lunes, 20 de diciembre de 2010

Tribus Urbanas (2): Los Emos

Bertold Brecht dijo que "hay hombres que luchan un día y son buenos, pero los que luchan toda la vida son imprescindibles". Si damos por sentada la veracidad de dicha frase, podremos concluir que los emos son absolutamente irrelevantes en el desarrollo de la humanidad pues, aunque, teóricamente, todo grupo urbano genera cierta "resistencia al orden establecido", en el caso de esta rosácea tribu, se da apenas en la pronunciación (mala pronunciación) de lamentos en voz alta, "expresiones extremas de sensibilidad" como llantos colectivos o los muy famosos cortes en los brazos y el uso de una estética andrógina harto popular, basada en ropa ceñida de color negro y rosa, hebillas de metal, maquillaje en los ojos y delgadez extrema como émulos huesudos del Jack de Nightmare Before Christmas (que no hay emo de bien, que no la atribuya a Tim Burton).
Dios es testigo de lo frustrante, desgastante y complicado es tratar de encontrar un sustento racional a este híbrido de post nerds y cheerleaders depresivas que al amalgamarse han logrado el milagro económico más sorprendente del siglo XXI (superando incluso al renacimiento de Apple), como es: El resurgimiento de las zapatillas Converse. Por eso, hemos recurrido al testimonio directo de un emo, para graficar su subcultura (al que hemos raptado y torturado con música de los Bee Gees, para obligarlo a realizar este trabajo). Naturalmente, hemos editado su testimonio para hacerlo legible para cualquier persona que supere los 85 puntos de coeficiente intelectual.

Suele asociarse a los grupos sociales con una palabra o frase que sintetiza toda su filosofía. En el caso de los hippies era el "amor libre"; en los punks, la destrucción; en los emos es, indudablemente, el sufrimiento. Ser emo es sufrir; pero sufrir con "un estilo propio y muy especial", porque una cosa es ser un vulgar depresivo, vestido de cualquier manera, solitario y sucio y otra muy diferente es "saber que la vida es un tormento insufrible" rodeado de sufrientes que se peinan y miran de medio lado como tú; que como tú, se hacen dibujitos de dolor en sus raquíticas extremidades usando cuchillitas de afeitar que seres con algunos miligramos más de testosterona utilizan para afeitarse; y que, al igual que tú, se cuidan de la forma más metrosexual posible para ser "verdaderos incomprendidos". Porque, en pleno siglo XXI, puedes sentir que la vida es una mierda, pero es absolutamente insensato y anacrónico suponer que no necesitas un grupo para sentirlo ¿Acaso sufrir de depresiones tiene que ver con el mal gusto o con las pocas ganas de socializar  o de arreglarte? Esas son cosas de ancianos y una persona, perdón, un doliente en la flor de sus sufrimiento no puede desperdiciarse de esa manera.  ¡Sentirse mal no es un juego de niños! ¿Dónde iríamos a parar si la tristeza fuera un bien colectivo al que se pueda acceder sin prerrequisitos?

Es por eso que los emos, patrones y depositarios de la verdad en lo que atañe al dolor infinito, han entregado al mundo una serie de pautas que deben seguir todos aquellos que aspiren morir en olor a doliente santidad y pasar la eternidad escuchando My Chemical Brothers con navajas inoxidables flotando en el aire.

Primero: Las condiciones físicas. Los emos saben que una de las mayores lacras sociales y, posiblemente, la mayor causa de infelicidad en el mundo sea la búsqueda de la igualdad, y, principalmente, la igualdad en base a parámetros físicos. Me pregunto ¿Es posible que un gordo de baja estatura pueda pintarse los ojos y cincelar en su brazo la frase "Qué dura es la vida"? La respuesta rotunda es ¡No! ¡Esa gente esta hecha para regodearse en la podredumbre de la felicidad y la cumbia bailable! Un emo no es (ni puede permitir que otro lo sea) gordo o bajo. La tristeza es una elite para gente alta y flaca. Él que no, pues que se dedique a los juegos de vídeo porque la sensación de hastío y aflicción ya ha escogido su genotipo.

Segundo: Las condiciones económicas. No es que el dinero sea importante, porque los emos odian el dinero, pero sufren porque lo necesitan, pues, si no fuera por él, ¿De qué manera podrían comprar las Vans o las Converse? ¿Las mochilas con estrellas rosadas? ¿Los piercings y el maquillaje? ¿las camisetas para hombre con estampados femeninos? Nada de eso es gratis y, lo siento por los pobres, pero ellos ya tienen suficientes problemas con el hambre como para preocuparse por sufrimientos emocionales.

Las condiciones sexuales. Los emos son un grupo muy liberal en cuestión sexual, por tanto la bisexualidad es casi obligatoria. En vista que el sufrimiento es terrible tanto para hombres como para mujeres, ambos deben compartir, sin prejuicios, sus tristezas carnalmente. La homosexualidad o la heterosexualidad son lacras, que si bien no llegan a ser tan horripilantes como el peso o la estatura inadecuadas, deben ser rápidamente eliminadas y, de ser imposible, reprimidas.

Las condiciones mentales. Un emo no puede pensar como cualquiera pues tienen un espíritu y una mente ágiles y especiales en demasía. La originalidad es un aspecto primordial en este grupo. Por eso, aunque el cúmulo filosófico de pensadores emos ya es abundante, es indispensable para todos ellos realizar complicados ejercicios y elucubraciones mentales, que serán expresados en frases como "mi vida es una espiral descendente" o "Me encanta andar bajo la lluvia, porque nadie sabe que estoy llorando". Su extrema originalidad se hace patente en lo siguiente, que es casi una consigna emo: "Se rien de mi porque soy diferente, me río de ustedes porque son todos iguales" (que es casi como hablar del problema que tienen los chinos para distinguir a los occidentales)  Es hidalgo reconocer que la cosmovisión emo no se origina de la nada, sino que tiene a sus precursores intelectuales en la vieja tradición de las telenovelas mexicanas, desde Verónica Castro hasta Anahí de RBD.

Para finalizar. No podríamos terminar este artículo sin referirnos a la tendencia suicida de los emos. El noventa por ciento de pensamientos emos están relacionados con ideas suicidas. Sus canciones, sus charlas, su estética, todo está referido directa o indirectamente a ello. Sin embargo, estadísticamente, la población de emos es una de las de más bajo índice de suicidio efectivo entre adolescentes de 14 a 20 años, lo que confirma el viejo adagio popular que reza: "Perro que ladra no muerde", al que cabría agregar "y menos si el perro tiene como adorno un lacito rosa".

Nota. Buen lector, si consideras que la información que te brindamos no satisface tus expectativas, debemos confesar que en este enlace, ya han hecho mención a casi todo lo que se necesita saber sobre esta tribu urbana, por lo que de habernos extendido más, hubieramos caído probablemente en la repetición.