Hay personajes, como Cerati que caen simpáticos a primera vista. Esto, para un músico o un actor, quienes viven del público, es como que Candy Candy lograra un ménage à trois con Terry y Anthony sin escandalizar a la rígida moral del anime de finales de los setentas.
El artista simpático no solo logrará más éxito que otro con similar talento; sino que se le perdonaran limitaciones que a otros no y, sobre todo, se magnificarán sus logros y talentos mientras vaya creciendo su fama y su don de gentes. Cada día será más simpático, "más sencillo", más talentoso. Vamos, si se mantiene vigente algunos años llegará a ser considerado un emblema generacional, ¡Un genio! y si, además se muere joven o sufre alguna rara enfermedad que le impide volver a cantar, pasa, inmediatamente, a la categoría de Leyenda.
En el Perú tenemos un puñado de mitos, algunos con enorme merecimiento, como la Chabuca Granda; pero, la mayoría, agrandados por el fervor popular que se enciende ante su carisma, como Chacalón o nuestro invitado de hoy: Pedro Suárez Vértiz o Pedrito, que es casi un miembro de la familia.
Pedrito, para muchos, es la más grande leyenda del rock peruano; lo que habla muy mal tanto del rock peruano como de los peruanos. Claro que quienes lo etiquetan de esa manera, probablemente podrían decir sin despeinarse que Justin Bieber ha revitalizado el panorama del jazz en el siglo XXI y su idea de rock duro y contestatario se materialice en los Hombres G. Al margen de lo lejano que esté, musicalmente, Pedro del rock; es indudable que es uno de los músicos más exitosos, sino el más exitoso de las últimas décadas en el Perú. Desde su temprana aparición en Arena Hash (Un grupito de pop adolescente de finales de los ochenta, de letras desenfadadas y ánimo festivo, que revitalizó una escena comercial que se repetía a sí misma), se hizo de un nombre en el mundillo de la música peruana (dominada por otros "gigantes del rock" de ese momento, como Dudó, Nina Mutal o el Maná peruano de los convulsos años del terrorismo y la hiperinflación: Río); y al deshacerse, continuó una carrera en solitario, ahondando con ahínco en la misma tónica de cancioncillas facilonas, letras de doble sentido y coros pegadizos, siempre teniendo como objetivo colocar algún single como el hit del verano.
En su dilatada carrera, podemos encontrar canciones memorables como "El Rey del Hahaha", en la que, seguramente reflexionaba sobre la ambigua situación de las monarquías constitucionales europeas y su relación con el poder; "Mi auto era una rana", crítica mordaz contra el consumismo y la contaminación; "Los globos del cielo", reclamo evidente a la búsqueda de medios de transporte más ecológicos o, de repente un llamado de atención a los que niegan el fenómeno ovni; o "Rapta la mona y ve", en la que predice el advenimiento del Estado Islámico y sus peligros para la civilización occidental.
Tamaños éxitos, lo convirtieron en la estrella más luminosa del firmamento musical peruano (equivalente al brillo que ofrece la llama moribunda de una vela sin parafina); pero quería más. ¿Como conformarse con el mercado interno, mientras su compañero de Arena Hash, Cristian Meier, se convertía en un galán reconocido internacionalmente? Algo había de ocurrírsele al buen Pedro para lanzarse a la conquista del extranjero. Sin embargo, compitiendo en letras graciosas con los portorriqueños, no tenía como lograr el menor éxito. Peor aún, si apelaba a su exiguo talento, sus opciones eran aún menores ¿Qué es lo que faltaba, entonces en la Meca de la latinoamericanidad que es Estados Unidos y que es a donde apuntaba su hábil olfato? ¡Claro! Un himno para el migrante. Millones de latinoamericanos alejados de su patria y de su idioma, consumidos por la nostalgia y ávidos de identificarse con algo, con lo que fuera. Allí apareció ese "Cuando pienses en volver" cuya letra era tan críptica como todo lo que escribía Pedrito en aquellos tiempos, pero el coro era sencillamente fulminante en su simpleza y ataque directo al corazón del minimum wage worker latino, así que allí llegó el mega hit, la internacionalización y la gloria ...por unas semanas, porque ya sabemos que la industria musical no se detiene y al poco tiempo el buen Pedro ya era historia olvidada.
Sin embargo, sus quince minutos de gloria warholiana fueron suficientes para que sus coterráneos, tan necesitados de reconocimiento ajeno en vista de nuestro paupérrimo amor propio, lo pusiéramos a la altura de Bob Dylan al menos, y consideráramos una obra de arte exquisita cualquier melodía que saliera de su garganta.
Y llegó el día en que Pedrito no pudo cantar más. Una enfermedad degenerativa nos privó de nuevas versiones de "Degeneración actual" o de "La Vida me Sabe a nada"; pero Suarez Vértiz, el Da Vinci peruano, no estaba dispuesto a desaparecer en las brumas del olvido; así que se convirtió en escritor (aquel que había reconocido, con orgullo, no haber leído un libro en su vida) y en gurú del sentimentalismo de éxito plástico new age de las redes sociales. Incluso su libro se convirtió en un best seller, a pesar de la rotunda planicie de la prosa del escritor contratado por Pedrito para escribir su autobiografía (sin escándalos y con reflexiones color rosa), gracias a su inmenso carisma.
Por eso, me atrevería a decir que Pedrito es el peruano más influyente de la historia (lo que habla muy mal del Perú y de la historia, claro).
Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas
miércoles, 24 de septiembre de 2014
viernes, 5 de septiembre de 2014
Gustavo Cerati y Joan Rivers: Ya que la muerte es música ligera
Si hay algo que, como especie, nos guste más que el Mundial, son las muertes de los famosos. Nos encanta formar parte de la historia agregando nuestro granito de arena en el obituario colectivo que le construimos a las leyendas del rock, del deporte, de la política o a Ciro Castillo Rojo. Nos seduce hasta las lágrimas decir que fuimos grandes fanáticos, grandes amigos, que la primera vez que nos acostamos con alguien fue con nuestro ídolo mirándonos, aprobatoriamente, desde un póster.
En ese sentido, la globalidad internetera está de plácemenes. Esta semana ha sido pródiga en necronoticias: No nos ha dado una, sino dos muertes de celebridades. Si bien me lapidarán muchos al comparar el deceso del MÚSICO Cerati con la muerte de la reina de la frivolidad, Rivers; la verdad es que ambos eran millonarios; archinoconocidos; hacía varios años no tenían la menor expresión en el rostro; y, su han creado un legado que perdurará durante generaciones en la cultura pop (Que es tan válido, o tan frívolo -aunque algunos les duela reconocerlo- pasar a la historia como compositor de himnos generacionales, que como sagaz crítica de vestidos en la alfombra roja).
Como en Periódico de a China no somos extraterrestres, nos adscribimos, incondicionalmente, al morbo público y lanzamos, encantados, nuestro aporte a los festejos...digo a los homenajes a estas dos nuevas estrellas del firmamento de los finados.
Empezamos, faltaría más, con Gustavo Cerati. Uno de esos raros especímenes del Homo Elegantus, al cual pertenece también David Bowie, que exudan distinción en todo lo que hacen, lo que les permite trascender la mediocridad a la que estamos condenados la mayoría de mortales (Al menos sabemos que ellos también son mortales), sin importar, en demasía su talento. Cerati hubiera marcado tendencia tanto como físico nuclear o como maitre de restaurante cinco tenedores.
Es esa elegancia en su aura, la que lo elevó de rostro visible de la boy band ochentera, que era Soda Stereo hasta convertirse en el genio de la música que mira despectivamente desde lo alto a Mahler y a Stravinski.
Es indudable que sólo alguien como Gustavo podría hacernos pensar que "Oye, te hacen falta vitaminas" es una frase lapidaria respecto al vacío emocional que implica el estilo de vida hiperconsumista que se iniciaba en aquellos ochentas; o que "Comunicación sin emoción, una voz en off con expresión deforme" nos invitaba a replantear las relaciones interpersonales desde un contexto de implicancia sentimental y empatía. Incluso, ya pasada su primera juventud, nos deleito con letras que deberían terminar en tatuajes con su carga de profundidad como: "después de un baño cerebral, estaba listo para ser amado", que nos indica claramente que para conseguir sexo debemos tener la consciencia limpia ... o algo así.
Pero es en su concierto de despedida (antes del revival, claro), donde Cerati mostró al mundo que solo habíamos nacido para amarlo y admirarlo; pues, la frase semi idiótica del final del concierto (producto, seguramente, de la emoción, los nervios y alguna droguilla de nada que en algunos añitos lo pondría en coma) que dice: "No solo no hubieramos sido nada sin ustedes sino que toda la gente que estuvo a nuestro alrededor desde el comienzo , algunos siguen hasta hoy. Gracias totales", se convirtió en la frase culminante de la generación de fin de siglo (lo que habla muy mal de esa generacion, claro).
¿Qué mas decir de Cerati, que no se haya dicho ya en los últimos 20 minutos en toda la red? Pues, que ya llevaba muerto cuatro años y parece que muchos jamás se dieron cuenta, porque faltaba el detalle de enterrarlo.
Respeto a Joan Rivers, diré que su voz tosca, su rostro repulsivo cargado de cirugías sobre cirugías, la hija antipática, los comentarios insulsamente superficiales y cargados de mala leche contra lo más sagrado de una mujer, que es el vestido de noche; la convirtieron en una de mis divas favoritas, casi a la altura de la Tigresa del Oriente. Alguien que tiene el descaro de hacer algo como Fashion Police y tomárselo en serio, al punto de sentir que su labor en la purificación del alma era, con mucho, superior a la de cualquier gurú religioso como el papa san Juan Pablo; demuestra, simplemente, su tremenda inteligencia para hacerse la estúpida y ganar millones con el candor de los que de verdad lo somos.
Este sería el momento de decirle a nuestros dos héroes que descansen en paz (porque claro que me oyen, no ven que soy un fan); pero, en respeto al buen gusto de Cerati y al kitsch excesivo de Rivers, me tragaré mis cursis palabras y no diré nada.
En ese sentido, la globalidad internetera está de plácemenes. Esta semana ha sido pródiga en necronoticias: No nos ha dado una, sino dos muertes de celebridades. Si bien me lapidarán muchos al comparar el deceso del MÚSICO Cerati con la muerte de la reina de la frivolidad, Rivers; la verdad es que ambos eran millonarios; archinoconocidos; hacía varios años no tenían la menor expresión en el rostro; y, su han creado un legado que perdurará durante generaciones en la cultura pop (Que es tan válido, o tan frívolo -aunque algunos les duela reconocerlo- pasar a la historia como compositor de himnos generacionales, que como sagaz crítica de vestidos en la alfombra roja).
Como en Periódico de a China no somos extraterrestres, nos adscribimos, incondicionalmente, al morbo público y lanzamos, encantados, nuestro aporte a los festejos...digo a los homenajes a estas dos nuevas estrellas del firmamento de los finados.
Empezamos, faltaría más, con Gustavo Cerati. Uno de esos raros especímenes del Homo Elegantus, al cual pertenece también David Bowie, que exudan distinción en todo lo que hacen, lo que les permite trascender la mediocridad a la que estamos condenados la mayoría de mortales (Al menos sabemos que ellos también son mortales), sin importar, en demasía su talento. Cerati hubiera marcado tendencia tanto como físico nuclear o como maitre de restaurante cinco tenedores.
Es esa elegancia en su aura, la que lo elevó de rostro visible de la boy band ochentera, que era Soda Stereo hasta convertirse en el genio de la música que mira despectivamente desde lo alto a Mahler y a Stravinski.
Es indudable que sólo alguien como Gustavo podría hacernos pensar que "Oye, te hacen falta vitaminas" es una frase lapidaria respecto al vacío emocional que implica el estilo de vida hiperconsumista que se iniciaba en aquellos ochentas; o que "Comunicación sin emoción, una voz en off con expresión deforme" nos invitaba a replantear las relaciones interpersonales desde un contexto de implicancia sentimental y empatía. Incluso, ya pasada su primera juventud, nos deleito con letras que deberían terminar en tatuajes con su carga de profundidad como: "después de un baño cerebral, estaba listo para ser amado", que nos indica claramente que para conseguir sexo debemos tener la consciencia limpia ... o algo así.
Pero es en su concierto de despedida (antes del revival, claro), donde Cerati mostró al mundo que solo habíamos nacido para amarlo y admirarlo; pues, la frase semi idiótica del final del concierto (producto, seguramente, de la emoción, los nervios y alguna droguilla de nada que en algunos añitos lo pondría en coma) que dice: "No solo no hubieramos sido nada sin ustedes sino que toda la gente que estuvo a nuestro alrededor desde el comienzo , algunos siguen hasta hoy. Gracias totales", se convirtió en la frase culminante de la generación de fin de siglo (lo que habla muy mal de esa generacion, claro).
¿Qué mas decir de Cerati, que no se haya dicho ya en los últimos 20 minutos en toda la red? Pues, que ya llevaba muerto cuatro años y parece que muchos jamás se dieron cuenta, porque faltaba el detalle de enterrarlo.
Respeto a Joan Rivers, diré que su voz tosca, su rostro repulsivo cargado de cirugías sobre cirugías, la hija antipática, los comentarios insulsamente superficiales y cargados de mala leche contra lo más sagrado de una mujer, que es el vestido de noche; la convirtieron en una de mis divas favoritas, casi a la altura de la Tigresa del Oriente. Alguien que tiene el descaro de hacer algo como Fashion Police y tomárselo en serio, al punto de sentir que su labor en la purificación del alma era, con mucho, superior a la de cualquier gurú religioso como el papa san Juan Pablo; demuestra, simplemente, su tremenda inteligencia para hacerse la estúpida y ganar millones con el candor de los que de verdad lo somos.
Este sería el momento de decirle a nuestros dos héroes que descansen en paz (porque claro que me oyen, no ven que soy un fan); pero, en respeto al buen gusto de Cerati y al kitsch excesivo de Rivers, me tragaré mis cursis palabras y no diré nada.
lunes, 10 de marzo de 2014
Spotify: El Judas de las Sociedades de Autores
El advenimiento de la Internet, a pesar de la implacable lucha de los poderes fácticos para impedirlo, logró dar un duro golpe al oligopolio cultural del cine, música y literatura. De pronto, los precios insultantemente altos de los discos, películas y libros originales tuvieron que enfrentarse a la existencia de formatos con idéntica calidad pero gratuitos.
Entonces, como la búsqueda de un nuevo modelo comercial que resultara rentable estaba fuera de toda discusión, el ataque de los medios tuvo que encontrar un nuevo campo donde lanzar su napalm publicitario dejando en claro que lo hacen por nuestro bien. Es así que, de pronto, la propiedad intelectual se convirtió en el mecanismo mágico que había logrado llevar al ser humano desde las cavernas al espacio. Mucho más que la libertad. Mucho más que la igualdad. Infinitamente más que la justicia, los derechos de autor habían sido el elemento central de la evolución, lo que nos había separado de los monos y ahora... ¡Maniáticos, la habéis destruido! (Nótese el plagio descarado a la frase final del Planeta de los Simios). Pero la campaña contra la piratería (llegándose a equipararla con los más execrables crímenes), tuvo un éxito muy reducido porque, aceptémoslo: Seremos bastante manipulables, pero son muy pocos los que creen que le estamos sacando el pan de la boca a Joss Whedon por ver Los Vengadores en Series Pepito o que el pobre Justin Bieber se va a quedar sin dinero para coca y putas si las adolescentes se bajan su último disco por torrent y no compran la Special Edition con la mitad del sueldo que gana papá mensualmente.
Entonces, se tuvo que optar por echar mano al brazo duro del poder: La ley. A partir de allí, la legislación en materia de propiedad intelectual se fue endureciendo tremendamente, lo que no viene al caso analizar en este momento; pero, basta con señalar que joyas legales como la ley SOPA o la ley Sinde han sentado las bases de una libertad staliniana en materia cultural. ¡Hemos llegado a un punto en que así compre mis contenidos legalmente, soy un criminal si oso prestarselos a otra persona!
Las víctimas de esa policía intelectual han sido varias (siempre en favor de los usuarios, por supuesto): Napster, Megaupload, Series Yonkis o The Pirate Bay, entre otras. El primer caso, fue trascendental para que la industria de medios pasara de sentirse amenazada por las nuevas tecnologías a envalentonarse con el cóctel macabro de Internet, legislación represiva y publicidad manipuladora (solicito vuestro perdón por el oximorón), al punto de pensar que a partir de ese momento, seguirían vendiendo los mismos contenidos, pero sin tener que realizar ese molesto gasto que es el soporte físico y que, en adelante, el sueño más antiguo de todo comerciante: La venta de humo, estaba a la vuelta de la esquina.
Es así que se inventó el DRM, para no dejarnos siquiera compartir con nuestros amigos y familiares más cercanos tales contenidos, y las tiendas virtuales abrieron sus puertas (virtuales) para esperar la lluvia, o mejor dicho, la tempestad de dinero. Nuestro gran visionario Steve Jobs, se unió a la fiesta y, haciendo gala de sus poderes sobrehumanos, se dio cuenta de que aún podía engañarse un poco más al alma humana, tocándola en su fibra más sensible (y estúpida); es decir: El ego. Nos metió por los ojos el Aipod, abrió el ATunes y nos vendió, ya no un disco completo, como se estilaba, sino canciones individuales a precios ridículamente altos, porque la estupidez y el hiperconsumo es cool.
Naturalmente Jobs si se hizo rico, pero como el Steve es único y trino, los demás mortales vieron con pasmo que los usuarios seguían compartiendo y la industria seguía muriendo. Varias leyes más tarde y un buen puñado de tecnologías clausuradas (como burdeles ilícitos) después, las cosas no han cambiado mucho y los piratas genocidas siguen colgando y descargando impíamente.
Sin embargo, algunos aceptaron que el modelo comercial tradicional del entretenimiento estaba muerto (y mantenido con respiración artificial) y decidieron crear uno nuevo, que aprovechara, efectivamente, las nuevas reglas de juego ¡Y hasta se les ocurrió pensar en qué era lo que los usuarios esperaban para pagar por lo que podrían conseguir gratis! Así nacieron varios servicios, entre los más importantes: Spotify y Netflix. Es del primero de ellos que hablaremos ahora, luego de esta brevísima introducción.
Spotify es un servicio de streaming de música. Por medio de ese programa podemos escuchar música de manera gratuita como si fuera una radio online, pero a diferencia de aquellas, la calidad de audio en Spotify es más alta y no sólo puedes escoger los géneros musicales, sino también el artista, las canciones (en PCs y tablets más no en smartphones), los álbumes,crear listas de reproducción o escuchar las de terceros; así como seguir a otros usuarios y compartir tus propias selecciones a través de redes sociales. Por si fuera poco, brinda un servicio que considero trascendental: La opción de descubrir nueva música en base a tus preferencias anteriorer. Por ejemplo, si escuchaste a Bob Dylan, la próxima vez que ingreses, te sugerirá oir a Johnny Cash o a los Traveling Wilburys y, de esa manera, cumple con una función de educación cultural que antes de la Internet correspondía "Al amigo mayor que fuma y hace novillos a la escuela" y que, en estos tiempos de hiperinformación, es una guía que se agradece para no condenarte a escuchar una y otra vez la misma música de tu adolescencia, resignarte a los hits de moda o perderte en los recovecos de la música basofia, en tu propia, y ardua, tarea de búsqueda en la red. Y lo mejor de todo es que este servicio es gratuito.
Pero no vayan a pensar que estamos hablando de un grupo de yonkies multimillonarios con ínfulas de mecenas de las artes. Vivimos en un mundo mercantilista y si alguien nos ofrece algo, no nos lo va a dar a manos abiertas. Es por eso que servicios como escuchar canciones individualmente o en modo offline, además de una calidad de audio mayor y ad-free, solo están disponibles en el modelo de pago. Por otro lado, esas limitaciones son razonables y nos permiten disfrutar de Spotify sin molestas restricciones de tiempo, de catálogo o angustiosos períodos de prueba (Como sucede en otros servicios similares como Deezer). Por otro lado, la suscripción Premium no es mayor al gasto que te implicaría comprar un CD mensualmente, lo que es un trato bastante conveniente. Sin mencionar que el pago de derechos se realiza directamente con las empresas discográficas; por lo que, las dudosas instituciones de gestión y protección de autores no reciben un centavo.
En la actualidad, Spotify tiene más de 20 millones de suscriptores y cerca de 5 millones, lo son de pago; por lo que, no parece que sea un mal negocio, al menos hasta el momento, o hasta que los medios tradicionales encuentren la forma de declararlo ilegal. De cualquier manera, Spotify es una gran ejemplo de como aún es posible hacer negocios con un mínimo de respeto a tus clientes, ya sean efectivos o potenciales.
Entonces, como la búsqueda de un nuevo modelo comercial que resultara rentable estaba fuera de toda discusión, el ataque de los medios tuvo que encontrar un nuevo campo donde lanzar su napalm publicitario dejando en claro que lo hacen por nuestro bien. Es así que, de pronto, la propiedad intelectual se convirtió en el mecanismo mágico que había logrado llevar al ser humano desde las cavernas al espacio. Mucho más que la libertad. Mucho más que la igualdad. Infinitamente más que la justicia, los derechos de autor habían sido el elemento central de la evolución, lo que nos había separado de los monos y ahora... ¡Maniáticos, la habéis destruido! (Nótese el plagio descarado a la frase final del Planeta de los Simios). Pero la campaña contra la piratería (llegándose a equipararla con los más execrables crímenes), tuvo un éxito muy reducido porque, aceptémoslo: Seremos bastante manipulables, pero son muy pocos los que creen que le estamos sacando el pan de la boca a Joss Whedon por ver Los Vengadores en Series Pepito o que el pobre Justin Bieber se va a quedar sin dinero para coca y putas si las adolescentes se bajan su último disco por torrent y no compran la Special Edition con la mitad del sueldo que gana papá mensualmente.
Entonces, se tuvo que optar por echar mano al brazo duro del poder: La ley. A partir de allí, la legislación en materia de propiedad intelectual se fue endureciendo tremendamente, lo que no viene al caso analizar en este momento; pero, basta con señalar que joyas legales como la ley SOPA o la ley Sinde han sentado las bases de una libertad staliniana en materia cultural. ¡Hemos llegado a un punto en que así compre mis contenidos legalmente, soy un criminal si oso prestarselos a otra persona!
Las víctimas de esa policía intelectual han sido varias (siempre en favor de los usuarios, por supuesto): Napster, Megaupload, Series Yonkis o The Pirate Bay, entre otras. El primer caso, fue trascendental para que la industria de medios pasara de sentirse amenazada por las nuevas tecnologías a envalentonarse con el cóctel macabro de Internet, legislación represiva y publicidad manipuladora (solicito vuestro perdón por el oximorón), al punto de pensar que a partir de ese momento, seguirían vendiendo los mismos contenidos, pero sin tener que realizar ese molesto gasto que es el soporte físico y que, en adelante, el sueño más antiguo de todo comerciante: La venta de humo, estaba a la vuelta de la esquina.
Es así que se inventó el DRM, para no dejarnos siquiera compartir con nuestros amigos y familiares más cercanos tales contenidos, y las tiendas virtuales abrieron sus puertas (virtuales) para esperar la lluvia, o mejor dicho, la tempestad de dinero. Nuestro gran visionario Steve Jobs, se unió a la fiesta y, haciendo gala de sus poderes sobrehumanos, se dio cuenta de que aún podía engañarse un poco más al alma humana, tocándola en su fibra más sensible (y estúpida); es decir: El ego. Nos metió por los ojos el Aipod, abrió el ATunes y nos vendió, ya no un disco completo, como se estilaba, sino canciones individuales a precios ridículamente altos, porque la estupidez y el hiperconsumo es cool.
Naturalmente Jobs si se hizo rico, pero como el Steve es único y trino, los demás mortales vieron con pasmo que los usuarios seguían compartiendo y la industria seguía muriendo. Varias leyes más tarde y un buen puñado de tecnologías clausuradas (como burdeles ilícitos) después, las cosas no han cambiado mucho y los piratas genocidas siguen colgando y descargando impíamente.
Sin embargo, algunos aceptaron que el modelo comercial tradicional del entretenimiento estaba muerto (y mantenido con respiración artificial) y decidieron crear uno nuevo, que aprovechara, efectivamente, las nuevas reglas de juego ¡Y hasta se les ocurrió pensar en qué era lo que los usuarios esperaban para pagar por lo que podrían conseguir gratis! Así nacieron varios servicios, entre los más importantes: Spotify y Netflix. Es del primero de ellos que hablaremos ahora, luego de esta brevísima introducción.
Spotify es un servicio de streaming de música. Por medio de ese programa podemos escuchar música de manera gratuita como si fuera una radio online, pero a diferencia de aquellas, la calidad de audio en Spotify es más alta y no sólo puedes escoger los géneros musicales, sino también el artista, las canciones (en PCs y tablets más no en smartphones), los álbumes,crear listas de reproducción o escuchar las de terceros; así como seguir a otros usuarios y compartir tus propias selecciones a través de redes sociales. Por si fuera poco, brinda un servicio que considero trascendental: La opción de descubrir nueva música en base a tus preferencias anteriorer. Por ejemplo, si escuchaste a Bob Dylan, la próxima vez que ingreses, te sugerirá oir a Johnny Cash o a los Traveling Wilburys y, de esa manera, cumple con una función de educación cultural que antes de la Internet correspondía "Al amigo mayor que fuma y hace novillos a la escuela" y que, en estos tiempos de hiperinformación, es una guía que se agradece para no condenarte a escuchar una y otra vez la misma música de tu adolescencia, resignarte a los hits de moda o perderte en los recovecos de la música basofia, en tu propia, y ardua, tarea de búsqueda en la red. Y lo mejor de todo es que este servicio es gratuito. Pero no vayan a pensar que estamos hablando de un grupo de yonkies multimillonarios con ínfulas de mecenas de las artes. Vivimos en un mundo mercantilista y si alguien nos ofrece algo, no nos lo va a dar a manos abiertas. Es por eso que servicios como escuchar canciones individualmente o en modo offline, además de una calidad de audio mayor y ad-free, solo están disponibles en el modelo de pago. Por otro lado, esas limitaciones son razonables y nos permiten disfrutar de Spotify sin molestas restricciones de tiempo, de catálogo o angustiosos períodos de prueba (Como sucede en otros servicios similares como Deezer). Por otro lado, la suscripción Premium no es mayor al gasto que te implicaría comprar un CD mensualmente, lo que es un trato bastante conveniente. Sin mencionar que el pago de derechos se realiza directamente con las empresas discográficas; por lo que, las dudosas instituciones de gestión y protección de autores no reciben un centavo.
En la actualidad, Spotify tiene más de 20 millones de suscriptores y cerca de 5 millones, lo son de pago; por lo que, no parece que sea un mal negocio, al menos hasta el momento, o hasta que los medios tradicionales encuentren la forma de declararlo ilegal. De cualquier manera, Spotify es una gran ejemplo de como aún es posible hacer negocios con un mínimo de respeto a tus clientes, ya sean efectivos o potenciales.
viernes, 20 de mayo de 2011
Y el nuevo Presidente es: ¡Tongo!
En realidad, los verdaderos finalistas son mucho peores; pues, al menos, el seboso ¿políglota? que les presentamos hoy, causa risa y, no sólo, vergüenza ajena, cosa que no podemos decir de Ollanta Humala o Keiko Fujimori. Como no queremos que las desgracias del Tahuantinsuyo interrumpan nuestro deber de brindar solaz al mundo, la sección de política peruana se ha mudado al Cuarto de los Marginados, por lo que terminaremos diciendo que si Tongo fuera presidente, "Al Perú, no lo para nadie".
miércoles, 4 de mayo de 2011
De Rockys y Terminators a Obamas y Papas Beatos: Los Torcidos Senderos de la Admiración
La nostalgia ha transformado a los ochentas en una época, por lo menos, mágica. La música, la vestimenta -hasta las zapatillas Converse- han hecho un exitoso retorno a la moda. La joven Madonna ha vuelto a la vida convertida en Lady Gaga y los revivals y conciertos de reencuentro causan furor por donde se presente. Los remakes fílmicos y televisivos de viejos hits, son cotidianos y hasta Stallone se mantiene vigente con sus infinitos Rockys y Rambos
Uno de los factores de la gran acogida popular de aquella "colorida" década en las nuevas generaciones, es la existencia de héroes para todo el público. Esos modélicos personajes se acostaban con cientos de hermosas mujeres sin protección de látex alguna -y aunque las amaban durante todo un capítulo, no se comprometían; eran capaces de destruir ejércitos completos de malos muy malos, sin rasguñarse siquiera; no tenían castrantes fijaciones metrosexuales (ni siquiera Fast o Michael Knight desperdiciaban su tiempo en gimnasios o su dinero en cremas antiarrugas)
Eran fuertes; decididos; no tenían conflictos morales ni crisis existenciales; no cuestionaban su lugar en el mundo ni si sus métodos de impartir justicia dañaban la capa de ozono; eran buenos buenos y sus enemigos, malos malos, sin mucho más que elucubrar; ninguno hubiera tenido adicciones químicas, neurosis o agorafobia.
Eran, en suma, personajes dignos de admirar y todos lo hacían. No cabía la posibilidad de pensar que, quizás, Mac Gyver violaba múltiples derechos de propiedad industrial con sus inventos, puesto que no pagaban regalías al autor de las patentes. Hannibal Smith no se moría de cáncer ni pensaba en dejar los inmensos habanos de cada capítulo. Marty Mc Fly siempre tendría un Biff Tanen en cualquier época de la historia y las gemelas Olsen no pensaban ser millonarias y disfuncionales sino, una sola niña dulce rodeada de familiares sin un gramo de maldad en sus seres.
Incluso los líderes políticos alcanzaban alturas mitológicas, como la Dama de Hierro: Margaret Tatcher o el Actor-Presidente: Ronald Reagan. Tiempos en que la voz cantante en política la tenían personas como Lech Walesa y otros, como Bono, era cantantes a secas.
En la música, el glam se había apoderado, incluso, del metal y parecía que "el mundo libre" se encaminaba a una era de prosperidad indiscutible, donde hasta el triunfo contra los demoníacos soviéticos era posible.
Pero llegaron los noventas. La caída del muro y de la Unión Soviética, dejaron a Occidente sin enemigo colectivo. Hasta los violentos genocidas de Sendero Luminoso y otros grupos guerrilleros latinoamericanos fueron controlados y el libre mercado campeó a sus anchas por el tercer mundo, pero la gente no bailaba en las calles coreografías improvisadas sino que se seguía muriendo de hambre. África se hacía más pobre y más violenta. Se recortaban derechos laborales para alcanzar una enorme productividad para "seguir progresando" ¿Y a quién se podía culpar al no haber enemigo común? La muerte de Cobain reafirmó que la fama y la fortuna no dan felicidad y, peor aún, parece que las drogas tampoco.
La televisión y el cine reflejaban el desencanto que se empezaba a vivir en las calles. ¿Contra quién luchamos? Nadie tenía una respuesta. -Luchamos contra nosotros mismos -nunca es una respuesta que alguien quiera escuchar. Casi sin darnos cuenta, el mundo se volvió cínico. Hasta los superhéroes empezaron a conflictuarse, a dudar de sus motivaciones altruístas.
De pronto, los niños ya no tenían valores claros. El viejo -y efectivo- modelo tradicional de adquisición moral que se resume en: "Eso es bueno porque sí" y "Eso es malo porque yo lo digo", empezaba a fallar. Incluso se plantearon custionamientos tan antinaturales (hasta para los hippies y comunistas ortodoxos) como ¿Vale la pena? ¿Existen realmente el bien y el mal? ¿Tendrán sentido nuestras vidas?, lo que lleva a pensar cosas del tipo: "Lo que me ofrecen puede que sea tan malo como lo que ya tengo, así que me da igual", con lo cual la presencia del ser humano como especie dominante en la Tierra, se ponía -por primera vez en miles de años- en duda.
Pero llegó el nuevo milenio, y el hombre -sabedor de su fragilidad ante la ausencia de modelos éticos y sociales- decidó buscar paradigmas de emergencia: "Los musulmanes son los malos malos y los cristianos los buenos buenos", "El estado de bienestar es comunista", "Obama es tan bueno e inteligente que se merece un Premio Nobel de la Paz así haya hecho sus propias y personalísimas aportaciones a las diversas guerras estadounidense en el mundo", "hay que santificar al Papa peregrino, pues ha viajado mucho y de joven era portero de un club de fútbol y tenía mucho talento y eso demuestra su cercanía a Dios", "America's Next Top Model" nos dará íconos de moda, que dejarán en vergüenza a las Claudias Schiffers del ayer". "El Opus y/o el celibato son opciones de vida razonables".
Y es así, que en pleno siglo XXI, cuando Asimov y tantos otros ya nos tenían colonizando el espacio, seguimos emocionándonos con la "Boda Real" de toda la vida; seguimos lanzando cohetes mientras nos abrazamos jubilosos ante la muerte de "el enemigo de la humanidad número uno de turno", asesinado a la vieja usanza de la CIA y se regalan premios Nóbeles y reelecciones a quienes las ordenan.
Es que -por mucho desarrollo y evoluciones varias- el mundo necesita héroes, esperanzas, enemigos, aliados, grupos a quienes hay que envidiar y otros a quienes hay que compadecer. Y, claro, un grupo de personas con quienes chismorrear sobre otras personas (Cortesía de las redes sociales). De lo contrario terminaríamos por darnos cuenta de la intrascendencia de nuestras vidas, e incluso optaríamos por la pastilla roja de Matrix, y hasta nos atreveríamos a pensar.
domingo, 6 de marzo de 2011
Pa, panamericano: La reencarnación del Asereje en pleno siglo XXI
Cada cierto tiempo, la humanidad, para dejar en claro su condición de especie imperfecta y autodestructiva, se dedica a realizar actos de crueldad extrema como guerras fraticidas, expoliación económica, campañas políticas y, sobre todo, composiciones musicales que suenan, incesantemente, en cuanto medio audio visual exista y se apoderan de plazas, calles, transporte público, restaurantes, tiendas, discotecas, bares, institutos, escuelas, oficinas públicas y cualquier otro lugar dónde los homínidos tengan autoridad poder o, simplemente, presencia.
Hay profecías muy antiguas, que predicen la llegada de la madre de todos los superhits, que será un poco de, y a la vez superará, al reguetón, la cumbia, el vallenato, la bachata, la bailanta, la chicha, la música grupera, a RBD y al Waka waka. Será tan popular que no quedará más que rendirse ante ella. Ese será el momento en que nuestra historia como seres humanos termine y empiece un nuevo capítulo, de una raza más evolucionada y perfecta, que trabajará y vivirá en la misma armonía que ya se visualiza hoy en las coreografías grupales que suelen repetirse en los advenimientos de cada Meneíto, Lambada, Aserejé, Gasolina o cualquier otra que vaya allanando el camino para aquella que por fin, freirá nuestros cerebros (que bien merecido lo tenemos).
sábado, 29 de enero de 2011
Leusemia: Al colegio no voy más, ni al baile de promoción
La vida es una historia que jamás puede tener un final feliz. Por mucho que seas un modelo de éxito y la suerte te sonría en el plano económico, sentimental, sexual, profesional, místico o lo que sea que consideres importante, terminarás muriendo. Muchas veces, con un penoso paso por la vejez. Es inevitable: Cada día que pasa te acercas un poco más a ese dramático final de película coreana. No existe nada más falso que "Y vivió feliz por toda la eternidad", ni siquiera un modesto "Y vivió mediocremente por siempre".
Pero el ser humano tiene a su favor que no es muy dado a pensar en términos tan contundentes. La esperanza de "una vida plena y feliz" casi nunca contempla una muerte simple y definitiva como cualquier otra y la "realización" de metas e ideales varios, cumple efectivamente con su función de placebo.
viernes, 10 de diciembre de 2010
La Tigresa: Música milenaria como el Oriente
En Periódico de a China nos deleitamos con la contemplación, escucha o lectura de los clásicos. Sentimos que en ellos se encuentra depositado el cúmulo esencial de la civilización humana y fuera de ellos se puede hallar artificios, adornos, barroquismo, excesos, pero no la cristalina pureza y contundente verdad universal que nos ofrecen Dostoievski o Corín Tellado, Stravinsky o Maná,Truffaut o Leónidas Zegarra. Aunque la presión popular insista en considerar a los clásicos aburridos, la realidad es que han alcanzado tal nivel, justamente, por trascender lo popular y rozar, o alcanzar incluso, lo divino, lo que los pone, entonces, en una condición superior que la mayoría de mortales no alcanzaremos jamás.
jueves, 9 de diciembre de 2010
Filosofía Barata: Alcen la mano los panas de Nietzsche
Hace un tiempo pasmosamente largo (aunque en mi mente sea sólo como un suspiro o el parpadeo que debe significar la carrera de los Stones para la eternidad de Dios), en el siglo pasado aún, un escritor noruego decidió hacer una especie de "Introducción a la Filosofía para Dummies" para lo que, basándose en el inmortal "Mujercitas", crea una historia sin historia en la que fue insertando una síntesis bastante didáctica de los greatest hits de la filosofía universal. El experimento resulta bastante entretenido y vas creyendo que en realidad es una novela lo que está en tus manos, hasta que casi al final, sino al final, del libro, descubres que te han timado y te han vendido gato por liebre: Tu novelita rosa con ínfulas de Arjona, es en realidad uno de esos libros para intelectuales que fuman mucho, no combinan la ropa y nunca tienen trabajos de ocho horas bien remunerados. Curiosamente nadie destapó semejante Watergate y el criminal siguió impune, siendo traducido hasta en 54 idiomas y convirtiendo a "El Mundo de Sofía" en uno de los pocos éxitos de no ficción de la historia.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Del Nirvana al Infierno: Ramoncín en concierto
Hace poco nos rasgábamos las vestiduras mientras desde nuestro Olimpo moral vilipendiábamos al adiposo Tongo y nos avergonzabamos públicamente de nuestra peruanidad. Creíamos sinceramente -como de niño crees en superhéroes- que no habría nada peor en la web que la ex mascota de Jaime Bayly. Sin embargo, la Madre Patria nos ha enseñado -otra vez- que nos supera ampliamente -no sólo en el aspecto futbolístico- sino en el ámbito farandulesco que se nos ocurra. Y en prueba de ello, nos regalan una versión de la que fuera una mediocre canción de un grupete medianamente conocido -de los ochentas, creo – que en manos de un hispano total (y no mezcladitos como nosotros) se convierte en un poderosísimo himno de rebeldía que seguramente hará que todo joven – de edad o de corazón- se lance, inmediatamente, en busca de cds originales y reniegue de la burguesa costumbre de la piratería.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Tongo: Sufre peruano, sufre
![]() |
| Como dos gotas de agua |
El Perú solía ser conocido internacionalmente por Laura Bozzo, quien hizo famosas las "polladas" y las golpizas de pareja, pero luego llegó el Youtube y la popularidad de artistas de primer orden como "La Tigresa del Oriente" o "la pequeña Wendy" nos pusieron en lo más alto del ránking de vergüenza ajena en español.
Pero no todo son sopranos refinadas ni agudas analistas sociales en este país. El ARTE, el talento innato, el buen gusto y el más elemental sentido estético palidecen ante la mención del nombre que -entre infinitas moléculas de grasa- deja en evidencia las consecuencias devastadoras del mestizaje cultural inca-español.
domingo, 9 de mayo de 2010
El extraño caso de la señora Bustos: La Tigresa del Oriente
Cuando, por fin, un grupo de investigadores se reúna y escriba –en cuatro tomos bellamente ilustrados– la indispensable Historia Abreviada de la Estupidez, ya no podrá sorprendernos el significado fundamental que esta categoría (la estupidez) ostenta para explicar el sentido de nuestra época. ¿De qué otra forma podríamos entender a menesterosas estrellas del firmamento político como Silvio Berlusconi o George Bush, a simios esclarecidos del zoológico latinoamericano como Hugo Chávez o Alan García, o a consagrados santos de la memez como Benedicto XVI o el cardenal Cipriani? Pues de ninguna otra, creo yo. Sin embargo, muy probablemente sobrecogerá nuestros corazones recibir –por la compra de tan importante documento de la sandez humana– una grabación con los mejores éxitos de la inolvidable Judith Bustos, nombre original de la popular Tigresa del Oriente. Y es que, ¿cómo podríamos estar preparados para mirar y escuchar cantar a este peluquera peruana? Quien haya tenido la experiencia de ver alguno de sus videos en Youtube me dará la razón. Es virtud de la atigrada cantante –pero no sólo de ella– zarandear nuestras creencias más arraigadas, echar abajo –como si fueran un frágil castillo de naipes– nuestros pronósticos y expectativas más oscuras e inconfesables. Éxitos como “Nuevo amanecer” o “En tus tierras bailaré” nos confirman con súbita violencia que el ser humano siempre puede llegar más lejos, que el verdadero límite es el cielo y que nuestro parentesco con los monos (o con los tigres) es un hecho inobjetable.
Muchos son los anatemas que recaen sobre nuestra felina compatriota. No es mi propósito negar ninguno. Tampoco me interesa hacer carga montón y repetir una vez más lo que tibiamente ya ha sido sugerido en otros sitios. Quiero, simplemente, señalar que el trabajo de la señora Bustos representa uno de los proyectos mediáticos más radicales de los que haya tenido noticia. Su mérito mayor consiste en hacer sin embozos lo que otros “artistas” realizan con mucho más presupuesto y disimulo. La cálida acogida alcanzada en programas nacionales e internacionales sólo ratifica que, al fin y al cabo, la Tigresa pertenece por derecho propio al bestiario de la televisión del Perú y América Latina (aunque España, por lo que parece, reclamará pronto la doble nacionalidad de la peruana).
¿Existe, acaso, alguna diferencia esencial entre Shakira, Ricky Martin, Juanes y la Tigresa? Yo francamente no veo ninguna. Es cierto que la Tigresa no tiene el cuerpo ni la fortuna de Shakira, pero cualquiera de los mencionados estarían dispuestos a hacer lo que sea por conservar su fama y engordar sus exorbitantes cuentas en el banco. ¿No da exactamente lo mismo bailar al compás de Lady Gaga que al ritmo de el Delfín?, ¿empañará nuestra diversión corear unos minutos los insólitos estribillos de la Tigresa?, ¿será exagerado decir que –a los ojos de Dios– Judith Bustos, Hannah Montana y Beyonce son una y la misma persona?
C. Q.
sábado, 1 de mayo de 2010
La Tigresa y Wendy: Los Ángeles le cantan a la Tierra Prometida
El Perú, en cuestión de defectos en su población siempre está un paso adelante. Somos los más incultos, los más estúpidos, los más feos, los más cobardes, los más hipócritas, los más acomplejados y tantos más que nos hacen menos que a veces siento unas enormes ganas de quemar mi pasaporte y declararme refugiado del terremoto de Qinghai. Pero de pronto, demostrándome que hay un Dios, aparece ese ángel de leopardina ¿o atigrada? apariencia -que ya tantas alegrías le ha dado a mi orgullo patrio- para demostrarme que como mi tierra no hay dos. Entonces -con los ojos anegados por las lágrimas- me pongo la mano al pecho y grito a todo pulmón: ¡Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz! ¡Ríanse de los Tres Tenores o de los Fab Four! Lo único que me baja la euforia es que el Delfín, contrario a lo que parezca, no es Bambarén, sino un ecuatoriano. ¡Es que el norte también tiene lo suyo!
H.P.
H.P.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










