Es por todos sabido, que la calidad de las artes populares, como el cine de Hollywood o la literatura de aeropuerto, se ha visto restringida a la utilización repetitiva de historias del tipo: Chico conoce chica. Se aman instantáneamente. Su amor es imposible porque él es un vampiro. Chica conoce otro chico. Es un hombre lobo. Triángulo amoroso. Inmortales que sufren como quinceañera sin fiesta en telenovela mexicana. Algunos malos muy malos por allí, para justificar las trilogías. Muerte de los villanos. Triunfo del amor.
La guerra por acceder a una cuota de mercado hace casi imposible que te desvíes de esa fórmula, haciendo que nos sintamos en un permanente dejà vu cada vez que vamos al cine u hojeamos un libro de bolsillo. Sin embargo, en contadas ocasiones, algunos autores se aprovechan de la manida fórmula para ir más allá del cuento rosa y denunciar situaciones que para un lector de Arthur Koestler pueden ser, quizás, evidentes; pero para el gran público, acostumbrado a considerar las comedias románticas de Jennifer Aniston como grandes clásicos contemporáneos, son conceptos absolutamente revolucionarios (y si en el camino, te forras de millones, aún mejor).
Eso es justamente lo que sucede con Los Juegos del Hambre (Los libros, no las películas. Que desde "El Caballero de la Noche", Hollywood es un poco más consciente del subtexto de las películas destinadas a la masa. Salvo en las infantiles, que allí se cuelan joyas contestatarias como "Lluvia de Hamburguesas 2").
La trilogía (¡tenía que ser!) de Suzanne Collins, es una historia de aventuras futurista al uso, con protagonista tontorrona que no sabe lo irresistible que es, a pesar de los dos galanes que se la disputan (¿Conocido, no?), y que, luego de inmensos sufrimientos triunfa sobre el poder del malo muy malo que mata de hambre a sus súbditos. Sin embargo, lo que podría ser la versión Disney de Battle Royale no se queda solo en eso. Ya asegurando un público cautivo de adolescentes calenturientas que quieren ser como Katniss Everdeen, la autora se permite mostrar (Apoyándose en la historia de Teseo y el laberinto) la importancia desmedida que tienen los medios de comunicación en la sociedad actual. La capacidad que tienen para manipular la opinión pública y trivializar hechos atroces al convertirlos en espectáculo. De crear ídolos de barro, en base a la fotogenia y el vestuario adecuados (Como la mítica foto de Korda, del Che Guevara mirando al infinito), de la facilidad de una plebe embrutecida para adoptar tales ídolos como símbolos y de la capacidad de los verdaderos líderes (de cualquier bando) para aprovecharse de dicha figura. La imagen del Che fue utilizada para sostener gran parte del éxito de la Revolución Cubana, por mucho que Fidel lo despreciara; así como la presidenta Coin utiliza al Sinzajo como símbolo de su propio acceso al poder (como elemento decorativo sin ninguna función trascendente en la rebelión que, supuestamente, lidera) sin que le tiemble el pulso a la hora de ordenar su muerte o destruirla emocionalmente, ante el fracaso de la primera orden.
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jueves, 20 de marzo de 2014
viernes, 21 de febrero de 2014
Carrie: ¿Terror glam o propaganda subliminal republicana?
Empiezo este post con una declaración de principios: Odio la "Carrie" original. Es más, la considero tan mala, evidente, sobreactuada y cargada de detalles innecesarios como "The Shining"; y, a Brian de Palma, tan sobrevalorado como el mismísimo Kubrick. Pienso que Sissy Spacek fue una terrible actriz, tan horrorosa como Shelley Duvall; y, ni qué decir de lo ridícula que se veía a una mujer de 27 años (aparentado aún más) desesperada ante la hemorragia de su primera menstruación. ¡Casi como si viera a Charlie Sheen haciendo "Virgen a los Cuarenta"!
Reconozcamos que tal vez fue impactante en su momento, por el magro desarrollo de la fluidez audiovisual en los setentas (aunque nos tengan enfermos con eso de que todo tiempo pasado fue mejor y que el cine murió con John Ford y en adelante sólo se veía películas en espera del advenimiento de las series de TV); pero es imposible negar que la vejez de "Carrie" es desastrosa y si algo la salva del olvido más absoluto, es la abundante cantidad de piel desnuda en escenas absolutamente gratuitas, como corresponde a la década que popularizó el porno, que nos hunde en una profunda nostalgia por un mundo que no conocía el sida, y que la mayoría de nosotros no llegó, jamás, a disfrutar. Pero eso no es mérito del filme, puesto que casi todos mostraban bastante carne, ya que el cine era cosa de adultos y la post producción no se preocupaba en buscar una censura suave, que permitiera llegada de preadolescentes cargados de por corn, en tropel a la sala de cine. Era un negocio mucho más amateur y eso se notaba mucho.
Entonces, la pregunta es: ¿Era necesaria esta adaptación?. Pues podríamos decir que no, que tampoco la novela de Stephen King es para tanto, y además, todos ya sabemos en qué termina la historia; así que, ni siquiera existía el elemento sorpresa de la original. Pero, por otro lado, ya hemos dicho que el cine ha llegado a un nivel de industrialización tremenda, en el que casi todo funciona a la perfección, salvo los guiones, porque ¡Oh, tragedia! la creatividad no puede conseguirse con la sobre explotación laboral de niños asiáticos. Además que, ¿Para qué arriesgarse a mostrar una historia interesante y nueva, si está más que comprobado que no es eso lo que quiere el público? Sino, ¿Cómo explicaríamos que las comedias románticas sigan siendo las apuestas más seguras en cualquier multicine o que las películas más vistas en la historia sean Avatar y Titanic? Pero aún hay algunos depravados que no buscan el triunfo del amor en el cine y, por muy grande que sea su perversión, también compras bebidas gaseosas, nachos y palomitas, así que hay que darles algo, como "Actividad Paranormal 118" o "Aquamán 27"; pero, hasta los superhéroes y los realities de terror llegarían a saturar en algún momento sino hubiera algo más que darles entre entregas. Es aquí donde entran a tallar los remakes: Apuesta segura, pues si antes funcionó, seguramente lo vuelve a hacer; ahorro en guionistas, para gastar más en efectos especiales; y, una pequeña dosis de polémica al compararla con la original esos cinéfilos nostálgicos que aún se masturban con Audrey Hepburn.
Este es el momento en que algún lector desesperado (malacostumbrado, quizás, a la agilidad de nuestra prosa) preguntará: ¿Es que no piensan hablar jamás de la película? Así que pacientísimo fanático del Períodico de a China, no te atormentes más, ya hemos llegado a lo que esperabas: Los spoilers.
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