miércoles, 18 de agosto de 2010

KICK-ASS: Lo que sucedería si Robin se hiciera cargo de la Baticueva

Ante la confirmación del fin de la historia como lúcidamente pronosticó Francis Fukuyama (que el 11 de setiembre, Afganistán, Irak, Corea del Norte, los cracks económicos, el Mundial ganado por España son sólo motas de polvo en la diafanidad del pensamiento único y liberal al que nos dirigimos inexorablemente), el nuevo siglo trajo entre sus hechos más destacados una nueva era dorada para los superhéroes en el cine. Hulk, Ironman, Neo, Spiderman, X-Men, Batman y muchos otros han sido indudables éxitos de taquilla y algunos de ellos incluso han llegado a ganarse elogios de los duros críticos acostumbrados (como nosotros, por supuesto) a no ahorrar en improperios para execrar películas basándose en su "comercialidad" (que para qué mirar siquiera el tráiler, que ya sabemos lo que nos espera). El boom ha llegado tan lejos que incluso comics como los de Watchmen han llegado a recibir ofrendas de pop corn en esos templos contemporáneos que son los multicines.


Sin embargo, todos los superhéroes -como lo exige el mismo nombre- tienen superpoderes. Incluso aquellos que aparentemente son hombres comunes, como los mencionados Watchmen o el Caballero de la Noche, el multiversionado Batman los tienen. Debemos considerar que el prefijo súper según la RAE significa "en grado sumo" por lo que cualquiera que posea una habilidad o un talento para combatir el crimen que sea mayor al del común de los mortales es, naturalmente, poseedor de un superpoder. Los Watchmen aún viejos eran tremendamente fuertes, rápidos, ágiles. Batman tiene el súper poder que todos, absolutamente todos quisiéramos tener, que es el DINERO en cantidades escandalosas, porque, reconozcámoslo, ¿quién sería el Hombre Murciélago sin la fortuna de Bruce Wayne?.

Sin embargo, en el 2008 se publicó un exitoso cómic que llego a la pantalla grande en el 2010 y que habla de un tipo disfrazado de superhéroe -como si de estudiante de literatura en Halloween se tratara- que no tiene mayor habilidad que su buena voluntad para combatir el crimen. Obviamente es golpeado, apuñalado, casi asesinado y todo ello en su primera aparición pública. La segunda es apenas mejor, pero tiene la suerte de ser filmado en un celular y colgado en el Youtube, lo que le convierte en una celebridad comparable incluso a la Tigresa del Oriente (con quien se rumorea tendría un romance en la segunda parte) y sirve para desatar una gran maquinaria publicitaria en torno al personaje de Kick-Ass que luego de ello -a diferencia de un superhombre de bien, pues ni siquiera posee la súper moral de ellos- sólo usa el disfraz para amedrentar a un matón para lograr conseguir sexo, una entrada al cuarto de su amada disfrazado por los mismos motivos (que al final, y patéticamente, tiene éxito, no como en el cómic, en que con un realismo profundo y amplio conocimiento del carácter decididamente hijoeputesco de una cheerleader cualquiera por parte del escritor, el personaje de la amada envía al novio a golpearlo no sin antes mandarle un email con un vídeo en el que le realiza sexo oral (al novio, claro) y poco más
Estamos entonces ante una película sobre un tipo común, bueno, con "una estupidez en grado sumo" pero no creo que eso también pueda considerarse superpoder -ya que tendríamos que poner en esta categoría a George Bush o a Alan García- por lo que nos quedamos con lo de hombre común que decide hacer algo extraordinario y lo demás es consecuencia natural de sus actos (El determinismo que toda madre nos enseña cuando nos dice algo como "debiste pensar en lo que hacías" mientras nos encaja un certero bofetón).

El argumento de Kick-Ass se empareja en un momento al de Kill Bill con un personaje como Mindy -que es el verdadero superhéroe de una película que sin ella no sería más que otra aburrida tragicomedia de superación personal como Milk- quien hace ver al de Uma Thurman como una abuela parapléjica y sin gracia y que a muchos nos hace desear tener una hija como ella (algunos otros tienen deseos algo más turbios y de los que no hablaré, que esto lo leen hasta niños).

En conclusión, una película tan entretenida que, salvo algunas inevitables cabeceadas producto de nuestras innumerables ocupaciones, hemos visto completa y sin sentir que nos han robado 119 minutos de la vida.

H. P.