lunes, 30 de abril de 2018

Avengers: El Che Guevara puede jubilarse

 Las películas de Marvel, luego de unos tropiezos iniciales han logrado algo que a DC le cuesta demasiado: Tener una identidad. No importa quien las dirija o cual superhéroe sea el protagonista, salvo menores o mayores aciertos en los guiones, al final cada película siempre parece la continuación de la anterior. Pero si bien el mantener una personalidad ha logrado darle continuidad al MCU, también le ha obligado a mantener un núcleo -en recursos argumentales y personajes- del cual no ha podido separarse ningún filme nuevo, a riesgo de convertirse en un nuevo "The Increíble Hulk" (la que pese a sus defectos inmensos fue la última que trato de tomarse en serio el Universo Superheroico, error, por otra parte, en el que sigue cayendo DC). 
Entonces, cuando uno va a ver una película de Marvel no espera ni que le cambie la vida, ni desentrañar complejos subtextos, ni angustiarse por el destino de nuestros héroes o por el de la humanidad. Nosotros vamos por los chistes y por las peleas y, en esos dos aspectos, Marvel cumple a las mil maravillas. El humor funciona en varios niveles, desde el slapstick y el chiste práctico al diálogo ingenioso y la burla sutil hacia los estereotipos que representan los Vengadores. Este humor, comedido pero, también, desbordante hace que difícilmente caigamos en la trampa de tomarnos en serio el momento pseudo dramático (pero en dosis justas, que tampoco estamos hablando de Park Chan Wok), que es indispensable para disparar la escena de acción principal.
Una película de Marvel tiene más o menos la siguiente estructura: Presentación del o de los superhéroes de turno - Diálogo ingenioso - Momento tenso ante un peligro inesperado en el que conocemos al antagonista - Solución del problema - Se minimiza la amenaza o -de tratarse de una película coral- se reconoce el peligro y se convoca a los otros personajes. - Tensión entre los personajes - Dialogo ingenioso - Explota el conflicto entre los héroes - Los protagonistas son vencidos en el momento de su desunión - Entienden que deben estar juntos para ganar - Se unen de nuevo - Dialogo ingenioso - Pelea final - Triunfo - Dialogo ingenioso - Escena poscréditos que nos sirve de adelanto para la siguiente película.
Y eso es todo, simple pero efectivo, como la comedia romántica. Sin sorpresas pero con emociones básicas a raudales, saliamos del cine con la excitación de uno niños pequeños (y no como que nos hubieran tratado como a niños). 
Por todo eso esperaba más de lo mismo de la penúltima película de los Vengadores. Como mucho que terminara en el momento de "tensión en que parece que van a perder" puesto que en verdad solo estaríamos a media película y tendrían tres horas màs para deshacer los entuertos de los villanos. En realidad,  esperaba menos ya que con el mar de personajes que tenían que aparecer en pantalla asumí que con que tomaran lista ya se iba la mitad del metraje. Supuse que necesariamente se reflejaría la tensión de cuarenta y pico de egos tratando de demostrar la trascendencia de su personaje. Además que la imagen de Thanos daba más para un absurdo compinche de Skeletor que para "el villano más malvado del Universo". Por si fuera poco, pensé que Shuri, la hermana de Black Panther (que ha logrado que en mi corazón le diga "no eres tú, soy yo" a la Viuda Negra) no aparecería esta vez.
Sin embargo, quizá porque tienen esa película extra para volver al guión predecible o porque luego de diez años ya los fanáticos habían envejecido lo suficiente para que les digan que Papa Noel (quizás) no existe, han logrado un filme que si de verdad fuera el último, sería un broche de oro para un universo de bronce. La acción es trepidante; los personajes encajan perfectamente y no se les siente metidos con calzador, parece que todos aportan algo (al menos en un primer visionado); y, lo más importante: Thanos, es el primer héroe de verdad de toda la franquicia.
Porque, imaginemos que los superhéroes fueran reales. ¿No te indignarías, querido lector, de que solo usaran sus habilidades para mantener el penoso status quo de nuestra civilización? Ni acabar con las guerras, ni con la pobreza, ni con la injusticia ni con el calentamiento global ni con el tras de Bad Bunny. Simplemente están allí para defender al mundo, o debería decir, al capitalismo corporativo, de amenazas extraterrestres. - Para todo lo demás existe Mastercard -parece que nos dijera Tony Stark enfundado en su traje a medida de 5000 dólares (Lo cual es curioso, porque su personaje fue el único que al inicio de la franquicia intentó hacer algo real con su poder. Recuerden lo de "privaticé la paz mundial". Aunque, claro, Marvel reaccionó a tiempo para no espantar capitales, resucitó a Hydra para usarla como los Illuminatis del MCU y dejar tranquilo al sistema "porque funciona y nuestros héroes solo tienen que permitir que lo siga haciendo").
Entonces, de pronto en un lugar muy lejano aparece un tipo sin mayores poderes pero con una voluntad de hierro y una meta altruista: Salvar al Universo. Como todo aquel que intenta cambiar realmente las cosas, es incomprendido, acusado de genocida, tildado de villano. A medida que va ganando más poder, en lugar de aburguesarse se mantiene incólume en sus principios. Thanos no busca poder ni gloria, solo busca la salvación de la vida y, ninguno de los que se le enfrenta llega a proponer, ni remotamente, una solución alternativa. Están tan acostumbrados a que todo se vaya a la mierda progresivamente, que no ven que haya un problema; es más, ni se lo plantean (Lo cual puede deberse a que los Avengers pertenecen al sector privilegiado de la galaxia, a ese 1% del Universo que tiene asegurada su vida y la de sus nietos). Thanos sacrifica a su familia (Gamora), porque sabe que su ideal es más importante que sus egoístas amores. Mientras por el lado de "los buenos", la mezquindad llega al punto de no importarles que la mitad de Wakanda muera para salvar a Visión. Y es que para los Vengadores, "toda vida es importante" siempre y cuando esté dentro de su grupo social o, por lo menos, dentro de su número de Dunbar. Estoy seguro de que si Thanos firmaba un compromiso asegurando no destruir a ningún ser de los planetas amigos de los Avengers y a mantener  intactas las "democracias" occidentales, le entregaban sin ningún problema las gemas del infinito y lo invitaban a comer shawarmas en los poscréditos. 
Por eso es una maravilla esa parte final de la película cuando parece que Thor lo va a vencer ¡pero no! Por primera vez en el MCU aquel que tiene todo para ganar gana, sin importar sus motivaciones (Claro que el polvito en que se convierten muchos y la frase de Spiderman, en especial, son de lo más cursi que puede existir, pero no pidamos milagros tampoco) y, Thanos muestra, finalmente, lo prístino de su idealismo retirándose a un lugar remoto y mostrando esa sonrisa pacífica de quien ha cumplido su deber a pesar de todo. Tiene las gemas que lo convierten en el ser mas poderoso del universo y se va de ermitaño. Si eso no es nobleza absoluta, ya no sé lo que es. 
Tristemente, en la segunda parte, que debería llamarse "El Capitalismo Contraataca", sus conquistas se las llevará el viento, mientras los esclavos aplaudirán y aullarán alborozados en la boda fastuosa y multimillonaria de Tony con la dueña de Goop, con lo que seguramente cerrarán el ciclo de la franquicia.

lunes, 23 de abril de 2018

La Casa de Papel: Siempre la lucha de clases

La manida historia del atraco al banco no es algo que me apasione y pensar en ver una serie entera sobre eso, me atraía tanto como la degustación de un plato de patitas de pollo hervidas con vinagre. Sin embargo, como siempre, me deje llevar por la infinidad de comentarios positivos y luego de haber visto las dos temporadas no puedo mas que agradecer la facilidad con que caigo en hypes y trending topics.

Si "Los Magníficos", la mítica serie del Equipo A, liderado por John "Hannibal" Smith tuviera un hijo con "24", la serie de culto en tiempo real, del agente Jack Bauer y sus tías favoritas fueran "Reservoir Dogs" de Tarantino y "Ocean's Eleven"; ademas, el producto que saliera de ello se grabara en un país de habla hispana para abaratar costos, nos daría una idea de lo que es esta serie.

Muchos entusiastas la ponen al nivel de series como Breaking Bad, The Wire o la primera temporada de Prison Break, y aunque no me incluyo entre ellos, reconozco que su nivel de adicción no está lejos del de unas ligas de crack: Una vez que empiezas ya no puedes parar hasta terminarlo todo y una vez terminado, las ganas de más te consumen por varios días.

La serie cumple con creces en regalar esos momentos tan emocionantes en que no sabes si seguir viéndola o dejar de hacerlo porque ya no soportas la angustia. Claro que para disfrutarla verdaderamente, como la misa de los domingos, tienes que hacer caso omiso de los vacíos argumentales, incoherencias y absurdos técnicos que pueden causarle una indigestión a cualquier geek o puristas del género. Vamos a poner algunos ejemplos, cargados de spoilers, por supuesto:

- La policía puede interceptar cualquier señal radial en un rango de, al menos, cincuenta metros. ¡No hay celular prendido que se les escape! Sin embargo, los atracadores pueden colocar un transmisor en los anteojos de Ángel sin que nadie se entere. ¿Es que el Profesor creo una nueva frecuencia indetectable para cualquiera que no fuera él? ¿De ser el caso, podría, mientras van imprimiendo billetes, explicarnos si la existencia del gravitón es plausible?

- Tokio acaba de decirle a Rio que le rebanaría el cuello si traiciona a sus "amigos con nombres de ciudades" y que ella "es más de dejarse la vida con un fusil" o algo así y, apenas un puñado de escenas después inicia una absurda rebelión en la que se enfrenta -y traiciona- a casi todos ellos, simplemente porque el Profesor demoró en su llamada de control y la excusa que da es que "la gente siempre trata de sobrevivir". ¿Sobrevivir liándose a tiros con toda la policía acompañada apenas del novio (a quien le había pedido que se entregara para no morir) y del macarra que no le va a decir que no a una balacera?

- El Profesor es tan inteligente que Walter White y Tony Stark podrían  pasar como "personas con habilidades diferentes" frente a él. Sin mencionar que se ha pasado media vida planeando el asalto y ha previsto casi cada posible arista que se pudiera presentar y su solución. Sin embargo, no le parece ni medianamente importante pasar la noche con la jefa de toda la operación de rescate, dejando a sus suerte a sus compañeros encerrados porque, parafraseando a Arjona, "el amor no entiende de ironías". Sin olvidar que para demostrarle a Raquel que sus sentimientos son puros y cristalinos como agua de manantial, la deja inconsciente y espera que despierte para que ella decida si le dispara o no (poniendo, como no, en peligro la operación y a todos sus compañeros). Por si fuera poco, tiene un grupo de sicarios serbios, que también son buenos cavadores, a su disposición, pero solo los usa para rescatar a Tokio y para ayudarle a terminar los últimos decámetros del túnel (que ellos mismos construyeron cinco años antes) ¿Es que la agencia intermediaria tuvo problemas con los contratos en el Ministerio de Trabajo y solo se solucionaron para los últimos capítulos? A todo esto, ¿La tercerización de sus servicios implica que los serbios no recibirán utilidades?


Podríamos seguir con las incongruencias durante un buen rato, pero lo importante, ya lo dijimos, es obviarlas y disfrutar del show. Sin embargo, lo que sí  podemos hacer es nuestro ya clásico análisis socio psicológico de los personajes y las subliminales implicaciones políticas del guión, que, finalmente es para lo que vemos series, ¿no?

Aunque se quiere ver que la ideología del Profesor tiene de comunismo o anarquismo, en realidad tiene mucho de la primera y nada de la segunda. La misma idea de la estructura jerárquica de su pequeña organización es imposible dentro del anarquismo. Ademas, la idea de acumulación de riqueza desmedida para un pequeño grupo sin mayor beneficio para la colectividad en general es mas propia de un partido comunista gobernante que de unos idealistas seguidores de Bakunin. El Profesor no quiere un mundo mejor, ni siquiera pretende hacer una declaración de intenciones vacía como el socialismo progresista. Lo suyo es aprovechar los huecos del sistema en beneficio propio, lo que, a la larga, redundará en reforzar ese mismo sistema que pretende atacar. 

Hablar de todos los personajes nos tomaría mucho tiempo, así que solo trataremos a los más importantes: Helsinki, Berlín, Arturito y Alison Parker (Los demás, querido lector, son solo clichés, por mucho que te hayas encariñado con ellos)

- Helsinki: A pesar de su carácter secundario, este personaje, logra mostrar aspectos interesantes. Se trata, junto a Oslo, de uno de los pocos reclutas que muestran verdadero profesionalismo y respeto a la cadena de mando. Mientras todos los demás, en mayor o menor medida han incumplido con su condición de subordinados, Helsinki jamas cuestiona una orden de su superior inmediato, lo que permite, finalmente, que el plan resulte exitoso. De haber cedido al sentimentalismo, pudo haber matado a Arturito, el culpable directo de lo que le pasó a Oslo, arruinando la parte de "Cero víctimas" que, aparentemente, era esencial para su éxito (Y que Berlín, segundo al mando no tarda ni dos capítulos en desobedecer); o, peor aún, hacer caso al llanto del Profesor y no explotar el túnel para intentar un rescate imposible (Nuevamente, debido a una orden directa de su superior y no a un libre albedrío que, en caso de planes que requieren de precisión absoluta no sirve para nada). A pesar de su imagen, muestra mas cordura y respeto tanto por los rehenes compro sus compañeros que el "inocente" Rio, que se vuelve un traidor a las primeras de cambio o que la sociópata de Tokio, cuyo papel en la serie parece ser el de procurar que todo se vaya al traste de manera, eso sí, muy consistente. 

- Berlín: Si La Casa de Papel no cruza el delicado límite entre drama y culebrón, es gracias a este personaje. Berlín es un mar de contradicciones. Sabe que cumplir con el plan es fundamental pero su ego lo domina al punto de mandar a ejecutar a Mónica en lugar de simplemente encerrarla. Luego se arrepiente pero no va a ser una nena para demostrarlo y solo se permite exigir ser castigado. Su arrogancia hace que no sea muy querido, ni respetado, por sus compañeros (Salvo por los profesionales: Oslo, Helsinki y en menor medida Moscú, quienes saben que no están allí para quererse sino para salir vivos). Aparentemente le da igual la muerte, mientras los demás no se enteren de su condición de moribundo, pero al final se derrumba aferrandose a un romance que solo existe en su cabeza, aunque claro, tampoco es tan inocente como para mantener esa idea cuando la evidencia desnuda su ingenuidad. Su venganza es impagable: Cruel y benévola a la vez. Finalmente, a pesar de su buen puñado de patologías mentales, es evidente que su participación en el robo no es más que un acto de amor, que es un sentimiento que solo pueden comprender, de verdad, las personas que viven con fiereza hasta las visitas al baño. 

- Arturito: Si hay alguien a quien todos odian es a Arturito. Hasta el diminutivo destila desprecio. Y es que este personaje representa algo que todos pueden odiar: Funcionario de mando alto (Que por si mismo ya es algo que suena a inmoral), bígamo, cobarde, manipulador, feo. Ustedes escojan su razón preferida. Y sin embargo, Arturito es, de alguna manera, la persona mas vital -y real- de toda la serie. Desde el inicio ve el robo no como una aventura sino como un peligro evidente para su vida y, aceptémoslo, en un caso así lo que más nos importaría es salvarnos a cualquier costo (Miren que él no sabe que los asaltantes son nobles y de buen corazón, como sí lo sabemos nosotros). Nadie, en el mundo ideal de la ficción quisiera ser como Arturito, y sí como el Profesor, pero en la realidad, esa que nos atosiga con cuentas y deudas, la mayoría de espectadores entregaría, gustoso, un riñón por vivir la vida de este flácido antihéroe.

- Alison: Así como Arturito es el despreciable burócrata que solo merece nuestro desprecio, Alison es la representante de esa élite a la que, secretamente, todos admiramos, gracias a siglos de acondicionamiento. Ella es joven, bonita, rebelde, pero a la vez, es despreciada por sus compañeros de colegio y odia a su padre, lo que es suficiente para que nosotros, humanos gamma de toda la vida, dejemos de lado su condición de niña engreída de clase alta y esperemos un romance con Río o, por lo menos que termine actuando a favor de los secuestradores. Es lo que tiene el ser parte de la élite, solo basta que nos lance unas migajas para considerarlo como uno mas de nosotros (y por eso no nos cansamos de dejar que nos sigan gobernando). Por eso, cuando mantiene inquebrantable su desprecio por la clase trabajadora (bueno, asaltadora en este caso) nos sentimos indignados. Aunque cuando hace participe de ese desprecio a la pequeña burguesía del funcionario (Representada por Arturito, obviamente), volvemos a sentir empatía con ella. Es que nos encanta odiar al empleado público, que no es mas que otro peón del poder, mientras nos desvivimos por saberlo todo de las Kardashian.

Una mención aparte merece el personaje de Ariana. Lo suyo es supervivencia práctica, adaptabilidad por encima de cualquier prejuicio personal. Al final se trata de sobrevivir y si se puede, aprovecharse de la situación que te toque. Ariana representa, sin dudarlo, a la empresa informal tercermundista 

miércoles, 28 de febrero de 2018

Black Panther: Enseñandole a las minorias que rebelarse es malo

 Luego de que DC se adelantara con la primera película de superhéroes protagonizada por una mujer, Marvel tenía que reivindicarse dándole el protagonismo a alguna otra minoría discriminada, así que qué mejor que la población afroamericana (Ya sabemos que la corrección política no permite decir negros, que es ofensivo y racista, como si fuera un color sucio del que no debemos hablar. Contradicciones que tiene el "buenismo"). El experimento les ha salido, económicamente, a pedir de boca y ya es la tercera película más taquillera de Marvel. Tanto éxito me hacía pensar que algo de bueno, además del color de los protagonistas,debería tener el filme para ir pulverizando tantos records.

Luego de su visionado, sé que solo tiene que ver con la ola de "empoderamiento" que tan de moda está; porque esta película entra, directamente, en lo más graneado del ranking de basofia fílmica palomitera de la última década.

 El nivel de aburrimiento que me ocasionó fue tal, que hubiera preferido pasar esas dos horas revisando las cuentas del Sector de Operaciones Estructuradas de Odebrecht escuchando los Greatest Hits de Wendy Sulca. Claro que una cierta dosis de masoquismo compulsivo y la necesidad de evitar el mismo tormento a los ávidos lectores de Periodico de a China, permitieron que en lugar de ahorcarme con los cordones de mis zapatos, terminara ese trabajo de parto que tiene por nombre Black Panther y, con las manos temblorosas iniciara los spoilers de la pelicula.

La historia, como todas las de Marvel, carece de profundidad en los personajes, está llena de lugares comunes y su predictibilidad es tal, que no sorprendería ni a un niño de cuatro años atiborrado de Ritalin. Sin embargo, a diferencia de la mayoría de ellas, las peleas son soporíferas, las motivaciones de los personajes rayan en lo absurdo y, sobre todo, el humor no funciona: Los gags son repetitivos, gastados, rancios. El único personaje que logra generar simpatía es el de Shuri, la hermana de T'Challa, más no por su "inteligencia super humana", que de esos genios ya nos tiene hartos el Universo Marvel; sino, por su desfachatez, por su falta de respeto a los protocolos absurdos y medievales que, aparentemente, no son un lastre para que Wakanda sea la sociedad más desarrollada del planeta. Claro que el personaje va involucionando a lo largo del metraje, y termina convertido en la damisela en apuros corajuda, pero que solo logra salvarse por el heroísmo del protagonista. 

Black Panther es un engaño de proporciones épicas y lo hace tan bien, que muchos se congratularán de que por fin hay una película en la que las mujeres se hacen respetar (Por la especie de guarida pretoriana, formada por mujeres calvas y por la novia espía); a pesar de que siempre estén subordinadas a los hombres. Ya vimos el ejemplo de Shuri, pero hay más:

- Okoye, la líder de las Dora Milaje, acepta, aún de mala gana, al nuevo monarca, sin cuestionarselo. "Así son las cosas y hay que respetar las tradiciones" casi nos dice con la convicción de quien tiene una burka puesta; y, solo se rebela cuando descubre que el hombre a quien seguía originalmente, aún está vivo. "Mujer valiente, sí; pero los pantalones los tiene que llevar un hombre", resuena de fondo en su historia.

- A pesar de que las mujeres de la realeza logran robar la flor de los superpoderes, viajan a las montañas a buscar un hombre que beba su néctar y pueda luchar, hidalgamente, por recuperar sus privilegios. Aunque la madre de T'Challa le plantea, tímidamente, a Nakia que ella debería tomarla, ésta se rehusa, con la risible excusa de que "se necesita un ejército para recuperar la ciudad". ¿Y no existe, me pregunto, un pueblo de varios millones de personas dispuestos a mantener su status quo y que han sido fieles súbditos de su familia por centurias, lleno hasta las narices de vibranium, que podría ser el ejército del que dice carecer?

Justamente, el pueblo es otro engaño: El buenrollismo y la progresía, que se caracterizan siempre por su infantilismo dualista y su superficialidad al entender los problemas sociales, saltarán en una patita por ver una película en que los ¿como digo negros sin que se rasguen las vestiduras? son reyes, científicos, pacíficos y ricos; y no, pobres, violentos e ignorantes. ¡Al fin se hace justicia! ¡Esa raza orgullosa no es menos que nadie! ¡Así se debe reflejar a los emprendedores y no con cosas como la Paisana Jacinta! 

Claro que Wakanda representa, en realidad, a una élite cultural y económica estadounidense, educada y bien posicionada en altos cargos empresariales y del gobierno que ha aprendido a disfrutar de los placeres de la alta sociedad, como para estarse preocupando por esos otros millones que conforman el grueso de la población marginada, sin accesso a salud ni educación de calidad, pero sí a las varas de los policias. Los wakandeses son un grupo que cae bien porque "a pesar de su color son como nosotros" (O al menos, son como la idea que tenemos de nosotros).

Por otro lado, el filme deja muy en claro que, a pesar de las apariencias, "esa gente siguen siendo unos salvajes"; porque sino ¿Cómo se explica que "la sociedad más avanzada del mundo" escoja a sus líderes por medio de batallas a muerte entre los pretendientes al trono? ¿Cómo han podido sobrevivir milenios en un sistema que permite que un tipo que lleva un par de horas en el país y que es claro en su desprecio por el mismo y por su estilo de vida y que asegura que utilizará los recursos de la nación en guerras a nivel mundial y que resume su futuro plan de gobierno en algo como "Make Wakanda great again", llegue al más alto cargo solo por hacer más pesas que el "gobernante moderado y gentil"? ¡Qué hasta en los Estados Unidos llegar a eso le costó millones y mentiras descaradas a Trump! 

Por si fuera poco, el mejor amigo de T'Challa solo necesita una mínima decepción para echar por tierra toda camaradería y lealtad por su viejo amigo y traicionarlo por el recién llegado ("Es que así son estos oscuros" nos dicen subliminalmente los guionistas y el conglomerado de intereses WASP  que financian el filme). En cambio, el blanco que no tiene ninguna razón de aparecer en esta película, arriesga su vida dos veces por gente a la que no conoce porque...ya sabemos...es blanco y eso es sinónimo de santidad. Para más inri, el otro blanco que sale en la película, el supuesto antagonista, resulta ser una especie de Bukowski manco que más que criminal se nos muestra como un aventurero sin miedo, al que a veces se le pasa la mano, pero que es asesinado, cómo no, por un criminal de verdad: Un negro (Que en este punto, ya se les acabaron las sutilezas a los creadores de la película)

Finalmente, hablemos de ese delincuente, el verdadero villano: Erick, el hijo del hermano del antiguo rey, que fue asesinado por aquel, abandonando y sumiendo en la miseria a su sobrino. Su historia pudo ser la baza que jugara Marvel para darle una cierta trascendencia critica a Black Panther (Como alguna vez hizo, en sus inicios, con la primera Iron Man y la criminalidad que rodea al comercio de armas y de la que se arrepintió luego). 

El personaje de Michael B. Jordan, no tuvo los beneficios de la élite que le dio la espalda (Imaginen lo que hubiera pasado con Will Smith si no le habrían la puerta los tíos de Bel Air. Habría terminado, seguramente, haciendo rap político a lo Public Enemy) y tuvo que aprender que ser negro y pobre es una combinación desastrosa y que todos los que conocía tenían que convivir con ese estigma mientras la población blanca y "sus hermanos wakandeses" se negaban a compartir sus privilegios en "aras de su seguridad". Un personaje que pudo, que debió estar cargado de matices, termina siendo una caricatura del "malo muy malo" que demuestra en cada secuencia en que aparece que "solo quiere ver el mundo arder" y, por tanto, nadie siente la menor tristeza ni empatía cuando muere, a pesar de su cuasi redención. 

No es casual que la ciudad de donde proviene Erick, Oakland (Que no es ni por asomo un sitio duro, como Detroit, por poner un ejemplo) sea el lugar de origen de las verdaderas Panteras Negras. De una forma muy poco velada, contraponen el fracaso de un movimiento que intentó elevar las condiciones de vida afroamericanas (o la depravada actitud de Erick) al éxito de la utopía capitalista que representa Wakanda (Y la moral noble de los Obama... digo, de la familiar real).

Estamos, en suma, frente a una película que no solo es muy mala, sino que es, tan reaccionaria que no temería ponerla al lado de "El Nacimiento de una Nación" de Griffith. Claro que como la ironía se le escapa al espectador medio y, sobre todo, al millennial de izquierdas, verán todo lo contrario en esta cinta.



viernes, 1 de diciembre de 2017

El Cuento de la Criada: El País que Trump quisiera

 La caída del comunismo fue tan rápida, que no le dio tiempo a Occidente de crearse un enemigo a la altura, para justificar los elevadísimos gastos en armamento, el neocolonialismo en aras de la "libertad" y la explotación de sus propias masas con un nada sutil pero efectivo "trabaja duro, que la otra opción es mucho peor. 
Sin un enemigo externo de importancia, es probable que la gente hubiera empezado a cuestionarse la validez de un sistema que se sostenía en el hiperconsumo y en la deuda. Ante tan monstruosa posibilidad, solo quedaba un recurso, uno que no había sido utilizado en años: El enemigo religioso (Debido sobre todo que mucho de la propaganda capitalista se sostenía en la libertad absoluta de credo).  
Demás está decir que esta opción ha probado una tasa de efectividad increíble a lo largo de los siglos, teniendo como única pega que, casi siempre, el celo religioso termina excediendo con mucho el nivel ideal para mantener a las masas tranquilas y así, como quien no quiere la cosa, nos vemos envueltos en yihads, cruzadas, exterminios étnico-religiosos varios y surgimiento de oleadas de "espiritualidad" que terminan constituyendo sectas a cual más pérfida. 
Pero como con las papas fritas que te comes cuando piensas iniciar la dieta, la satisfacción de la necesidad inmediata suele privarnos del más elemental raciocinio (Ya sea que se trate de un gordito hambriento o de un sistema socio económico desesperado por eternizarse), así que, a culpar a los musulmanes de todos los males del mundo, generar una sensación de pánico permanente, la que crea un maridaje perfecto con la xenofobia y el nacionalismo más burdo, y ya podemos incrementar el gasto en armamento (tenemos que protegernos), invadir países estratégicos política o económicamente (debemos hacerlo antes que lo hagan ellos) y reducir la mayor cantidad posible de libertades internas (el enemigo puede estar entre nosotros y el gobierno debe saberlo para protegerte). 
Pasamos, así, a un estado policial y restrictivo (y esta vez, alegremente aceptado como si tuviéramos a la mitad de la liga de la justicia de guardaespaldas) y parece que todo salió de maravillas para el sistema; pero, la Ley de Murphy no perdona ni a las superpotencias y algo, siempre, sale mal. En este caso, el miedo al Islam legitima los fundamentalismos de andar por casa y, de pronto, casi sin darnos cuenta, nos hallamos rodeados de fanáticos religiosos de toda calaña, que, al igual que sus hermanos en imbecilidad musulmanes, consideran que ya basta de libertinajes y que ha llegado el momento de postrarnos humildemente ante su dios, renunciar a herejías y vivir la vida santa que a "Él" le place, lejos de depravaciones homoeróticas, sacrificios de niños (eso a los que los ateos le dicen abortos) y, sobre todo, esa abominación llamada ciencia (para que nos sirve, si toda la sabiduría se halla en "el libro sagrado"). 
Al principio, lo tomamos un poco a broma: "Mira esos catecúmenos como bañan a sus niños a media noche con agua helada para bautizarlos" "Mira como esos sodálites tienen esas barbitas tan graciosas" "mira como esos gringos creen que la Tierra es plana "Mira como ese grupo de loquitos new age deslegitima la evolución y las vacunas con su "consciencia astral". Pero, poco a poco, observamos con terror que ya no son grupúsculos insignificantes, que el extremismo místico y religioso se va convirtiendo en la norma. ¡Hasta los católicos de "yo creo en dios a mi manera", de toda la vida, empiezan a ir a misa los domingos! ¡Ya ni me asombraría que resucite el Partido Popular Cristiano! 
Y en el país que tiene a bien regir los destinos del mundo, las cosas van aún peor: El nivel de idiotización colectiva ha llegado a tal punto que han elegido a Trump como el "Christian Champion" que guiará las huestes del bien en su lucha contra los demonios del Islam; pero, al mismo tiempo, van adoptando comportamientos y valores que no distan mucho de aquellos que, aparentemente, combaten. Difícilmente se dan cuenta que tienen más en común con los adoradores de Alá que con los principios que, al menos en el papel, dice representar su nación. 
Hasta aquí hemos llegado en el 2017; pero en el año 1985, la escritora Margaret Atwood se adelantó a todo esto y creo una ficción que suena estremecedoramente cercana, en la que luego de graves actos de terrorismo, el gobierno estadounidense deja de existir y es reemplazado por una teocracia que obliga a todos los ciudadanos a vivir tal como la Biblia lo exige (Y, aunque no lo creas, amigo cristiano liberal, nada en tu forma de vida se asemeja a lo que el librito de marras ordena). Así, lesbianas, homosexuales, divorciados, ateos, cristianos de facciones diferentes, judíos, y todo aquel que no se amolde a "la palabra de dios" es asesinado, encarcelado o expulsado del país (Esto últimos sólo para judíos, y sólo si corren con mucha suerte). Las mujeres pasan a tomar un papel de sumisión absoluta ante los hombres (si, querido lector/lectora, eso dice en la Biblia. No estaría de más que le eches una ojeada) por lo que deben pertenecer a un hombre en calidad de esposas, sirvientas o "criadas". Estas últimas son las divorciadas, lesbianas, esposas de segundas nupcias, convivientes o solteras sin padres que se hagan cargo de ellas que, se convierten en una especie de vientres de alquiler (sin paga) para las esposas, ya que la mayoría de ellas son estériles. Claro que como la inseminación artificial es pecado, la concepción se realiza por el mecanismo clásico, con el esposo y la "criada" copulando (nunca mejor usada tan clínica palabra) con esta última apoyada en las piernas de la esposa, como una especie de ménage a trois místico y sin nada de pasión, que sólo la perversión religiosa podría concebir. El argumento para este tipo de explotación sexual lo encuentran, como no puede ser de otra manera, en la Biblia, específicamente en la historia de Sara y Agar. 
La historia muestra no solo el estado irracional al que te puede llevar la religión cuando te la tomas muy en serio; sino, otros aspectos, algunos evidentes, como la enorme hipocresía que esconde esta teocracia (completamente inviable en un sentido puro, por antinatural); pero, también algunas actitudes que nos pueden dejar alelados por lo pavorosamente ciertas que pueden llegar a ser (y esto sí, debido a la tendencia a pertenecer que tenemos todos los simios), como la aceptación de las criadas a su nueva condición, con los prejuicios, miedos y conspiraciones que conlleva el dejar de ser las personas que fueron apenas unos años antes. Finalmente, nos acostumbramos a todo y, una civilización como la que describe "El Cuento de la Criada" ya se vive, sin muchas diferencias, en buena parte del Medio Oriente. Lo espeluznante, es saber que, en este momento, no estamos tan lejos de lo mismo.
También hay una serie basada en el libro, pero la verdad, nunca la he visto.


jueves, 3 de agosto de 2017

Mami llegó tu papi con su Dunkerke


Se dice que Nolan ha entrado al Olimpo de los directores con esta película y, luego de su visionado, no podemos sino darle la razón a todos los que piensan que, por fin, puede tutearse con Spielberg. Dunkirk podría haber sido filmada por este y no hubiera desentonado. Todo nos recuerda al mejor cine de Steven: El patrioterismo burdo, el efectismo exagerado y cursi, el diálogo simplón, el melodrama metido en calzador, el cuidado gigantismo de sus escenas, lo plano de las actuaciones, el diabetizante mensaje de heroísmo colectivo, la banda sonora a la que se le corre el maquillaje con vergüenza ante las escenas que se ve forzada a acompañar como si del marido ebrio haciendo escándalo en matrimonio de la prima rica se tratase. Si es que no puso un guiño a la cultura popular de los ochentas, es porque el momento histórico es anterior, que sino Atreyu habría llegado montado en Falkor a rescatar a los soldados que faltara evacuar.
Ya en la tercera entrega de Batman, Nolan apuntaba maneras de aburguesado megalómano creador de bodrios históricos de consumo masivo y gran factura técnica pensados en arrasar  en la temporada de premios, en el que finalmente se ha convertido. Algunos ilusos supusimos, aquella vez, que el éxito del Caballero de la Noche le había jugado en contra y que los estudios lo obligaron a aceptar una postproducción hecha a cuchillo, digna de un Freddy Krueger en su mejor forma (Habrán notado que yo también puedo hacer guiños ochenteros) y del market placement más descarado donde hasta los lugares turísticos más importantes de la ciudad de Nueva York son publicitados en lo que, supuestamente, era la misteriosa Ciudad Gótica.
Luego vino Interstellar y a pesar de los innumerables defectos, su carga emocional es tan fuerte que volvimos a sentirnos orgullosos de tener las versiones piratas de su filmografía completa y volvimos a ser Nolanlovers como si Bane nunca hubiera pasado por nuestras vidas.
Pero siempre hay un antes y un después en todas las cosas, un punto de quiebre que marca con lo preestablecido, lo preconcebido y lo que suponemos que será el resto de nuestras vidas. A veces es algo directo y contundente, como un terremoto o un cáncer de páncreas; otras, es algo tan sutil que solo nos damos cuenta de ello con las perspectiva que te brinda el paso del tiempo. En otros casos, nos damos cuenta al instante, que algo cambió y ya no hay marcha atrás, como cuando decides dejar una prometedora carrera de medicina en el instante en que vas leyendo el capitulo 7 de Rayuela justo en la parte en la que dice “Con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano" y que podríamos llamar "nuestro momento en el que nos llevan a conocer el hielo". Eso es lo que pasa con esta película.
Luego de mirarla, nunca podremos ver algo de Nolan como antes; el maldito del mainstream se ha desmalditizado y solo le queda la comercialidad sin sorpresa, sin emoción (En la que se supone que debería ser la más emocional de todas, que no estamos hablando de desarraigo ni de soledad, sino del más intenso de los sentimientos -el único cien por ciento sincero- como es el miedo a la muerte). Nolan se ha graduado de farsante y, como otros que se hicieron un nombre antes de llegar a eso (Como Kubrick, Tarantino o el mismo Spielberg) acumula una sólida hoja de vida para que ponga sus excrementos sobre papel mantequilla y los degustemos, dichosos, como si se trataran de unos bombones Valrhona con cacao de Madagascar.
La película es tan mala, que la entrada de la Wikipedia te hace vivir, mucho más, la emoción del rescate más importante de la historia contemporánea. Si algo de bueno podemos rescatar de este insufrible ejercicio visual es que cuando te decidas a verla, podrás ocupar tu tiempo en algo más productivo, como en pulir ese allegro de sonata que llevas años tratando de terminar; o, lograr la cura para la angiopatía amiloide cerebral (Que ya la tienes a un tris), sin el remordimiento de estarte perdiendo una parte esencial de la historia, como si fuera Memento; pues, lo único que veras es barquitos, avioncitos, bombas, soldados cayendo al mar, en orden aleatorio y una final salvación milagrosa.