jueves, 15 de julio de 2010

Sex and the City 2 – El bolso de Prada marrón y los zapatitos de tacón

Luego de que las cuatro amigas se hubieran convertido en los noventas en ejemplos de liberación e igualdad sexual habiendo revolucionado ellas solas la imagen de la mujer logrando hacerla ver como el ente decidido e independiente que es hoy. Raza compleja la de las féminas, que con cuidado maquillaje y manicura de doscientos dólares son capaces de tratar todos los ángulos posibles de temas tan diversos como: zapatos, hombres, zapatos, penes.

A comienzos de este siglo, gozamos de la esperada primera película, donde no se limitaron a darnos más de lo mismo, sino que valientemente dieron un paso adelante -pequeño en un zapato de tacón de doce centímetros pero enorme para la humanidad- borrando de plano la idea de que la vida de una mujer acaba a los cuarenta pues dejaron en claro que la ebullición hormonal producto de la cercanía a la menopausia no hace sino acentuar su crecimiento espiritual e intelectual haciendo que no sólo sean capaces de disfrutar plenamente de sus cuerpos sino también de la profundidad de ricos y complejos pensamientos desenvolviéndose con impresionante soltura en temas tan disímiles como: zapatos, hombres, zapatos, penes, matrimonio.

Carrie y sus amigas mostraron aquella vez que la mujer luego del éxito, los zapatos y la vida sexual activa con millonarios de dotación viril abundante no se deja estar, pues aún queda algo más, un paso importantísimo en ese estrogénico camino personal hacia la perfección: El deseo de casarse vestida de blanco en una fastuosa ceremonia. Gracias al grupo de amigas descubrimos que, aunque la sociedad machista y androcéntrica se empeñe en hacer ver como robots sin sentimientos a las mujeres exitosas, -por muchos pares de zapatos que tenga en su armario y aventuras carnales en su hoja de vida- ellas siempre mantienen la frescura de pensamiento, la ilusión y la fantasía de unas niñas.
Es por ello que no tenía demasiadas expectativas con la película. El listón a alcanzar era muy alto. Pensé que su momento había pasado y que era imposible que nos sorprendieran aún más de lo que ya habían hecho hasta ahora. Pero confieso que tenía una secreta esperanza en que nuestras heroínas lo volvieran a hacer. Y vaya que lo hicieron. No pude terminar de ver la película pues las lágrimas de emoción me desbordaban. Este filme no se centra en delicados análisis sobre las complejas diferencias conductuales entre los distintos sexos ni tampoco en las habituales reflexiones filosóficas sobre el papel de los zapatos de tacón como motor de la sociedad.

Esta vez arremete valientemente contra la injusticia que conlleva la diferencia económica entre clases sociales y las terribles brechas que se han abierto entre ricos (como los de aquellos países árabes que no tendrán agua pero que donde hasta se suda petróleo) y pobres (como nuestras sufridas heroínas que se matan trabajando hasta cuatro probables horas al día para poder comprar zapatos de apenas 500 o mil dolaruchos) y nos ofrece un lúcido panorama de la economía mundial a partir del crack económico del 2008 y el esfuerzo de la clase trabajadora por reponerse a tan tremendo golpe.

No es menos importante el otro tema en el que ahonda la película, algo que quizás siempre hemos sobreentendido por su importancia capital en nuestras vidas, pero que esta vez logramos intuir en su real magnitud. Estamos hablando, por supuesto, de la/las “amiguis”. Tema del que -por su complejidad- hablaremos en un siguiente post.

Queremos terminar diciendo que el equipo de redactores de Periódico de a china la recomienda como una película de imprescindible visionado, no sólo por sus valores fílmicos sino por su importancia como estudio sociológico contemporáneo. Me atrevo a decir que deja a Ciudadano Kane como una película de aficionados y se acerca más bien a verdaderas joyas de la filmografía universal como Showgirls, sólo que sin culos y tetas descubiertos.

H. P.