lunes, 20 de septiembre de 2010

El Comercial del Bocón y la Corrección Política


Podemos soportar que gran parte de la población mundial se muera -literalmente- de hambre. Que casi toda la población africana, sudamericana y asiática no vaya a acceder jamás a una educación comparable a la de un paìs pobre europeo. Podemos soportar guerras civiles y el terrorismo. Podemos soportar que los Estados Unidos utilicen la excusa sempiterna de su fundamentalismo democrático para intervenir militarmente, un día si y otro también, los países que quieran. Podemos soportar la crisis económica y los rescates financieros que -naturalmente- sólo benefician a quien no pasará a engrosar la lista de los muertos de hambre. Podemos soportar muchas cosas, porque qué le vamos a hacer: la vida no es fácil.

Lo que nunca podremos tolerar es que algunos enfermos publicistas (que si no lo fueran seguramente serían violadores de menores) se hayan atrevido a insultar a la más sagrada institución de la sociedad -como es la familia- parodiando aquella sagrada costumbre de todo padre, que se precie de ser tal, de llevar a su hijo a jugar al fútbol.

Parece que nadie comprende la lógica evidente de que somos un producto de los medios y que el libre albedrío no existe en medio de la globalización. Porque a quién se le ocurra pensar que si veo un comercial en que un padre (que es un periodista deportivo) menosprecia las capacidades futbolísticas de su hijo para demostrar su imparcialidad laboral, no voy a hacer más que reírme por lo ingenioso de la idea, está complemente equivocado.

Lo que va a suceder realmente es que la próxima vez que vaya al fútbol, voy a insultar de la misma manera a mi hijo (porque lo vi en televisión pues, y si la televisión lo dice tengo que hacerlo, ¿no?) y ya que estamos en eso le daré una brutal golpiza cuando lleguemos a casa.

Quienes piensen que los seres humanos tenemos, o deberíamos, tener el suficiente criterio para tomar una broma como lo que es (y que si no somos capaces, sería mejor que nos esterilizaran químicamente) se tratan, sin duda alguna, de depravados que utilizan nuestra inmaculada moral cristiana como simple papel para asear su inmundos traseros.





Afortunadamente el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (INDECOPI) ha decido dejar de lado sus irrelevantes funciones y concentrarse en algo verdaderamente importante como es censurar comerciales que atenten contra nuestra moral judeo-cristiana y prohibir historietas que mancillen nuestra doncellez visual. Esa es la clase de instituciones que hemos estado esperando toda la vida y desde esta tribuna pido la inmediata canonización de toda su plana mayor.

Luego del escándalo mediático ocasionado por el infame comercial, ahora circula una nueva versión, en la que el hijo maltrata al padre, es que eso sí es gracioso y nada vejatorio, ya que toda publicidad que denigre a una persona de género masculino y adulta no es para nada ofensivo. Distinto sería que el padre fuera negro o una madre en su lugar, que ya sabemos que ellos sí tienen sentimientos.

Finalmente, y hablando de minorías sensibles, quiero hacer una llamado a los gobiernos del mundo para que se promulgue una ley de validez universal que prohíba los chistes sobre negros para acabar con el racismo de una buena vez.