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martes, 13 de marzo de 2012

Bellflower: The Wonder Years en adulto y sin hiperglicemia

Se ha dicho, sobre esta película, que es una especie de "Club de la Pelea" para el siglo XXI; que lleva la hiperviolencia a extremos nunca vistos; que "trata de dos tipos armados hasta los dientes que aguardan con ansia un cataclismo global para hacerse con el control de la Tierra"; que es una reflexión desoladora sobre el amor. En suma, un filme que, tranquilamente, podría estar firmado por el mejor Park Chan-Wook.


Es por eso que, temeroso de que su visionado me causara, por lo menos, un par de aneurismas cerebrales, me decidí a contratar un equipo médico lo suficntemente capacitado para salvaguardar mi salud al momento de disfrutar de tamaña joya del cine y, acompañado de mi eficiente staff médico, le dí al play. En pocos minutos, empecé a tener serias sospechas sobre la veracidad de los comentarios anteriores. Desde las primeras escenas ya se desarrollaba frente a mí, una comedia romántica indie (que se distingue de la tradicional en que los personajes son proletarios, los white trash de toda la vida, y no "exitosos y jóvenes empresarios que no encuentran el amor") cuyo mayor mérito era la falta de metas a la usanza ortodoxa de los protagonistas (Lograr que un lanzallamas casero sea utilizable es, para ellos, el equivalente más cercano a la esperanza de  conseguir una beca para realizar un MBA en el primer mundo, para el usuario común del Facebook).


Un automóvil con servidor automático de whiskey, un concurso para comer cucarachas en un bar, que es ganado por el personaje principal femenino y un road trip para buscar el restaurante de carretera más asquerosos son el inicio de una historia de amor tan melosa que fácilmente hubiera sido protagonizada por la Meg Ryan pre botox.


Sin embargo, luego del primer beso, no pasa nada (que no pase en la vida real) que merezca algún tipo de atención por un aproximado de 68 % de metraje. En ese momento, la joven y bella protagonista ya se encuentra hasta las narices del adorable y rebeldoso protagonista y retoma antiguas costumbres como acostarse con su casero, sólo que esta vez en la cama del soñador enamorado y minutos después de que éste saliera de casa.