martes, 25 de marzo de 2014

Need For Speed: Meteoro para Dummies

 La adaptación de un juego de vídeo a la gran pantalla suele ser decepcionante. Ya sabemos que lo importante es vender los productos de marketing asociado y rodar las suficientes escenas de acción para que entren con calzador en el trailer y puedan engatusar vulnerables cerebros pre adolescentes, para exigir a sus padres su visionado. 

Ya sabemos que como hay que gastar el dinero en figuras de acción listas para ser comercializadas antes del estreno; en crítica vendida que descubra y exalte las virtudes de la película al mundo y en un horario cercano al prime time, si es posible; y, en el puñado de escenas de acción gratuitas; ya no queda mucho para gastar en un guión, no ya decente, sino que, al menos no cause una profunda vergüenza ajena en un chimpancé con secuelas de un nacimiento con hipoxia cerebral. Porque, finalmente ¿A quién le importa? Al cine se va para comer pop corn, acompañar a los niños o a manosear a la novia. Si quieres ver algo digno en la pantalla, lo harás en tu casa; pues, el cine es la verdadera caja boba...en Imax 3D, claro.

Ya sabíamos todo eso y, sin embargo, existía (vanamente, como cuando de tanta comedia romántica que has visto, esperas que un día tu eterno amor platónico te va a amar por tu interior, antes de que te conviertas en un sex simbol, claro; y. todos los demás puedan ver, por fin, el talento inmenso que posees) una cierta esperanza de que el filme no fuera tan desastradamente malo. ¿Acaso no era nuestro loser atormentado favorito, Jesse Pinkman, el protagonista?  

Pero la menor sombra de optimismo desaparece antes de que se cumplan cinco minutos de visionado. Aaron Paul demuestra con creces que está destinado a convertirse en un "one hit character"; pues todo aquello que en su personaje de Breaking Bad son virtudes, plenamente justificadas por situaciones que desbordan a un vulnerable white trash drogadicto: La angustia contenida; la mirada vacía, la desconfianza que siente ante cualquiera que no se encuentre en su círculo de Íntimos del Google+; son, en Need For Speed, poses penosas que lindan con lo ridículo (Particularmente, el diálogo que mantiene su Robin con la rubia cliché de toda la vida que resulta no ser tan hueca como debiera ser, en virtud a su blonda cabellera; sino, una eximia conocedora de mecánica automotriz, en el que ella recalca continua y burdamente la "rudeza" y el "silencio" del personaje de Paul: "Eres misterioso como Dom Toretto, pero con los ojos azules de Brian O'Conner y The Fast and the Furious no nos llega ni a los talones", parece decir). 

Incluso cuando los guionistas (con graves lesiones cerebrales, por culpa de la menanfetamina azul distribuida a discreción por Jesse Pinkman, me imagino) se sacan de la manga la predecible y artificiosa muerte de su Robin (¿Cómo alguien va a creer que el malo muy malo va a entregar al Chispita de su némesis un automóvil de seis millones de dólares para que participe en la consabida "carrera del honor" contra aquel, en calidad de "pain in the ass"?), la actitud del personaje central (¡No me pidan que recuerde su nombre, por favor!) prácticamente no cambia pues ya era el "galán torturado" desde mucho antes.

Los personajes secundarios son caricaturas destinadas a hacer reír a un público objetivo cuya edad no llegue a las dos cifras y con un parecido excepcional a Los Magníficos de Hannibal Smith, a quienes recuerdan también por su despliegue ilimitado de recursos (Sorprendente, sobre todo, al considerar que el origen de todos los males se halla en que son incapaces de pagar las cuotas de la hipoteca de un miserable y pueblerino taller mecánico).

El romance, infaltable en una película contemporánea, es aún más artificial, si cabe. El cliché de los opuestos que se odian y luego de varias aventuras terminan enamorados es el peor llevado en años ¡Y estamos hablando de Hollywood, la Meca de las comedias románticas!  

La carrera De León es risible: Una competencia secreta organizada por un millonario excéntrico, que te brinda más prestigio que el que pueda tener Sebatian Vettel en la Fórmula 1, resulta ser una vulgar carrera ilegal, sin la más mínima logística, en una carretera comarcal californiana; rápidamente desbaratada por la policía (La que, por otro lado, brilla por su inefectividad absoluta, en el resto de la cinta. ¿Alguno de ustedes ha tratado de pasearse desnudo por un edificio de oficinas en Estados Unidos? ¿Es que los guionistas no han visto Cops? Oh, ¡Es cierto que se encontraban hasta las narices de metanfetamina azul!)

En definitiva, no podemos considerar que Need for Speed sea la peor cinta del año. Sería muy injusto no reconocer que se ha ganado un lugar en el Olimpo de la Imbecilidad de Todos los Tiempos, al lado de grandes bodrios universales como La Mala Educación de Almodovar.