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| Mario mostrando su cosmopolitismo |
Uno a uno se van cayendo los fundamentos en que sostenía mi vida: Los campeones mundiales son los de siempre; no existe Dios; Michael Jackson sigue vivo; y, Vargas Llosa jamás ganará el premio Nobel.
Pero hoy uno más de mis cimientos se ha desecho cual puñado de arena lanzado al viento. Apenas oí la noticia, sentí cómo la dolorosa verdad me oprimía el pecho: Ya no seré el primer peruano galardonado con el Nobel de Literatura. Peor aún: Ya no seré el primer arequipeño en ganarlo. El golpe ha sido tan fuerte para mi ego que hasta he decidido abandonar el taller de poesía patriótica en el que me había inscrito. ¡No más odas a la blanquirroja, ni a Santa Rosita de Lima! ¡No más sonetos a las glorias futbolísticas de nuestra nación! ¡No más jingles promocionales para candidatos a alguna alcaldía!
Pero hoy uno más de mis cimientos se ha desecho cual puñado de arena lanzado al viento. Apenas oí la noticia, sentí cómo la dolorosa verdad me oprimía el pecho: Ya no seré el primer peruano galardonado con el Nobel de Literatura. Peor aún: Ya no seré el primer arequipeño en ganarlo. El golpe ha sido tan fuerte para mi ego que hasta he decidido abandonar el taller de poesía patriótica en el que me había inscrito. ¡No más odas a la blanquirroja, ni a Santa Rosita de Lima! ¡No más sonetos a las glorias futbolísticas de nuestra nación! ¡No más jingles promocionales para candidatos a alguna alcaldía!



