miércoles, 25 de abril de 2012

Ubuntu 12.04: Después de Android, ¿Un nuevo invitado para cenar?

A las legiones de usuarios de Ubuntu y otras distribuciones Linux, no es necesario recordarles nada sobre lo que es el Precise Pangolin. Sin embargo, en deferencia al puñado de AÚN usuarios del añejo y avinagrado Windows y otros sistemas operativos aún más restrictivos (popularizados por los amantes de la libertad, gracias al genio de Steve Jobs quién nos demostró talentos manipulativos comparables al de un maestro como Goebbels), diremos, como introducción, que el nombrecito aquel se refiere a la nueva versión de Ubuntu, que verá la luz el día de mañana (y a quien espero, como padre ilusionado a su primogénito).


¿Y qué es Ubuntu, en el nombre del Señor? -preguntarán algunos, para quienes Microsoft fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo para regir nuestros ordenadores hasta el día del Juicio (por derechos de autor, supongo)...
Pues Ubuntu es un sistema operativo, buen lector. ¿Y, qué es un sistema operativo? -preguntarás, igual de confundido, inocente usuario de Office. A ti, perdido en las nebulosas promesas de los dioses de la informática, te digo que un sistema operativo es el software que permite que tu computadora funcione. Que permite que funionen los programas por medio de los que ves películas, escuchas música, navegas en internet y haces todo lo que se supone que puedes hacer frente a la pantalla de la que me lees (ordenador, smartphone, tablet, libro electrónico). Vamos, lo que hace tu Guindous, pero también la Manzanita o incluso el Android que tiene tu teléfono (que, ¡oh, sorpresa! es, en realidad, una especie de distribución de Linux adaptada a celulares).


A pesar del uso masivo de Windows y del éxito reciente de los sistemas de Apple, es indiscutible que Android es uno de los dominadores del mercado en aparatos que no son PCs. ¿Las razones de su éxito? 


La primera: El apoyo de un gigante de la informática como Google. Probablemente el único (junto al Feisbug, claro) que puede hacer frente a los dos anteriores.


La segunda, pero creo que la más importante, ya la dije antes: Está basado en Linux, y como tal, estamos hablando de un sistema operativo seguro, fiable, rápido, fácil de utilizar (porque, aunque muchos no lo crean, Linux es muy fácil de utilizar) y con características muy flexibles a la hora de compartir, distribuir o adaptar, lo que permiten que la mayoría de aparatos puedan hacer uso de él.


La tercera y, quizás, la más importante: La capacidad de haber desligado su nombre del de su madre. Es  muy raro que alguien asocie su Samsung Galaxy o su e-Reader Sony con algo tan "geek", tan dificil de comprender y manejar, tan poco atractivo visualmente como casi todo el mundo aún piensa de Linux. 


Es, justamente, esta última razón la que me ha abierto los ojos ante una gran interrogante que me acosaba desde que Ubuntu cambió su tradicional entorno visual, de Gnome a Unity (desarrollado por Canonical, a su vez, creadora de Ubuntu). Me preguntaba en terribles momentos de desvelo porque había abandonado algo tan arraigado a buena parte de comunidades linuxeras para crear un entorno completamente diferente, aunque con características similares a las del nuevo Gnome 3. ¿Pelea de amigos? ¿Lucha de egos? ¿Capricho de millonario, por parte de Mark Shuttleworth?


La respuesta estaba allí, clara como agua de glaciar perpetuo. Ubuntu, como Android, ya no quiere ser Linux. Quiere divorciarse (al menos en apariencia) de algo que es una tara permanente en su permanente intento de crecimiento comercial. Mientras la gente siga pensando en Ubuntu como una forma de Linux, los prejuicios harán el trabajo de una bomba de hidrógeno publicitaria y su introducción en el mercado seguirá siendo reducida, sencillamente porque muy pocos le darán siquiera la oportunidad de probarlo (como seguramente hubiera pasado con Android si hubiera empezado como Android Linux, por ejemplo). 


Al crear un nuevo entorno gráfico, Ubuntu ha marcado distancia con el resto de distros. La adopción de Unity ha hecho que Ubuntu pierda una gran cantidad de fieles de toda la vida. Se arriesgó a ello a sabiendas, ya que era un entorno muy limitado cuando fue utilizado de manera oficial, por primera vez hace ya un año. Pero ahora ha madurado mucho y está listo, no para recuperar a linuxeros activistas (patéticos, como todo activista).  Ha decidido que la pelea por el reconocimiento dentro del campo del software libre ha terminado y ha llegado la hora de enfrentarse a los Goliats informáticos. Pero, para al menos tener alguna chance de vencerlos, la actitud cuenta mucho y no es lo mismo que la piedra la cargue David, a que lo haga Pulgarcito. 


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