domingo, 25 de abril de 2021

Al vuelo hacia la segunda vuelta (Tercera parte)

Lo primero que destaca en Pedro Castillo es que no es alguien destacable. No representa al migrante con éxito económico, como Acuña ni al que logró “el sueño americano” como Toledo. Mucho menos, al descendiente de italianos y agregado militar en países del primer mundo, como Humala. Se trata de un maestro de primaria de un pueblo pequeñísimo, cuyo único contacto con los altos círculos del poder se circunscribe a haber liderado una huelga de profesores hace unos años. Carente de PhDs, de maestrías en el extranjero, sin siquiera ostentar un posgrado en alguna universidad de renombre. No se le puede colocar tampoco el cartel de líder regional o de curtido político. No es dueño de una gran elocuencia ni una cultura enciclopédica. Se expresa con alguna dificultad y su lenguaje es austero. Se nota, en cada entrevista su falta de mundo y su desconocimiento de algunas cuestiones elementales de gobierno. Es alguien, en suma, a quien difícilmente podríamos imaginar como la persona encargada de dirigir la nación en los próximos cinco años. 


Y, sin embargo, es el primer candidato en la historia del Perú -con verdaderas posibilidades de ganar- que proviene, realmente, del Perú profundo. Ese Perú invisible para las clases medias y altas. Ese Perú de los friajes y de la desnutrición. Ese Perú sin agua potable y sin internet. Ese Perú ridiculizado e ignorado. Ese Perú de castellano atolondrado debido a  su quechua materno que es motivo de mofa para el Perú monolingüe que se irroga el derecho a ser el Perú de verdad. Ese Perú que aunque no lo parezca, por lo que muestran los medios o la distribución del PBI, constituye una rotunda mayoría en nuestra nación y -aunque muchos quisieran borrarlo de un trazo- tiene la fuerza electoral suficiente para colocar uno de dos rivales para la presidencia. Esa importancia electoral ha sido, astutamente, utilizada por “humildes de mentiritas” como los mencionados Toledo o Humala, pero también Fujimori; quienes, una vez en el poder, ignoraban, drásticamente, a ese pueblo que, al cabo, no era suyo. Esta vez el “candidato del pueblo” no tiene lista la nómina de ministros con sus amigos del Golf o de la intelectualidad universitaria. Esto no es necesariamente bueno, es cierto, ya que en la crisis actual hace falta gente experimentada para capear la hecatombe que recién empieza; pero, ¿Cuál es la otra opción? ¿Un “empresariado” cuya ideario para la reactivación se basa en disminuir el gasto público y los impuestos, así como en “flexibilizar el mercado laboral”, lo que viene a ser, en realidad, una forma de generalizar el subempleo? ¿O un academicismo teórico y letárgico, incapaz de adaptarse a las particularidades de nuestro país? 


Es cierto, también que buena parte de lo pregonado en la campaña de Castillo es inviable en el mundo actual. El leninismo maoísmo -que no el marxismo- ha fracasado de manera evidente; pero también es cierto que el capitalismo neoliberal hace aguas por todas partes y la pandemia no ha hecho más que acelerar su deterioro, no solo en el Perú, sino en el mundo entero. La cada vez mayor exigencia de impuestos a los millonarios, seguro de salud universal o acceso a una educación de calidad menos onerosa en el país más individualista del mundo, como es Estados Unidos, es prueba de que frases tan falaces como “el pobre es pobre porque quiere” o “el mercado se autoregula” no representan más que los manotazos de ahogado de quienes tienen miedo de perder sus privilegios. 


Curiosamente, quienes más temor tienen a perder tales privilegios, son aquellos que no los tienen, pero los confunden con las comodidades que reciben, como migajas, al formar parte de  la pequeña burguesía. Es cierto que la fragilidad de ser un asalariado o un “empresario emprendedor” se ha hecho manifiesta para muchos en esta época y no vale la pena explayarse en eso. Pero hay un buen porcentaje a quienes la pandemia no ha perjudicado tanto, o trabajan en rubros en los que, incluso, se han beneficiado con ella; y, por tanto, han reforzado su idea de pertenencia a la clase dominante. Casi sin tomar en consideración que el azar en forma de una enfermedad, un accidente incapacitante, un terrremoto o cualquier otra cosa, puede tirar por los suelos todo ese estilo de vida que creen inmutable. En ese momento, es cuando el Estado deja de ser el “ogro que se lleva tus ganancias” y puede convertirse en la única posibilidad de que tu familia se alimente o tus hijos se eduquen. Y en esa situación, si realmente lo necesitaras, lo que menos quisieras es escuchar a una candidata que te dice que “el modelo funciona” y que mantenerlo es la única forma de “seguir creciendo”. Esa es la situación en la que está buena parte del país y es la razón principal por la que Castillo le saca 20 puntos de diferencia a Keiko.


Es probable que Castillo haga un gobierno desastroso y terminemos todos más pobres (Sin embargo, no vamos a ser otra Venezuela porque para eso necesitaríamos la presión de las sanciones internacionales que no tendremos al ser un país insignificante en la geopolítica mundial), pero al menos tiene la ventaja de gozar de una empatía que solo el haber vivido como un hombre común le puede dar. Llamémoslo consciencia de clase, si quieren. Quizás lo peor que pueda suceder, es que se obnubile con el poder y se convierta en un “sano y sagrado reloaded” y sigamos como siempre (aunque más muertos, que el COVID no se detiene).


Una imagen que quisiera destacar de Castillo, es la del día en que iniciaba su campaña para la segunda vuelta y se despedía de su familia. La forma en que su hija lloraba y lo abrazaba y le pedía que no se fuera, demuestra que es un buen padre y eso ya es mucho más de lo que podíamos haber esperado de los presidentes de las últimas décadas

sábado, 17 de abril de 2021

Al Vuelo hacia la segunda vuelta (Segunda parte)

 Si nos fijamos en los mapas electorales del 2011 y del 2016, vemos que, al sustituir a Humala por Castillo, tenemos casi un calco de los ganadores: Él se queda con la mitad sur del país, salvo Ica; la sierra en su totalidad, parte de la selva y Ancash. Fujimori triunfa en la costa norte y la mayoría de la selva; y Lima queda en poder del candidato blanco, millonario y “de lujo” del momento. 

En el 2016, las preferencias se repartían más o menos de la misma manera entre Fujimori, Mendoza y PPK; incluso, yendo, aún, un poco más atrás, encontramos una distribución geográfica similar entre Alan, Humala y Lourdes en el 2006 y entre Toledo, Alan y Lourdes en el 2001. Podríamos atrevernos a retroceder inclusive hasta 1990 y la distribución sería: Norte: Alva Castro (a pesar del terrorífico primer alanato); Vargas Llosa: Lima, además de la selva, Ica y Arequipa; y, el sur para Alberto Fujimori. 


Estamos hablando de un patrón que se repite durante más de treinta años y que nos va a permitir, por supuesto, predecir, con la efectividad de todo un Hayimi, quién será el que le robó el sueño a García, de ser el presidente del bicentenario.

Para empezar, lo que salta a la vista es que, salvo tres que repiten una vez, las votaciones son similares pero los candidatos no lo son. NI siquiera son de los mismos partidos, como para hablar de algún tipo de fidelidad ideológica. 


La respuesta está, donde más, en las afinidades y el interés propio. Las personas, no solo los peruanos, solemos votar por aquel candidato que más se parezca a nosotros o a lo quisiéramos ser; o, por el que piense más parecido a nosotros o que, al menos, comparta nuestros prejuicios y nuestros odios. Al respecto, es bastante ilustrativo el pequeño escándalo que hubo hace unas semanas cuando la gente empezó a quejarse de una página web que te revelaba con qué candidato eras más afín, porque afirmaban que la mayoría de veces salía el Partido Morado o Juntos por el Perú y que estaba, claramente manipulado por alguno de ellos. Resultaba inconcebible, para una amplia mayoría, que su razón y su corazón no caminaran de la mano y que un noble y gallardo desotista, por poner un ejemplo, terminara siendo más afín a la terrucaza que nos iba a convertir en Venezuela que a su elegante y venerable líder espiritual.


Definamos entonces esos tres espacios: 


1. El Norte: Bastión de Alan, primero; y de Keiko, después. A diferencia del Norte de Juego de Tronos, este es cálido y muy poblado, aunque comparte con el de ficción, su fuerte sentido de pertenencia regional -aunque se saquen los ojos entre ellos. Su nivel de pobreza es menor que el del sur o el de la vecina Cajamarca -que, aunque norteña, por su condición serrana es más una extensión de ese otro país que vive entre los andes y la corriente de Humboldt. Además, aunque para el resto de peruanos sea menos evidente, se ven a sí mismos racial y socialmente diferentes y se sienten mucho más cerca, culturalmente, de la capital que del resto del país. El norte, tras décadas de aprismo, que degeneró en alanismo, suele ser proclive a liderazgos fuertes y de moralidad dudosa y no suelen tener mucha atracción por las revoluciones. Además, el espectro de población que, quizás, podría sentirse atraído por Castillo, es, fuertemente, acuñista por lo que las posibilidades de crecimiento, en esta zona, del Castel son limitadas. En una elección de "antes", se puede decir que acá predomina el anticomunismo sobre el antifujimorismo.


1.1. La selva: Aislada por la falta de caminos y olvidada no solo por casi todos los gobiernos, sino por el resto de peruanos, tiene un reducido impacto político por su poca población, por lo que no suele ser muy apetecible para los políticos. Solo dos expresidentes parecieron notar su existencia: Belaúnde y Fujimori. Este último descubrió que invertir unas monedas que nadie había invertido antes, le asegurarían un apoyo que, aunque minoritario, podría ser esencial en el futuro. El futuro es ahora y esos miles de votos pueden ser determinantes.


2. El Sur: De manera poco observadora podríamos asegurar que el sur es comunista. Sus últimos ganadores  lo son, como Castillo; lo eran, como Mendoza; o, lo parecían, como Humala. Sin embargo, Toledo tuvo un apoyo superior al de cualquiera de ellos a pesar de que, ideológicamente, estaba tan lejos de la izquierda, como lo está ahora, tratando de escapar de la justicia, físicamente. Y Alberto Fujimori es la antítesis del comunismo en el Perú.


Lo que todos ellos tenían en común era la promesa de un cambio y la representación de los marginados. En esa zona del Perú, la pobreza, el frío y el olvido estatal son endémicos. La sierra fue la zona más golpeada por el terrorismo y por la crisis económica de los ochentas, lo que solo agravó la situación ya paupérrima que se vivía y, mientras tanto, Vargas Llosa ofrecía, exultante, empeorarlo todo de golpe para mayor beneficio de sus amigos banqueros.  Ante esto, el “chino” representaba al hombre humilde, al no blanco, al tipo sencillo que prometía que las cosas estarían bien -quizás sin explicar cómo pero eso es irrelevante cuando estás desesperado- por eso, cuando Fujimori se hizo más vargasllosista que vargasllosa, el sur se sintió traicionado y esa traición fue el germen del antifujimorismo que fue, desde el nuevo siglo, la segunda razón de peso para apoyar a un candidato. 

Toledo supo aprovechar la imagen de hombre humilde, no blanco, de tipo sencillo que prometía que las cosas estarían bien pero le agregó el mesianismo de una especie de nuevo incanato, que llevaba, implícito, una vuelta de tuerca a las relaciones raciales de poder. Además, transformó, hábilmente, la lucha de clases que se esperaba de él, en una mucho más glamorosa e inocua “lucha contra la dictadura” que le permitió alcanzar su largamente añorado “fujimorismo sin Fujimori”.


Humala aprovechó tanto la imagen de hombre humilde, inaugurada por Fujimori, como el mesianismo de Toledo, pero le agregó una especie de nacionalismo étnico y una homofobia a la vieja usanza para ganarse tanto a los más conservadores como a los de espíritu revolucionario. La jugada fue un éxito que lo llevó a la adoración de masas, pero, finalmente tuvo que moderar su discurso y “cositoficarse”cuando se dio cuenta que ese radicalismo nunca le haría ganar en las remilgadas clases medias que necesitaba en segunda vuelta.


La Vero es una excepción que no debería estar en este análisis. Su lugar le correspondía al Goyo Santos, pero él estaba en la cárcel; y aunque muchos votaron, igualmente, por él, un buen porcentaje se decantó por la Vero, aunque no fue un porcentaje suficiente como para llegar a segunda vuelta como sí lo hicieron todos sus antecesores. Y es que la Vero no solo no parecía un hombre humilde, sino que ni siquiera era hombre y aunque hablaba de lucha de clases y de igualdad, usaba términos que la mayoría de sus votantes prestados no comprendía. Sin contar con que, directamente, desaprobaba en las materias de mesianismo y homofobia.  Al menos sacaba sobresaliente en antifujimorismo, lo que permitió, al menos, un digno tercer puesto, que, trágicamente, le hizo creer en esta elección que era suyo por derecho y no se dio por enterada cuando el verdadero dueño de esos votos vino a reclamarlos.


Pedro Castillo, a diferencia de la Vero, sigue la fórmula del caudillo del Sur: Hombre modesto, no blanco, que promete que las cosas estarán bien, y, además, tiene una dosis moderada de mesianismo y homofobia. Y a diferencia de Fujimori, que vivía en La Molina y era rector de Universidad; o de Toledo, que vivía en Estados Unidos y le gustaba el whisky con hielo y con lobbystas; o de Humala, agregado militar en Corea y en Francia y con pasaporte italiano, es el único de ellos que no solo parece, sino que es un hombre de extracción humilde, de vida humilde, alguien que en verdad es como sus votantes y que sabe como llegar a ellos. Es el primer Candidato del Sur, que no se disfraza para parecerlo y por eso, aunque no haya alcanzado los números de Ollanta o de Toledo, ha logrado quedar primero en las elecciones con una campaña mucho más corta e infinitamente más pobre y siendo, incluso el día de las elecciones, un auténtico desconocido para buena parte del electorado, lo que le garantiza, una amplia base de crecimiento. La pregunta que se cae de madura es: ¿Será suficiente? 


3. Lima: Cuando una ciudad tiene una población equivalente a la tercera parte de la del país y es, a la vez, superior a la totalidad de la de varios países, es imposible homogeneizar su pensamiento, así sea para un ejercicio de simplismo adivinatorio como este post. Sin embargo,  sí se puede encontrar puntos en común, entre diferentes espacios que conforman la capital, para hallar los posibles respaldos electorales. 


Para empezar, los ingresos de la capital son, en conjunto, más altos que los del resto del país. La clase media es más numerosa y es, el único lugar en que se encuentra una clase alta importante. En ese sentido, una buena parte de electores no viven, como en la sierra peruana en un permanente estado de hastío o de necesidad de cambio. Es por eso que, el candidato ganador solía ser alguien que representara a la “aristocracia” económica. Un liberal de derechas, como Lourdes o PPK, que no amenazara el status quo o que, en el caso de Vargas Llosa, encaminara al país a esa derecha. Lo natural, en estas elecciones, hubiera sido que el triunfador fuera Hernando de Soto. Sin embargo, la destrucción de nuestra famélica institucionalidad, que con tanto esfuerzo han logrado Vizcarra y su oposición; así como la pandemia  y sus devastadores efectos han hecho a la gente más proclive a las opciones extremas, que en Lima y Callao eran representadas, no por alguien de izquierda sino por un fascistoide del Opus Dei: López Aliaga, quien aprovechó, hábilmente un discurso antisistema fuertemente defensor del sistema, que encandilaba por igual al supernumerario de su secta, al emprendedor, al empresario o al ama de casa, al exaltar sus prejuicios y fobias. No sorprende, por ejemplo, que los distritos en los que López ganó con contundencia fueran aquellos donde viven, o trabajan, más venezolanos. Si el candidato hubiera tenido la simpatía de, digamos, una tuna a medio podrir, quizás hubiera logrado consolidar su ventaja en Lima y ganar un par de capitales de departamento, especialmente Arequipa, que le hubiera permitido llegar, cómodo a la segunda vuelta. Por suerte para el país, no la tenía.


Otra característica común a la mayoría de limeños es su enorme exposición a los medios de comunicación, lo que los hace proclives a cualquier veleidad de aquellos. Ya desde los tiempos de Fujimori se utilizó activamente la prensa para desideologizar y “apolitizar” la capital y vender el mito del emprendedor que si no puede progresar es por culpa de la izquierda, equiparando sindicatos con organizaciones terroristas, por ejemplo. Pero en los últimos tiempos, ante la debilidad aparente de la izquierda, ese lugar del “cuco social” fue trasladado al antifujimorismo, debido, sobre todo al importante arraigo popular del fujimorismo en los sectores menos favorecidos de la capital, debilitándole con gran contundencia. 


Claro que ser dueño del país o líder de opinión no te vuelve, particularmente, lúcido y mientras se desvivían en ensalzar candidatos de medio pelo tratando de evitar una segunda vuelta entre López y la Vero (a quien veían, erróneamente, como la dueña de los votos del 2016) se les iban colando, por los costados, justamente, aquellos dos que, históricamente, siempre estuvieron allí: Los candidatos del norte y del sur.


Resulta, entonces, que a pesar de su inmensa población, Lima está condenada a tener que escoger entre las opciones que le pongan esos dos polos. Incluso cuando su candidato llegó a la segunda vuelta, lo hizo porque también ganó en Arequipa: Vargas Llosa y PPK. Sin embargo, y esto es muy importante, si bien Lima es irrelevante en la primera elección; es, finalmente, quien termina decidiendo al presidente en la segunda vuelta. Los otros dos bloques no van a cambiar de manera drástica sus preferencias, lo que le deja toda la responsabilidad a la capital.


Entonces volvamos a los datos históricos. El candidato del sur ha ganado en 1990, 2001 y 2011 y el del norte en 2006. PPK ganó solo porque el sur no tenía un candidato que sintiera suyo en el 2016 y aún así tuvo que sufrir para llegar a segunda vuelta frente a la suplente del Goyo. 


Ya que la migración desde la sierra y el sur es mayor en la capital, eso termina favoreciendo a su postulante; lo que le daría un amplio favoritismo a Castillo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que Alan ganó en el 2006 porque Humala no cedió en su discurso y, Lima, conservadora como pocas, ya lo sabemos, le negó la presidencia que sí le entregó cuando aceptó convertirse en un Toledo 2.0. 


Respecto al antifujimorismo, aunque en redes parezca una avalancha y hasta el marqués se haya comido los sapos y haya dado su bendición a la hija de su némesis; en la vida real no tiene la importancia que tuvo hace unos cuantos meses. 


Entonces, en este momento, Keiko tiene todas las papeletas para ganar. Sin embargo, es una hegemonía muy frágil. Si Castillo hace concesiones, así sean solo para la tribuna, podrá fortalecerse hasta llegar a la presidencia. Pero sus concesiones tienen que ser muy cuidadosas. Cometería un error apoyando abiertamente las políticas inclusivas de Juntos Por el Perú, porque eso le daría el Keikismo un arma de ataque poderosísima, a cambio del puñado de votos que representa el progresismo en el Perú, quienes, además, en su mayoría tampoco votarían por Fujimori. Si sus concesiones son tan dramáticas que implican un cambio de rumbo total, como pasó con Humala, es probable, que Keiko opte por darle más uso al populismo natural de su partido y terminar debilitándolo en los conos de la capital, especialmente los más golpeados por la pandemia.


Siguiente capítulo: Todo lo que siempre quisiste saber sobre Castillo y tienes temor de preguntar.

lunes, 12 de abril de 2021

Al vuelo hacia la segunda vuelta (Primera parte)

Ya asegurados los candidatos ganadores del primer round, no han tardado en llegar las reflexiones post electorales. Hay que reconocer que la mayoría son un copy paste del 2011, con frases contundentes que se han convertido en clásicos modernos como : “Cómo me dueles, Perú”, “El Perú no es Lima”, “Mañana mismo tomo mi avión” “Qué estamos pagando”, “hay que escoger entre el cáncer o el sida” “votaré tapándome la nariz” o “tenemos que escoger entre dos males mayores” y es que da la sensación de que twitteros, feisbuqueros e instagrameros están viviendo un déjà vu de aquella disputa entre Keiko y Humala: Unos reconociendo que no tomaron en cuenta el sentir popular, pero dejando, siempre en claro, que el sentir popular es una mierda. Otros aceptando que Fujimori es lo peor que existe pero que no se puede desestabilizar al país. Otros convirtiéndonos en Cuba (ahora en Venezuela).

Pero, aunque el país sea, prácticamente, el mismo, porque ni las pandemias llegan a cambiarnos de veras, las circunstancias son diferentes. Sin más preámbulo empezamos a poner nuestro granito de arena reflexivo:


La Keiko: La verdadera sorpresa de las elecciones. Mientras lo de Castillo se caía de maduro, la hija de Alberto languidecía en las gélidas aguas de la medianía en las encuestas. Atrás quedaban los tiempos de gloria con porcentajes de apoyo cercanos al 40 por ciento. Es entendible. El antifujimorismo, que en el Perú tiene status de religión semi oficial había, por fin encontrado a su Sumo Sacerdote en Vizcarra y, el año pasado había logrado lo que parecía imposible: Casi borrarlo del mapa. Igual, su núcleo duro de 6 o 7 por ciento la hacía aún visible en las encuestas pero la verdadera pelea por el título de Caudillo de la derecha, aparentemente, iba a parar en De Soto o López Aliaga. 

Sin embargo, hubo tres factores con los que nadie contaba: 

El primero es que, le duela a quien le duela, el fujimorismo ha calado profundamente en las clases populares -especialmente urbanas- y se ha convertido en una especie de peronismo con tacu tacu que, por muy débil que esté en algún momento, no logra ser extirpado. Claro que eso sorprende porque en redes casi no hay fujimoristas: Es que en redes somos como Argentina o Uruguay, somos cultos, civilizados, demócratas, progresistas o liberales. En redes hasta gana la Vero. 

Segundo: La caída de Vizcarra fue una bocanada de aire para Fujimori. Durante más de una década la secta de los antifujimoristas llegó a ver a sus miembros como seres sin mácula, guardianes de la moral e incorruptibles. Al mismo tiempo, hasta el menor devaneo de un funcionario con la ilegalidad era asociado, inmediatamente, a su fujimorismo agazapado. Entonces, cuando el paladín de su lucha, el que valientemente cerró “el peor Congreso de la historia” enfrentándose a “la lacra naranja y sus tápers” demostró ser capaz de acciones tan aborrecibles como el aprovechamiento de la pandemia como mecanismo publicitario o de mentiras abyectas como la de su “voluntariado” para esconder su vacunación secreta: no se necesitó mucho tiempo para quitarle a Keiko el monopolio de la corrupción y compartirlo con todos los demás políticos, lo que permitió, además de la recuperación de un porcentaje de sus antiguos fieles, una sensación de hastío político por buena parte de la población, que en idioma electoral, implicaba que sus magros puntos porcentuales la ponían de nuevo en carrera. 

El tercer factor es que sus rivales, Porky y De Soto eran tan malos candidatos que el adjetivo “patético” les quedaba grande. Siendo blancos, hombres y millonarios, lograron asegurar los primeros lugares en Lima, pero con porcentajes irrisorios, considerando el nivel de conservadurismo social y económico de la capital,  lo que permitió que Fujimori les birlara un 13 por ciento que, a la postre, resultó crucial, ya que, salvo en las capitales departamentales, los otros dos eran rivales sin el menor fuste en provincias. De cualquier forma, no deja de ser sorprendente la resiliencia de Fujimori, quien luego de perder dos elecciones, en olor a multitudes, esta ahora a punto, de ganarla, cuando ni Puñete apostaba por ella. 

A su favor juega, especialmente, que su rival es cobrizo, inexperto, de poco mundo, pueblerino, venezueleable, altamente “terruqueable” -en el terruqueo es donde mejor se desenvuelve-, y que la mayoría de sus ideas son demasiado radicales para que logre conseguir muchos consensos -quizás si con Verónica Mendoza pero difícilmente con sus verolovers. 

En su contra tiene su asociación con la corrupción, la inmensa popularidad de Castillo en zonas rurales, donde difícilmente puedan servir ni el terruqueo ni el venezueleo; el antifujimorismo de núcleo duro (el otro ya lo tiene ganado que “con asco” pero votarán por ella, que más miedo le tienen al cambio);  el conservadurismo de Pedro Castillo, que deja sin pie todos los ataques que sí hubiera recibido Mendoza; y, por último, pero no menos importante, Peter Castel es hombre y eso es un plus es una sociedad tan machista como la peruana, más aún si los movimientos feministas no le tienen, a Keiko, la menor simpatía.(CONTINUARÁ)

lunes, 5 de abril de 2021

Conoce a tus candidatos como solo Periódico de a China puede mostrártelos

 En estas elecciones, lo primero que nos preguntamos es: ¿Cuál será el crimen por el que el siguiente presidente se vaya a la cárcel? Pero hasta que eso pase -y nos rasguemos las vestiduras, dolidos y sorprendidos como si fuera la primera vez- seguiremos pensando que ¡Ahora si! ¡Por fin apareció un candidato que transformará nuestra chabola patria en un rascacielos que rivalizará en prestancia, belleza y primermundismo, con en mismo dios. Y hablando de Dios, aquí va nuestro primer analizado:


  • HERNANDO DE SOTO: Brillante personaje del siglo XX. Es evidente que, como un Mick Jagger de la economía, ya por encima de las ocho décadas, ve sus mejores éxitos en forma de recuerdo. Pero como el mítico Stone, se resiste a quedar en el olvido y, aunque el paso del tiempo ha convertido en anacrónicas sus teorías, siente que aún puede dar una última gira, que en el caso de De Soto, se trata de la aventura política que se debía. Y aunque el país que pretende gobernar se le haga tan extraño, como un Perseverance aterrizando en el Marte de nuestros cerros poblados, no ha dudado en captar para su equipo de lujo a quienes pueden mostrarle ese Perú profundo: El Buñuel de los Andes, Chibolin, o los “jurisconsultos” de San Isidro, por poner algunos ejemplos ilustrativos. No tendrá plan de gobierno ni partido, ni sabrá lo que es el friaje pero compensa esas nimiedades con un curriculum gordo como un libro y un ego tan fuerte que lo hace inmune a cualquier ataque de realidad que le pueda caer encima. Por si fuera poco, es hombre, blanco y amigo de Bill Clinton, ¿Acaso se necesita algo más para ser un candidato de lujo? Y como para convencer a los indecisos, ahora se pone en modo “más aliaguista que aliaga” y ha asegurado que se acabó eso de que el Estado nos consiga las vacunas. ¡Que no somos Venezuela!


  • RAFAEL LÓPEZ ALIAGA: Como cuando te tragas una espina de pescado, el Porky te deja la sensación de susto así el peligro haya pasado. Apareció altisonante, despotricando contra los medios, los políticos, los extranjeros, los homosexuales y contra todo aquello que pudiera causarle un pestañeo incómodo al párroco de la iglesia. Siendo, además, hombre, blanco y gordo, los fascistas asalariados de medio pelo, cuyo complejo freudiano de amor hacia los gordos blancos y millonarios es legendario, sintieron cosquillas en sus partecitas, sabiendo que habían encontrado a su champion. Pero ¡Oh, sorpresa! Solo el diez por ciento de peruanos  cree que aún estamos en la Edad Media, así que sus silicios no son tan sexys para el elector peruano promedio. Y, teniendo en cuenta que De Soto es tan hombre, tan blanco y tan gordo como él, y además amigo de Bill Clinton, buena parte de sus posibles votantes ya se le están escapando. Pero no hay que ser mezquinos y debemos reconocer que sus nulas cualidades oratorias, su absoluta falta de empatía, su ignorancia ramplona y su ausencia completa de ideas contribuyeron en algo para, al menos de momento, no permitirnos gozar de un gobierno desastroso de esa imitación de Trump hecha en Compupalace.                


  • VERÓNICA MENDOZA: La Vero es la mejor candidata de lejos. Se ha preparado por años para ser presidenta y en base a una constancia y esfuerzo loables, ha aprendido a hablar en diferentes escenarios, a caer bien, a conocer cada detalle de su plan de gobierno. Ha dejado atrás a la antipática secretaria de Nadine y a la mediocre candidata del 2016 y como  K’antu cusqueña ha florecido a la mejor de sus versiones. Pero de allí a votar por ella hay una eternidad y media. Para empezar no es hombre y eso en un país con casi medio milenio de sostenido machismo ya es un handicap casi insalvable. Peor aún, representar una opción de izquierda - aunque tan suavecita que le das un soplo y ya está en el centro, le das un soplo más fuerte y se cae directo en una social democracia a la alemana- la pone en una posición poco envidiable: Por un lado, una buena parte del inmenso universo de emprendedores, oficinistas, profesionales de mando medio o bajo, técnicos e independientes que forman el sector socioeconómico C (y una parte del B) que suele ser quien decide las elecciones (al menos en segunda vuelta), ha sido víctima de la feroz campaña de apolitización de los noventas -o han sido educados en ello- con lo que cualquier cosa que se desvíe un poquito del libre mercado ya es considerado terrorismo. Sin contar con que el desastre de Maduro ha permitido crear un “cuco” implacable con eso de “nos vamos a convertir en Venezuela”. ¡Si hasta Trump lo ha usado en campaña! Por otro lado, la tibieza de su socialismo le impide conectar con ese Perú profundo, ese que no lee estupideces como este post porque pasa su tiempo tratando de sobrevivir. Ese pueblo que en la pandemia ha pasado hambre y no se ha dedicado a aprender a hornear 18 clases de pan. Ellos quieren un cambio inmediato, profundo y eso es algo que el progresismo miraflorino de la Vero es incapaz de darles, ni siquiera de prometérselo con convicción. La guinda del pastel la pone, justamente, su progresismo: En el Perú la religión ha utilizado siglos para convertir nuestra psique colectiva en un cúmulo de prejuicios y miedo, disfrazados de “familia tradicional” y “valores cristianos”. Es innegable que la inmensa mayoría de peruanos son religiosos, católicos o evangélicos especialmente, y de esencia tremendamente conservadora. Una religiosidad transfóbica, homofóbica, machista, misógina y antiigualitaria es casi un sello de identidad en el Perú, la misma religiosidad que aupó a Mussolini o a Franco en el siglo pasado o a Trump y a Bolsonaro en éste. Ante eso, incidir en el enfoque de género o en los derechos de las minorías es visto como perversión pura y dura. Así que, a puertas de las elecciones, a la pobre Verito no le queda más que apelar a la vieja confiable y darle duro al “salvemos la patria del fujiapromontesinismo”, esperando que esta vez sí sea suficiente.


  • KEIKO FUJIMORI: Viendo la evolución de su voto, parece que el fujimorismo no estaba tan muerto como nos parecía hasta hace unos meses, el olor a podrido era, simplemente, su olor natural. Quizás el hecho de que el mayor impulsor de su caída, Vizcarra, haya demostrado ser un impresentable de cuidado, ha hecho que muchos corazoncitos vuelvan a teñirse de naranja. Sin embargo, como pasó con el peronismo, en algún momento van a tener que dejar a al apellido Fujimori de lado para volver a inundar al pueblo con su populismo. Keiko es consciente de que no va a ser presidenta. No lo logró con un abrumador apoyo en el 2016. Mucho menos lo hará ahora que es una candidata del montón. Pero se presenta, quizás porque impulsa el voto por sus congresistas y, de esa manera, se asegura de pasar la valla; o, quizás lo hace porque no sabe ser otra cosa que candidata o porque quiere apelar al alangarcianismo de que la gente tenga que escoger entre el “cáncer o el sida” y ella intente mostrarse como un COVID de cepa antigua. ¿Quien lo sabe? De cualquier manera, es más fácil que Acuña aprenda el alfabeto completo, que ella gane las elecciones.


  • JOHNNY LESCANO: El bueno de Johnny es lo que te queda cuando al populismo le quitas el enojo. Te promete todo, pero no te dice como lo hará. No es un gran orador pero es capaz de hablar de lo que sea, así lo desconozca, sin inmutarse. No le tiembla ni un párpado para mentir o para plagiar medio plan de gobierno, pero es hombre, es conservador y es provinciano y eso, en el Perú sirve como para estar primero en las encuestas durante mucho tiempo, como el candidato más sensato. Ya tenía la elección ganada, cuando su único rival era López Aliaga. Era la segunda vuelta soñada. Pero le han salido dos enemigos inesperados: De Soto, que se está llevando a sus votantes acomodados y Castillo que le está quitando el pueblo que lo veía como su único representante. Lescano lleva lustros rondando el poder y a nadie se le ocurrió que fuera presidenciable. La pobreza de candidatos lo hizo favorito, pero la realidad de su nadería parece que ha vuelto a imponerse.


  • PEDRO CASTILLO: El profesor chotano ha saltado de “otros” a candidato en pocas semanas. Claro que ninguna prensa, ni la más progresista, quiere aceptarlo. Al cabo, el sí representa el temido golpe al sistema que le endilgan a la Vero. Castillo es el candidato más peligroso para el sistema porque en la pirámide social, el es de los que cargaban los ladrillos para construirla y sabe, de primera mano, lo que es la marginación horrorosa que enfrenta una cantidad enorme de peruanos. Es cierto que no es el más preparado, quizás no el más brillante. Definidamente no es el más cosmopolita pero es el único que representa al peruano de a pie. Al que le piden papeles si pasea por El Olivar, es al que no invitan a debates ni a entrevistas, al que no van a buscar los conglomerados económicos para hacerle la campaña. Es cierto que las taras de su educación modesta se reflejan en su xenofobia y en su conservadurismo. Pero, eso en lugar de ser un handicap, lo pone en una posición inmensamente ventajosa ante la Vero y su progresismo casi alienígena en el país de las procesiones; e incluso sobre Lescano, pues tiene todo lo que tiene aquel, pero sin el tufillo de falsedad del primero. Pedro no es una ficción proletaria como lo eran Toledo o Humala y, por eso, quizás sea mucho más difícil amaestrarlo. El intento desesperado de invisibilizarlo no ha podido esconder del todo su popularidad creciente y, es cierto qué tal vez no le alcance. Salió del anonimato quizás muy tarde, pero, en cinco años, cuando el electo siga con la tradición y nos deje más pobres, mas humillados y más engañados, quizás sepamos que su momento ha llegado.


- GEORGE FORSYTH: Tiene COVID. 


jueves, 18 de marzo de 2021

Perú o la Cenicienta de los pies cochinos - Parte 1

 Esta es la historia de una chica no muy guapa, ni de grandes luces, pero con ese je ne sais quoi capaz de atraer a lo más granjeado de la toxicidad sentimental, a la cual -dicho sea de paso- se había vuelto adicta desde muy niña. El nombre de nuestra heroína es, faltaba más: Perú y aunque no es, tampoco, rica y, difícilmente puede codearse con las verdaderas populares, quienes no evitan arrugar la nariz con ese asquito bienintencionado que te da el saberte del primer mundo, pertenece a un orgulloso grupo de marginales, las sudacas, que, como ella se desviven en un perpetuo concurso para encontrar al más grande canalla para presumirlo frente a las otras. 

Nuestra cándida Perú, en esas lides, y a pesar de su apariencia desvalida, es una artista como pocas: Maniaco depresivos con tendencias megalómanas, militares apocados, alcohólicos de engolosinadas voces, orientales de sonrisas inocentes y perversiones inenarrables o gringos jubilados que en lugar de sugar daddies terminaban sacándole sus pocas monedas de la cartera, eran algunas de sus últimas conquistas. 

Para no seguir haciendo leña del árbol caído que es la vida de nuestra querida Patria -que ese es su segundo nombre- diremos que a todos los amó bien, se entregó sin reparos, se burlaron de ella una y otra vez, pero siguió adelante -con algunas recaídas como la del loquito suicida. 

La lógica de nuestra Perú es la de serie romántica de Netflix, tipo Emily en Paris: De tanto pisar caca, terminarás encontrado un diamante en el piso.  Así que ni bien empiezan a secársele las lágrimas la tenemos de nuevo en la cancha, dispuesta a dejarlo todo, especialmente su dignidad y su economía, en manos de un nuevo galán que le prometa el cielo. 

El último de sus romances desastrosos fue un enamoramiento de esos tercos, absurdos, ilógicos, de aquellos que llevan a cualquier hijo de vecino a preguntarse ¿Pero qué le ha visto a ese? Cortito de mente, directamente feo, de palabra tosca y gesto procaz, cursi, hipócrita descarado, primero pasó desapercibido como el chofer del carro de su gringo senil, pero una vez que lo chocó contra una pared y lo dejó en el asiento trasero desangrándose, ya libre de ataduras, corrió hacia ella haciendo corazoncitos con las manos. Quizás fue ese único gesto lo que la conquistó o fueron sus apariciones diarias en televisión. El hecho es que al poco tiempo los ojos enamorados de Perú veían a su reptiliano cortejador como si fuera un remix bailable de Brad Pitt con el cerebro de Tesla y la catadura moral de dos Gandhis. Obviamente, eso hizo que Juancho -coloquial apodo entre amigos de lupanar- confiara en exceso de su posición ante su amada. Creyó ser un dios para ella y ella casi lo creyó también. Pero algo que todos aprendemos en la vida es a no chocar jamás con la amiga viperina y Juancho lo aprendió a la mala. No importa cuanto la desprecies -que ese es, finalmente, el papel de la amiga viperina- una vez que ha decidido terminar tu relación, te endilgará las mayores inmoralidades -ya es otra cosa que en el caso de Juancho todas hayan resultado ciertas- hasta que los rotundos "me dices eso por envidia" se van convirtiendo en tímidos "tiene sus cosas malas pero me quiere"y luego en resignados "es una mierda, pero hemos hablado y va a cambiar" hasta concluir en un "todos los políticos son iguales".

Y es así que una vez que el estado sentimental del feisbug de Perú cambió a "es complicado", aparecieron un par de docenas de buitres dispuestos a darse un banquete con las esperanzas en proceso de descomposición de nuestra heroína. De ellos hablaremos en el siguiente capítulo. 

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Maradona: La Mano del hombre

 No hay nada que no se haya dicho de Maradona: Que es un dios, un demonio, un ángel caído. O, de manera más prosaica: Un drogadicto, un tramposo, el mejor futbolista de la historia. Si la literatura hubiera tenido que encarnarse en un ser humano, lo hubiera hecho, sin dudar, en el Diego. Y es que es difícil encontrar en la historia un personaje más literario. El recorrido desde el tugurio infantil a la gloria del argentino, hace palidecer a todos los Huckleberrys del mundo. Sus constantes viajes al infierno no tenían como guía a Virgilio sino a una pelota, que era a la vez su Beatriz. A qué alturas inimaginables hubiera llegado En busca del tiempo perdido si Proust hubiera hablado del cebollita y no de su propia y anodina vida. Samsa despertó convertido en un insecto? Cuantas veces el Diego amaneció convertido en cosas mucho más espantosas? El choque cultural del Salvaje en el Mundo Feliz no es, acaso, un preludio de esa relación perpetua que tuvo con la FIFA, conminándolo a sonreír, a comportarse, a ser ejemplo de juventudes, a vender merchandising, mientras el se inhalaba todo su derecho a sufrir? No son los sesenta años de soledad acompañada por multitudes del Diego el realismo más mágico que podamos haber presenciado? No es, de repente, ese partido con Inglaterra, el aleph en el que confluye todo lo bueno y todo lo malo, todos nuestros anhelos y nuestros odios?

Pero Maradona no es literatura. El Diego es, simplemente, el ejemplo más claro de lo que puede hacerle a un ser humano el sistema social cuando el azar -disfrazado, en este caso, de talento exquisito- catapulta a alguien destinado al olvido mucho más allá de lo permitido por las buenas costumbres. La movilidad social es aceptable siempre que conlleve triunfos modestos: que el hijo del obrero se haga profesional, que el abogado de provincia haga una maestría en el extranjero, que el ingeniero que se ha matado estudiando, con el sacrificio de toda su familia para lograr su título, se compre un departamento en un barrio caro. El salto de la pobreza extrema a la riqueza extrema es una anomalía. Un rico puede hacerse muy rico y no hundirse en el proceso porque se educa, desde chico para esa posibilidad. En cambio, al muy pobre nadie lo educa más allá de la supervivencia. En Sudamérica, el 20 por ciento de la parte más baja de la jerarquía social alcanza un nivel de ingresos medios en el transcurso de 6 a 12 generaciones aproximadamente y a finales de los setentas del siglo pasado, era mucho peor. Por ello, nadie de su entorno esperaba, en el mejor de los casos, más que un destino gris de trabajador manual, cargado de hijos, deudas, alcoholismo, drogadicción y frustraciones; pero entonces, Maradona empezó a patear la pelota y así, como en un pestañeo, pasó a ser idolatrado como todo un dictador del siglo XX y se entregó de lleno a ese hedonismo desesperado de quien nunca tuvo nada. Maradona no aprendió de arte, cultura, idiomas, ni a invertir en bolsa o a disfrutar de Mahler. El Diego hablaba de fútbol, bailaba cumbia y sobrecargaba sus cinco sentidos con el dinero que le chorreaba. Se compraba Ferraris negros que descartaba por falta de estéreos y aunque cargado de lujos, nunca dejó de ser un trabajador manual (o pedal), cargado de hijos, deudas, alcoholismo, drogadicción y frustraciones. El sistema nunca le hubiera permitido otra cosa.  El pobre nunca pertenecerá al mundo de los ricos así gané más que aquellos pero, como pasaba con los gladiadores exitosos y los romanos, aquellos aprenden a tolerar a la estrella de los deportes y al ídolo pop, siempre y cuando conserven las formas, como Pelé, a quien justo por eso odiaba. Maradona nunca pensó en ser un austral Tio Tom y, quizás, esa fue su perdición. A diferencia de O Rei, nunca le interesó guardar la compostura porque sabía que no le debía nada a quienes pretendían domesticarlo y, antes de ser una mascota decidió, quizás sin darse cuenta, convertirse en una tragedia.

martes, 15 de octubre de 2019

El Joker: De bofetones y cosquillas

Aunque parezca una sola película, el Joker nos cuenta una historia dentro de otra, como matrioshka rusa. La primera de ellas, de la que habla todo el mundo, es la de la caída en el abismo de la locura, recreada a la perfección por Joaquin Phoenix, quien construye un personaje enternecedoramente trágico que termina convertido en un chiflado homicida y, por azar, en un símbolo del reclamo social, o de la anarquía, si lo prefieren. 
Ahora bien, aunque la película intenta, o nos hace creer mediante torpes e intencionados paletazos con brocha gorda, mostrarnos un “monstruo que llegó a serlo por culpa de la sociedad”, la degradación del personaje no tiene que ver con “lo dura que está la calle”, sino, más bien, con su enfermedad mental. Veamos: Arthur jamás fue una persona normal. Su problema no era la timidez o la falta de gracia. Ni siquiera su risa histérica. Lo eran sí, la esquizofrenia y un trastorno maniaco bestialmente contenido con fármacos, así como los traumas del abuso infantil, también reprimidos con pastillas. El “monstruo” estuvo siempre allí, solo que se hallaba encadenado. Es por eso que el payaso sufre hasta el momento en que deja el tratamiento. Me atrevo a presumir que la descarga de adrenalina que sobrevino a sus primeros asesinatos (puramente impulsivos, pues no parece disfrutarlos en un primer momento) fue lo suficientemente fuerte como para terminar de expulsar de su cerebro los restos químicos (que ya no le quedaba mucho, tampoco, desde el recorte presupuestario del ESSALUD de Ciudad Gótica) y disfrutar de su yo, sin restricciones. Ese baile en el baño es una Epifanía de reencuentro interior y como nos dice ese dogma milenial,  ”Debemos aceptarnos como somos para alcanzar la felicidad” y eso es, justamente, lo que hizo el Guasón. Ahora bien, ya no es su culpa que su yo interno no le llevara a “viajar donde el destino lo lleve porque el dinero se recupera pero la vida no” sino a asesinar a quienes, consideraba, lo habían agredido.
Al respecto, hay un detalle muy interesante: Aunque lo disfrutara, nunca mató a nadie que bajo su punto de vista no lo mereciera. En ese sentido está muy lejos del sociópata que construyó Heath Ledger en el Caballero Oscuro y mucho mas cerca del Batman de la misma película (Aunque este último tenía una visión mesiánica que recuerda a una patología diferente).  El Joker de Phoenix no dañó a nadie que no le hiciera algo malo, ni siquiera al enano que deja ir aún sabiendo que lo denunciaría, simplemente porque aquel nunca lo trató mal. 
La actitud del Guasón es un poco lo que haría cualquiera de nosotros si no nos viéramos cohibidos por el miedo a las consecuencias -como la cárcel- las que, recalquemos, a un enfermo mental como el Joker difícilmente le importarían en en ese momento. Entonces, el filme nos muestra que Fleck no es, particularmente, peor que cualquiera de nosotros, simplemente las circunstancias y la ausencia de fármacos lo pusieron en una situación que se tornó irreversible. Entonces, podríamos argumentar que sí fue la gente la que lo llevó a asesinar. Pero, repito, en una situación en que la discriminación lógica está hecha pedazos (recuerda algunas de tus borracheras para que tengas una idea),todos actuaríamos más o menos igual. Las personas no son virtuosas por naturaleza y esa es la razón de las leyes y de la policía: Contenernos. 
Sin embargo, cuando la sociedad está construida para pisotear al débil, al diferente, al pobre, al extranjero y para ensalzar, moral y materialmente, al rico (como sucede con papá Wayne en la película o con “que noble es ese multimillonario que tiene una fortuna que no podrá gastarse en 25 generaciones, que ha donado diez mil dólares para ayudar a poner fibra óptica en un poblado de los Andes”) y las fuerzas policiales y  los poderes del Estado cumplen el rol de mayordomos y soldados del capital, llega un momento en que ni la más feroz propaganda ni la más agresiva campaña de consumo logra contener el desencanto, lo que nos lleva a la segunda historia de la película, que a diferencia de la primera, tiene un protagonista más etéreo: la masa. 

Todd Philips sabía que la actuación de Phoenix es tan buena que los productores y demás financistas, obnubilados por el evidente éxito económico que les deparaba, no lograrían ver la lectura atrozmente subversiva que esconde su película. De todas maneras -toda precaución es poca- se protegió un poco mas construyendo ese burdo trasfondo “social” de que la creación del Joker es, en parte, culpa de los recortes en medicinas y de la “gente sin corazón”. Y es que probablemente sin eso, la película hubiera sido muy sospechosa para escapar de la censura. ¿Y qué es lo que nos muestra, entonces? Pues, simplemente, el desencanto del que hablábamos en el párrafo anterior, que, como la enfermedad del Guasón, va creciendo hasta ser incontenible. Por supuesto se nos dice, también, que el millonario de buen corazón hubiera logrado el cambio, pero lo mataron (otra concesión a los productores que ven en esto propaganda de la buena) pero, sutilmente, insinúa que el “moralmente virtuoso” papá de Batman es un tremendo hijo de puta que se acostó con su sirvienta y cuando se sintió con algún derecho sobre “el patrón”, no dudó en encerrarla en un hospital psiquiátrico, un millonario para quien el pueblo no es más que un grupo de payasos, monos que no entienden que la sumisión es el único camino para el orden, un orden que solo él y los que son como él pueden darles. Para Wayne, como para cualquier rico, el pueblo no es más que escoria que le mancha el zapato y hay que limpiársela. Sin embargo, la inmensa seguridad que les brinda el poder y la propiedad de los medios de comunicación, hace que no se den cuenta que el pueblo no solo está consciente de ese desprecio, sino que, poco a poco, también va percibiendo que el sistema busca aprisionarte, aplastarte y venderte la ilusión de felicidad (representada en la película por el programa de televisión de De Niro). En cierto momento la gente empieza a dudar de que el trabajo semi esclavo y los ingresos ínfimos les brinden alguna esperanza para el futuro, así los libros de autoayuda les digan que “el pobre es pobre porque quiere”, especialmente si, con la internet, tienen para comparar sus vidas a las de los Waynes del mundo. Pero -y aquí está lo subversivo- Philips no nos vende la idea romántica de que “el pueblo logra acabar con las injusticias cuando toma conciencia de su poder”, pues la masa puede estar colérica pero los siglos de condicionamiento la han convertido en una mayoría estúpida y servil. La combustión social puede generar un incendio pero no para destruirlo todo y construir algo nuevo donde ellos -y todos- sean importantes, sino, simplemente, están esperando un nuevo líder, un nuevo dueño a quien servir, pero que represente sus fobias y que canalice sus resentimientos. Alguien que les dé carta abierta para ser ahora ellos los hijos de puta. No importa si este alguien no tiene un discurso estructurado, una propuesta concreta. No importa, siquiera, si los reclamos populares le importan un comino al novísimo paladín. Solo necesitan un ícono que legitime sus barbaridades pues no quieren acabar con injusticias de ningún tipo, sino reemplazar, ellos mismos, a las élites en su impunidad y abuso. No importa si ese ídolo de barro es Trump o el Joker o Hitler. La masa solo esté esperando construir un tirano que les prometa oprimir a los otros, hasta que claro, los termine oprimiendo a ellos, como siempre. Esa es el mensaje desolador del filme. La otra, la parte del Gausón, es solo la evolución de una enfermedad sin tratamiento.

domingo, 19 de mayo de 2019

Game of Thrones: No llores por mi, King's Landing

El final de Game of Thrones es como la vida misma, en el sentido de que cuando piensas que nada puede ser peor, logra serlo. Parece que por ahorrar costos, despidieron a los guionistas un par de capítulos antes del fin y usaron ese dinero en hacer un muy buen efecto de ceniza (lo único bueno del capitulo). Si Lars Von Trier puede hacer películas sin guiones ¿por qué no nosotros? casi sentimos decir a los productores mientras le entregan las crayolas a sus nietos para que garabateen las escenas más importantes.

Es increíble como una serie que logró unir a familias y comunidades enteras, como no se veía desde las reuniones prehistóricas alrededor de las fogatas, pudiera necesitar menos de ciento sesenta minutos para arruinarse de tal manera que en este momento miles de madres están en los Registros Civiles tratando de cambiarle el nombre a sus Daenerys Kalheesis por algo mas tradicional como Kimberly Yahaira y los tatuajes de Jon Snow están tratando de retocarlos para que se parezcan mas al hipster que conocieron en la reunión mensual de veganos. Cuando Lost destruyó su buen nombre con un último capítulo infecto, nadie podía presumir que alguien podría arrebatarle el honor de peor final de la historia, con el mérito de que GOT logró dupicar su efectividad, al lograr los dos peores últimos capítulos de la historia. 

Este final tiene desde momentos que causan vergüenza ajena como el “chiste” sobre democracia que suelta Sam, hasta despropósitos -en una serie que se preciaba, al menos al inicio, de retratar de manera adulta los conflictos políticos por el poder- como nombrar como rey a un personaje insulso, sin el menor peso en el desarrollo de las guerras de los hombres (y con un papel dudoso en la otra, contra los caminantes blancos) y que gracias a la secesión inmediata de su hermana, tampoco pertenece a ese país. Si todo se resuelve tan fácil, ¿para qué tantos años de masacres? ¿Tanto hacerla larga con que Jon es Targaryan para que al final a nadie le importe y lo manden desterrado a pesar de que todos los gobernantes importantes son familiares suyos? ¿Y Daeneyrs, la nueva malvada, es tan inocente para no tomar medidas para protegerse de quien sabía que tenía la tozudez moral de un Juan Calvino? 

La serie ha perdido para siempre su lugar en los anales de la televisión -como si Messi estuviera en la final del Mundial y en el último segundo fallara un gol frente al arco y sin portero. Hay tantas cosas malas en este par de capítulos que no hay manera de despotricar de todas, así que nos centraremos en lo más evidente: La pauperización psicológica de los personajes, especialemente
Daenerys. 

La Madre de dragones fue el PERSONAJE de Game of Thrones. Pasó de ser una moneda de cambio para los intereses de su cobarde hermano hasta convertirse en la líder a la que seguían fielmente miles de personas. Si el “empoderamiento" femenino tuviera que encontrar una representante, sin duda ella sería la candidata ideal. Su poderosa personalidad, su sentido de la justicia, su idealismo libertador incluso apocaban su capacidad de no quemarse o de tener hijos dragones. Sin ser una fanática de la moralina como el soso Jon Snow, siempre fue capaz de buscar la equidad en sus decisiones sacrificando, muchas veces, incluso sus intereses.

Por eso sorprende que en la recta final la hayan convertido en una psicótica hambrienta de poder, sin la menor empatía por el pueblo al que decía estar liberando, con una crueldad mayor a la de la peor Cersei y, sobre todo, sin la menor inteligencia en sus decisiones. Quemar Desembarco del Rey, sabiendo las consecuencias que acarrearían a la gobernabilidad de los Siete Reinos es el equivalente intelectual del “Hulk aplasta”. Peor aún, nos muestran un espectáculo infinitamente machista porque nos habrá dado pruebas de perspicacia y compasión enormes pero basta que Cersei mate a su amiga y a su dragón para que se cebe con miles de inocentes. “Actuó así porque seguro estaba en sus días” parece decirnos el sobrino de Trump que funge de escritor del capítulo. Y es que una mujer que quema mercaderes, libera esclavos, tiene una personalidad poderosa, se acuesta con quien le da la gana y quiere cambiar el mundo, es algo muy incómodo en tiempos neofascistas como para que termine triunfando. Mejor volverla loca y sádica, desaparecerla y darle la posta del “emponderamiento” a la pelirroja que si se comporta como una mujercita bien.

Si bien todos los personajes han terminado perdiendo todo tipo de matiz para pasar a ser o “buenos” o “malos”, lo hecho a los personajes femeninos no tiene nombre. Arya pasa de ser una superheroína que acabó con el malo más malo a una niña asustada sin la menor influencia en los asuntos posteriores. Lo que se negó a hacer en las primeras temporadas, lo logró en los dos últimos capítulos: Se volvió Nadie. Sansa, termina siendo una engreída y chismosa por partes iguales que mientras mantenga su corona, no se preocupa gran cosa por el destino de los Siete Reinos ni por el de su hermano, a quien manda, alegremente, a la guardia de la noche para evitar tenerlo cerca y que se vuelva un problema para ella (Claro que como todo lo hace muy regia y digna, pretenden que la veamos como  una estadista madura, una reina Victoria reloaded). Brienne, como no, termina llorando a su hombre perdido, que es para lo que viven las mujeres así se les nombre caballeros (la larga mano del Partido Republicano no se cansa de acomodar la historia en orden a sus “valores judeocristianos” de toda la vida). Cersei, la gran oponente, un poco más de lo mismo. 


viernes, 17 de mayo de 2019

Avengers: This is the end of the world as we know it - Parte 1

Ya es difícil que dos productos de entretenimiento llamados a definir la cultura popular de una generación coincidan en su cierre, como ha pasado con Game of Thrones y The Avengers; pero es aún más difícil que ambos revienten por el aire todas las virtudes que alguna vez tuvieron y se dediquen a dilapidar la poca coherencia que les quedaba, en aras de una espectacularidad vacía que intentan disfrazar de profundidad. Eso sin contar con los “imprevisibles” giros argumentales destinados, como no, a encender las emociones más primarias de un público entregado que, acostumbrado a una aridez absoluta en su consumo cultural, se estremece hasta las lágrimas cuando un final es feliz en solo un 93 por ciento.
No puedo esta seguro estar seguro de cuál de los dos monstruos rompedores de ratings me resulta más insoportable. Quizás si estuvieran dirigidas al mismo público, Endgame ganaría por aclamación; pero considerando que GOT está dirigido a un auditorio adulto, sus fallos son mucho menos perdonables. De cualquier manera, ambos han hecho grandes méritos por convertir la segunda trilogía de Star Wars en un clásico memorable; claro que de eso nos daremos cuenta cuando se pase la resaca de “la serie/película más grande de la historia” y estos capítulos finales pasen a acompañar en nuestra memoria a maravillas inolvidables como Batman y Robin o Matrix 3.
Abarcar todo lo malo, nos costaría la misma energía requerida para crear un par de bitcoins y nuestro espíritu ecologista no puede permitirse tales lujos, así que trataremos de resaltar solo lo menos pestilente de aquellas, otrora, prometedoras historias.
Así que este es el turno de Endgame:
  • No esperamos, ni remotamente, que una película en la que la radiación te da superpoderes  y no, cáncer, tenga algún asidero científico; pero, al menos, se le pide una justificación que suene convincente para no sentirnos estafados. La idea del multiverso es apasionante, pero la forma en que lo desarrollan hace que como mínimo intente arquear la ceja izquierda. Veamos: Se puede volver al pasado, alterarlo y convertir el futuro en muchos futuros alternativos –realidades paralelas- sin cambiar el nuestro porque esta línea, al ser la original, se mantiene inalterable. Es decir, de porrazo se forman universos completos de la nada, que resultan siendo equivalentes al nuestro, pero sin alterar a éste en lo más mínimo. Es decir, se puede crear no solo materia de la nada, sino materia altamente organizada y ¡consciencia! Y luego regresar al presente y usar elementos, como las piedras del infinito, que ya fueron usadas por Thanos ¡en el mismo Universo! Es decir, los objetos más poderosos que puedan imaginarse existen dos veces en el mismo espacio-tiempo y no cambia ni el color de camisa de los personajes. Si hacemos un esfuerzo enorme para creérnoslo, tenemos que el Capitán América viaja al pasado, se queda en él y llega al presente muy viejo. O sea, ¡existieron dos Steve Rogers al mismo tiempo! pero eso tampoco tuvo efecto alguno en el mundo. 
Podríamos, para justificarlo, decir que esta es, en verdad una realidad alternativa, con lo que la realidad original hubiera quedado igual de desolada que al inicio de la película; además, al haber creado otras realidades a merced del bendito guantelete, multiplicaron exponencialmente el daño en el multiverso, todo para que nuestros “héroes” venzan a Thanos en un Universo a su medida, para loor y gloria de sus egos.

  • La industria del entretenimiento ha llegado a tal nivel de profesionalización, que hace mucho rato lo menos importante es la calidad de las historias y lo esencial, la proyección de ventas a futuro y el merchandising. Un negocio como el de Marvel planifica sus productos con años de antelación y las historias se cuentan en función a focus groups y programas de mercatecnia estratégica. En otras palabras: El guión se cuenta en base a lo que ay tiene atrapada a la audiencia y el cierre se hace en mérito a poder enganchar a futuras audiencias. En ese sentido, a pesar de su monumental éxito, los Vengadores ya habían sido exprimidos al límite. Por eso, a pesar de un puñado de películas tangenciales, destinadas para los que se niegan a dejarlos ir (y hacer un poco más de caja, que nunca está de más), lo que viene está destinado a mantener la franquicia viva al menos durante otra década y para eso debían deshacerse de la generación original. Iron Man, Capitán América, Thor, Hulk y Black Widow tenían que dejar paso al adolescente Spiderman y los que le seguirán.
    Por eso debían desaparecer y era lógico que, en aras de un falso dramatismo, alguno de ellos tendría que morir (No más de un par, que no es Juego de Tronos, allí en cambio, están obligados a matar a muchos personajes para mantener su buena reputación). La forma en la que se deshacen de Thor y el Capitán (si obviamos las complicaciones espacio-temporales) son hasta ingeniosas (aunque lo de este último se veía venir desde que vio a Peggy en su primer viaje por el tiempo). Sin embargo, las muertes son por demás predecibles y apelan de una manera burda, como pastor evangélico, a la empatía del espectador. Lo de Hulk ya no tiene nombre: La bestia indomable se ha convertido en ¡Bestia! de los X Men, que, dicho sea de paso, es uno de los personajes más olvidables de esa franquicia. En el reboot o lo que venga, a nadie le va a sorprender que Hulk no esté o solo aparezca como secundario pues luego del cambio a “los fisicoculturistas también leemos” el personaje es de una insignificancia supina, tanto que casi nadie se ha molestado en quejarse por la desaparición sin explicación del romance “maldito” con la Romanov.
  • Es por demás curioso que la Capitana Marvel haya tenido una película, sea la más poderosa de todos los héroes, sea el ejemplo de empoderamiento femenino pero a la hora en que las papas queman, tenga que dejar a los machos causásicos de toda la vida encargarse de desfacer los entuertos. Podrá destruir la gigantesca nave nodriza de un solo golpe, pero si se trata de pelear a puño limpio contra Thanos, que deje a los hombres blancos (cuyos poderes son, por decirlo amigablemente, escasos), encargarse. Y es que, tratándose de la, probablemente, más exitosa película de todos los tiempos, no podía faltar el mensaje subliminal de: “Tú no te preocupes, la milicia y la clase económica alta se encargaran de defenderte del enemigo de color extraño que viene a trastocar tus valores y tu idílico modo de vida con esas proclamas revolucionarias que en el fondo solo buscan acabar contigo”. Y es que, aceptémoslo de una vez, no existe la inocencia en esta industria.

lunes, 18 de junio de 2018

Grupo D - Argentina: El Héroe de Palo y las Muñecas de Barro

El G grupo D aparece, a simple vista, como una perita en dulce para que Messi vaya calentado para las siguientes rondas. Islandia, por mucha clasificación heroica al Mundial, es, apenas, un poco mejor que Arabia Saudi; Croacia tiene estrellas, pero ha dejado una imagen muy pobre luego de ser goleada por Perú. Y Nigeria no se acerca, ni remotamente, a la que tenia en sus filas a Okocha o Kanu y que solía ser la bestia negra de los gauchos. Sin embargo, el grupo está más equilibrado de lo que parece en esa mirada inicial y, a continuación, te explicamos porqué:

Argentina
En 1986, Argentina llegaba al Mundial como comparsa de las grandes potencias. Maradona sería muy  bueno, pero el mejor del mundo -para la FIFA- era Platini. Apenas habían clasificado y, por poco, Perú los vuelve a sacar del torneo, como en el 70. Si hubieran existido las apuestas por internet, los albicelestes seguramente tendrían un 7.3% de chances como en la actualidad. Pero lo ganó. 
Y es que Argentina, desde que está en esto del fútbol nunca ha podido formar un equipo decente para ningún Campeonato del Mundo. Su historia en los Mundiales es muy pobre, para ser un país que en sus prioridades pone al fútbol (5%) por encima de la vida sexual (2,3%) o los bienes personales (1,5%). Su único campeonato, porque el del 78 fue impuesto por Videla, y su primer subcampeonato, fueron obra, en exclusiva, del genio de turno: Maradona y tuvieron que esperar hasta que Messi estuviera maduro, para tentar un segundo subcampeonato. La única vez que se dijo de Argentina que tenía un buen equipo fue en el 2002, año en el que ni siquiera superó la primera ronda.
Por si fuera poco, esta vez tuvo que esperar a la última fecha para clasificar. España lo goleó. Ha llegado al punto de tener que jugar con Haiti para asegurarse el triunfo en los amistosos y no acabar con la mínima credibilidad que le queda. Los rioplatenses son, probablemente, el peor equipo con las mayores figuras. ¿Porqué Argentina juega tan mal? Ya ni podemos culpar al técnico porque han pasado tantos por el banquillo y con ninguno han mejorado siquiera un poco. Y sin embargo, es mi favorito absoluto.
¡Cómo es posible que diga eso! -se escandalizarán, seguramente los racionalistas del balompié, aquellos que en sus conjeturas siempre ponen en la final a Alemania, España o Brasil. Aquellos que olvidan que no estamos hablando de basket o de tenis, en donde los mejores EQUIPOS siempre ganan. En un deporte donde pueden haber pasado 90 minutos de feroces ataques, innumerables tiros al palo, docenas de atajadas milagrosas y, de pronto, el otro equipo se encuentra una pelota suelta y tres inmerecidos puntos. Quizás en campeonatos largos esa clase de suerte se revierte por la lógica; pero en torneos en los que solo tienes que jugar un máximo de siete partidos para llegar a la final, el azar tiene una importancia, a veces, trascendental.
Ahora bien, eso no quiere decir que cualquiera pueda ganar, pues para hacer que la jugada fortuita termine en gol necesitas que alguien pueda aprovechar el error del rival o la pelota perdida. Es allí cuando entran a tallar los buenos jugadores, los que pueden hacer la diferencia con, apenas, una jugada. Es por eso que casi siempre campeonan los mismos equipos y entrar en ese selecto club es más difícil que acabar con la corrupción crónica de los gobiernos sudamericanos.
Analicemos, ahora, su equipo:
El Arco: Es la parte más débil de la selección, aún más ahora que Romero no llegará al Mundial. Caballero es un suplente sin garantías, Armani no es más que cumplidores y Guzmán es, directamente, malo.  Eso puede jugarle en contra a un equipo que, a partir de cuartos de final, deberá defender más tiempo del que pase en el ataque.
Defensa: Si bien por el centro tienen la solidez de Otamendi; la tozudez, por no decir algo más grosero que termina igual, de Sampaoli lo hace jugárselas por esa broma de futbolista que es Marcos Rojo, ¡Todavía como defensor central!, posición en la que se desempeña peor que como lateral, si es que eso es posible. Quizás su idea es superar la hazaña del 2014, de haber llegado a la final con 10 hombres en cancha y un obstáculo. El problema es que en su nueva posición, Rojo le puede hacer más daño a Argentina que Cristiano Ronaldo. Los laterales tampoco son para tirar cohetes, pero al menos Salvio y Tagliafico tienen idea de cómo jugar al fútbol.
Mediocampo: El ex entrenador del Bolognesi de Tacna parece estar obsesionado en escoger a un grupo de cavernícolas y hacerlos jugar como si fueran el Barcelona, con los, obviamente, desastrosos resultados esperados. Es curioso que teniendo a jugadores como Lo Celso, Banega, Pavón y hasta Enzo Perez, opte por poner a Biglia junto a Mascherano y al poco explosivo Meza junto al Fideo que conoció tiempos mejores por delante de ellos. Ante la pobreza de lo planteado, se entiende que Messi tenga que llegar hasta su campo para poder recibir la pelota y ver que se puede hacer desde allí (Que casi siempre es nada)
Delantera: Aquí es donde se da la mayor contradicción argentina (Además de pasar desde Menem hasta Macri como quien se corta la mano izquierda y luego para recuperarse se corta la otra). Probablemente nunca en la historia, un país ha tenido a tantos delanteros de semejante nivel: Higuaín, Dybala, Agüero y Messi, y se le ha hecho tan difícil marcar goles. Es una cosa increíble como semana a semana se cansan de marcarle al Manchester, al Chelsea, al Real Madrid, al Inter y al Milán pero cuando se ponen la albiceleste, Islandia o Bolivia se convierten en las murallas de Constantinopla para los hunos y lo único que llega a entrar es la bilis en el torrente sanguíneo de sus compatriotas.
Como podemos ver, los cuatro grandes problemas de Argentina son: El entrenador, los arqueros, Marcos Rojo y la incapacidad de definición y creación de fútbol. Casi nada. Por el contrario, los puntos a favor son: Talento que se sale hasta por las canilleras en su delanteros, campeonato corto y Messi, que es como jugar con tres más, así que descontando a Rojo, Argentina juega con 12 y eso, siempre, es un plus. Lo más probable es que terminen, apenas, clasificando en segundo lugar y, si la suerte es propicia, terminarán levantando la Copa con mucho más sufrimiento que merecimiento.

Croacia 
Ahora que el nacionalismo catalán está de moda, no está de más recordar que esa obsesión independentista de territorios minúsculos (amparados en "diferencias irreconciliables" basadas, sobre todo, en cuestiones religiosas, económicas y étnicas) tuvo su momento álgido luego de la caída del bloque soviético en la última década del siglo XX, varios de los cuales se originaron de lo que, por un tiempo fue, Yugoslavia: Serbia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia, Montenegro, Eslovenia la que nos ocupa en este análisis. ¡Seis países a partir de un territorio inferior a la quinta parte del peruano! Producto de la caída del comunismo y una crisis económica apuntalada, faltaba más, por Estados Unidos, los croatas, más prósperos que el resto del país, exigieron reformas tributarias y reforzar su autonomía dentro de la Federación de naciones, a lo que el presidente Milosevic respondió con la centralización del gobierno, la represión de croatas y eslovenos y la "serbización" del ejército. El desastre era inminente y, como no podía ser de otra forma, fue gatillado por un partido de fútbol: El encuentro entre el Estrella Roja de Belgrado (Serbia) y el Dínamo de Zagreb (Croacia) del 13 de mayo de 1990, que empezó como una tradicional reyerta entre barras, se salió de control no solo en las tribunas, sino en el campo de juego y hasta en la misma ciudad de Zagreb. El resultado fue, además de la desaparición de la Liga, uno de los conflictos más sangrientos e incivilizados de nuestros tiempos. Explosiva combinación esta de fútbol, nacionalismos y religión (Los croatas son de mayoría católica y los serbios, ortodoxa).
Al menos en el fútbol la calamidad no fue absoluta. Croacia, en su primera participación en un Mundial (1998) llegara al tercer puesto. Aunque después de eso, no pudo emular algo igual.
En la actualidad, Croacia tiene uno de los medio campos más completos del Mundial: Rakitic, Modric y Kovacic. Si bien no tienen un jugador "mágico", su dominio de balón y visión de campo, especialmente de Modric, hace que puedan controlar los espacios y tiempos de una manera en que a Argentina se le hace imposible. Si le sumamos la solidez en defensa, con Vrsaljko y la definición de Mandzukic, nadie debería sorprenderse de su probable primer lugar en el grupo. Y no sería descabellado pensar en una nueva semifinal para los herederos de Suker.

Nigeria 
Por si no lo sabes, querido lector, Nigeria tiene una población se acerca a los 200 millones. Casi 50 millones más que Rusia, que es 20 veces más grande. Eso es mucha gente, bajo cualquier concepto y, por tanto, encontrar a 11 jugadores para el Mundial no debe ser muy difícil para ellos. Y aunque eso es cierto, tanto como que sus pespectivas de crecimiento en el siglo XXI son de las más halagüeñas a nivel mundial, también es cierto que como casi todo equipo subsahariano, nunca han logrado ir más allá de la verticalidad, para alcanzar equilibrio, mesura u orden (lo que, también, necesitan para acabar con los conflictos étnicos que desangran de manera crónica al país), lo que lo pone por debajo de Croacia, incluso de Islandia, a la hora de manejar resultados. Sin embargo, la presencia del talentoso Moses, extremo del Chelsea) puede ser no solo desequilibrante, sino determinante ante la inexperiencia islandesa y ante el actor cómico Rojo, que tiene en la defensa Argentina. Las posibilidades de Nigeria pasan por ganar estos dos partidos. Si lo hacen, dejarían a Argentina sin campeonato (Croacia es el único con la clasificación casi asegurada) para caer en segunda ronda contra cualquier equipo europeo. En vista de ello, apelamos a sus buenos sentimientos y fanatismo por Messi, para cederle a los de Sampaoli un segundo puesto del que los sudamericanos sacarían mucho mayores réditos.

Islandia
Sería ocioso hablar de las bondades o del frío de Islandia, o de su fútbol semiprofesional que ha sido la sorpresa de Europa en el último lustro, o de su ínfima población. Podríamos decir que hasta el siglo IX se hallaba deshabitada y fueron los vikingos en sus afanes exploradores quienes la colonizaron. Perteneció por temporadas a Dinamarca o Noruega hasta alcanzar su indepencia sin demasiados aspavientos y que fue uno de los países más golpeados por la crisis del 2008 debido a su pésima decisión de convertirse en un paraíso financiero. Que es curioso que su máxima estrella popular: Bjork se vea tan extraña en un país tan étnicamente homogéneo y que para ellos estar en el Mundial ya es premio suficiente así que jugaran sin presiones y colgados del arco, con lo que aunque no tienen posibilidades de clasificar, si la tienen de empatar con cualquiera, lo que complicará mucho las posibilidades del que no pueda hacerle goles.