miércoles, 11 de mayo de 2011

Katy Perry: Diosa de un Olimpo Menor

En lo que va de siglo, Lady Gaga se ha convertido en la reina indiscutible del pop. Su indudable talento para crear pegajosas canciones que se apoderan, inmediatamente, del ciberespacio y se hacen indispensables en clubes y discotecas (Que, en la posmodernidad, son los caminos oficiales a la gloria) sumado a su calculado toque de polémica sexual y religiosa (Por demás trillada, pero aún muy efectiva) han logrado encumbrarla a lo más alto de la realeza de la música (tan poco amante de la democracia en gustos populares, como siempre). Es innegable que Gaga es la actual y verdadera reina del pop (Recuerden que la pobre Britney nunca pasó de princesa) y, con los años, se le recordará en el mismo nivel decadente glam de su precursora y reina madre: Madonna.

Pero que Lady Gaga sea la lidereza monárquica de las preferencias populares, no significa que el resto del mundo de la ¿música? no tenga una pléyade de nobles cortesanas, dispuestas a alegrar la retina y las páginas de los tabloides por igual. Entre ellas, una de las más destacadas es, por supuesto: Katy Perry.

Katy es muy atractiva -como corresponde a toda estrella pop, pero se diferencia de la mayoría de sus congéneres astrales en que su imagen no es "estudiadamente sexy", como la ya nombrada Britney o Beyonce ni "estudiadamente natural", como las insoportables "princesitas" Hanna Montana-Cyrus, Selena Gómez y tantas otras.  Katy tiene esa imagen de tonta que irradia sexualidad -y que recuerda mucho a la "Calabacita" Kelly Bundy de "Married with Children"- pero, a la vez, se nota claramente que la estupidez no es uno de sus atributos, pues sientes que, en el fondo, se está conteniendo para no cagarse de risa del ridículo papel que representa el ser una "estrella", lo que no quita que lo disfrute increíblemente además.

Es ese poco tomarse en serio lo que la hace encantadora, pero también lo que la condena a estar varios metros atrás de las verdaderas profesionales de la fama como Gaga.

Finalizamos esta erudita entrada con dos temas: El primero para observar la delicada anatomía de Katy (noten la expresión burlona de su mirada) y el segundo para disfrutar de una sabia reflexión sobre la complejidad sentimental de los emos en relaciones con humanas vulgares que no los comprenden.