sábado, 12 de junio de 2010

Gracias a Dios que se inventó el Play Station

Los humanos necesitamos ejercer la violencia (física o mental) sistemática o esporádicamente, de acuerdo a nuestro temperamento. No somos hormigas y, por eso, si no puedo tener el gratificante placer de saborear unos sorbos de agua de glacial en el avión privado que me lleva a constatar que los trabajadores de 12 años de mi fábrica en el sudeste asiático estén trabajando las 14 horas de rigor y recibiendo sueldos mensuales que no alcanzan el valor de la botella de 450 mililitros que llevo en la mano; tengo que conformarme con pegarle a la esposa cuando regreso borracho el día de pago, que para algo me mato trabajando de sol a sol.

Es por eso que la sociedad, que no es justa, pero es sabia, se reinventa a sí misma cada tanto para lograr amoldar nuestros instintos criminales al mecanismo de producción de riqueza de turno y encausar nuestra violencia en su propio beneficio.

Cuando este mecanismo de triunfo -éxito, o anhelo de él, que es el que mueve a la mayoría- falla (por falta de oportunidades, pobreza, exceso de competencia, paro laboral, etc) nos encontramos sin una ocupación repetitiva en la que concentrar nuestros pensamientos y sin la esperanza sana de ejercer nuestra poca o mucha cuota de poder sobre otros gracias a esa actividad. Entonces reaparece la macabra esencia del ser humano, que puede llevarlo a realizar actos tan deleznables como crear un blog como éste o -peor aún- a desarrollar ideas de justicia social y querer llevarlas a cabo (Mao, Hitler, Haya de la Torre, los emos).

Pero no sólo la Población Económicamente Activa posee esa tendencia al mal que nos haría escoger gustosos el lado oscuro de la fuerza. Los adolescentes (invento reciente, que es bastante nuevo eso de tener un periodo intermedio entre la niñez y la madurez) también lo poseen, con el añadido de estar bastante más desocupados. Y como sabemos, el ser humano con tiempo libre puede ser muy peligroso. Entonces, en su infinita sabiduría la Civilización Contemporánea -para evitar que se devoren unos a otros- ha generado espectaculares (y sobre todo, seguros) sustitutos del trabajo. Entre ellos tenemos los juegos de video (que nos permiten NO interactuar con otros seres humanos y, a la vez, satisfacer nuestras necesidades de violencia y competitividad) y las redes sociales (que cumplen con las únicas necesidades sociales que el porno no satisface, como son: el chisme y el restregar a los otros nuestros éxitos y además evitando charlas inútiles.)

Aunque en Periódico de a china somos reacios a reconocer que exista vida fuera de nuestras privilegiadas mentes -y nos reímos tanto de las chapucerías cuánticas de Hawkings, como de la prosa desprolija y colegial del Ulises- tenemos que hacer un alto a nuestros laboriosos ejercicios de megalomanía para recomendarles un pequeño cuento que les permitirá aclarar el contenido de este texto y entender hasta qué punto de crueldad puede llegarse si no tienes un Play Station. El enlace aquí.

H. P.