lunes, 26 de marzo de 2012

La Trilogía de la Bella Durmiente: La madre intelectual de Stephenie Meyer se pone cachonda

Anne Rice es una escritora de Lousiana (que no es como decir estadounidense, por el fuerte componente franco africano de aquel pueblo), que, aprovechando la rica mitología popular de su tierra y sus propias obsesiones sexuales -en particular el homoerotismo-, brindó a la humanidad una vuelta de tuerca a la figura del vampiro (el que se encontraba anquilosado en la figura del famoso conde creado por Bram Stoker) dotándole de elementos tremendamente novedosos como el desconcierto ante la inmortalidad, la búsqueda de su lugar en un mundo sobre el que se ha elevado tremendamente, la soledad multiplicada del desarraigo, la paradoja del cuerpo eternamente joven que no detiene el envejecimiento del alma, la condena, el placer, la crueldad de unos monstruos que simplemente son como seríamos la mayoría de nosotros si no tuvieramos miedo de la ley, la liberación en el abandono, la búsqueda metafísica y la renuncia a una humanidad que se mantiene en la consciencia como la sensación del miembro ausente en el mutilado.

Hablamos, por supuesto, de el libro: "Entrevista con el Vampiro" (no de la película de nefasto recuerdo que, además nos legó para la posteridad el meloso e insoportable rostro de Kirsten Dunst). 


Posteriormente, y queriendo alargar al infinito el éxito de la novela, se decantó por una serie liderada por el vampiro Lestat (que de pérfido y atormentado bullyer pasó a superhéroe galante de nobles sentimientos aunque algo ostentoso) llamada "Crónicas Vampíricas", las que dieron origen a toda aquella literatura de ficción romántico-adolescente-fronteriza mezclada con algo que alguna vez fue terror cuyo apogeo se vive con las aventuras de Edward y Bella.


Sin embargo, no es sólo sobre vampiros que escribió la buena de Anne. Durante los ochentas, mientras incendiaba su hemisferio izquierdo en busca de aventuras cada vez más exageradas para Lestat, decidió tomarse un respiro de los no muertos y bajo el seudónimo de A.N. Roquelaure escribió "El rapto de la Bella Durmiente", a la que siguieron el castigo y la liberación del personaje, en sendas historias. 


La historia comienza como la mayoría de nosotros, pasada la pubertad, la hemos imaginado: El príncipe entra al palacio encantado, se dirige a la alcoba de la bella, quien sufre un sueño de cien años y, en lugar del casto beso que la despertaría, utiliza un método bastante más efectivo y placentero. Luego de ello, en lugar de desposarla y vivir felices para siempre, llevará a Bella desnuda junto a su corcel, para ser una esclava del placer en la corte de su madre. Bella será azotada por el 99,9 por ciento de personajes de la trilogía y violada por apenas una fracción menor de ellos. 


Sin embargo, contra lo que pudiera parecerle a las buenas almas educadas en la corrección política que no dudan en llamar "hijo de puta" a Vargas Llosa por su apoyo a las corridas de todos, a ella le encanta el rol de la sumisión absoluta. Es más, se vuelve adicta a su esclavitud, por lo que asistimos, durante las tres novelas, a su camino particular de superación en el duro y competitivo mundo del sado masoquismo, del bondage y del vasallaje sexual.


Anne Rice no es Sade, y no pretende serlo, por lo que su universo -de sexo y tortura sempiternos- no es tan opresivo como el de aquél. Es por ello que, si bien, luego del primer libro, aún se siente el impulso natural de la indignación hacia los vejámenes que sufre Bella y la esperanza de que la autora castigue como es debido a los culpables (mandándoles un vampiro asesino a masacrarlos, por ejemplo), conforme va avanzando la historia, asistimos a una inversión de los valores tradicionales, donde la violencia es indesligable del amor verdadero y la penetración de tus posterioridades por parte de batallones enteros de soldados que te azotan sin misericordia mientras te poseen, es infinitamente superior a la terrible monotonía que sufren aquellos condenados a las reglas tradicionales (y a las marchas contra el calentamiento global, me atrevería a decir).


Es por eso que los esclavos de la historia no buscan su libertad, o la buscan más bien en lo profundo de su miseria. Llegan, incluso, a rebelarse cuando sus condenas se han cumplido o resquebrajan las normas de su servidumbre para poder ser torturados de maneras más novedosas por amos cada vez más tierno y crueles. 


Bella, ardorosa como pocas, caerá hasta lo profundo del abismo sin dejar jamás de acariciarse la entrepierna,haciendo que odiemos aún más, si se puede, a la otra Bella. Incluso el happy ending de su historia será "bastante inquietante" por decirlo de una manera que la censura del blogger me acepte.