lunes, 17 de enero de 2011

El APRA: Cambiando un Mercedes por un escarabajo

La crisis política en el partido de gobierno (que, para mayores señas, es el partido más antiguo del Perú, el que tiene más miembros y el que más se preocupa en que todos sus carnetizados consigan la tranquilidad económica que sólo un puesto en el aparato público puede brindarte, aunque eso implique triplicar el nivel de burocracia) ha calado muy hondo en el chismorroteo político. Mercedes Aráoz ha renunciado a ser candidata a la Presidencia y, además de dejarnos sin la única cara bonita de la competencia, ha dejado expuestas las profundas brechas que existen en el APRA, al que casi todos veíamos como un antro de ignorantes y violentos montoneros adictos a las corruptelas pero, eso sí, unidos como pocos.

El APRA no tiene (aunque dicen que alguna vez la tuvo) una ideología propia y ha transitado, por conveniencia, desde una izquierda no tan moderada, hasta un neoliberalismo tan radical que podría haber generado múltiples orgasmos en la gran Margaret Tatcher. Su único asidero doctrinario, por llamarlo de algún modo, (además de la colocación de sus miembros en puestos públicos, que ya tiene categoría de dogma) ha sido el culto a un líder catismático. Primero fue su fundador: Víctor Raúl Haya de la Torre, político curtido, luchador y gran orador (aunque de costumbres poco varoniles en la intimidad -dicen algunos antipatriotas entre los que no me incluyo, por supuesto). Su influencia en el ámbito político peruano y su absolutismo Luis XVI en el Apra, duraron más de cincuenta años, pero como nada es eterno, el buen Víctor Raúl nos dejó. No sin antes, nombrar como su delfín y sucesor a un joven prometedor (como Sócrates y Platón, pero en lo intelectual, no sean malpensados) de retórica fluída y vacua, que lo perfilaban -en un país donde la vacuidad y la retórica juntas son grandes virtudes- como el gran caudillo que le sucedería.  No estuvo equivocado el estadista. Alan García llegó a ser Presidente del Perú y no sólo eso, sino también el más joven y el peor de la historia (en el mismo período). A pesar de haber dejado al país en ruinas con apenas cinco años de gobierno (a los españoles les tomó varios siglos expoliarnos con efectividad), su carisma, su verbo fluído y -sobre todo- las más aterradoras triquiñuelas y manipulaciones políticas y mediáticas de su partido- lo llevaron a repetir el plato veinte años después, con resultados menos atroces, para ser justos con él.

Durante todo este tiempo, el Egregio Presidente de la República, tuvo un valiente escudero, un Sancho dispuesto a secundar cualquier acción o comportamiento de su maestre, por errático que pareciera. Su relación siempre fue como las de Batman y Robin, Charly García y Nito Mestre, Raúl y Morientes, Michael Jackson y Macaulay Culkin hasta que aparecieron en la prensa algunos escándalos de corrupción de este personaje: Jorge del Castillo. Alan García, como buen capitán, sabedor de que la reputación del partido (y la suya para las elecciones del 2016) no podía mancharse, se lavó las manos pilatescamente y le negó tres veces mientras cantaba la ranchera "Sigo siendo el Rey" cuando la invitada tomó atribuciones de dueña y expulsó de la lista de candidatos parlamentarios al Subcomandate Jorgito. Para sorpresa general, el "secretario" también "general" no se alejó con el rabo entre las patas esperando un hueso o una caricia benévola del Jefe Supremo y, más bien, se reveló utilizando el recurso más antiguo de la humanidad: "Las bases partidarias". Llamó a elecciones (Única lista: La suya. Total de votantes: Algo más de 8000=Menos del 5 por ciento de afiliados). El pueblo ha hablado y lo quieren de congresista reelecto señores. Ahora que venga esa "tipita" a decir algo. Pero Mercedes Aráoz ha demostrado algo que no suele verse en el partido de la estrella, pues me imagino lo erradicaron como un cáncer hace mucho tiempo: La dignidad. Apenas supo que Del Castillo continuaba, renunció y dejó sin candidato al partido oficialista. Como detalle anecdótico, quien iba como primer vicepresidente en su lista, días atrás aseguró que si ella renunciaba él también lo haría. Puesto que es aprista militante, su nuevo discurso es "Haremos lo que ordenen las bases" Y podríamos añadir "Y las bases me quieren como candidato". Puesto que este es un mundo de sobrevivientes, el APRA, como las cucarachas, seguirá relacionado con el poder, al menos hasta que China nos conquiste. ¿Y Jorgito? Disfrutando la opulencia de más de veinticinco años como congresista o alcalde, como mínimo y sabiendo  que, al menos otros cinco, nadie lo forzará a trabajar.