seguir viéndola o dejar de hacerlo porque ya no soportas la angustia. Claro que para disfrutarla verdaderamente, como la misa de los domingos, tienes que hacer caso omiso de los vacíos argumentales, incoherencias y absurdos técnicos que pueden causarle una indigestión a cualquier geek o puristas del género. Vamos a poner algunos ejemplos, cargados de spoilers, por supuesto:

- La policía puede interceptar cualquier señal radial en un rango de, al menos, cincuenta metros. ¡No hay celular prendido que se les escape! Sin embargo, los atracadores pueden colocar un transmisor en los anteojos de Ángel sin que nadie se entere. ¿Es que el Profesor creo una nueva frecuencia indetectable para cualquiera que no fuera él? ¿De ser el caso, podría, mientras van imprimiendo billetes, explicarnos si la existencia del gravitón es plausible?

- Tokio acaba de decirle a Rio que le rebanaría el cuello si traiciona a sus "amigos con nombres de ciudades" y que ella "es más de dejarse la vida con un fusil" o algo así y, apenas un puñado de escenas después inicia una absurda rebelión en la que se enfrenta -y traiciona- a casi todos ellos, simplemente porque el Profesor demoró en su llamada de control y la excusa que da es que "la gente siempre trata de sobrevivir". ¿Sobrevivir liándose a tiros con toda la policía acompañada apenas del novio (a quien le había pedido que se entregara para no morir) y del macarra que no le va a decir que no a una balacera?

- El Profesor es tan inteligente que Walter White y Tony Stark podrían  pasar como "personas con habilidades diferentes" frente a él. Sin mencionar que se ha pasado media vida planeando el asalto y ha previsto casi cada posible arista que se pudiera presentar y su solución. Sin embargo, no le parece ni medianamente importante pasar la noche con la jefa de toda la operación de rescate, dejando a sus suerte a sus compañeros encerrados porque, parafraseando a Arjona, "el amor no entiende de ironías". Sin olvidar que para demostrarle a Raquel que sus sentimientos son puros y cristalinos como agua de manantial, la deja inconsciente y espera que despierte para que ella decida si le dispara o no (poniendo, como no, en peligro la operación y a todos sus compañeros). Por si fuera poco, tiene un grupo de sicarios serbios, que también son buenos cavadores, a su disposición, pero solo los usa para rescatar a Tokio y para ayudarle a terminar los últimos decámetros del túnel (que ellos mismos construyeron cinco años antes) ¿Es que la agencia intermediaria tuvo problemas con los contratos en el Ministerio de Trabajo y solo se solucionaron para los últimos capítulos? A todo esto, ¿La tercerización de sus servicios implica que los serbios no recibirán utilidades?


Podríamos seguir con las incongruencias durante un buen rato, pero lo importante, ya lo dijimos, es obviarlas y disfrutar del show. Sin embargo, lo que sí  podemos hacer es nuestro ya clásico análisis socio psicológico de los personajes y las subliminales implicaciones políticas del guión, que, finalmente es para lo que vemos series, ¿no?

Aunque se quiere ver que la ideología del Profesor tiene de comunismo o anarquismo, en realidad tiene mucho de la primera y nada de la segunda. La misma idea de la estructura jerárquica de su pequeña organización es imposible dentro del anarquismo. Ademas, la idea de acumulación de riqueza desmedida para un pequeño grupo sin mayor beneficio para la colectividad en general es mas propia de un partido comunista gobernante que de unos idealistas seguidores de Bakunin. El Profesor no quiere un mundo mejor, ni siquiera pretende hacer una declaración de intenciones vacía como el socialismo progresista. Lo suyo es aprovechar los huecos del sistema en beneficio propio, lo que, a la larga, redundará en reforzar ese mismo sistema que pretende atacar. 

Hablar de todos los personajes nos tomaría mucho tiempo, así que solo trataremos a los más importantes: Helsinki, Berlín, Arturito y Alison Parker (Los demás, querido lector, son solo clichés, por mucho que te hayas encariñado con ellos)

- Helsinki: A pesar de su carácter secundario, este personaje, logra mostrar aspectos interesantes. Se trata, junto a Oslo, de uno de los pocos reclutas que muestran verdadero profesionalismo y respeto a la cadena de mando. Mientras todos los demás, en mayor o menor medida han incumplido con su condición de subordinados, Helsinki jamas cuestiona una orden de su superior inmediato, lo que permite, finalmente, que el plan resulte exitoso. De haber cedido al sentimentalismo, pudo haber matado a Arturito, el culpable directo de lo que le pasó a Oslo, arruinando la parte de "Cero víctimas" que, aparentemente, era esencial para su éxito (Y que Berlín, segundo al mando no tarda ni dos capítulos en desobedecer); o, peor aún, hacer caso al llanto del Profesor y no explotar el túnel para intentar un rescate imposible (Nuevamente, debido a una orden directa de su superior y no a un libre albedrío que, en caso de planes que requieren de precisión absoluta no sirve para nada). A pesar de su imagen, muestra mas cordura y respeto tanto por los rehenes compro sus compañeros que el "inocente" Rio, que se vuelve un traidor a las primeras de cambio o que la sociópata de Tokio, cuyo papel en la serie parece ser el de procurar que todo se vaya al traste de manera, eso sí, muy consistente. 

- Berlín: Si La Casa de Papel no cruza el delicado límite entre drama y culebrón, es gracias a este personaje. Berlín es un mar de contradicciones. Sabe que cumplir con el plan es fundamental pero su ego lo domina al punto de mandar a ejecutar a Mónica en lugar de simplemente encerrarla. Luego se arrepiente pero no va a ser una nena para demostrarlo y solo se permite exigir ser castigado. Su arrogancia hace que no sea muy querido, ni respetado, por sus compañeros (Salvo por los profesionales: Oslo, Helsinki y en menor medida Moscú, quienes saben que no están allí para quererse sino para salir vivos). Aparentemente le da igual la muerte, mientras los demás no se enteren de su condición de moribundo, pero al final se derrumba aferrandose a un romance que solo existe en su cabeza, aunque claro, tampoco es tan inocente como para mantener esa idea cuando la evidencia desnuda su ingenuidad. Su venganza es impagable: Cruel y benévola a la vez. Finalmente, a pesar de su buen puñado de patologías mentales, es evidente que su participación en el robo no es más que un acto de amor, que es un sentimiento que solo pueden comprender, de verdad, las personas que viven con fiereza hasta las visitas al baño. 

- Arturito: Si hay alguien a quien todos odian es a Arturito. Hasta el diminutivo destila desprecio. Y es que este personaje representa algo que todos pueden odiar: Funcionario de mando alto (Que por si mismo ya es algo que suena a inmoral), bígamo, cobarde, manipulador, feo. Ustedes escojan su razón preferida. Y sin embargo, Arturito es, de alguna manera, la persona mas vital -y real- de toda la serie. Desde el inicio ve el robo no como una aventura sino como un peligro evidente para su vida y, aceptémoslo, en un caso así lo que más nos importaría es salvarnos a cualquier costo (Miren que él no sabe que los asaltantes son nobles y de buen corazón, como sí lo sabemos nosotros). Nadie, en el mundo ideal de la ficción quisiera ser como Arturito, y sí como el Profesor, pero en la realidad, esa que nos atosiga con cuentas y deudas, la mayoría de espectadores entregaría, gustoso, un riñón por vivir la vida de este flácido antihéroe.

- Alison: Así como Arturito es el despreciable burócrata que solo merece nuestro desprecio, Alison es la representante de esa élite a la que, secretamente, todos admiramos, gracias a siglos de acondicionamiento. Ella es joven, bonita, rebelde, pero a la vez, es despreciada por sus compañeros de colegio y odia a su padre, lo que es suficiente para que nosotros, humanos gamma de toda la vida, dejemos de lado su condición de niña engreída de clase alta y esperemos un romance con Río o, por lo menos que termine actuando a favor de los secuestradores. Es lo que tiene el ser parte de la élite, solo basta que nos lance unas migajas para considerarlo como uno mas de nosotros (y por eso no nos cansamos de dejar que nos sigan gobernando). Por eso, cuando mantiene inquebrantable su desprecio por la clase trabajadora (bueno, asaltadora en este caso) nos sentimos indignados. Aunque cuando hace participe de ese desprecio a la pequeña burguesía del funcionario (Representada por Arturito, obviamente), volvemos a sentir empatía con ella. Es que nos encanta odiar al empleado público, que no es mas que otro peón del poder, mientras nos desvivimos por saberlo todo de las Kardashian.

Una mención aparte merece el personaje de Ariana. Lo suyo es supervivencia práctica, adaptabilidad por encima de cualquier prejuicio personal. Al final se trata de sobrevivir y si se puede, aprovecharse de la situación que te toque. Ariana representa, sin dudarlo, a la empresa informal tercermundista 

domingo, 28 de diciembre de 2014

The Walking Dead: Tan muertos como tú - Rick Grimes

Casi todo el mundo sabe de qué trata "The Walking Dead", y como hemos demorado siglos en hacr este post, le haríamos un flaco favor al mundo contándoles los capítulos de la serie (cosa que nos encanta hacer cuando se trata de finales de trilogías adolescentes). Tampoco analizaremos las connotaciones psicosociales del zombie en la cultura popular, porque ya lo hemos hecho aquí, aquí o acá, o en cualquiera de las 25 entradas de zombies que tenemos sobre el tema, ¡Porque somos dead frikis y qué!

¿Entonces vamos a ponernos serios y comentar la forma en que la serie nos muestra como las personas se van adaptando a situaciones extremas perdiendo en el camino los aspectos más naive y superficiales de su personalidad? ¿O cómo es qué hasta en la circunstancia más adversa, el peligro más grande siempre proviene de otro ser humano? Pues de eso ya se ha hablado mucho, también; así que no nos queda sino criticar, como en pijamada femenina, a los principales personajes, sin importar la temporada, como si fueran nuestros conocidillos de toda la vida.

Empezaremos, cómo no, con el personaje principal, el héroe, el ente aglutinador, el sheriff, la ley, el orden, América en su sentido más profundo: Rick.

El oficial Grimes es el vivo representante de la América profunda, aquella que ha crecido acunada con firmes principios bautistas y que tiene como objetivo primordial, la familia; y, como objetivo secundario, hacer el bien. Dentro de sus cuadriculadas limitaciones, claro. (Que la ecuación se hace más confusa cuando agregas migrantes ilegales, español en los supermercados o una internet que te insiste en que existe un mundo redondo allá afuera y que sus habitantes no admiran ciegamente el "american way of life"). Rick despierta y descubre que el mundo ha terminado; pero, por supuesto, sabe que hay un solo Dios, único y trino, y que éste no permitiría que un hombre de bien, celoso vigilante de sus preceptos divinos, expresados en las sagradas leyes estatales sureñas, perdiera a su familia solo por una hecatombe de proporciones apocalípticas. Y como dios no decepciona a sus elegidos (que los demás podemos irnos a tomar por culo, que no está para aguantar ateos, maricas o latinos) no le hace falta más que un par de capítulos para alcanzar la ansiada reunión familiar. Pero no todo está bien. En ese momento, en que deberían desplomarse todos los no vivos y dejar el planeta desintoxicado de polución, de calentamiento global y listo para un nuevo "creced y multiplicaos" descubrimos que su mujer ha faltado al sexto, octavo y noveno mandamiento ¡Y con el mejor amigo del prota! ¡Maldita Eva! ¿No te cansas de meternos en problemas? Dios no podía permitir tamaña afrenta; así que, en su infinita bondad, decide castigarla manteniendo la plaga zombie intacta; lo que permite, entre otras cosas, demostrar a Rick su talento para adaptarse a las diversas situaciones y se transforma, de fervoroso Adán en iracundo Moisés, dispuesto a todo con tal de llevar a la Tierra Prometida (zombies free) a su familia, como objetivo principal y a sus amigos, como objetivo accesorio. Aunque dios ha decidido no ponérselo fácil; por lo que, en el camino, pierde la fe varias veces (¿Becerros de oro, dijeron?), la esposa (y su nueva hija aún es muy pequeña para consolarlo a la manera bíblica, como las hijas del buen Lot), el mejor amigo (Bueno él lo mata, pero igual le duele, que Rick es cristiano, pues), el sombrero, la razón y las ganas de vivir. Sin embargo, el profundo amor por su familia es mayor a su abandono y regresa a Dios. Pero éste, resentido como és, estamos seguros, no lo perdonará del todo y le hará lo mismo que al Moisés original; es decir, matarlo en el último capítulo, cuando se liberen de los zombies. 

Al ser el protagonista, y ser ésta una serie destinada al gran público, pese a su pátina semi intelectual; Rick no es un personaje con el que los guionistas puedan arriesgar mucho; así que su desvarío, no es mayor al que pueda sufrir un trabajador de la fábrica de Coca Cola debido al estrés laboral (miren que estamos hablando de Atlanta) y jamás llegaría a extremos de verdadera crueldad porque es un ser esencialmente plano y sin matices.

(Siguiente personaje: Michonne)

miércoles, 14 de mayo de 2014

Juego de Tronos (1ra Parte): Los chismes de Florcita, pero con sangre

Cuando un libro ha sido un éxito comercial de proporciones descomunales, creando enjambres de frikifans que desmenuzan frenopáticamente cada párrafo para descubrir la verdad definitiva del universo y basan su vida y la vida de sus hijos en cuatro estupideces pretendidamente trascendentes que creen que una divinidad les ha mostrado en prueba de su inmenso amor a la humanidad (Tranquilos mis buenos inquisidores, no prendan la pira aún, que no hablo de la Biblia) y del cual, para aprovechar el tirón se hace una película con actor famoso incluido, que termina causando terribles contracciones estomacales por la vergüenza ajena que origina ese despropósito (Léase: El Código Da Vinci); nos vemos tentados a usar el ejemplar que caiga, descuidadamente, en nuestras manos, con propósitos innobles pero muy funcionales en el cuarto de baño; sin molestarnos en hojear, siquiera, su contenido.

Sin embargo, si el libro en cuestión es uno de fantasía, que tuvo un éxito modesto en sus orígenes, lo que llevo a que se creara una serie que, a su vez, se convierte en un producto de culto, y hace que el libro se vuelva un superventas, nos hace pensar que algo de bueno puede tener para que HBO se haya fijado en esa historia. Si, además, los libros no los puedes usar de la manera mencionada previamente porque los tienes en formato digital, hasta te planteas darles una oportunidad.

Es así que inicié la lectura desganada del primer volumen de Canción de Hielo y Fuego: La verdadera Juego de Tronos, mientras esperaba las últimas novedades infidelo-amorosas de la hija de Susy Diaz; cuando de pronto la metanfetamina azul escondida esta historia paramedieval, aparentemente al uso, se metió a mi cerebro al punto de olvidarme de actividades elementales como mirar el partido de vuelta de las semifinales de la Champions y de otras menos importantes como comer, trabajar o cambiar los pañales de ese bebé que llora y llora sin dejarme concentrar en la nueva conjura de los taimados Lannister.

El marco de la historia no es precisamente original. Se basa, y mucho, en la Alta Edad Media europea y en la mitología y pretendidos códigos de conducta de aquellos tiempos, como: la existencia de los dragones; la irreversibilidad casi absoluta de los juramentos, por muy estúpidos que sean; el desprecio casi unánime a la bastardía y las obligadas violaciones y rapiña luego de una caballerosa toma de castillos.

Pero no solo de feudalismo bebe la historia de G.R.R. Martin. El buen hombre ha comprimido el planeta de tal manera que en la Canción de Hielo y Fuego conviven en un reducido espacio territorial mongoles y persas, ibéricos y vikingos, egipcios, judíos y post romanos. Claro que, a la hora de hablar de civilización, todos tienen claro que Poniente, el noble mundo anglosajón, es quien pone los puntos sobre las íes, Por si fuera poco, el enemigo a la sombra, el enemigo a vencer, the ultimate enemigo, de cuando haya terminado de quedarse sin personajes principales, son los zombies de su tocayo Romero.

miércoles, 12 de marzo de 2014

House of Cards: No es televisión ...Es Netflix

Es innegable que Breaking Bad ha sido la mejor serie del nuevo milenio y, porqué no decirlo, probablemente de la historia. La forma en que se nos cuenta la transformación de Walter White en Heisenberg es impresionante; y, la radiografía de la adicción al poder, es brillante. Muchos llegamos a pensar que habíamos hallado al personaje amoral definitivo, hasta que llegó Frank Underwood y nos hizo entender que a su lado, el personaje de Bryan Cranston es un ejemplo de empatía y respeto al prójimo.

Hace poco hablábamos del éxito de las nuevas industrias que, verdaderamente, se han preocupado de crear un modelo de negocios, que sepa explotar las ventajas de la Internet y no, solo, se queje de las vulnerabilidades que aquella ofrece. Mencionamos a Spotify: pero, también a Netflix, que, a diferencia de la primera, hace streaming de video y de gratuito no tiene nada. Sin embargo, por una cuota mensual relativamente módica permite ver una amplia cantidad de películas, series y documentales, casi al instante y con una calidad bastante aceptable, lo que ha permitido que muchos, aburridos de enlaces cortados, de películas en movie screener o de caminar algunos kilómetros para conseguir blue rays piratas, hayan optado por suscribirse al servicio. Su éxito es innegable, a tal punto, que le ha permitido incursionar en la producción original, rivalizando con HBO, y teniendo como carta de presentación a una impactante serie de intriga política, como es House of Cards.

House of Cards, como Breaking Bad, trata sobre la ascensión al poder de su personaje principal. Pero, a diferencia de Walter, que llega a dicha carrera de manera involuntaria y una vez dentro empieza a disfrutarla (como quien se dedicó al derecho porque no tenía nada mejor que hacer en las mañanas y termina enriqueciéndose con la defensa de compañías mineras acusadas de desastres medioambientales o genocidio de poblaciones amazónicas aborígenes), Francis sabe desde muy joven que su objetivo en la vida es la acumulación de poder, no de riqueza, que eso para él es un simple añadido por lo que, desprecia de manera categórica a los buscadores de dinero. Para él la vida es una escalera y, por tanto, las mesetas no existen. Un objetivo cumplido implica iniciar el camino para alcanzar el siguiente, como se nos enseña en cualquier manual de autoayuda, pero, a diferencia de lo que te dicen tales manuales, el sabe que alcanzar sus metas requiere de una falta absoluta de escrúpulos, una completa ausencia de lealtades, una capacidad de manipulación digna del mejor Steve Jobs, y una imagen intachable de ciudadano perfecto. En todo ello, Frank es, indudablemente, el mejor. (O casi, pues no podemos minimizar al personaje de Claire).

domingo, 19 de enero de 2014

Luego de Weeds: Siempre nos quedará Montevideo

Corría el lejano 2005, aún no existían las tablets, el futuro de la telefonía inteligente le pertenecía a Blackberry, los blogs más exitosos tenían más de ciento cincuenta caracteres por cada post, Bush hijo hundía aún más el prestigio de los Estados Unidos iniciando su segundo mandato y negándose a suscribir el Protocolo de Kyoto, Tabaré Vásquez se convertía en el primer presidente izquierdista de Uruguay, moría el Papa peregrino y en la cadena de pago Showtime se iniciaba una serie sobre una típica madre de familia de clase alta que abandonó sus estudios para convertirse en una correcta esposa trofeo que ante la muerte de su hombre, se ve obligada a mantener su estilo de vida (y subsidiariamente, aunque le parezca en ese momento la razón principal, el de sus dos hijos), lo que hubiera sido imposible con el sueldo de cajera del Walmart, que es el tipo de trabajos al que podía aspirar una mujer mayor de cuarenta y sin diploma universitario en los tiempo de bonanza económica del gigante del norte (que ahora, como si se tratara de una de nuestras repúblicas bananeras, ese puesto sabría a gloria, ante la perspectiva de alimentarse de la basura de los vecinos). Por eso, y porque la de prostituta es una labor a la que se dedicaría una vulgar white trash  y no toda una señora bien de los suburbios, opta por la venta al por menor de hierba en su barrio.

jueves, 29 de marzo de 2012

Breaking Bad: Y líbranos de todo mal, amén

No hay mucho que decir sobre Breaking Bad que no se haya dicho antes. Se trata de una de las series más impactantes, no de los últimos tiempos, sino de la historia de la televisión en general. Más adictiva que la metanfetamina azul de Walter White o que la gran final de American Idol.


Como lector típico de Periódico de a china, estoy seguro que usted ha visto, al menos, tres temporadas de la serie. De no ser así, vaya inmediatamente a descargar su torrent pues el resto de la entrada no va a hablar más de la serie, sino de la enorme confusión que suele darse acerca de la evolución del personaje central.


Se suele aceptar, sin mayor escepticismo, que el personaje de Walt, conforme avanzan las temporadas, el cáncer y su inmersión en el mundo del narcotráfico, se va deshumanizando, alcanzando, en caída libre, los márgenes de la sociedad e incluso rebasándolos. Sin embargo, lo que Heisenberg hace, en realidad, es reubicarse hacia arriba; pasar del pueblo llano a la élite de los negocios corporativos y, acorde con su nuevo estatus, se desentiende de los problemas vecinales. Le ha pasado a Mark Zuckerberg y a Bill Gates; a Steve Jobs, a Mc Cartney y a Roman Abramovich. Incluso le ha debido pasar a Tongo.

domingo, 9 de octubre de 2011

Two n' a half men: A propósito del humor y Charly Sheen (2da parte)

Nos había quedado claro que el humor cumple, aún, un papel importante en la perpetuación de la especie  (o en el conjunto de actos que llevan a tal perpetuación, que es lo que, al final, nos importa).

Pero no malinterprete, buen lector, el real potencial de la risa. No deje que la esperanza se apodere de su alma y se refleje en ese gesto de satisfacción que empieza a aflorar en su rostro y que amenaza con llegar de una oreja a la otra. El humor, mi buen amigo, es considerado sexy, dulce, encantador, interesante, agradable y hasta masculino, pero  siempre y cuando provenga de las cuerdas vocales de un hombre, al menos, medianamente atractivo.

Olvídese, entonces, de comprar su colección de "Condorito de Oro", su "Manual de Chascarrillos ilustrados" o la última edición de "Sarcasmo para Dummies", con el propósito de convertirse en una especie de James Bond del buen humor. A lo mucho podrá, dolido lector, aspirar a ser el amigo gracioso, infaltable en toda reunión social; o, a trabajar como guionista para el Comedy Central.

Es duro decirlo, pero como elemento de conquista, lo único que suple (y con creces, si me permiten) a una imagen atractiva, es el dinero. Todo lo demás, incluyendo nuestra capacidad para hacer reír a la más agraciada de las féminas, no tiene la menor utilidad si no viene acompañado de unos abdominales de acero o de unos grandes ojos azules.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Two n' a half men: A propósito del humor y Charly Sheen (1ra parte)

Todo ser vivo ocupa la mayor parte de su vida en conseguir, fundamentalmente, dos cosas a lo largo de su vida: Comida y sexo. Ni siquiera las planta escapan de ello y, por eso, se desviven por complacer a quienes les servirán de órganos sexuales externos, como son los insectos, a quienes brindan, solaz, esparcimiento y, sobre todo, comida; pues, ambas necesidades van íntimamente relacionadas. Quien tiene la posibilidad de satisfacer las necesidades alimenticias propias y ajenas con mayor abundancia, es quien termina teniendo mayor éxito en el amor. Esta regla se aplica para la margarita, para el dromedario y para el humano, casi sin distinción. Sin embargo, éste último, ha reemplazado, a lo largo de siglos de evolución intelectual, el uso de aptitudes personales (como la fuerza, la rapidez) por algo mucho más efectivo, como el dinero. Aún hay quien duda que el dinero dé felicidad, pero nadie, en su sano juicio, se atrevería a negar las propiedades afrodisíacas de éste.  

domingo, 24 de abril de 2011

Glee: ¿Una serie sin extraterrestres ni policías? ¡Dónde hemos llegado!

Hubo un tiempo en que las series de televisión eran sencillas excusas para pasar un rato con el cerebro en posición de stand by. No había necesidad de analizar complicadas tramas. No te quedabas pensando en las razones que llevaban a una isla a cambiar constantemente de ubicación, ni perdías valiosas noches de sueño intentando descifrar la compleja dicotomía que presenta el comportamiento del protagonista de la serie de las nueve. Las historias eran sencillas; duraban lo justo: un capítulo -o cuanto mucho un "continuará" la alargaba por uno más; siempre sabías que los buenos lo eran por actitudes y por estética, y los malos, siempre serían feos y muy malos. 

Es así como la pequeña pantalla se convirtió en infaltable elemento de nuestras vidas. Era tan simple como encenderla y dedicarte a hacer cualquier cosa mientras captabas el par de ideas suficientes como para saber de qué iba esta vez el capítulo de tu serie. No era sólo una manera de perder tiempo, sino también de utilizar lo menos posible las interconexiones neuronales generando un descanso integral que era mucho más profundo y reconfortante que el mismo sueño.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Dr. House: El espantapájaros rengueante halló un corazón

Gregory House no es un buen cristiano y seguramente no sería la mejor persona para nombrar padrino del bautizo de tu primogénito, pero a lo largo de muchas temporadas, el personaje ha ido transitando por el camino de ladrillos amarillos de la soledad y la adicción, hasta llegar a la tierra de Oz (o el Hospital Psiquiátrico donde lo llevaron las alucinaciones causadas por el abuso del Vicodín) donde, por fin, adquirió un corazón.
Ahora, un médico con sentimientos es algo muy noble y necesario para humanizar al enfermo, para no tratarlo como una cosa y sí como una persona, como alguien importante cuya recuperación es el fin último de haberse pasado de 8 a 15 años estudiando medicina. Pero estamos hablando de un médico ficticio, que no curará el cáncer (ni lo hará su amigo Wilson) ni logrará detener permanentemente la oxidación de las células y la vejez. Estamos hablando de un actor inglés con papeles en 101 Dálmatas y en Stuart Little 2, que hubiera seguido adornando el mural de los actores subfamosos de no ser por esa espectacular serie de médicos, en la que el protagonista no es un dechado de virtudes cuyo único fin es salvar los cuerpos y almas de sus pacientes, sino un drogadicto cojo, misántropo, malhumorado e increíblemente inteligente, y a pesar de ello sin la capacidad de acertar sus diagnósticos a la primera, teniendo que esperar la iluminación divina, o el golpe de suerte, para llegar a la inequívoca solución.