lunes, 10 de enero de 2011

Tribus Urbanas (3): Los poetas incomprendidos

Para algunos, el grupo de poetas incomprendidos no es realmente una tribu urbana, pues, a diferencia de grupos más llamativos -como los emos o los metaleros- no destacan demasiado en la multitud y -también a diferencia de otros grupos- suelen recelar unos de otros y es raro que se frecuenten entre ellos, salvo en presentaciones literarias o artísticas, donde se mirarán de reojo mientras lanzan corteses saludos a mansalva alardeando con sus amigos no poetas (pero siempre del montón y admiradores de su ego) de sus virtudes innumerables. Sin embargo, aunque no se hablen entre ellos, suelen comportarse de idéntica manera, como si su conexión -por poetas, claro, no por amebas- fuera mucho más metafísica y profunda que la que pueden darle unas cadenitas o unas zapatillas Converse a otros grupos urbanos.



El poeta incomprendido, a diferencia de un "artista incomprendido" cualquiera, no piensa haber nacido en el tiempo equivocado, sino que es siempre e indefectiblemente, un adelantado a su tiempo. Es por ello que su estética al vestir no se parece a la hippiesca común del pintor o artesano callejero. El poeta suele vestir de manera similar al común de sus congéneres, como diciendo "yo no necesito mostrarme diferente pues salta a la vista que lo soy"; pero para enfatizar ese pensamiento, utiliza alguna prenda o accesorio no demasiado extravagante, pero lo suficiente como para reforzar el "Mírame ¿Te das cuenta que soy diferente aunque a primera impresión me vea como tú?". Dicho accesorio puede ser desde un pañuelo con encaje, hasta un saco de vestir color guinda -que utiliza con camisetas-, pasando por el sombrero a lo Cary Grant, el reloj de bolsillo, la camisa a cuadros o las gafas de pasta (o lentes de carey). El detalles es indefectiblemente anacrónico para enfatizar su deslinde con el tiempo.

Ya dijimos que el poeta incomprendido evita el contacto con sus pares pero tiene a bien rodearse de un reducido (y siempre el mismo) grupo de fieles admiradores (que, por lo general, o no han leído nada de lo que escribe el poeta incomprendido; no lo han entendido o les ha parecido como mínimo una gran mierda; o no han leído nada en absoluto. Salvo raros casos en que el poeta incomprendido es acogido por una cohorte de admiradores incondicionales, suelen ser adoptados para darle cierto caché intelectual al grupo masculino, que utilizando un antiguo dicho popular "junta perro, pericote y gato", ya que no es raro que el entorno del poeta sea compartido con el futbolista, el galán de barrio, el amiguero y el gordito simpaticón. No es dificil saber lo que amalgama a estos grupos: Las ansias de conocer mujeres, que se inicia en la adolescencia y suele mantener su escaso éxito a lo largo de los años (que es mejor que nada), a pesar de lo cual el "poeta" jamás reconoce las verdades motivaciones de su estadía en tan variopinto ambiente, pero siempre esta presto a pontificar acerca del desperdicio supino de tiempo que conlleva el ir al cine a ver la última de Harry Potter y no utilizar tan valiosos momentos analizando los haikus del siglo XIII que acaba de enviarle un conocido desde Japón (discurso que lanza furibundo mientras hace la cola para comprar el pop corn en el multicine).

Cabe resaltar que el poeta incomprendido es muy común en grupos masculinos pero no lo es tanto en los mixtos, donde suele transmutar en "el amigo que no sólo sabe muchas cosas sino que me comprende" o sencillamente "el amigo" para las mujeres.

La carga de frustración sexual de estos especímenes suele ser muy grande por el mismo hecho de no reconocer que desean -como los demás- tener la mayor cantidad de romances de borrachera. Sin embargo no llegan a ser más peligrosos que molestos y, pasada la treintena, se les suele ver convertidos en ingenieros civiles, jueces o realizar actividades por el estilo, donde sus ínfulas intelectuales son casi inofensivas. El problema del "poeta" se agrava, y se hace de necesidad pública su exterminio, cuando se convierte en profesor universitario, puesto que se rodea -como Saurón del verso- de gollums y orcos endecasílabos a quienes inyecta el veneno de su resentimiento, con lo que logra la continuidad de su especie.