viernes, 12 de marzo de 2010

Fervor por Paulette Goddard y Mía Wasikowska: estrellas de "Periódico de a china"

Ser mediocampista de la selección peruana, la nueva bailarina de Tongo o una afamada taibolera en Samotracia son cosas que, a la mayoría de los mortales, no nos quitan el sueño. Hay imposibilidades que no nos importan. Pero existen otras que, por su mayor cercanía a nuestras más íntimas esperanzas, sí constituyen motivo de muchas de nuestras frustraciones. No conocer la India, no haber hecho contacto con seres de otro planeta, no salir nunca en algún video de Cholotube, pueden ser algunas de ellas. Hay, también, un tercer tipo de imposibilidades, aquellas que hubiéramos deseado fervientemente que sucedieran, pero que además de ser absolutamente irrealizables, son, con frecuencia, ilusiones absurdas.

Todo esto es para decir que hubiera vendido mi alma al diablo por ser uno de los amantes de Paulette Goddard. Hubiera dado lo que sea por tocar cinco segundos a Paulette y decirle las más encendidas palabras de amor. Hubiera matado, apuñalado y manducado camellos vivos, víboras venenosas y fieras hambrientas. Pero ninguna de mis intenciones –créanme o no– jamás hubieran servido de nada. Paulette nació 80 años antes de que el autor de estas líneas pudiera ir al baño por voluntad propia y, si bien mantener relaciones con una celebridad de la década del 40 parece una disparatada fantasía, intentar una relación amorosa con una muerta, es necrofilia o locura (rompo una lanza por lo segundo).

Aceptémoslo. Figurar en la selecta nómina de amantes de Paulette es, en estos tiempos, un sobrecogedor despropósito –por lo menos hasta que no se invente una máquina del tiempo a la altura de nuestros sueños– pero, ¿será lo mismo aspirar a tener un romance con Mía Wasikowska, la bella protagonista de Alicia en el País de las Maravillas? Mi devoción por Paulette encontró en la joven actriz australiana un apreciable paliativo. La bella intérprete de Alicia es, quiero pensarlo así, el descargo que me hace el destino por arrebatarme la posibilidad de Paulette.

Me explico. Paulette nació en 1910 y Mía Wasikowska en 1989. Los 79 años que las separan son exactamente los que acercan a la hermosa actriz de 20 años a este intrépido columnista. O sea que de un sopapo hemos burlado las barreras generacionales. Quedan todavía, acotará el lector, las barreras espaciales. Pero la providencia es favorable. En plena apogeo tecnológico es comparativamente mucho más fácil contactarse con cualquier persona a lo largo y ancho del orbe. Eso lo sabe todo el mundo. A mi favor –y no podrá negarlo el fervoroso lector de este periódico– juega también el hecho de ser miembro fundador de Periódico de a china. Es sólo cuestión de tiempo para que Mía (de ahora en adelante la llamaré así, sólo Mía) se una a nuestra larga lista de seguidores y empecemos una amistad que podría devenir en una relación amorosa seria y formal.

Cuando ello suceda, le diré –te diré– que eres la única y verdadera razón de la película de Tim Burton. Sin Lewis Carrol y sin ti, cada pedazo de la historia se derrumbaría como un castillo de naipes o una estúpida torre de arena. Ver tu hermosa sonrisa australiana y tu claro ceño fruncido es lo que he demandado por años. Sólo tú justificas pagar 15 soles por un puñado de popcorn y un vaso de chicha morada, querida Mía.

C. Q.