miércoles, 14 de mayo de 2014

Juego de Tronos (1ra Parte): Los chismes de Florcita, pero con sangre

Cuando un libro ha sido un éxito comercial de proporciones descomunales, creando enjambres de frikifans que desmenuzan frenopáticamente cada párrafo para descubrir la verdad definitiva del universo y basan su vida y la vida de sus hijos en cuatro estupideces pretendidamente trascendentes que creen que una divinidad les ha mostrado en prueba de su inmenso amor a la humanidad (Tranquilos mis buenos inquisidores, no prendan la pira aún, que no hablo de la Biblia) y del cual, para aprovechar el tirón se hace una película con actor famoso incluido, que termina causando terribles contracciones estomacales por la vergüenza ajena que origina ese despropósito (Léase: El Código Da Vinci); nos vemos tentados a usar el ejemplar que caiga, descuidadamente, en nuestras manos, con propósitos innobles pero muy funcionales en el cuarto de baño; sin molestarnos en hojear, siquiera, su contenido.

Sin embargo, si el libro en cuestión es uno de fantasía, que tuvo un éxito modesto en sus orígenes, lo que llevo a que se creara una serie que, a su vez, se convierte en un producto de culto, y hace que el libro se vuelva un superventas, nos hace pensar que algo de bueno puede tener para que HBO se haya fijado en esa historia. Si, además, los libros no los puedes usar de la manera mencionada previamente porque los tienes en formato digital, hasta te planteas darles una oportunidad.

Es así que inicié la lectura desganada del primer volumen de Canción de Hielo y Fuego: La verdadera Juego de Tronos, mientras esperaba las últimas novedades infidelo-amorosas de la hija de Susy Diaz; cuando de pronto la metanfetamina azul escondida esta historia paramedieval, aparentemente al uso, se metió a mi cerebro al punto de olvidarme de actividades elementales como mirar el partido de vuelta de las semifinales de la Champions y de otras menos importantes como comer, trabajar o cambiar los pañales de ese bebé que llora y llora sin dejarme concentrar en la nueva conjura de los taimados Lannister.

El marco de la historia no es precisamente original. Se basa, y mucho, en la Alta Edad Media europea y en la mitología y pretendidos códigos de conducta de aquellos tiempos, como: la existencia de los dragones; la irreversibilidad casi absoluta de los juramentos, por muy estúpidos que sean; el desprecio casi unánime a la bastardía y las obligadas violaciones y rapiña luego de una caballerosa toma de castillos.

Pero no solo de feudalismo bebe la historia de G.R.R. Martin. El buen hombre ha comprimido el planeta de tal manera que en la Canción de Hielo y Fuego conviven en un reducido espacio territorial mongoles y persas, ibéricos y vikingos, egipcios, judíos y post romanos. Claro que, a la hora de hablar de civilización, todos tienen claro que Poniente, el noble mundo anglosajón, es quien pone los puntos sobre las íes, Por si fuera poco, el enemigo a la sombra, el enemigo a vencer, the ultimate enemigo, de cuando haya terminado de quedarse sin personajes principales, son los zombies de su tocayo Romero.

Con ese mix de especias picantes, podríamos tener una basofia monumental; pero, por el contrario, la historia es tremendamente consistente (al menos en los dos primeros libros, que luego ya empieza a hacer agua a babor). Los personajes, sobre todo en Juego de Tronos y en Choque de Reyes nos involucran en la historia con la facilidad Gollum perdiendo el anillo y, cada vez queremos saber maś de ellos y odiamos cambiar de historia, más o menos las siete primeras palabras del siguiente capítulo, porque a la octava ya estamos enganchados en la aventura del siguiente héroe o antihéroe. 

Ningún personaje es irrelevante en los dos primeros libros, aunque, poco a poco, nos vamos cansando de algunos de ellos, pues no se entiende su importancia en la historia, Con un capítulo titulado: Las Hazañas de los Extras podríamos haber evitado un buen puñado de páginas sosas que nos narran las desventuras desangeladas de Brienne, Davos, Quentyn Martell o Samwell Tarly. Por otro lado hay personajes que mueren en el momento justo; es decir, antes de volverse aburridos, lo que hace mucho bien a la historia. Claro que si se le ocurriera matar a Arya, Tyrion o al sueño húmedo de todo friki: Daenerys, abandonaríamos la heptalogía en un santiamén y volveríamos al redil de los fanáticos de Crepúsculo, que también tiene lobos.

Uno de los aspectos más interesantes de Canción de Hielo y Fuego, es la decadencia que se asocia al invierno, esa alegoría de la guerra, y como la tranquilidad, la paz, la seguridad, la libertad y todos aquellos valores bienpensantes se van a la mierda en un tris y todo se reduce a ver como sobrevivimos un día más (y, como en la vida real, casi nunca sobreviven los más valientes). Es notorio, también, como este irse a la mierda implica el surgimiento de abundantes dioses, profecías, magos y demás bichos que aparecen cada vez que el sentido común no puede sostenerse. La guerra empieza siempre con intereses  políticos y cuando aquellos son desbordados, aparecen los elegidos, los mesías, los dragones y los Otros, para darle una justificación a nuestra barbarie. Martin, como Philip K. Dick, nos cuenta una historia interesantísima, que puede ser leída por cualquiera; pero lo que en verdad nos dice va más allá de esa primera lectura Aquí algunos ejemplos para fortalecer lo que digo: 

- Illyrio se mofa de Tyrion cuando éste recalca que sólo los leones matan a los leones: Crítica despiadada a la vacuidad de los títulos, cargos, honores, abolengo y méritos de papel. Prácticamente se parte de la risa de tu título de licenciado colgado en la pared de la sala o el de tu PhD colgado en tu muro del Feisbug. 

- Aparición de los gorriones y su militarización por obra y gracia de Cersei: La Inquisición, claro; pero también las masacres militares "en nombre de dios", como las del sempiterno Bush Junior.

- Daenerys tratándo de hacer el bien, de luchar por los desposeídos, de darles un lugar y cagándolas cada vez más: La Revolución Francesa y la democracia, por supuesto.

- Tyrion, sin nariz ni gloria, luego del triunfo en la defensa de desembarco del rey: Todos los frikis del mundo, que podrían hacer, de éste, un mejor lugar para vivir ... si no fueran tan feos.

Acabamos este primer capítulo señalando que si bien se ha pretendido comparar Canción de Hielo y Fuego con El Señor de los Anillos, las diferencias son muchas más que las similitudes puesto que la segunda de ellas representa el paso a la adultez; el ocaso de la imaginación, de los sueños, luego de una última acción heroica. La magia en la obra de Tolkien representa la infancia. La partida de los elfos, su fin. Como Stand by Me, pero con orcos. 

En Canción de Hielo y Fuego se pasa de la intriga política de Juego de Tronos, al más puro estilo de House of Cards, al Conan el Bárbaro de femeninas formas de Danza de Dragones; pues la saga en su conjunto representa el fin de la civilización y la llegada del oscurantismo religioso: Católicos, protestantes, musulmanes e hindúes, por igual (Claro que la civilización tampoco era para tirar cohetes).