viernes, 5 de septiembre de 2014

Gustavo Cerati y Joan Rivers: Ya que la muerte es música ligera

Si hay algo que, como especie, nos guste más que el Mundial, son las muertes de los famosos. Nos encanta formar parte de la historia agregando nuestro granito de arena en el obituario colectivo que le construimos a las leyendas del rock, del deporte, de la política o a Ciro Castillo Rojo. Nos seduce hasta las lágrimas decir que fuimos grandes fanáticos, grandes amigos, que la primera vez que nos acostamos con alguien fue con nuestro ídolo mirándonos, aprobatoriamente, desde un póster. 

En ese sentido, la globalidad internetera está de plácemenes. Esta semana ha sido pródiga en necronoticias: No nos ha dado una, sino dos muertes de celebridades. Si bien me lapidarán muchos al comparar el deceso del MÚSICO Cerati con la muerte de la reina de la frivolidad, Rivers; la verdad es que ambos eran millonarios; archinoconocidos; hacía varios años no tenían la menor expresión en el rostro; y, su han creado un legado que perdurará durante generaciones en la cultura pop (Que es tan válido, o tan frívolo -aunque  algunos les duela reconocerlo- pasar a la historia como compositor de himnos generacionales, que como sagaz crítica de vestidos en la alfombra roja).

Como en Periódico de a China no somos extraterrestres, nos adscribimos, incondicionalmente, al morbo público y lanzamos, encantados, nuestro aporte a los festejos...digo a los homenajes a estas dos nuevas estrellas del firmamento de los finados.

Empezamos, faltaría más, con Gustavo Cerati. Uno de esos raros especímenes del Homo Elegantus, al cual pertenece también David Bowie, que exudan distinción en todo lo que hacen, lo que les permite trascender la mediocridad a la que estamos condenados la mayoría de mortales (Al menos sabemos que ellos también son mortales), sin importar, en demasía su talento. Cerati hubiera marcado tendencia tanto como físico nuclear o como maitre de restaurante cinco tenedores. 

Es esa elegancia en su aura, la que lo elevó de rostro visible de la boy band ochentera, que era Soda Stereo hasta convertirse en el genio de la música que mira despectivamente desde lo alto a Mahler y a Stravinski.

Es indudable que sólo alguien como Gustavo podría hacernos pensar que "Oye, te hacen falta vitaminas" es una frase lapidaria respecto al vacío emocional que implica el estilo de vida hiperconsumista que se iniciaba en aquellos ochentas; o que "Comunicación sin emoción, una voz en off con expresión deforme" nos invitaba a replantear las relaciones interpersonales desde un contexto de implicancia sentimental y empatía. Incluso, ya pasada su primera juventud, nos deleito con letras que deberían terminar en tatuajes con su carga de profundidad como: "después de un baño cerebral, estaba listo para ser amado", que nos indica claramente que para conseguir sexo debemos tener la consciencia limpia ... o algo así. 

Pero es en su concierto de despedida (antes del revival, claro), donde Cerati mostró al mundo que solo habíamos nacido para amarlo y admirarlo; pues, la frase semi idiótica del final del concierto (producto, seguramente, de la emoción, los nervios y alguna droguilla de nada que en algunos añitos lo pondría en coma) que dice: "No solo no hubieramos sido nada sin ustedes sino que toda la gente que estuvo a nuestro alrededor desde el comienzo , algunos siguen hasta hoy. Gracias totales", se convirtió en la frase culminante de la generación de fin de siglo (lo que habla muy mal de esa generacion, claro).

¿Qué mas decir de Cerati, que no se haya dicho ya en los últimos 20 minutos en toda la red? Pues, que ya llevaba muerto cuatro años y parece que muchos jamás se dieron cuenta, porque faltaba el detalle de enterrarlo.

Respeto a Joan Rivers, diré que su voz tosca, su rostro repulsivo cargado de cirugías sobre cirugías, la hija antipática, los comentarios insulsamente superficiales y cargados de mala leche contra lo más sagrado de una mujer, que es el vestido de noche; la convirtieron en una de mis divas favoritas, casi a la altura de la Tigresa del Oriente. Alguien que tiene el descaro de hacer algo como Fashion Police y tomárselo en serio, al punto de sentir que su labor en la purificación del alma era, con mucho, superior a la de cualquier gurú religioso como el papa san Juan Pablo; demuestra, simplemente, su tremenda inteligencia para hacerse la estúpida y ganar millones con el candor de los que de verdad lo somos.   

Este sería el momento de decirle a nuestros dos héroes que descansen en paz (porque claro que me oyen, no ven que soy un fan); pero, en respeto al buen gusto de Cerati y al kitsch excesivo de Rivers, me tragaré mis cursis palabras y no diré nada.