lunes, 23 de agosto de 2010

Capitán Harlock-Raimar: ¿Y ahora, quién podrá defendernos?

El mundo entero parece rendirse incondicionalmente a aquel viejo adagio que reza: "Todo tiempo pasado fue mejor". Hace un tiempo ya, se vive un revival cultural, un "regreso al futuro" en la cultura popular. Incluso un film protagonizado por los grandes de los ochentas: Stallone, Schwarzenegger, Bruce Willis (es decir, el Hollywood Planet al completo) es la última sensación de taquilla en los Estados Unidos. Las adaptaciones de antiguos éxitos son innumerables. Año a año asistimos a la resurreción de Freddy, Jason, Predador, Transformers, el Grupo A (o Los Magníficos), o lo que sea que alguna vez haya tenido éxito en el pasado.
¿Será tal vez por esa sensación de adolescencia perdida en que vive todo aquel nacido después del apogeo y caída de Los Beatles y antes del apogeo y caída de Nirvana que convierte el día a día en una mascarada de nostalgias varias? ¿Será que es, justamente, ese amplio grupo el que ostenta el poder económico? ¿Será que el apego a Oliver y Benji, Mazinger, Skywalker padre, Candy, Marco, el Dr. Spock, Goku; es una manera de sentir que la vida no pasa en vano? ¿Que la recuperación de nuestros héroes de alguna manera nos recupera a nosotros mismos?

Un dibujo animado no tan conocido como los Thundercats o Robotech, clase B podríamos llamarlo, es el del Capitán Raimar (o Capitán Harlock que era su nombre oficial) quien era un pirata espacial -con parche en el ojo y tajo en la cara incluidos) que vagaba por el Universo. Seré sincero: no recuerdo absolutamente nada de la serie, pero aún hoy despierto por las noches sudando y gritando de terror al escuchar la voz de mi padre diciendo: "Faltan 30 días para que se destruya el mundo y el capitán Raimar no llega a salvarnos". O veintinueve, o cuarenta. La verdad es que ese conteo regresivo poco riguroso me terminó de convencer de la inevitabilidad de la muerte y, de paso, odiar a ese puto Raimar por no llegar de una vez a salvarnos y dejar de mantenernos en vilo, con esa horrible angustia que sólo te da la esperanza. Igual que hacen la mayoría de religiones con sus diversos dioses. Justamente luego de investigar en la red todo lo posible sobre dicho personaje, la metáfora cristiana se presenta cristalina ante nuestros ojos, pero con un Salvador de apariencia y maneras más acordes con aquellos nuevos (y ya viejos) tiempos. Algo que Naruto nunca logrará si me permiten decirlo. Es por eso que al grito de "todo tiempo pasado fue mejor" pasaremos a su visionado.

H. P.