miércoles, 9 de febrero de 2011

Monstruos o el Distrito Nº 9 a la mexicana: Tequila, tabaco y ron

Dentro de una nave de la NASA, parece que la after party del descubrimiento más importante de la historia fue abundante en consumo de psicotrópicos y alcohol. Al no haber un "Designated Driver" en la nave y hallarse todos los cosmonautas en estado semicomatoso, sucede lo evidente: Chocan en el norte de México (por lo que presumimos que, en verdad, fue en Tijuana donde recargaron sus provisiones) y el accidente deja en libertad a una especie de pulpos gigantes extraterrestres que, en apenas unos años, se apodera de la zona (como latinos en California) haciendo que los gobiernos tanto del norte como del sur tomen medidas extremas para combatir la invasión. La medida principal, como no podía ser de otra manera tratándose de Estados Unidos, es construir un muro para impedir el paso de esos neo wet backs espaciales. En el sur, tercermundistas y dependientes de las remesas como somos, se combate tibiamente la amenaza terrorista con ataques del ejército y víctimas civiles. 

Aunque la zona infectada es, aparentemente, dominio exclusivo de los monstruos, cada tanto es atravesada por arriesgados civiles que enfrentan ese peligro con el mismo desparpajo con que arriesgan sus vidas ante la migra texana. Para lograr la hazaña, cuentan con el apoyo casi desinteresado de una vieja logia de samaritanos, ya existentes en al actualidad, como son los coyotes, quienes armados de unas cuantas armas cumplen con depositarte en terreno yanqui para poder gozar desde ese momento de los beneficios de ser un ilegal explotado, es decir, el american dream.
Por el lado sureño, a pesar de la mortal amenaza de los entes espaciales, florece un poblado que basa su economía en el contrabando, especialmente el humano; lo que permite que el pueblo cuente con una amplia gama de diversiones -comida, alcohol, prostitución- para que maten el tiempo los que se encuentran realizando los ineludibles trámites fronterizos.

Este es el marco en el que se desarrolla la película Monsters que, desgraciadamente, cuenta una sosa historia de amor mezclada con road movie sin carretera y unos protagonistas tan insoportables que te hacen esperar que sean devorados por los pulpos o lanzados al río por sus coyotes, desde las primeras escenas.

El filme tiene la evidente intención de continuar con la "ciencia ficción de denuncia" que puso de moda District 9 y, así, convertirse en película de culto del grupo de "amantes de la ciencia ficción que sienten culpa de su hobbie porque sienten que tienen el deber de ser personas comprometidas con la realidad socio política contemporánea y este género les permite disfrutar de lo que les gusta sin cargo de conciencia". Sin embargo, fracasa en el aspecto político, pues no queda claro que es lo que intenta denunciar: ¿El cobro abusivo de los coyotes por hacerte cruzar la frontera? ¿La rigidez estadounidense en su política migratoria?. La historia está infinitamente contada; la planicie de los personajes hace extrañar el 3D; y aunque para la mayoría de la crítica, la denuncia social está tan clara como agua de glaciar chileno (quizás debido al caso de oligofrenia crónica que padezco), no alcanzo a comprender lo que aportan al panorama político norteamericano actual, los monstruos espaciales. 

Sin embargo, como en Periódico de a China no nos gusta quedarnos con dudas de ninguna clase, así tengamos que inventar un dios en el camino, nos atrevemos a lanzar una hipótesis: Los monstruos representan al narcotráfico, que se ha apoderado del norte de México y lo ha convertido en tierra de nadie, y a pesar de los intentos de erradicación, su poder crece y crece, sin importar las mil y una políticas anti droga que puedan acometerse. 

El mensaje del filme, si estamos en lo correcto, queda, entonces, completamente claro: ¡Legalización, ahora!, por lo cual hubiera sido mucho más atinado utilizar música de Bob Marley en la banda sonora.