lunes, 10 de febrero de 2014

Mujica: Despenalizando la hierba alcanzarás el Nobel


 El premio Nobel de la Paz se parece a los Óscars en que casi nunca gana quien se lo merece, sino quien tiene mayor repercusión mediática. A nadie sorprende, por tanto, que el premio a mejor película de la Academia tenga más en común con los Kids Choice Awards que con un festival cinemátográfico medianamente serio; como, tampoco, sorprende que al pacífico Nobel se haya nominado al teddy bear incomprendido de Adolf Hitler o lo hayan ganado un futbolista playboy burócrata llamado Henry Kissinger (que cuando no estaba pateando un balón o buceando bajo las faldas de las más encantadoras doncellas del momento, solía preparar golpes de Estado en naciones salvajes como Chile, Uruguay o Indonesia, para obsequiarles la redentora civilización de la mano de militares neo fascistas); un presidente estadounidense como Obama (cuyo único mérito parece haber sido negro, pues no acabó guerras antiguas, inició nuevas guerras y Guantánamo...bien, gracias); un candidato a presidente, Al Gore, que ni siquiera pudo ganarle unas elecciones al sociopata fundamentalista de George W. Bush (y gano a pulso su nominación al practicar el ONGero deporte de forrarse en dinero con charlas medioambientalistas, que tan de moda están); un conglomerado de naciones, la Unión Europea (que entre sus mayores éxitos cuenta con la explosión de un buen puñado de burbujas inmobiliarias y la cerrazón permanente de sus fronteras a los sucios bárbaros del sur que no cuenten con ingresos equivalentes a los norteños, además de su gran esfuerzo por combatir la sangre con sangre, como toda la vida).

Por tanto, el hecho de que un grupo de diputados del partido oficialista uruguayo lo haya nominado al innoble premio, no debería sorprendernos por lo exagerado de la adulación, rayana en el ridículo de un Nicolás Maduro X cuando hablaba de un Hugo Chavez cualquiera, puesto que los prohombres de la patria, como buenos congresistas sin importar su nacionalidad, representan los más profundos valores de nuestras democracia y, por eso, valen su peso en materia fecal. Como digo, nadie se sentiría asombrado por una acción como esa o por querer declarar feriado nacional el día del onomástico del ilustrísimo presidente de turno. 

Lo sorprendente en este caso, es que Mujica representa todo aquello que va en contra de los valores judeo cristianos de la actualidad: Despenalización del comercio de la marihuana, aprobación del matrimonio homosexual, aprobación de la ley del aborto; además, de sus virtudes personales como ser un ex guerrillero marxista y mantener, abiertamente, una actitud anticonsumista que puede resultar chocante para muchos (no hablemos ya de la donación del 80 por ciento de su sueldo a un fondo de vivienda para necesitados o a su renuncia al lujo del palacio presidencial para habitar en una modesta casita de campo -que puede verse hasta cool, en estos tiempos de revival del socialismo de clase alta-
sino de algo que suele asquear hasta al rojillo más culturoso, como es su pésimo gusto al vestir, estilo campesino que va al juzgado de paz, que hace ver como un par de dandis de la alta costura a Evo Morales y a Kim Jong Un.


Mujica es tan atípico, que ni siquiera se da ínfulas de intelectual de avanzada, carente de prejuicios, y se toma el tiempo necesario para limpiarse el trasero con papel periodico en términos de alta diplomacia internacional, al referirse a altos funcionarios de instituciones internacionales como viejos mentirosos.

Por todo lo dicho, por su tosca sinceridad, su pragmatismo idealista (descripción que, hablando de Mujica, no suena estúpida), su vejez que le permite no estar buscando tinglados para engrosar cuentas en Gran Caimán, y varias razones más, que no sigo describiendo para evitar la errónea idea de que estoy enamorado de él, merce más que nadie en este momento, llevarse el premiecillo de marras. Por lo tanto, es más probable que lo gane alguien como Ban Ki-Moon, quien cumple con creces la labor de peón en el ajedrez de los poderes establecidos, más aún, que ha instado al mundo a frenar las atrocidades de la República Centroafricana. Con el mismo estilo de pacificación usado en Irak y Afganistán, por supuesto.