sábado, 2 de abril de 2011

Especial Zombie (4): El Camino de la Cabra

El primer libro de zombies de la historia, la Biblia, ya dejó en claro que cuando el Juicio Final llegara, los muertos se levantarían. El asunto no era saber si sucedería (pues como todos sabemos, el Libro Sagrado no contiene ninguna alegoría, sino la verdad completa y sin medias tintas, por más seudocientíficos que nieguen el "Diseño inteligente"), sino cuándo pasaría. La literatura de zombies es, entonces, algo que excede la ficción, pues su verdadera finalidad no es el entretenimiento, sino teorizar sobre lo que sucederá cuando llegue el inevitable apocalipsis.

El Camino de la Cabra es quizás una de las primeras, sino la primera novela que no rehuye la connotación religiosa de la plaga. Los muertos vivientes son dirigidos por los pastores del Culto, quienes usan ese poder, y a sus miles de fieles, para terminar el trabajo que la divinidad empezó: El fin de la raza humana. Sabemos de sobra que en tiempos de crisis, la fe suele adquirir renovados bríos; profetas, santos y evangelistas adquieren un nivel de popularidad que ya quisiera para si la misma Lady Gaga y conceptos como democracia, libertad de creencia, igualdad o humanismo se convierten en términos subversivos que pueden condenarte a la lapidación si los depositarios de la fe logran oírte. El poder secular palidece y el gobierno -que suele basar su poder en la manipulación de los medios de comunicación- flaquea o, sencillamente, desaparece.


En un entorno de fuerte represión religiosa -cuya intolerancia hace ver al Opus Dei  como una pandilla de librepensadores de tendencias socialistas- las únicas alternativas a ir a misa o a que se alimenten de ti esos chupacerebros (o ambas) suelen ser tan poco halagüeñas como formar parte de un grupo militar o seudo militar, o volverte loco.

Es justamente un loco -aunque el asegure que no lo es- el protagonista de este relato, quien junto a su grupo de elite (un anciano bondadoso, un masturbador compulsivo, un esquizofrénico con tendencias paranoides que oye voces que predicen el futuro y un tipo esmirriado que está seguro de ser un súper héroe. Pero, eso sí, todos asesinos convictos) inician un largo periplo, no para buscar un lugar seguro donde aún persista la civilización tal y como la conocemos y que permita que el hombre resurja de sus cenizas; sino, para poder cumplir con el último deseo del anciano bondadoso: Conocer Disneylandia. Si el camino está plagado de no vivos, de sus dementes controladores, de saqueadores desalmados, de ejércitos poco amigables, de ángeles vengadores y una variopinta multitud de engendros y sociópatas post apocalípticos, a ellos no parece importarles mucho. El único problema que encuentran, en realidad, es el persistente interés de, aparentemente, todos los grupos mencionados por echarle el guante al protagonista, quien, aunque desconoce la razón, no está dispuesto a ponérselos tan fácil y para ello cuneta con la ayuda del "cabrón paranoico" que habita en su cerebro. Nuestro héroe ha prometido llegar a Disneylandia y el fin del mundo no es una excusa para romper una promesa.

Aquí les ofrecemos la primera parte de la trilogía para ustedes, queridos fanáticos de Periódico de a China.