lunes, 21 de noviembre de 2011

Amanecer: Cuando el amor rompe camas y paredes

El cambio nos aterra como especie. Muchos de nosotros no hemos cambiado de novia en la vida, no por amor, sino por simple miedo a lo que pueda suceder luego. Las transformaciones las aceptamos de mala gana y, si de nosotros dependiera, las sufriríamos poco y nunca. Esta verdad universal se aplica en las relaciones de pareja, en tu vida laboral, en tus aficiones, en tus amistades de toda la vida y hasta en el lado de la cama que escoges para dormir.


Pero parece ser que esto está cambiando a pasos agigantados, pero ¿Cómo es que nuestra raza ha logrado tantos progresos en un período relativamente corto de tiempo de la historia? ¿Es que hemos evolucionado al del homo sapiens al homo soyunmachusaventurerusquemecagoentodus, para quién lo nuevo y lo desconocido son las más irresistibles feromonas?



La respuesta, evidentemente, es negativa: Seguimos siendo igual de pusilánimes que siempre y el gusto popular por el reguetón lo confirma. Pero el progreso, como todos sabemos, no es producto de nuestros propios e indomables impulsos intelectuales. Nosotros nos movemos, y nos alejamos de las plantas, exclusivamente, gracias a nuestra diferenciación sexual o, lo que es lo mismo: Si hacemos algo, es para impresionar al sexo opuesto. Esa es la verdadera motivación de los héroes, de los científicos, de los luchadores de la WWE, de Novak Djokovic y de Periódico de a china.Y es eso mismo lo que impulsa a un nutrido grupo de hombres hechos y formados en la cultura del clásico de fútbol a hacer interminables colas para alcanzar un boleto para ver el estreno de "Amanecer" de la mano de quién en ese momento pensará que "somos tan sensibles" por asistir sin pestañear al galimatías vampírico-hombre lobuno que esconde la comedia romántica de toda la vida, claro que con puntos sólidos que la diferencian de una vulgar Bridget Jones cualquiera, como son:


- El regreso a los valores clásico del macarthismo anticomunista más recalcitrante, que nos enseñaba ya desde el cine sin color que el sexo puede ser tan bueno como una película porno, siempre que se practique dentro de los límites del matrimonio, que fuera no es más que pura perversión que nos deja vacíos y al borde de un ataque existencial que aterraría al mismo Kurt Cobain.


- Que como en aquel macarthismo, la censura puede ser hábilmente burlada con un poco de ingenio, como pasa en Amanecer (y la saga completa), que tras la ñoñez evidente, esconde depravaciones que van desde la pedofilia hasta el bestialismo y la obsesión amorosa a lo Glen Close en Atracción Fatal, pero con automutilaciones.


En suma, una película que se saca la vuelta a sí misma. Truculenta y estúpida por partes iguales. Simplona como Britney artista y desgarradora como Britney humana. Ficción, terror, aventura, comedia, y veintisiente géneros más que se me escapan, contenidos en apenas dos horas (y dos después, que de algo tienen que comer los pobres estudios cinematográficos) hacen que me pregunte ¿Vale la pena haber escrito tanto adjetivo vacío sólo para impresionar a una potencial lectora a quien no veré en mi vida?


La película, claro, no la he visto, pero como este post lo confirma, ya me leí el libro hace mucho y sí, Bella se convierte en vampira.