miércoles, 28 de febrero de 2018

Black Panther: Enseñandole a las minorias que rebelarse es malo

 Luego de que DC se adelantara con la primera película de superhéroes protagonizada por una mujer, Marvel tenía que reivindicarse dándole el protagonismo a alguna otra minoría discriminada, así que qué mejor que la población afroamericana (Ya sabemos que la corrección política no permite decir negros, que es ofensivo y racista, como si fuera un color sucio del que no debemos hablar. Contradicciones que tiene el "buenismo"). El experimento les ha salido, económicamente, a pedir de boca y ya es la tercera película más taquillera de Marvel. Tanto éxito me hacía pensar que algo de bueno, además del color de los protagonistas,debería tener el filme para ir pulverizando tantos records.

Luego de su visionado, sé que solo tiene que ver con la ola de "empoderamiento" que tan de moda está; porque esta película entra, directamente, en lo más graneado del ranking de basofia fílmica palomitera de la última década.

 El nivel de aburrimiento que me ocasionó fue tal, que hubiera preferido pasar esas dos horas revisando las cuentas del Sector de Operaciones Estructuradas de Odebrecht escuchando los Greatest Hits de Wendy Sulca. Claro que una cierta dosis de masoquismo compulsivo y la necesidad de evitar el mismo tormento a los ávidos lectores de Periodico de a China, permitieron que en lugar de ahorcarme con los cordones de mis zapatos, terminara ese trabajo de parto que tiene por nombre Black Panther y, con las manos temblorosas iniciara los spoilers de la pelicula.

La historia, como todas las de Marvel, carece de profundidad en los personajes, está llena de lugares comunes y su predictibilidad es tal, que no sorprendería ni a un niño de cuatro años atiborrado de Ritalin. Sin embargo, a diferencia de la mayoría de ellas, las peleas son soporíferas, las motivaciones de los personajes rayan en lo absurdo y, sobre todo, el humor no funciona: Los gags son repetitivos, gastados, rancios. El único personaje que logra generar simpatía es el de Shuri, la hermana de T'Challa, más no por su "inteligencia super humana", que de esos genios ya nos tiene hartos el Universo Marvel; sino, por su desfachatez, por su falta de respeto a los protocolos absurdos y medievales que, aparentemente, no son un lastre para que Wakanda sea la sociedad más desarrollada del planeta. Claro que el personaje va involucionando a lo largo del metraje, y termina convertido en la damisela en apuros corajuda, pero que solo logra salvarse por el heroísmo del protagonista. 

Black Panther es un engaño de proporciones épicas y lo hace tan bien, que muchos se congratularán de que por fin hay una película en la que las mujeres se hacen respetar (Por la especie de guarida pretoriana, formada por mujeres calvas y por la novia espía); a pesar de que siempre estén subordinadas a los hombres. Ya vimos el ejemplo de Shuri, pero hay más:

- Okoye, la líder de las Dora Milaje, acepta, aún de mala gana, al nuevo monarca, sin cuestionarselo. "Así son las cosas y hay que respetar las tradiciones" casi nos dice con la convicción de quien tiene una burka puesta; y, solo se rebela cuando descubre que el hombre a quien seguía originalmente, aún está vivo. "Mujer valiente, sí; pero los pantalones los tiene que llevar un hombre", resuena de fondo en su historia.

- A pesar de que las mujeres de la realeza logran robar la flor de los superpoderes, viajan a las montañas a buscar un hombre que beba su néctar y pueda luchar, hidalgamente, por recuperar sus privilegios. Aunque la madre de T'Challa le plantea, tímidamente, a Nakia que ella debería tomarla, ésta se rehusa, con la risible excusa de que "se necesita un ejército para recuperar la ciudad". ¿Y no existe, me pregunto, un pueblo de varios millones de personas dispuestos a mantener su status quo y que han sido fieles súbditos de su familia por centurias, lleno hasta las narices de vibranium, que podría ser el ejército del que dice carecer?

Justamente, el pueblo es otro engaño: El buenrollismo y la progresía, que se caracterizan siempre por su infantilismo dualista y su superficialidad al entender los problemas sociales, saltarán en una patita por ver una película en que los ¿como digo negros sin que se rasguen las vestiduras? son reyes, científicos, pacíficos y ricos; y no, pobres, violentos e ignorantes. ¡Al fin se hace justicia! ¡Esa raza orgullosa no es menos que nadie! ¡Así se debe reflejar a los emprendedores y no con cosas como la Paisana Jacinta! 

Claro que Wakanda representa, en realidad, a una élite cultural y económica estadounidense, educada y bien posicionada en altos cargos empresariales y del gobierno que ha aprendido a disfrutar de los placeres de la alta sociedad, como para estarse preocupando por esos otros millones que conforman el grueso de la población marginada, sin accesso a salud ni educación de calidad, pero sí a las varas de los policias. Los wakandeses son un grupo que cae bien porque "a pesar de su color son como nosotros" (O al menos, son como la idea que tenemos de nosotros).

Por otro lado, el filme deja muy en claro que, a pesar de las apariencias, "esa gente siguen siendo unos salvajes"; porque sino ¿Cómo se explica que "la sociedad más avanzada del mundo" escoja a sus líderes por medio de batallas a muerte entre los pretendientes al trono? ¿Cómo han podido sobrevivir milenios en un sistema que permite que un tipo que lleva un par de horas en el país y que es claro en su desprecio por el mismo y por su estilo de vida y que asegura que utilizará los recursos de la nación en guerras a nivel mundial y que resume su futuro plan de gobierno en algo como "Make Wakanda great again", llegue al más alto cargo solo por hacer más pesas que el "gobernante moderado y gentil"? ¡Qué hasta en los Estados Unidos llegar a eso le costó millones y mentiras descaradas a Trump! 

Por si fuera poco, el mejor amigo de T'Challa solo necesita una mínima decepción para echar por tierra toda camaradería y lealtad por su viejo amigo y traicionarlo por el recién llegado ("Es que así son estos oscuros" nos dicen subliminalmente los guionistas y el conglomerado de intereses WASP  que financian el filme). En cambio, el blanco que no tiene ninguna razón de aparecer en esta película, arriesga su vida dos veces por gente a la que no conoce porque...ya sabemos...es blanco y eso es sinónimo de santidad. Para más inri, el otro blanco que sale en la película, el supuesto antagonista, resulta ser una especie de Bukowski manco que más que criminal se nos muestra como un aventurero sin miedo, al que a veces se le pasa la mano, pero que es asesinado, cómo no, por un criminal de verdad: Un negro (Que en este punto, ya se les acabaron las sutilezas a los creadores de la película)

Finalmente, hablemos de ese delincuente, el verdadero villano: Erick, el hijo del hermano del antiguo rey, que fue asesinado por aquel, abandonando y sumiendo en la miseria a su sobrino. Su historia pudo ser la baza que jugara Marvel para darle una cierta trascendencia critica a Black Panther (Como alguna vez hizo, en sus inicios, con la primera Iron Man y la criminalidad que rodea al comercio de armas y de la que se arrepintió luego). 

El personaje de Michael B. Jordan, no tuvo los beneficios de la élite que le dio la espalda (Imaginen lo que hubiera pasado con Will Smith si no le habrían la puerta los tíos de Bel Air. Habría terminado, seguramente, haciendo rap político a lo Public Enemy) y tuvo que aprender que ser negro y pobre es una combinación desastrosa y que todos los que conocía tenían que convivir con ese estigma mientras la población blanca y "sus hermanos wakandeses" se negaban a compartir sus privilegios en "aras de su seguridad". Un personaje que pudo, que debió estar cargado de matices, termina siendo una caricatura del "malo muy malo" que demuestra en cada secuencia en que aparece que "solo quiere ver el mundo arder" y, por tanto, nadie siente la menor tristeza ni empatía cuando muere, a pesar de su cuasi redención. 

No es casual que la ciudad de donde proviene Erick, Oakland (Que no es ni por asomo un sitio duro, como Detroit, por poner un ejemplo) sea el lugar de origen de las verdaderas Panteras Negras. De una forma muy poco velada, contraponen el fracaso de un movimiento que intentó elevar las condiciones de vida afroamericanas (o la depravada actitud de Erick) al éxito de la utopía capitalista que representa Wakanda (Y la moral noble de los Obama... digo, de la familiar real).

Estamos, en suma, frente a una película que no solo es muy mala, sino que es, tan reaccionaria que no temería ponerla al lado de "El Nacimiento de una Nación" de Griffith. Claro que como la ironía se le escapa al espectador medio y, sobre todo, al millennial de izquierdas, verán todo lo contrario en esta cinta.



viernes, 1 de diciembre de 2017

El Cuento de la Criada: El País que Trump quisiera

 La caída del comunismo fue tan rápida, que no le dio tiempo a Occidente de crearse un enemigo a la altura, para justificar los elevadísimos gastos en armamento, el neocolonialismo en aras de la "libertad" y la explotación de sus propias masas con un nada sutil pero efectivo "trabaja duro, que la otra opción es mucho peor. 
Sin un enemigo externo de importancia, es probable que la gente hubiera empezado a cuestionarse la validez de un sistema que se sostenía en el hiperconsumo y en la deuda. Ante tan monstruosa posibilidad, solo quedaba un recurso, uno que no había sido utilizado en años: El enemigo religioso (Debido sobre todo que mucho de la propaganda capitalista se sostenía en la libertad absoluta de credo).  
Demás está decir que esta opción ha probado una tasa de efectividad increíble a lo largo de los siglos, teniendo como única pega que, casi siempre, el celo religioso termina excediendo con mucho el nivel ideal para mantener a las masas tranquilas y así, como quien no quiere la cosa, nos vemos envueltos en yihads, cruzadas, exterminios étnico-religiosos varios y surgimiento de oleadas de "espiritualidad" que terminan constituyendo sectas a cual más pérfida. 
Pero como con las papas fritas que te comes cuando piensas iniciar la dieta, la satisfacción de la necesidad inmediata suele privarnos del más elemental raciocinio (Ya sea que se trate de un gordito hambriento o de un sistema socio económico desesperado por eternizarse), así que, a culpar a los musulmanes de todos los males del mundo, generar una sensación de pánico permanente, la que crea un maridaje perfecto con la xenofobia y el nacionalismo más burdo, y ya podemos incrementar el gasto en armamento (tenemos que protegernos), invadir países estratégicos política o económicamente (debemos hacerlo antes que lo hagan ellos) y reducir la mayor cantidad posible de libertades internas (el enemigo puede estar entre nosotros y el gobierno debe saberlo para protegerte). 
Pasamos, así, a un estado policial y restrictivo (y esta vez, alegremente aceptado como si tuviéramos a la mitad de la liga de la justicia de guardaespaldas) y parece que todo salió de maravillas para el sistema; pero, la Ley de Murphy no perdona ni a las superpotencias y algo, siempre, sale mal. En este caso, el miedo al Islam legitima los fundamentalismos de andar por casa y, de pronto, casi sin darnos cuenta, nos hallamos rodeados de fanáticos religiosos de toda calaña, que, al igual que sus hermanos en imbecilidad musulmanes, consideran que ya basta de libertinajes y que ha llegado el momento de postrarnos humildemente ante su dios, renunciar a herejías y vivir la vida santa que a "Él" le place, lejos de depravaciones homoeróticas, sacrificios de niños (eso a los que los ateos le dicen abortos) y, sobre todo, esa abominación llamada ciencia (para que nos sirve, si toda la sabiduría se halla en "el libro sagrado"). 
Al principio, lo tomamos un poco a broma: "Mira esos catecúmenos como bañan a sus niños a media noche con agua helada para bautizarlos" "Mira como esos sodálites tienen esas barbitas tan graciosas" "mira como esos gringos creen que la Tierra es plana "Mira como ese grupo de loquitos new age deslegitima la evolución y las vacunas con su "consciencia astral". Pero, poco a poco, observamos con terror que ya no son grupúsculos insignificantes, que el extremismo místico y religioso se va convirtiendo en la norma. ¡Hasta los católicos de "yo creo en dios a mi manera", de toda la vida, empiezan a ir a misa los domingos! ¡Ya ni me asombraría que resucite el Partido Popular Cristiano! 
Y en el país que tiene a bien regir los destinos del mundo, las cosas van aún peor: El nivel de idiotización colectiva ha llegado a tal punto que han elegido a Trump como el "Christian Champion" que guiará las huestes del bien en su lucha contra los demonios del Islam; pero, al mismo tiempo, van adoptando comportamientos y valores que no distan mucho de aquellos que, aparentemente, combaten. Difícilmente se dan cuenta que tienen más en común con los adoradores de Alá que con los principios que, al menos en el papel, dice representar su nación. 
Hasta aquí hemos llegado en el 2017; pero en el año 1985, la escritora Margaret Atwood se adelantó a todo esto y creo una ficción que suena estremecedoramente cercana, en la que luego de graves actos de terrorismo, el gobierno estadounidense deja de existir y es reemplazado por una teocracia que obliga a todos los ciudadanos a vivir tal como la Biblia lo exige (Y, aunque no lo creas, amigo cristiano liberal, nada en tu forma de vida se asemeja a lo que el librito de marras ordena). Así, lesbianas, homosexuales, divorciados, ateos, cristianos de facciones diferentes, judíos, y todo aquel que no se amolde a "la palabra de dios" es asesinado, encarcelado o expulsado del país (Esto últimos sólo para judíos, y sólo si corren con mucha suerte). Las mujeres pasan a tomar un papel de sumisión absoluta ante los hombres (si, querido lector/lectora, eso dice en la Biblia. No estaría de más que le eches una ojeada) por lo que deben pertenecer a un hombre en calidad de esposas, sirvientas o "criadas". Estas últimas son las divorciadas, lesbianas, esposas de segundas nupcias, convivientes o solteras sin padres que se hagan cargo de ellas que, se convierten en una especie de vientres de alquiler (sin paga) para las esposas, ya que la mayoría de ellas son estériles. Claro que como la inseminación artificial es pecado, la concepción se realiza por el mecanismo clásico, con el esposo y la "criada" copulando (nunca mejor usada tan clínica palabra) con esta última apoyada en las piernas de la esposa, como una especie de ménage a trois místico y sin nada de pasión, que sólo la perversión religiosa podría concebir. El argumento para este tipo de explotación sexual lo encuentran, como no puede ser de otra manera, en la Biblia, específicamente en la historia de Sara y Agar. 
La historia muestra no solo el estado irracional al que te puede llevar la religión cuando te la tomas muy en serio; sino, otros aspectos, algunos evidentes, como la enorme hipocresía que esconde esta teocracia (completamente inviable en un sentido puro, por antinatural); pero, también algunas actitudes que nos pueden dejar alelados por lo pavorosamente ciertas que pueden llegar a ser (y esto sí, debido a la tendencia a pertenecer que tenemos todos los simios), como la aceptación de las criadas a su nueva condición, con los prejuicios, miedos y conspiraciones que conlleva el dejar de ser las personas que fueron apenas unos años antes. Finalmente, nos acostumbramos a todo y, una civilización como la que describe "El Cuento de la Criada" ya se vive, sin muchas diferencias, en buena parte del Medio Oriente. Lo espeluznante, es saber que, en este momento, no estamos tan lejos de lo mismo.
También hay una serie basada en el libro, pero la verdad, nunca la he visto.


jueves, 3 de agosto de 2017

Mami llegó tu papi con su Dunkerke


Se dice que Nolan ha entrado al Olimpo de los directores con esta película y, luego de su visionado, no podemos sino darle la razón a todos los que piensan que, por fin, puede tutearse con Spielberg. Dunkirk podría haber sido filmada por este y no hubiera desentonado. Todo nos recuerda al mejor cine de Steven: El patrioterismo burdo, el efectismo exagerado y cursi, el diálogo simplón, el melodrama metido en calzador, el cuidado gigantismo de sus escenas, lo plano de las actuaciones, el diabetizante mensaje de heroísmo colectivo, la banda sonora a la que se le corre el maquillaje con vergüenza ante las escenas que se ve forzada a acompañar como si del marido ebrio haciendo escándalo en matrimonio de la prima rica se tratase. Si es que no puso un guiño a la cultura popular de los ochentas, es porque el momento histórico es anterior, que sino Atreyu habría llegado montado en Falkor a rescatar a los soldados que faltara evacuar.
Ya en la tercera entrega de Batman, Nolan apuntaba maneras de aburguesado megalómano creador de bodrios históricos de consumo masivo y gran factura técnica pensados en arrasar  en la temporada de premios, en el que finalmente se ha convertido. Algunos ilusos supusimos, aquella vez, que el éxito del Caballero de la Noche le había jugado en contra y que los estudios lo obligaron a aceptar una postproducción hecha a cuchillo, digna de un Freddy Krueger en su mejor forma (Habrán notado que yo también puedo hacer guiños ochenteros) y del market placement más descarado donde hasta los lugares turísticos más importantes de la ciudad de Nueva York son publicitados en lo que, supuestamente, era la misteriosa Ciudad Gótica.
Luego vino Interstellar y a pesar de los innumerables defectos, su carga emocional es tan fuerte que volvimos a sentirnos orgullosos de tener las versiones piratas de su filmografía completa y volvimos a ser Nolanlovers como si Bane nunca hubiera pasado por nuestras vidas.
Pero siempre hay un antes y un después en todas las cosas, un punto de quiebre que marca con lo preestablecido, lo preconcebido y lo que suponemos que será el resto de nuestras vidas. A veces es algo directo y contundente, como un terremoto o un cáncer de páncreas; otras, es algo tan sutil que solo nos damos cuenta de ello con las perspectiva que te brinda el paso del tiempo. En otros casos, nos damos cuenta al instante, que algo cambió y ya no hay marcha atrás, como cuando decides dejar una prometedora carrera de medicina en el instante en que vas leyendo el capitulo 7 de Rayuela justo en la parte en la que dice “Con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano" y que podríamos llamar "nuestro momento en el que nos llevan a conocer el hielo". Eso es lo que pasa con esta película.
Luego de mirarla, nunca podremos ver algo de Nolan como antes; el maldito del mainstream se ha desmalditizado y solo le queda la comercialidad sin sorpresa, sin emoción (En la que se supone que debería ser la más emocional de todas, que no estamos hablando de desarraigo ni de soledad, sino del más intenso de los sentimientos -el único cien por ciento sincero- como es el miedo a la muerte). Nolan se ha graduado de farsante y, como otros que se hicieron un nombre antes de llegar a eso (Como Kubrick, Tarantino o el mismo Spielberg) acumula una sólida hoja de vida para que ponga sus excrementos sobre papel mantequilla y los degustemos, dichosos, como si se trataran de unos bombones Valrhona con cacao de Madagascar.
La película es tan mala, que la entrada de la Wikipedia te hace vivir, mucho más, la emoción del rescate más importante de la historia contemporánea. Si algo de bueno podemos rescatar de este insufrible ejercicio visual es que cuando te decidas a verla, podrás ocupar tu tiempo en algo más productivo, como en pulir ese allegro de sonata que llevas años tratando de terminar; o, lograr la cura para la angiopatía amiloide cerebral (Que ya la tienes a un tris), sin el remordimiento de estarte perdiendo una parte esencial de la historia, como si fuera Memento; pues, lo único que veras es barquitos, avioncitos, bombas, soldados cayendo al mar, en orden aleatorio y una final salvación milagrosa.

domingo, 16 de julio de 2017

Juego de Tronos para Dummies: Los Lannister

Porque nunca es suficiente de Game of Thrones, haremos un sesudo análisis de quien es, realmente, quién en Westeros mediante un complejo análisis psicosocioantropológico de los personajes que solo nosotros, en nuestro infinita superficialidad pedante, somos capaces de lograr.
Pero antes de sumergirte en la vorágine de nuestras palabras, debemos informarte que si no has visto la serie o leído los libros, este post tendrá tanto interés para ti como las peleas arregladas del Floyd Mayweather; así que, te aconsejamos actividades menos apasionantes como el scuba diving o el armado de cubos Rubik en un río infestado de pirañas.

Hoy hablaremos de los que, probablemente, sean los personajes más humanos de la serie (Entendiendo humanidad como el conjunto de vicios, apetitos, soledades y ocasionales virtudes que nos definen como personas): Los hermanitos Lannister.


Cersei

Empecemos por la más importante de la familia para el desarrollo de la historia. La madre de Tommen es, con diferencia, el personaje más odiado de la saga, ahora que su dulce padre y su tierno hijo mayor están muertos. 
Sin embargo, a diferencia de aquellos, Cersei es mucho más que sus crímenes y sus sociopatías de socialité privilegiada. 
Aunque para casi todo el mundo, represente el mal absoluto, el egoísmo y el afán de poder; es, en realidad, un personaje de muchos matices.
Si bien es una persona desalmada y ambiciosa, dispuesta a pasar sobre cualquiera para conseguir sus objetivos, cargada de una libido incontenible y rencores profundos (Caracteristicas que en una sociedad falocéntrica como la nuestra, la de Westeros y casi cualquiera en cualquier mundo real o ficticio, son, más bien, virtudes masculinas para alcanzar el éxito en los negocios -miren a Trump, que hasta Presidente es- se convierten, si la poseedora es de sexo femenino, en insoportables defectos que dejan a una arpía en la categoría de una encantadora Mary Poppins) Es por eso que todos aman odiar a Cersei; por que nos recuerda todo aquello que la sociedad detesta en una mujer. El ejemplo más claro de ello, es la condena unánime de lectores y visualizadores por el asesinato indirecto de Robert, quien, por su lado, a pesar de ser un ejemplo de esposo maltratador, violento y despectivo ¡Casi un macho peruano de antaño! curiosamente, no le cae mal a nadie y hasta es visto como una víctima de la bruja rubia
.
Por eso, si olvidamos por un momento ese impulso a lapidar a nuestra blonda María Magdalena, descubriremos una verdad que salta a la vista si nos limpiamos las legañas del prejuicio. Cersei es el epítome del amor femenino. Y el amor, como lo entiende una mujer, no se centra en una sola persona; pues, si bien nace en un hombre (y no en el que piensan, sino en su padre), luego se reafirma con su pareja sexual (Que da la casualidad que es su hermano) y se extiende a su prole. Su amor, aunque se diversifique, no pierde intensidad por ello; es más, se fortalece con cada miembro nuevo. 
Sin embargo, su amor tiene diferentes matices. Es sumiso con su progenitor (finalmente, es imposible desligar el poder masculino que representa éste en la sociedad y en su educación), es incondicional con sus hijos (diganme que no hace falta coraje para sentir cariño por el pérfido Joffrey) y exigente al punto de pretender colmar todas sus expectativas en el caso de su pareja (Desde las sexuales a las económicas. Cersei, como mujer que es, pretende de su hombre que sea, apenas, un semental bellísimo, de noble corazón, con un Ferrari para cada día de la semana y que solo tenga ojos para ella); por lo que, el único que logra cumplir estos requisitos es aquel que, aparentemente, es su versión masculina: Su hermano Jaime. Claro que cuando éste pierde la mano y deja de ser su implacable protector, el amor va pasando (como suele suceder siempre) del romance abrasador al helado desprecio, tomando incluso de amante a su primo. Esto es claro en los libros, no tanto en la serie, donde, lamentablemente, ambos personajes son mucho más planos.
Ese amor tremendamente territorial y hasta excesivo de Cersei, hace que considere como su enemigo a cualquiera que amenace, así sea remotamente a su familia (No considera a Tyrion como su familia porque la belleza es esencial en su concepto de consanguinidad; además de sentir como una amenaza su inteligencia, al saberlo inmune a su encanto). 
Entonces, es entendible que busque la muerte de Ned Stark luego de que éste descubra el origen genético de sus vástagos y la amenace con hacerlo público; o, su odio visceral a Margaery, a quien sabe una manipuladora muy peligrosa para su hijo Tommen (A diferencia suya, que lo manipularía para su propio bien). 
Respecto al verdadero padre de sus hijos. ¿Realmente podemos culparla de engañar a un hombre con quien la obligaron a casarse y que la desprecia abiertamente, a pesar de su belleza, que jamás le ha demostrado ni un gesto de cortesía, culpándola de un matrimonio que el tampoco quería, como si ella hubiera tenido alguno que ver al respecto? ¿POdemos culparla de tener hijos con la persona a quien verdaderamente ama y que encima es tan rubio como ella y el único que pudo asegurar la rubiedad de su progenie?

Cersei es la mayor víctima del juego de tronos, la que más sola se ha quedado por intentar proteger a los suyos y, como lo dijimos, la más odiada por el terrible pecado de que todos sus enemigos sean el tipo de estereotipos que nos suelen caer muy bien.

Jaime

Es curioso que sean los hermanos Lannister, con la joyita de padre que G.R.R. Martin tuvo a bien ponerles, los que más importancia le den al concepto de amor (No como los Stark, por ejemplo, para quienes el honor ocupa un lugar mucho más alto en sus acciones). En el caso de Jaime, tenemos al único personaje en esa historia para quien lo único importante, lo único por lo que vale la pena vivir o morir es su amor, un amor tan absoluto que se forjó en el útero materno. 

A primera vista, Jaime es un miserable pedante para quien la vida de cualquiera no vale un céntimo. Pero con el tiempo llegamos a conocerlo y descubrimos que si esto era así, es porque la rotundidad de su amor por su hermana era tal, que el mundo en general no era más que un escenario prescindible para su romance; y, a medida que este va desvaneciendose, aparece un Jaime que sin su gemela, es como si naciera de nuevo y viera, de pronto, el mundo con ojos propios y descubriera, aterrado, lo poco que le gusta (Repito, esto pasa en los libros y muy tangencialmente en la serie).

Jaime es el hombre que toda madre quisiera que embarazara por accidente a su hija y él lo sabe. Pero a diferencia de lo que el mundo (mayoritariamente feo) trata de hacernos creer, las personas bellas y que no han pasado penurias económicas, suelen ser más confiables y de "nobles sentimientos"  que los demás; si bien nunca suele ser algo evidente porque siempre parecen un poco fuera de la realidad, lo que se suele confundir con arrogancia o sencillo desprecio a la plebe. 

La razón de eso es muy sencilla: 

- Quien es hermoso (especialmente, en el caso de las mujeres) pero pobre, termina convirtiendo a esa belleza en un arma de supervivencia, se vuelve manipulador, aprovechado, selectivo en sus preferencias y amistades, hipócrita y vano, entre otras linduras que terminan ensuciando la imagen de la estética en general. 

- Por otro lado, quien es feo y pobre, suele considerar la vida una lucha perpetua. Se vuelve incapaz de generosidad porque todo tiene que ganarselo (Hasta el derecho a procrear) y aunque termine siendo exitoso, siempre sentirá que lo suyo es un castillo de arena, que puede caerse en cualquier momento. Además, el esfuerzo en conseguir ese éxito, le impide el crecimiento moral o intelectual (Un lujo innecesario en la guerra de su vida) que es natural en los primero especímenes. No es de extrañar que los más grandes tiranos de la historia hayan sido, justamente, los de este tipo. En Canción de Hielo y Fuego, un digno representante es Meñique.

- Por su parte, los feos con dinero, compensarán su falta de atractivo con la abundancia de bienes materiales y, si su inteligencia es limitada, terminarán en un baño permanente de todo el hedonismo que el dinero pueda comprar. Ten por seguro que tu vida no importará absolutamente nada, si te interpones entre ellos y sus pasiones. 

En cambio, para las personas como Jaime (No como Cersei, porque si bien tiene dinero y belleza, su condición de mujer le hace las cosas mucho más duras), la vida siempre ha sido más sencilla: La gente siempre tiende a hacer cosas por ellos, el sexo opuesto ( o cualquiera que se sienta atraído por él o ella) siempre le ríe las gracias; sus excesos son travesurillas; y, su amistad siempre es un activo apreciado por otros. En esas condiciones, es natural que esta persona no genere mucha competitividad ni considere que la vida es una constante consecución de metas y, más bien, se dedique a disfrutar de su tiempo, sin preocuparse de los demás (ni para bien, pero -a diferencia de todos los otros- tampoco para mal). 

En su caso, el amor no es parte de un proceso, ni una etapa, ni otro logro a cumplir, ni "un camino accidentado que se logra sortear con mucho esfuerzo". El amor de Jaime no busca más allá del disfrute de si mismo. 

Pudiendo ser uno de los hombres más poderosos de Westeros, el mayor de los Lannister se enrola en la Guardia Blanca para estar cerca de su hermana, renunciando a un porvenir de gloria, porque no la necesita, porque tiene algo que, probablemente tú, buen lector, jamás comprenderás, algo que podemos definir como "el amor de los bellos", que es ahistórico (no piensa en el futuro pues lo completa en el ahora), amoral (por eso lanza a Bran de la ventana y no se tortura al pensar que la mujer que ama es su hermana), completo (no incluye a nadie más, ni siquiera a sus hijos o a su hermano, ya que lo que siente por ellos es infinitamente menor a lo que siente por Cersei) y casi desinteresado porque no espera de ella nada más que una simple cosa: La retribución de un amor tan absoluto como el suyo, nada más. 

Lamentablemente, con el tiempo se da cuenta que eso no es así. Al perder la mano pierde su aura de perfección y descubre como viven el resto de los mortales: Las burlas, la impotencia ante el mundo que te abruma, la falta de rumbo, la porquería con que tiene que lidiar casi todo el mundo en una fantasía medieval o en la realidad, en que o tomas las cosas o te las quitan y, sobre todo, que su imperfección es una monstruosidad intolerable ante los ojos de su amada y, al dejar de cumplir con todas sus expectativas ve como su fantasía de correspondencia se evapora y descubre que buena parte del cariño de Cersei se basaba en el interés (Las razones de ese interés ya las hemos explicado, pero al pobre Jaime nadie se las dijo); por lo que, en los libros, no en la serie, decide cortar con esa relación y, de paso, despertar su conciencia social, que alguien tiene que hacer algo por esos desharrapados de estética modesta, por decirlo de una manera fina.


Tyrion

Salvo a la mayoría de personajes de Canción de Hielo y Fuego, ¿A quién no le cae bien Tyrion Lannister? Este personaje, que podría encajar, fácilmente, en la categoría de monstruo millonario y pervertido a la que ya nos hemos referido (y de hecho, es como su mundo lo ve) tiene algo que lo saca de ese nivel: Una feroz inteligencia. 
Gracias a ella tiene una comprensión muy clara del cosmos y de la podrida condición humana. Pero, a diferencia de su hermano, a quien el universo le importa un pito (al menos en los primeros libros) o su hermana, que quiere reconstruir el mundo para hacerlo el nido de sus retoños; Tyrion quiere hacer un mundo mejor para todos, pero no por una cuestión desinteresada (Ya sabemos, solo puede se desinteresado aquel a quien nada le falta y a Tyrion le falta, entre otras cosas porte y nariz); sino, por una desesperada necesidad de ser amado. Así como sus hermanos, el menor de los Lannister tiene como centro de su vida ese sentimiento. Tyrion quiere ser querido, ya que no puede ser admirado como Jaime; y quiere, además, algo que en su caso puede ser algo inalcanzable: Un amor simple pero desinteresado. El deforme rico normal, sabría que eso no es posible y hubiera aceptado su sino trabajando para una empresa minera y consiguiendo una esposa trofeo para que los demás lo envidien y comprándola permanentemente con regalos caros, sin renunciar a las prostitutas de alto vuelo (que ya saben que billetera mata galán). Pero no, Tyrion no quieres eso, quiere un "te quiero" sincero, una felación que nazca de la voluntad de su amada y no de un tip de 25% sobre la tarifa establecida. Por supuesto, el pobre hombre se va de bruces en todas sus expectativas. El mundo esta poblado por feos, pero a nadie le gusta que uno más feo esté por encima de ellos y así es como ven a Tyrion. Si Jaime hubiera salvado a Desembarco del Rey, ahora estaría al nivel de un Dios, en cambio su hermano solo ganó un intento de asesinato, una desfiguración, el desprecio paterno, un juicio y una fuga al exilio. Es lo que somos, nos gusta vernos reflejados en lo que no somos y por eso todos queremos pretender que somos especiales, que somos exitosos, hermosos, talentosos y por eso nos gastamos fortunas en tener los zapatos que nuestra estrella de cine haya recomendado para sentir en ese momento que somos como ella. Si alguien nos dice que tenemos que ser solidarios, reducir nuestros hábitos de consumo o trabajar en conjunto para que no nos asesinen y violen a nuestras mujeres  y que, encima, nos lo diga un fenómeno de circo, eso no lo permitimos. Así que Tyrion opta por dejarse de cursilerías, aceptar su condición de subhumano emocional, deja de pensar en el amor sentimental y concentra sus energías en ayudar a destruir al régimen que, cree él, es el culpable de esas injusticias. Naturalmente, cuando Daenerys triunfe, el pobre hombre descubrirá que el cambio de amo no modificará nada para el pueblo que pretende enamorar; que la heroína será la bella Danny y él seguirá en las sombras de los burdeles, embriagándose y soñando con ese amor que nunca le llegará. 



sábado, 25 de febrero de 2017

La, la, land: El Amor es un Cuento (O un musical)

Cuando vi que La, la, land había alcanzado el récord de 14 nominaciones al Óscar, casi tuve la certeza de que estábamos ante la reactualización de ese bodrio insufrible (Ganadora de Óscar, por supuesto) que es Shakespeare in Love. Si hubiera tenido como protagonista a la insoportable Gwyneth Paltrow no me hubiera molestado ni en escupir en su póster promocional; pero en su lugar estaba la, generalmente, entretenida Emma Stone; además, Ryan Gosling, el perdedor más cool del cine contemporáneo. 
Por si fuera poco, el director Damien Chazelle, ya en esa joya minimalista  que es Whiplash nos había demostrado que si hace cine es para que el vulgo, que usualmente rasga sus oídos con esas gilletes que representan Kanye West o Selena Gómez (O el Shaky Shaky  o Maluma) escuche jazz (que, ¡Oh, sorpresa! no había sido solo el nombre del amigo del príncipe del rap). 
Así que, con ciertas reservas, había que darle una oportunidad a su visionado.
El resultado fue más allá de lo esperado. Si bien estamos ante una historia predecible (Y sí, sospechosamente parecida a Shakespeare in Love, incluso en el final de un amor no por falta de amor); la película nos ofrece, también una banda sonora increíble, tremendamente emocional  (salvo un par de musicales infectos puestos con calzador para que quede claro que estamos ante un "homenaje" a la "Edad Dorada" de Hollywood) y llena de jazz por todo lado. También está City of Stars, una canción que está destinada a convertirse en uno de los pocos clásicos románticos que no provocan arcadas (como si lo hacen My heart will go on o I will always love you). Justo con esta canción asistimos al momento más emotivo de la película (aún más que el final) cuando Sebastian toca el piano y Mía canta con él. El juego de miradas, las risas que interrumpen la canción. El conjunto de todos los elementos nos hace pensar en un amor sin drama ni tragedia, un amor sencillo y cotidiano al que le importan muy poco los planes, los objetivos, las cláusulas no escritas del contrato que es en verdad una relación. Por supuesto, como en la vida, ese amor dura lo que un suspiro.
La otra escena emotiva, se da, como cualquiera que haya visto la película lo sabe, al final, con esa retrospectiva al "pudo ser" de los personajes mientras, como no, la música nos hace sentir que somos nosotros quienes estamos teniendo los recuerdos, terminando en una desgarradora imagen de Sebastian tocando las notas finales de City of Stars (Que de pronto ya no es la canción de amor, sino la de nostalgia, la de despedida, la de soledad). A propósito, si bien puede parecer que se nos dice que las cosas terminaron entre ellos fue porque tomaron decisiones equivocadas; la verdad es que la escena es más una mala representación del "eres arquitecto de tu propio destino" porque salta a la luz que son muy pocas las cosas que, de verdad, pudieron haber cambiado y que, seguramente, no hubieran influido en su separación.
Vemos, entonces, que la película es lo suficientemente mediocre para ganar no uno, sino una mochila llena de Óscares (Ya sabemos que últimamente la mediocridad es el requisito central para su obtención), pero que musicalmente cumple sobradamente.
Sin embargo, debemos aclarar que el cine difícilmente es inocente, salvo que se trate de filmes increíblemente malos como los de Leónidas Zegarra. Por lo general, y más aún en una película CONSTRUIDA para aspirar a todos los premios y al fervor del público, lo que menos se espera es que pase desapercibida para lo profundo de tu psique (de tu lado consciente solo importa que pagues la entrada) y es mucho más lo que esconde que lo que muestra. Entonces ¿De qué trata realmente La, la, land? Primero que nada, es necesario recordar la influencia de la política en el cine comercial estadounidense. Mucho de lo que se filma y comercializa está influido directamente por el entorno socio político, especialmente cuando este es conservador. Así tenemos la inmensa popularidad de los héroes de acción nacionalistas en los ochenta, cuando el régimen de Reagan estaba en su apogeo. Lo mismo podemos decir de los musicales en el período de la caza de brujas de McCarthy, que era la mejor forma de no arriesgarse a la censura y, de paso, alabar los valores judeo cristianos del "american way of life", con pasitos de baile y felicidad forzada (y muy, pero muy poco uso de neuronas para entender películas que la mamá gallina del gobierno se encargaba de digerir por el pueblo).
¡Un momento! -seguramente me detendrán y agregarán sabiamente -¿Si La, la, land es un musical, estás diciendo que, en realidad, se trata de un producto destinado a la estupidización masiva utilizando métodos clásicos y manipulación emocional con el fin de exaltar valores conservadores que han vuelto a salir a la luz en una sociedad xenófoba y prejuiciosa que acaba de elegir como presidente a Trump, con lo que se inicia una era de neo fascismo comparable a la del bendito Mc Carthy? Y sí, queridos lectores, no lo hubieran podido decir más claramente, así que solo me queda aclarar unos puntos, para los pocos despistados que aún ven en ésta, simplemente una historia de amor convencional matizada por dulces melodías.
1° Trump es un comerciante, un hombre de negocios y su cosmovisión monetaria se ha convertido en un paradigma (No gracias a él. Él es, simplemente, el resultado de tanto reenginering, de "el cielo es el límite", de "dar el ciento veinte por ciento" y estupideces similares cuyo fin es la esclavización voluntaria y feliz de los consumidores). Es por eso que, si bien se nos cuenta una historia de amor, se deja en claro que ésta tiene que terminar porque es incompatible con la consecución de los objetivos profesionales de los protagonistas. Ambos son un lastre en sus objetivos empresariales (entendiendo sus talentos como "su empresa") y tanto besito, ternura, cancioncitas y bailecitos estuvieron bien, pero ha llegado el momento de madurar y convertirse en elementos productivos de la sociedad porque cuando uno está enamorado, te importan una mierda la buena marcha del sistema y la compra compulsiva de objetos como sustituto de la felicidad, y tu productividad un tanto de lo mismo, así que ya, a mirar para adelante sin penas, que lo mejor está por venir una vez que renuncias a esas banalidades sentimentales.    
2° Trump, además de práctico, es un "hombre de familia" y entiende que el fin de una pareja es la procreación, pero no la de razas inferiores, de adolescentes o de white trash, ¡No! Procrear, tal como lo enseña la Biblia es la concepción de hijos caucásicos en hogares millonarios, con el fin de amaestrarlos para cuidar las pertenencias del 1% al que pertenecen. Entonces, en el filme vemos que Mía se casa con un presumible productor de cine, ella misma es una estrella famosa, así que al haber alcanzado "el éxito", se puede permitir la procreación de una hija. Los pocos segundos que asistimos voyeurísticamente a su vida familiar, vemos la cordialidad desapasionada que se espera de "una familiar bien" donde el deseo ocupa el lugar 78 de las prioridades domésticas. Sebastián, por otro lado, también ha alcanzado sus metas, pero al no cumplir el standard mínimo de la fertilidad productiva que se espera de un elemento consciente de la sociedad, se nos muestra más solo que la una; pero, claro, satisfecho con su lugar de macho gamma (que come bien pero que no consigue a la chica), lo que se grafica en la sonrisa final que se dedica la ex pareja. Él parece decirle: "estoy orgulloso de haber gozado de tus carnes temporalmente, sabiendo que, tarde o temprano, serías fecundada por un macho alfa de verdad, para que su estirpe siga predominando sobre la plebe" y ella: "vengo otro día para que nos acostemos, que nada tiene de malo la satisfacción carnal si mantengo impecables mis funciones de madre, esposa y mujer entrepreneur". Por otro lado, como dije "el fin de una pareja es la procreación" en esta era "neocon", así que en todo el metraje no aparece ni un solo homosexual.
3° Trump ya nos ha dejado en claro que no solo el reino de los cielos sino el imperio en la tierra pertenece a los hombres blancos, así que solo aquellos de tal ascendencia tienen que pensar en el ascenso social. Por eso se nos muestra a Sebastian como un pianista fracasado, pero siempre con el sueño de abrir un bar de jazz (hasta que lo logra, una vez pone en claro sus prioridades); mientras que los músicos negros que van apareciendo durante toda la película, son felices en su lugar de obreros remunerados, sin plantearse en ningún momento su paso a la participación y beneficios del capital. "Un negro es feliz entreteniendo a sus amos blancos, como siempre ha sido y debe ser" nos dice subliminalmente La, la, land. El único personaje no blanco que tiene éxito es el compañero escolar de Sebastian que lo recluta para su grupo, y claro, se deja en claro que sus experimentos sonoros tienen como fin destruir la música y el alma del blanquísimo Sebastian, quien, afortunadamente, entre en razón luego de un tiempo. Respecto a latinos, parece que no existieran, lo que es curioso en una ciudad en la que te puedes pasar la vida sin hablar una palabra de inglés.
En suma, la película no es un tributo al "Hollywood clásico", sino al nuevo gobierno estadounidense y al pasado marginador, machista, segregador  e hipócrita que trata de reponer el anaranjado gobernante. Gracias a eso, La, la, land se asegura varios Óscares, pero, también, un lugar en el panteón de las películas más reaccionarias y la primera de esta nueva era. Al menos nos queda la música.