sábado, 26 de junio de 2010

Parecidos de familia

Uno comprende mejor lo que ha visto dos veces. Es señal de prudencia, sin duda. También signo de lucidez y carácter. Una mujer, un libro, una canción –por ejemplo– pronto nos decepcionan o nos asombran. Toma su tiempo darse cuenta de que estábamos equivocados. Y toma más tiempo reparar en que no lo estábamos. Digamos, pues, que es parte de nuestra condición de seres circunstanciales volver sobre las cosas, observarlas de nuevo, encontrarse otra vez en los mismos sitios haciendo lo mismo de la misma forma. Y todo –naturalmente– para nada, o para casi nada.

Hay algo –entendámonos– que nos impulsa a la repetición. Algo que sobrepasa la prudencia. Nos sentimos seguros frecuentando los mismos lugares, hablando con nuestros viejos amigos. Necesitamos hábitos, vicios, reiteraciones. El mundo –aún cuando nos emocione viajar y descubrir experiencias nuevas– requiere, para su cabal funcionamiento, volverse familiar, conocido, predecible. Sabemos quiénes somos y lo que queremos; y lo que somos y queremos es, a fin de cuentas, lo de siempre.

En la repetición está el gusto, dicen. Ello explica que obsesivamente consumamos remakes de hace 20, 30 ó 40 años. Como los episodios de El Chavo emitidos desde 1973 (y actualizados en su versión animada). Como los dibujos de Disney masificados por más de medio siglo. Como las siete películas de Batman. Como las 21 temporadas de los Simpsons. Como las telenovelas mexicanas sucediéndose por décadas. Como la foto del Che Guevara. Como los Beatles. Como los libros de Coelho. Como los Mundiales. Como la Coca Cola. Como la Inka Cola.

La lista es infinita y abarca todos los géneros. Uno se pregunta si en algún lugar existe la diferencia. ¿Qué es lo que ha cambiado finalmente?, ¿somos otros desde que nos comunicamos haciendo click aquí y allá?, ¿por qué seguimos cantando la misma canción de Piero el día del Padre, celebrando el día de la independencia el 28 de julio o haciéndonos regalos y atragantándonos con panetón y pavo en Navidad?, ¿qué cosa explica el regreso a los escenarios de Magneto?, ¿o acaso cantar el Waka Waka en el Mundial es un homenaje a las Chicas del Kan?

Existe una enorme resistencia a ser otra cosa. Es preferible y más fácil ser consumidor en serie. Si nos quedamos en casa podremos disfrutar la televisión viendo a Demi Lovato, que vista de cerca se parece a Miranda Cosgrove, que a su vez se parece a Selena Gómez, que se parece a Miley Cyrus, que se parece a Lindsay Lohan, que se parece a Britney, que se parece a Lady Gaga, que se parece a Cristina Aguilera, que se parece a Shakira, que se parece a Beyonce, que se parece a Riana...

La repetición, la reiteración, la redundancia: el inexorable opio de los pueblos.

C. Q.