domingo, 6 de marzo de 2011

Pa, panamericano: La reencarnación del Asereje en pleno siglo XXI

Cada cierto tiempo, la humanidad, para dejar en claro su condición de especie imperfecta y autodestructiva, se dedica a realizar actos de crueldad extrema como guerras fraticidas, expoliación económica, campañas políticas y, sobre todo, composiciones musicales que suenan, incesantemente, en cuanto medio audio visual exista y se apoderan de plazas, calles, transporte público, restaurantes, tiendas, discotecas, bares, institutos, escuelas, oficinas públicas y cualquier otro lugar dónde los homínidos tengan autoridad poder o, simplemente, presencia.

Hay profecías muy antiguas, que predicen la llegada de la  madre de todos los superhits, que será un poco de, y a la vez superará, al reguetón, la cumbia, el vallenato, la bachata, la bailanta, la chicha, la música grupera, a RBD y al Waka waka. Será tan popular que  no quedará más que rendirse ante ella. Ese será el momento en que nuestra historia como seres humanos termine y empiece un nuevo capítulo, de una raza más evolucionada y perfecta, que trabajará y vivirá en la misma armonía que ya se visualiza hoy en las coreografías grupales que suelen repetirse en los advenimientos de cada Meneíto, Lambada, Aserejé, Gasolina o cualquier otra que vaya allanando el camino para aquella que por fin, freirá nuestros cerebros (que bien merecido lo tenemos).
El más reciente de tan sagrados himnos, no lo es tanto, pues se trata de una versión de una canción italiana de 1956 que, adelantada a su época, no fue entendida en toda su magnitud por esos pobres peninsulares. Tuvimos que esperar más de medio siglo para que los avanzados -y superiores intelectualmente al común de los mortales- latinoamericanos del siglo XXI si supieran apreciarla en toda su esplendor.

A continuación las dos versiones. Hemos de reconocer que la última, y más famosa, es una delicada tentación al suicidio. Disfrútenlas.

La Antigua

El bailecito a media canción es imperdible.


La Ultimita

La letra, a partir del primer "Pa panamericano", por la complejidad y los riesgos literarios, merece tranquilamente un Nóbel para el compositor.