sábado, 27 de noviembre de 2010

Barza-Madrid: Mourinho en feroz mano a mano con Messi

Todos saben que el verdadero fútbol es el que se juega en Europa (Los campeonatos locales, la Libertadores e incluso el Mundial no son más que pastillitas azucaradas que nos permiten soportar la dureza de no ser ciudadanos del viejo continente, y por tanto, del Mundo). 

Todos saben también que así como el fútbol europeo son los huevos de esturión del deporte; el español es la variedad beluga del balompié y, específicamente, el Barza-Madrid es el caviar Almas que comercializa House y Prunier.

Son muchos los intentos infructuosos de hallarle sentido a la vida. Comer, dormir, emborracharse, jugar con el Playstation, acostarse con supermodelos.  Nada de eso es suficiente para olvidar que a lo largo de nuestra existencia estamos condenados a penar por el horario laboral, para acabar nuestros días en las agrias mieles de la jubilación. (Para quienes corren con suerte, por supuesto, a los demás les va peor). Afortunadamente, existe ese partido, ese derby, ese clásico que justifica los siete días desperdiciados por Dios para malconstruir el mundo. De no ser por el Barza-Madrid, la vida sería tan infeliz que hasta me convertiría en emo

Por eso, si encuentras, buen lector, en tu camino a alguien a quien le parece ofensivo que en un match de 90 minutos haya en juego el suficiente dinero como para acabar con el hambre de varios meses en cualquier país de mediano tamaño e IDH paupérrimo, te ruego acumules toda la mucosidad posible junto a tu saliva y la expulses a su rostro para hacerle entender que nosotros no soportamos estalinismos.  

Después de mucho tiempo, el Barza no es claro favorito. El Madrid viene bien y hasta Benzema ha resucitado como un Cristo posmoderno. Que no brille es lógico, pues estamos hablando de un equipo de Mourinho y esperar filigranas -en ese caso- es como creer que el bueno de Obama les llevará, esta navidad, panetón y chocolate caliente a los presos de Guantánamo, con la sorpresa de la clausura de la prisión. Mou sigue haciendo el fútbol efectivo de siempre y ha encontrado el lugar preciso para todos los jugadores, con lo que, en lo que va de temporada, ninguno está destacando particularmente, lo que en el esquema mourinhinstico significa que el campeonato está a tiro de piedra.

El Barza, por otro lado, con la salida de Ibrahimovic y la llegada de Villa, ha demostrado, con solvencia, que depende completamente de Messi para ganar campeonatos, o sin ir muy lejos, partidos.

Estamos pues, ante un partido épico en el que el pequeño David, alias Real Madrid (Representante del orden colectivo y, por añadidura, de la igualdad entre los humanos) se enfrentará valientemente y casi a puño desnudo con el gigantesto (de casi metro sesenta y siete) y siniestro Lionel "Goliat" Messi.  Aunque el espectáculo no esté asegurado, emoción habrá, y mucha, y esto en el fútbol es lo que importa (sino que lo diga el unocerismo con el que España se coronó como el "la mejor selección de la historia".