viernes, 19 de julio de 2013

De San Fermines y Cruzadas Morales: Cuando la libertad es lo menos importante

Luego de un año de problemas técnicos, este blog regresa con toda la energía que es capaz de entregar un anoréxico frente a un buffet de pastas. 

Y sin mayores explicaciones sobre nuestra prolongada ausencia o sobre la pésima, e incorrecta políticamente, broma del párrafo inicial,  nos metemos de lleno en un tema de constante actualidad desde que al bueno de George W. Bush se le dio por recordarnos que la moral es sólo una: La cristiana; y, que cualquier acción que se aleje un palmo de las enseñanzas divinas (que tan bien saben adaptarse a cualquier intento de progreso social) debe ser castigada con el escarnio público, ya sea que la cometa un terrorista islamofílico, un actor alcohólico y adicto al sexo de pago o una señorita universitaria que pasa sus vacaciones de verano enseñando las tetas en un exótico festival de algún país hispanohablante. 

Moralismo al que se adscriben desde reaccionarios derechistas de toda la vida hasta esa abundante especie de cucaracha urbana llamada "librepensador socialdemócrata"  pasando por adolescentes fundamentalistas fanáticas de Crepúsculo.

A raíz de algunas fotografías, como las que vemos en este post, gran parte de la prensa internacional (en español, pues en verdad no me he tomado el trabajo de verificarlo en otras lenguas) ha decidido que los rostros alcoholizados y felices de las niñas que ofrecen un toque de su piel a los buenos parroquianos que agradecen tener algo mejor que hacer que ser perseguidos por un toro (y que en algunos años sería recordado, por ellas, como una travesura juvenil, que les arrancaría una sonrisa en medio de la monotonía de sus vidas adultas de madres de familia) reflejan en realidad el pavor, la impotencia y la desesperación de unas mujeres esclavizadas para el sexo, condenadas a satisfacer las perversiones de la masa por el simple hecho de querer ser espectadoras de un espectáculo folclórico.  


Porque la juerga, olvidados lectores de Periódico de a China, es potestad del macho chauvinista que piensa con el pene. Porque ¡Quién en su cabales puede suponer que una dama de verdad desee emborracharse, sentirse deseada por alguien que no sea su fiel esposo, chupársela a un desconocido, tener sexo sin sentimientos, realizar un gang bang?

Las mujeres, ¡Oiganlo bien! quieren estudiar, ganar un lugar en un mundo de hombres, mantener su virginidad para no distraerse en la consecución de sus metas, conocer un par de sapos y luego, claro, llegar al príncipe azul cuyo éxito sólo sea comparable al tamaño descomunal de su miembro y allí sí, echarse a fornicar (dentro del sagrado matrimonio, por supuesto) y pensar en un par de hijos antes de los cuarenta. 

Cualquier desviación al modelo establecido, jamás será una decisión voluntaria, siempre será por coacción, abuso, amenaza. Y si alguna mujer se atreviera a desafiarlo, será despojada de su feminidad, como si de galones militares se tratara, y catalogada, para siempre, como una puta. Y eso, mis buenos amigos, es el equivalente femenino del "amo de casa", o de la muerte social en vida.