jueves, 25 de febrero de 2010

Bayly y Beto: la Serie Rosa Reloaded

En esta guerra televisiva que termina, permítanme tomar partido por el ganador –y no, no me refiero al público, puesto que la gran masa, la plebe, la sociedad civil, el populacho, o como quieran llamarle es, como en toda guerra, quien lleva la peor parte. El triunfador (a menos, distinguido lector, que usted sea de aquellos que piensan que nuestro pleito con Chile en el siglo XIX fue un arañado empate) fue claramente Bayly y, por tanto, desde este modesto rincón dedico este sesudo análisis a su triunfo (con la esperanza, valgan verdades, de ser su nuevo Tongo, su nueva Silvia; o sea, que me descubra pues porque –si alguien todavía no lo ha notado- estamos ante el verdadero Ferrando del siglo XXI. ¡Mírame, Jaimito! ¡Soy escritor! ¡Comediante! ¡Adiestrador de monos! ¡Actor porno! ¡Actriz, si es que eso me va a hacer famoso!)

¿Que porqué ganó si se quedó sin programa? -argumentará usted, incisivo lector. Pues le pido que se ponga la mano en el pecho con la entrega del Chumpi cantando las sagradas notas del Himno Nacional en el Mundial del 82, haga un acto de reflexión y responda la siguiente pregunta: ¿necesita Bayly la plata de ese programa? (Si usted es de los que piensa que el trabajo dignifica o que el Poder Judicial va a dejarse de corruptelas apenas hagan el siguiente cambio de jueces, permítame responder por usted: no, no lo necesita). Actualmente tiene un programa diario en Colombia, es columnista en el Nuevo Herald (y por qué no decirlo, en Peru21 también, que algún sencillo le deben dar), además de tener un contrato con la editorial Alfaguara que incluye tres nuevas novelas y reediciones de algunas de las antiguas. O sea, a Jaimito cantando en las combis no lo vamos a ver. Bayly tiene, hablando en peruano de callejón, la libertad -que tienen muy pocos en nuestra patria- de poder mandar a la mierda a quien quiera en el Perú -porque no depende económicamente del Perú-, lo que ya era un handicap de arranque para Beto Ortiz, quien -por mucho que se empeñe en promocionarse de multifacético- fuera de ese programa suyo no debe tener gran cosa más para vivir bien -no como usted o como yo, amable lector, que sí podemos terminar un día cantando en una combi- y ya han sido varios los programas que ha perdido por decir “aquí mando yo” , así que es evidente que no piensa regresar a los Estados Unidos a freír papas de nuevo, sobre todo si su Némesis -Jaimito- puede, que, mientras él se desviva en un Mc Donalds, se encuentre en cotilleos con la mismísima señora de De la Rua en una mansión de South Beach, Florida. Como sé que los lectores de este blog no tienen tendencias borreguiles, estoy seguro que afirmarán, a voz en cuello que Betito también es escritor y que, incluso, ha publicado últimamente en Planeta; pero, me veo en la obligación cuasi profesional de aclararles que Bayly ya había abandonado esa editorial como quien se espanta una mosca de la nariz, así que incluso en eso lleva las de perder, tomando aquello que su modelo secreto desprecia.
Permítame rogarle en este momento que deje de hacer lo que esté haciendo (menos leer esto, por supuesto) y vuelva a ponerse la mano en el pecho, con la sinceridad y orgullo patrio a flor de piel como nuestras matadoras en aquella gloriosa final -que perdimos- de las olimpiadas del 88 y responda: ¿Ha leído alguna vez algún libro de Beto Ortiz o al menos sabe de qué se tratan? De Bayly, el que menos, ha visto alguna película basada en ellos.

Entonces Ortiz (¿Predestinado por el apellido para dirigir sus filias sexuales? Nunca lo sabremos, oh, curioso lector) debe aceptar los dictados de Ivcher pues aunque diga que no (...que el periodismo independiente..., ...que la verdad ante todo..., ...que la incorruptibilidad de la materia grasa...) su sueldo se lo paga él y a Betito le gusta eso de ser periodista y salir en televisión y, quizás también, los beneficios colaterales (léase monetarios por colaterales y sustituya el quizás también por un sobre todo) de esa exhibición mediática.
Entonces, desde la premisa que uno de ellos (Bayly) es libre y el otro (Beto) no lo es, estamos ante una pelea en la que, por mucho gallito embravecido que se sintiera el último de ellos (azuzado claro por el Caradura, que nunca se le quita el sentimiento barra brava), estaba perdido de antemano, como un Messi-Raymond Manco jugando a llevaditas o ya, poniéndonos pugilísticos, una Kina Malpartida contra Johana San Miguel en una gresca de baño de discoteca. Es por ello que mientras uno tuvo que pedir disculpas, el otro le dijo mono de circo entre otras delicadas descripciones

Por pura corrección política debería ponerme del lado de Beto Ortiz. Bayly lo ha insultado, lo ha denigrado, lo ha menospreciado. Ha dicho, en suma, todo lo que Beto ya sabía y que le arde tan poderosamente en el apellido (disculpe el improperio, salvo que usted sea de los que creen que los libros de autoayuda le encaminarán hacia el éxito, en cuyo caso la vulgaridad de mi comentario le pasará desapercibida) y, ya saben, está mal que la gente diga la verdad porque no se puede ofender a la gente por gusto, sobre todo cuando ya se han disculpado contigo. Pero Bayly aprovechó la coyuntura para dejarse por fin de “todos aquí te queremos mucho” y zalamerías (por no decir mariconadas, que yo sí soy un caballero) de ese tipo para, por fin, volver a regalarnos un poco de aquel niño terrible que fue y ya no es.

(A todo esto, sapiente lector, ¿se acuerda cuando el incisivo periodista, especializado en imitar la cara de pujo de Donald Trump, entrevistó a Alan García en su exilio colombiano y su trato sumiso fue arrebatador, no podía siquiera mirarlo a los ojos? No es siquiera necesario recordar que Bayly a los dieciocho años y cuando García estaba en la cresta de su popularidad le llamó "Caballo loco", aquella vez también Betito perdió por goleada).

Bueno, y Beto se queda en la tele pues en una economía de mercado como la nuestra -como con la lana de alpaca de exportación- nos quedamos solo con que afuera no puede ser vendido y, aunque sea un mono amaestrado, Beto Ortiz es lo más parecido a Bayly que tenemos.

Quiero terminar esta entrada dejando en claro que a mí Jaime Bayly me la suda (utilizando una expresión similar a las que nos suele regalar Jaimito en sus crónicas rosa de Peru 21, que confieso leer de vez en cuando para no dejarme llevar por nostalgias pasajeras y recordar que el Perú está jodido desde el mismo momento en que la madre patria asentó su partida de nacimiento sin padre conocido).

H.P.